16.2.12

ESTANTE de libros, revistas, cómics y más



Nace una nueva revista literaria, dedicada exclusivamente a la difusión y crítica de las principales publicaciones literarias que surgen en nuestro país actualmente.

Como se sabe bien, la crítica literaria periodística desfallece de desatención y falta de espacio. Se asfixia en sus reducidos y hasta ridículos espacios que aún les quedan en los medios tradicionales.

Para llenar ese enorme vacío, con reseñas de largo aliento, libros bien leídos y buena onda, surge ESTANTE como la alternativa al telegrafismo de la crítica famélica en diarios.

Más información sobre esta propuesta, en breve.

Saludos a los responsables de esta iniciativa.

14.2.12

El fugaz paso de los poeta malos

Una interesante reseña de Nosotros Matamos Menos me llama la atención. No me referiré al libro cuestionado, pues no he hecho el esfuerzo de leer más que la mitad de los poemarios que reúne, sino a la posibilidad que parece proponer el reseñista: alguien puede no ser poeta hasta los 30 (las edades son aproximadas) y lograr entrar al mundo de la poesía a los 37, gracias a unos cuantos poemas supuestamente atendibles.

Antes que preguntarme si ese autor criticado puede ser poeta (lo cual reduciría todo a una cuestión personal y hasta mezquina), prefiero ir por la vía negativa –o más bien oblicua— y examinar si alguien puede no ser poeta en absoluto, incluso en potencia.

Parece innegable que todo ser humano con cierta relación despierta con la poesía, puede servirse de unos versos para “expresar” algún sentimiento, alguna inquietud interna. ¿Ello lo convertiría inmediatamente en poeta? Y aun alguien que ya empezó una carrera --a trompicones, de manera consensualmente fallida, con tres libros de poemas--, ¿puede súbitamente quedar convertido en un compañero de Eielson y de Adán por la obra y gracia de un par de textos nuevos?

Claramente se ve que esta visión del hecho poético se sostiene sobre dos ideas: una importada de la ciencia, la evolución, y otra supérstite del inacabable Romanticismo, tiempo en el cual empieza a equipararse, de una manera reduccionista: poesía = expresión de sentimientos. Pero, claramente se ve, también, que en muchos casos lo que hay en un poeta verdadero es una involución más bien: los últimos poemarios de Eielson no están a la altura de muchos de los anteriores, lo mismo sucede con Hinostroza, con Cisneros, y con otros grandes poetas de nuestro país.

Tendremos, así, que desgarrar las veladuras del lenguaje un poco, para ver la desnudez cegadora del poeta, o la nadería trapacera del no poeta. Lorand Gaspar:

Todo sucede como si hubiera en la vida del hombre algún contenido que exigiera manifestarse, ser comunicado y no lo consiguiera más que “jugando” con el lenguaje, deshaciéndolo y remodelándolo, corroyéndolo, escarbándolo, encontrando en él energías, relaciones, vínculos desconocidos, olvidados, recubiertos por alguna costra de oxidación, encerrados en el cascarón de algún proceso fibroso. (…) Para llegar a pesar de todo a la palabra, o al menos intentarlo, entonces hay que reaprender a hablar. (cursivas del autor)

Dos ideas claves, definitorias entonces: manipular el lenguaje irrespetándolo (vamos a decirlo así), pongamos que a la manera de un Santiváñez, o de un Favarón; o aprender de nuevo a hablar, lo que exige olvidarse del habla sustentada, sólida, “clara” del no poeta, del mero intelectual. Pero aquí llega Michaux a restregarnos algo más:

La lengua de la poesía no se deja encerrar en ninguna categoría, no puede ser resumida por ninguna demostración. Ni instrumento, ni ornamento, escruta una palabra que acarrea en ella las edades y el espacio fugaz, fundadora de piedras y de historia, lugar de acogida de sus cenizas. Se mueve al compás que hace los imperios y los arruina.


(…)


No se justifica la poesía y esta no necesita defensores; intento solamente ver lo que en mí, instruido por la precisión, va de modo tan inalterable hacia el tanteo nocturno, en busca de una precisión otra, más rocallosa.

No es, así, la feble precisión inocua del lengua de la medianía la que hace la poesía (y la que hace al poeta, consecuentemente), sino otra precisión que para Michaux puede ser lítica, pero para un Cisneros puede ser íntimista, y para Ollé puede ser absolutamente corporal…

Y lo principal acá es el reconocimiento de que una poesía que necesita justificación y defensores (y sí, esta es una alusión directa al libro reseñado en NMN), evidencia falta de plenitud; es como una escultura-argamasa informe que es necesario sostener por este lado, apuntalar por el otro, vivificar por este, para que siga dando la impresión de que recoge algo de lo real (que según Gaspar citando a Matisse, es lo que queda después de que uno se ha quedado sin nada que decir –cito de memoria) y de esa movilidad huidiza, y solo aparentemente coincidente con la dinámica de la naturaleza, que tiene la poesía actual; esa especialidad de lo poético tan difícil de alcanzar.

Tal vez por esto, por una incomprensión que es a la vez incapacidad de congeniar con la movilidad de lo real poético, es que suceden cosas aparentemente peculiares: un poeta logra resultados excepcionales con un lenguaje coloquial, sencillo y fiel a su limitada precisión (otra vez Cisneros), mientras que otro, empuñando las mismas armas décadas después, se ahoga en el vaivén de sus propios despropósitos versiculares; y muy lejos de este último, un Montalbetti o un Ramírez Ruiz tocan fibras de complejidad superiores con formas de asumir el lenguaje absolutamente exigentes y rupturistas, en tanto que otros más jóvenes regurgitan versículos que repudian sentido, comunicación y conmoción (los poetas han repetido hasta el cansancio que lo que la poesía lo que busca es principalmente conmover) en una pose experimental que pronto requerirá, tristemente, su propia justificación.

Vaya esto por delante, a manera de conclusión inicial –luego volveré sobre este tema: parece que nada impide pensar que todos somos poetas en potencia, o bajo ciertas circunstancias (hace poco escuché a un narrador aún joven un piropo realmente poético a una chica; por otro lado, no pocos grafitis tienen esa calidad especializada).

Pero ello tiene poco que ver con la idea del poeta como, no solo el que se empecina en adunar uno tras otros poemarios intrascendentes, sino con aquel que usa esa constancia más bien para internarse en los pliegues aglutinantes de lo poético, para así comprenderlo mejor y establecer ese vínculo intangible con unos atributos hoy incuestionables: lo proliferante, la movilidad, el descentramiento y la multiplicidad de los discursos, la desaparición u ocultamiento del yo poético, y, sobre todo, ese reaprender el habla, ese desgarrar, desollar el lenguaje para buscar su verdad; la de la poesía y la del poeta.

(Toño Cisneros, gran poeta peruano.)

David Grossman en Letras Libres




En el reciente número de la revista Letras Libres encuentro una entrevista al novelista David Grossman, autor de La vida entera (2010) y uno de los cronistas más fieles del Israel actual, que mezcla fantasía y realidad en cantidades solo atribuibles a un gran chef. Aquí la breve entrevista:

--¿Por qué escribe, qué le inspira a ejercer la escritura como profesión?
La respuesta a esa pregunta ha cambiado a lo largo de los años. En un principio fue un arranque de pasión, una necesidad incontrolable como la que acompaña al sexo. El sentimiento arrebatador de un joven hombre que no piensa en los porqués y solo sigue su instinto. Quería escribir porque necesitaba encontrar un lugar en el mundo. Sin embargo con el paso del tiempo esa pasión, aunque omnipresente, se ha ido transformando en una necesidad de entender la realidad y, en esa medida, de entenderme a mí mismo.
--Del compendio de su obra, ¿cuál de sus libros considera el más personal, el más íntimo?
En realidad todos mis libros son muy íntimos, no escribo sobre cosas que no sean profundamente relevantes para mí. Como escritor me parece injusto elegir a uno de entre todos mis hijos, literariamente hablando, por encima de los demás. Espero que hacia el final de mi vida pueda ver en retrospectiva todos y cada uno de los libros que haya escrito y calificarlos de esenciales, en la misma medida en que cada uno de los órganos del cuerpo resulta esencial para el hombre.
--Sus padres ejercieron una influencia muy importante en su formación personal e, incluso, profesional. Lo siguen haciendo a la fecha, viven en la misma ciudad y los ve con frecuencia. Con su padre comparte cada nueva traducción de su obra y siempre ha sido uno de sus primeros lectores. ¿Cómo describiría su relación?
Creo que nuestra relación es muy buena aunque fui un niño muy difícil de criar, rebelde y obstinado. Siempre supe lo que quería de mí pero invariablemente contradecía sus expectativas. No podía renunciar a mi sueño de infancia, vinculado con el arte, que después se manifestó en la escritura. En aquella época era una decisión arriesgada y, sobre todo, sospechosa, algo que siempre lo mortificó, pues, por lo complicado de su historia entre la Europa de la Shoa y el naciente Israel, rehuía cualquier cosa que llamase la atención innecesariamente. Ahora, tantos años después y a nuestras respectivas edades, lo que me resulta fundamental y no cesa de impresionarme es que, para mí, sigue siendo un padre en toda la extensión de la palabra.

9.2.12

El blog de Jaime Bedoya




Haríamos bien los peruanos en visitar con más frecuencia el blog del escritor y cronista Jaime Bedoya: el humor y la lucidez son casi una norma en este sitio. Basta darle una mirada a su post sobre el Movadef para saber que se está leyendo a un pensador interesante, profundo, sin dejar de ser legible y divertido. Recomendado.


"ES UNA ABERRACION que jóvenes que gateaban cuando Sendero Luminoso mataba gente pida ahora la amnistía para Abimael Guzman. Es un error explicar eso con el argumento de que están desinformados. Todo lo contrario. Los del Movadef saben perfectamente lo que están haciendo. Y lo han estado llevando a cabo en silencio y organizadamente, recurriendo a una estrategia programática. Ninguna generación como esta ha tenido, gracias a internet, la posibilidad de informarse sobre la historia reciente del país. Oir a una chica de veintipocos decir en televisión que Guzmán es un hombre consecuente con sus ideas no es escuchar a una chiquilla despistada, es oir a una militante radical para quien la sangre es solo color rojo. Los desinformados, somnolientos y perezosos, tal como sucedió en los ochentas, hemos sido el resto. La cómoda parálisis que suscita el bienestar propio, desinteresado del de los demás".


8.2.12





SER TODO LO QUE INVENTA MI MANO
La poesía de Laura Rosales


Este texto me fue enviado hace un tiempo por la poeta y profesora Sonia Luz Carrillo, pero se me quedó en el buzón de mensajes. Espero que no sea demasiado tarde...

Sonia Luz Carrillo

Tengo ante  mí la poesía de una joven escritora, Laura Rosales, a quien conocí en una mesa de lectura compartida, ocasión que me permitió constatar la rotundidad de su vocación poética.
Invitada ahora a presentar su primer libro, lo primero que me intriga es saber quién habla en Von, su primer poemario.  Me interesa indagar acerca de algunas de las características del sujeto que emerge de los textos, interés motivado por el hecho de que toda escritura establece identidades y más nítidamente,  cuando esta escritura  se da en clave de poesía.
Y así encuentro  desde el inicio, con los epígrafes de Washington Delgado y la poeta argentina Olga Orozco,  que la voz poética registra la huella que la cultura y el arte ha trazado en su visión de mundo;  significativamente,  el libro comienza con el poema “Muros y constelaciones”,  dos estancias, la primera titulada  “Sumergida en una pintura de Chagall”  y la segunda  “Contemplando una fotografía de F.A”. Pintura  y arte fotográfico  para “Encontrar la vida”, empiezan a delinear  la identidad  productora del discurso poético que  sugiere a la vez una comunidad de interpretación.
Más adelante,  hipertextos y referencias  puntuales continúan proclamando  afinidades y afiliaciones, especialmente en la primera parte del libro  donde, por ejemplo, la voz poética dialoga con  la célebre poeta suicida Alejandra Pizarnik  “Electrizada conmigo/ frente  al sauce/ despierta” (p. 16), o el piano de Chopin que deja oír “la tormenta infalible de un Dios nocturno” (p.17), seguido  por  Hokusai,  pintor y grabador japonés, “sueños del pájaro cometa/  música de bambúes /salidos del tintero/  tintero triste/ ahogado / en hermosura” (p.18).  El diálogo con Pizarnik, ícono de la desolación, la tormenta nocturna de Chopin y la tristeza en el tintero de Hokusai rápidamente instalan la tesitura  emocional del conjunto y del libro entero.
Tres son las partes de este poemario, Estancias del ensueño, Jardín interior y Patio de espejos y precisamente poetizar sugiere una operación de colocarse frente al espejo o asomarse temerariamente al  estanque de Narciso. En la primera parte una atenta subjetividad repasa la  obra de los otros a la luz de la propia mirada. Una contemplación activa y recreadora de las atmósferas planteadas casi siempre patinadas de una serena desolación. Sin embargo, hay más, queda patentizada  la determinación de construir  un espacio personal  y definido a pesar de las heridas  “Invento un lugar/  con flores y música/  donde oigo mi voz/ como el grito más grande / del mundo animal… sonrío con inexactitud”  dirá en “Islas”(p.21)  y en “Celdas”: “Arrojo mi corazón desde la montaña más alta/  apuñalo mi garganta con un talismán / El principio de mis voces en un muro/ el frenesí del tiempo..” (p.22).
Jardín interior,  se inicia con el poema “Beber de mi propia leche”, reafirmación  de una voluntad  de persistencia a través  de la escritura: “Ser todo/ lo que inventa / mi mano”. Sin embargo, en esta parte del poemario es fundamentalmente la memoria la que va creando los sentidos. Hay pérdida y melancolía en casi todos los textos. Permítanme detenerme en “¿Quién teje la madriguera del tiempo con orladas flores de inminencia?” en que la voz poética registra la nostalgia de lo vivido y trasmutado  a la vez que informa de las pequeñas o grandes pérdidas íntimas, privadas,  de las  que no hablarán los libros de historia.  (pp.29-30)
¿Recuerdas las cometas
atadas al árbol de casa?
¿A los columpios en sosiego
tras la espera de las sombras?

Se ha extinguido de la tierra
el verdor de los puentes
que lloran todavía;
los libros de historia
no hablarán de esto,
pero sí los pentagramas
sujetos a mi cadáver,
pero sí el vuelo
del rey pez sobre la vida,
sí la lluvia,
las piedras,
la telaraña sobre el bostezo
de mi sueño inexpugnable.

Dónde radica la desesperanza? Un verso sugiere el motivo: “Estoy varada en medio del jardín donde persiste la razón. Los fríos estandartes del mundo  han hecho de mí  una niña sin muñecas  un pequeño animal borrado por el fuego”.  Desolación sin estridencia  que solo es atajada  en   poemas  como “Toda la sal al viento”  contundente poema de amor que registra una vocación de autenticidad “nada de simulacros”  y donde nuevamente  encontramos las referencias culturales y artísticas: “somos de Bach, de Varo y de Tilsa / aquí pulsa una música azul /  y cantas” (p. 33) y el celebratorio “Mano viajera” dedicado a Carmen Luz Bejarano  “Mano sedienta descascara el mundo. /Emprende tu  vuelo  desde mi entraña a la luz / Mano que escribe y pinta / la música”  (p.35)
Patio de espejos trae nuevos tonos sin que se logre atenuar  la sensación de una atribulada memoria  en combate con los anhelos.
II

Terminó la vigilia de la desesperanza
a lámpara encendida
a rumor de luna en hermosura.

Camino de dioses
jardín musical
rastro de albatros

                                 ¡Cállate miedo!
En la atmósfera de Patio de espejos, como antes con Pizarnik, también habita la sombra de un joven muerto, el cantante Jeff Buckley,  en un texto que termina “jamás tanta soledad en el pudridero” (p. 41) imagen de la devastación y la inutilidad y que une a las referencias canónicas (Bach, Chagall, Chopin) rasgos de la cultura de los mass media. 
En este conjunto destacan, además,  las referencias  corporales. “Mi cuerpo es una playa solitaria”  dirá en el poema V (p. 43); “Solo mi cuerpo desvalido de donde las mariposas volaron” (p.48)  y en el VII “Extravío la música / junto al silencio y mi sexo / mi oído ciego /junto a una fuente / imbebible.// Sorda es la flor extinta / de mi corazón / y mi lengua.” (p.45).  
El espacio poético está marcado por la tarea de hurgar  en la memoria en búsqueda exasperada e infructuosa  “Mi voz existe en la memoria / no aquí”  (p.49)  y en otro poema dirá “Tejo los agujeros de mi pecho / donde busco goce en la memoria. /Tejo y destejo /sola / y sin manos.” 
El ser poeta, ya se trate de un sujeto hablante masculino o femenino,  emerge nimbado de la inutilidad, de prescindencia, en un mundo que privilegia la materialidad (gran tema contemporáneo).  Y así aparece en el libro de esta joven mujer  en el que, significativamente,  no existe  reclamos  “de género”. Son textos  que representan  instantes  intensamente vividos y meditados y que traen el recuerdo de  lo señalado por Josefina Ludmer  en Las tretas del débil (1984) acerca de la escritura de mujeres y las forma como las mujeres se han apropiado de lo que tradicionalmente se suponía extraño “leer en el discurso femenino el pensamiento abstracto”. Parafraseando, hallar en el discurso poético femenino la existencia en su complejidad.
La voz construida en VON  nos habla desde una subjetividad  transida de añoranzas de un tiempo ido y experiencias vitales iluminadas por los más diversos goces estéticos, manifestación de una situación histórica y discursiva de características precisas. Momento que sospecha de las utopías y que impulsa a una desafiante  pregunta: “¿Quién llora en su lenguaje invisible / la grisura del ser?”
Laura Rosales con VON nos deja esa y otras preguntas   y el desafío de hallarles respuesta.  Su mérito es la inquietud que nos provoca en su primer libro  en el que también se anuncia la determinación de ser todo lo que inventa su mano.  Bien  por ello.

Lima, 8 de setiembre de 2011
Instituto Raúl Porras Barrenechea.




7.2.12

Para terminar con la idea de Thays: amiguismos y enemiguismos



Una calculada generalización –todas las generalizaciones son desconfiables y farsescas- de Iván Thays en un blog del diario El País, ha desatado en los últimos días un bombardeo de insultos y burlas en las redes sociales peruanas.

Sin haber probado ni siquiera el 10% de la gastronomía nacional –lo que se come en Puno, Cusco, Pataz, Arequipa, Áncash, Satipo, etc--, y haciendo demasiado caso de su debilidad estomacal, este escritor no opinó, DICTAMINÓ que la comida peruana es “indigesta”, y punto. Por que a mí me parece, ¿manyas? Porque yo lo digo.

No demoraron ni lo que dura en cocerse un picarón los amigos (pocos) de Thays en levantar su voz para defender el derecho del escritor a dar su “opinión”, aunque esta fuera solamente una estupidez lógica. Lo hizo Rocío Silva Santisteban, dejando a un lado su habitual capacidad crítica, y lo hizo el inefable Faverón, esgrimiendo argumentos populistas y realmente cojudos.

¿Por qué tanta ceguera frente a un evidente yerro lógico?

Por el amiguismo, pues, ese que te lleva a decir que tal poeta es bueno porque juega fulbito semanalmente contigo y se pone los drinks en el bar de moda de Barranco o Miraflores, ese que hace que un grupillo de poetas tropicales de intermezzo para abajo se alaben los unos a los otros y se sobajeen sin vergüenza para darse unos a otros becas en el alicaído EE. UU.

El amiguismo es una tara social que corroe al país desde siempre y no hay posibilidades de que cambie gran cosa, por lo menos en el mediano plazo. Dejémoslo ahí.

Algo que puede parecer nuevo es el enemiguismo. La otra cara de la moneda de lata del amiguismo. Lo definiré como la costumbre de considerar a una persona, prácticamente para siempre, como un enemigo personal, solo porque en algún momento hizo, dijo o simplemente se comportó de una manera que no te gusta o no te conviene.

Ese enemiguismo se puso en juego inmediatamente en cuanto Thays lanzó su pachotada internacional sin fundamento racional. Salieron sus antiguos y actuales enemigos a lanzarle improperios, a maltratarlo, a humillarlo y a morbosearse sádicamente con él.

Creo que la conversa de hoy en la mañana entre Jorge Bruce (lucido y displicente), Javier Wong (sencilla y hermosamente indignado) y Beto Ortiz (acucioso), dejó en claro todo.

El enemiguismo tiene un ingrediente adicional: si bien el amiguismo puede ser visto como “natural” en un país democrático donde cada quien es libre de comer sus viandas favoritas solo con sus amigos, el enemiguismo se guía por lo más perverso: sentimientos de odio y de venganza; es algo irracional y repulsivo.

Frente a estas dos taras sociales, me inclinó por la primera: finalmente, el amiguismo siempre existió, y dio frutos –de una manera directa, y a veces de una manera indirecta (recordemos la soledad de Vallejo al irse a Europa)--; pero el enemiguismo lo que único que logra es, o darle más importancia de lo que tiene a unas declaraciones torpes, o incrementar la querencia entre supuestos pares que conforman camarillas donde solo si eres enemigo de tal o cual “proscrito” por un padrino cebo (esta descripción es casi literal) puedes acceder a los “bienes” que puede otorgarte la mafia de odiadores.

Así estamos. Y no me vengan con comentarios indignados, por favor, no me malogren la digestión.

5.2.12

Julien Green: Cristina y la cuestión del estilo




Ya he hablado antes de este escritor en este blog. Esta vez me referiré a un breve relato titulado Cristina. La forma en que el narrador lleva la trama resulta casi perfecta, si atendemos a lo que Ricoeur decía en Tiempo y Narración: que toda trama es una dinámica entre acciones y reacciones, entre movimientos y deseos, rechazos y permanencias (cito de memoria).

Cristina parece haber sido escrita bajo esos parámetros a pesar de llevarle algunas décadas al libro de Ricoeur. La llegada a la vieja casa del protagonista, de una tía lejana junto con su hija púber de una extraordinaria belleza, parece poner en cuestión la tranquilidad provinciana de aquella mansión, y pone a fluctuar las más recónditas pasiones de un hombre de trece años que empieza así, entre dudas y desbordes, su vida amorosa.

Pero Cristina es más una presencia elusiva que una realidad carnal. El narrador dosifica con sensatez rasgos de ella, apariciones y desapariciones, contactos y ausencias, de manera que Cristina, la chica, termina siendo poco menos que una entidad evanescente, una “aparecida”.

En este punto es que debo recordar al gran Gilles Deleuze y su raro escrito sobre el estilo:

‎"Nous devons être bilingue même en une seule langue, nous devons avoir une langue mineure à l’intérieur de notre langue, nous devons faire de notre propre langue un usage mineur".

Y esto es lo que hace precisamente Green en este cuento, y es lo que le permite dejarnos con esa desazón casi metafísica que no termina de resolverse porque la dialéctica presencia/ausencia se ha instalado con veracidad en el texto, invadiendo al lector con su indefinición. 

Green se ha creado una lengua menor para escribir este cuento –sin que esto signifique que se haya alejado demasiado de sus grandes novelas-, y con esa lengua "peculiar" pero minuciosa ha conseguido que su cuento se nos quede en nuestro interior como algo bello aunque mal resuelto, desencajado.

El autor dijo en una de sus últimas entrevistas que los escritores modernos no se creían lo que contaban, “piensan que son demasiado inteligentes. Un niño cree en su historia por encima de todo. Si el novelista puede conservar esta confianza en el relato que inventa, es muy bueno para el libro. Esto se ve en Dickens".

Exacto. En Cristina, Green se cree a rabiar la ambigüedad radical de su personaje, y por ello logra transmitirnos con tanta intensidad los sentimientos correspondientes a dicha naturaleza.



  




31.1.12

Echavarren: destejiendo mitos sobre la Edad de Plata



Dentro de la magnífica colección de poesía rotulada La Flauta Mágica, esparcida desde Uruguay por toda Latinoamérica, acaba de aparecer La Edad de Plata – poetas rusos (2012). Se trata de una antología muy especial, pues reúne no solo la poesía de ciertos creadores de una época en específico de la historia literaria y política rusa del siglo veinte, también incluye ensayos --de tipo informativo e interpretativo-- que se entrelazan, cual tapiz oriental, sin fisuras y con un sentido del ritmo narrativo muy afiatado.


Echavarren se centra en una etapa poderosa de la poesía rusa contemporánea; aquella que empieza en 1890 y se extiende hasta 1917, época en que la dictadura comunista en Rusia emprendió un sistemático y abominable aparato de represión y eliminación de creadores e impresores privados, con el fin de tener sojuzgado el pensamiento libre de la población.


El volumen vuelve sobre esta época oscura de la vida política y cultural de la Rusia de entonces, para desentrañar mitos (Esenin no murió por mano propia, empujado por su abuso del alcohol, como contó la historia oficial; fue capturado por la policía secreta rusa y asesinado en su cuarto de hotel), enaltecer a los poetas y creadores rusos menos conocidos de la época: el místico poeta del campo Nikolai Kliuiev, la narradora y admirable albacea memorística de Osip Mandelstam: Nadezda; Nikolai Gumiliov y su trágica muerte a manos del estado ruso.


Pero todo esto no pasaría de una reveladora historia de la mejor época de la poesía rusa, si no estuviera admirablemente imbricada entre ensayos, cartas y relatos, la creación de aquellos admirables poetas, como Marina Svetaieva, Ana Ajmátova y Vladimir Maiakovski. Es el paso de la prosa al verso, casi sin mediaciones pero con flujo vital, lo que otorga a La edad de Plata, de Roberto Echavarren, el sabor especial, de genuino homenaje, que tiene.


La edad de plata tiene además la virtud, que no por ser la última señalada es la menos importante, de regalar al lector versiones frescas de todos los poemas incluidos en la antología, realizadas por el propio poeta uruguayo. ¿Falta algo para hacer más recomendable un libro de esta naturaleza? Solo esto: se encuentra ya en venta en Lima y su precio no alcanza la suave iluminación que obtenemos de estos poemas de íntima comunión con ideas de libertad y autenticidad hoy tal vez venidas a menos y, por lo tanto, dignas de ser recuperadas.



Stalin


Vivimos insensibles al suelo bajo nuestros pies,


Nuestras voces no se oyen a diez pasos.


Pero cuando nos atrevemos a susurrar


Siempre mencionamos al montañés del Kremlin.






Sus dedos gordos parecen gusanos grasientos,


Las palabras caen de su boca como pesas certeras.


Se ríe bajo sus bigotes de cucaracha


Y relucen brillantes las cañas de sus botas.


A su alrededor una caterva de jefecillos de cuello flaco,


Infrahombres con los que se divierte y juega.


Uno silba, el otro maúlla, el otro gime,


Pero él solo parlotea y dictamina.






Lanza decreto tras decreto como herraduras de caballo,


A uno golpea en la ingle, al otro en la frente, en el ojo, en la ceja.


Y cada fusilamiento es una gracia divina


Que alegra el ancho pecho del osieta.


(Osip Mandelstam)

30.1.12

Franzen habla fuerte y claro


"La combinación de tecnología y capitalismo ha redundado en un mundo fuera de control"

"La gente lee novelas porque vive en un mundo sin sentido"

(Tomado de El País)

El escritor Jonathan Franzen, autor de «Libertad» y considerado por la revista Time como el mejor novelista estadounidense del siglo XXI, afirmó ayer que «la gente lee novelas porque vive en un mundo sin sentido y busca encontrar un sentido» a lo que le rodea.


Con estas palabras Franzen ha querido encontrar una explicación a la reacción del público frente a «Libertad». «La atracción de la novela tanto para el escritor como para el lector es que está creando un microcosmos (...), con la posibilidad de proponer un posible significado», matizó.

Franzen es uno de los invitados al Hay Festival que se celebra en la ciudad colombiana de Cartagena, donde ha ofrecido la que dijo fue su «primera rueda de prensa», por lo que confesó sentirse abrumado y con la sensación de que iba a informar de «una gran primicia», informa Efe.

Su modestia contrastó con el éxito que ha obtenido su última novela, un fenómeno literario, en la que el autor resume la situación por la que atraviesa su país: una historia de ficción con toques de realidad que abarca los últimos diez años vividos en Estados Unidos, desde los atentados del 11 de septiembre de 2001 hasta el Gobierno de Barack Obama.

«Es necesario una prensa libre pero también con lógica»Y empezó hablando del hecho que tanto impacto causó, el 11-S: «Uno ve un primer ataque, un segundo ataque, que tiene una increíble respuesta de los medios de comunicación».

«Es importante tener una prensa libre, pero además de libre hay que darse cuenta de que la transmisión de las noticias tiene que tener una cierta lógica, y eso ocurre a una velocidad altísima, no es solo de transparencia, sino de tener lógica en la transmisión de las noticias», manifestó al insinuar que eso no se dio en aquel momento.


Un mundo fuera de control

Sobre la realidad de su país, Franzen admitió: «No hay duda de que las cosas no marchan bien en Estados Unidos, pero yo me resisto a aceptar descripciones extremistas», tras lo que se refiríó a lo que ha llamado las «tesis de Obama», que esta nación «tiene una capacidad muy grande para resistir».

Aún así confesó que «la combinación de tecnología y capitalismo ha redundado en un mundo fuera de control».

«Los que están tomando las decisiones en Europa son los banqueros»Y, en relación con Europa, comentó que «los políticos no importan, quienes están tomando las decisiones son los banqueros, son los técnicos en finanzas y tienen muy poco que ver con la democracia o con la voluntad de los pueblos».

«Y nosotros somos rehenes de esa situación porque nos gustan mucho nuestros iPod», subrayó para insistir en que lo que ocurre en Estados Unidos sea quizás «más extremo porque permite un exceso de libertad».

Franzen fue ayer uno de los protagonistas del Hay Festival de Cartagena, en una jornada en la que además participaron en un coloquio sobre las perspectivas de las sociedades actuales el presidente de Colombia, Juan Manuel Santos, junto al escritor mexicano Carlos Fuentes y el nicaragüense Sergio Ramírez.

25.1.12

IV EDICIÓN DEL PREMIO INTERNACIONAL DE POESÍA VÍCTOR VALERA MORA




La recepción de obras cierra el 30 de mayo de 2012
Abierta convocatoria para la IV Edición del Premio Internacional de Poesía Víctor Valera Mora

El Ministerio del Poder Popular para la Cultura, a través de la Fundación Centro de Estudios Latinoamericanos Rómulo Gallegos convoca a todos los escritores a participar en la IV Edición del Premio Internacional de Poesía Víctor Valera Mora.

El Premio tiene como propósito reconocer la creación poética actual, fortalecer vínculos culturales en el escenario internacional y rendir homenaje a la memoria de nuestro insigne poeta Víctor Valera Mora. Será entregado al ganador en acto público celebrado en la ciudad de Caracas el día 21 de octubre de 2012, fecha conmemorativa del nacimiento del poeta Víctor Valera Mora.

Bases de la IV Edición del Premio Internacional de Poesía Víctor Valera Mora

PRIMERA. Podrán concursar para esta IV edición los autores y autoras de libros de poesía escritos en idioma castellano, cualquiera sea el país de residencia y publicados en primera edición entre el 31 de diciembre de 2009 y el 31 de diciembre de 2011.

SEGUNDA. El Premio se concederá al autor o autora del mejor libro de poesía postulado, escrito y publicado en idioma castellano, durante el bienio establecido en la Cláusula Primera de estas Bases. Consistirá en diploma y la cantidad de cien mil dólares ($ 100.000,00 USD) o su equivalente en moneda nacional, a los que se le aplicarán las retenciones previstas en la legislación tributaria vigente.

TERCERA. Las obras deberán ser enviadas en número de siete (7) ejemplares al Premio Internacional de Poesía Víctor Valera Mora, Fundación Centro de Estudios Latinoamericanos Rómulo Gallegos (Fundación CELARG), avenida Luis Roche con tercera transversal, Casa Rómulo Gallegos. Caracas, Venezuela, código postal 1062. En sobre aparte se incluirán los datos personales del autor: nombre y apellido, dirección, teléfono de contacto, correo electrónico y nota biográfica.

CUARTA. El plazo para la admisión de obras participantes vence el 30 de mayo de 2012. Se admitirán las obras que hayan sido enviadas por correo y tengan matasellos de origen de esta fecha o anterior. La lista de participantes será publicada en la página Web de la Fundación Centro de Estudios Latinoamericanos Rómulo Gallegos (www.celarg.gob.ve).

QUINTA. El jurado estará constituido por tres miembros designados por el Consejo Directivo de la Fundación Centro de Estudios Latinoamericanos Rómulo Gallegos y entre los cuales no debe haber más de un venezolano. Su participación será remunerada con la cantidad de cinco mil dólares (5.000,00 USD) o su equivalente en moneda nacional, a los que se le aplicarán las retenciones previstas en la legislación tributaria vigente. La composición del jurado para esta IV Edición del Premio Internacional de Poesía Víctor Valera Mora será publicada en la página Web de la Fundación Centro de Estudios Latinoamericanos Rómulo Gallegos (www.celarg.gob.ve).

SEXTA. El premio será otorgado por mayoría de votos, es indivisible y no podrá ser declarado desierto. No se conferirán accésit ni menciones honoríficas y en ningún caso será otorgado más de una vez al mismo autor. La posibilidad de emitir una lista de obras finalistas quedará bajo la potestad del jurado calificador.

SÉPTIMA. El jurado acompañará su veredicto con un juicio razonado sobre el valor de la obra premiada.

OCTAVA. El premio será entregado al ganador en acto público celebrado en la ciudad de Caracas el día 21 de octubre de 2012, fecha conmemorativa del nacimiento del poeta Víctor Valera Mora.

NOVENA. El autor de la obra otorgará automáticamente el derecho sin exclusividad a la Fundación Centro de Estudios Latinoamericanos Rómulo Gallegos, para publicar la obra en Venezuela, declinando los correspondientes derechos de autor de esta edición, la cual se distribuirá solo en el territorio venezolano. Al ganador o ganadora se le entregarán veinte (20) ejemplares de la obra editada.

DÉCIMA. El ganador de esta edición formará parte del Jurado del Premio Internacional de Poesía Víctor Valera Mora de la siguiente edición del certamen.

DÉCIMA PRIMERA. Lo no previsto en estas bases será decidido por el Consejo Directivo de la Fundación Centro de Estudios Latinoamericanos Rómulo Gallegos, previa consulta con el Ministerio del Poder Popular para la Cultura de la República Bolivariana de Venezuela.

DÉCIMA SEGUNDA. La participación en este Premio implica la plena y total aceptación, sin reservas, de las presentes bases. El fallo del jurado será inapelable.

Para mayor información llamar a la Casa de Rómulo Gallegos, Av. Luis Roche, Altamira, Caracas, 1062. Sitio Web: http://www.celarg.gob.ve, correo electrónico: relaciones@Celarg.org.ve Teléfonos: (58-212) 285.27.21 / 285.29.90 / 285.26.44.

21.1.12

Los carnets de Somerset Maugham


De una manera algo oblicua empecé a leer, y acabo de terminar, Carnet del escritor, de W. Somerset Maugham. Como se sabe, el autor de El filo de la navaja y Servidumbre humana, entre otras novelas de gran éxito a principios del siglo veinte, fue uno de los escritores mejor pagados del mundo en los años treinta, y sus novelas eran celebradas y compradas a borbotones por el gran público, a despecho de escritores en lengua inglesa mejor dotados y más complejos, como Faulkner y Dos Passos, solo para citar a dos.

Comprenderán, entonces, mi falta de entusiasmo para leer sus apuntes sobre la escritura. Estado de ánimo que se disipó rápidamente al encontrarme con fragmentos escritos con prosa sencilla e iluminados por una inteligencia especial y un gran sentido común.

Maugham discurre como un riachuelo transparente sobre la guerra, los novelistas que más le interesan (critica soslayadamente a Dostoievski nada menos), la crítica literaria y, por supuesto, la escritura. Pero también muestra gran agudeza e ingenio para criticar al estadounidense "corriente", aquel que -para su asombro- "no tiene el menor cuidado por la calidad y la condimentación de las cosas que ingiere", pero que se las arregla muy bien para celebrar sus logros tecnológicos numerosos.

No puedo asegurar que un escritor mayor saque gran enseñanza de estos Carnets, escritos a la sombra de los incomparables diarios de Jules Renard. Sin embargo, creo que no tienen desperdicio para los escritores jóvenes, sobre todo en lo concerniente a las delicadas distinciones que hace el autor entre escritor de éxito, escritor de best-sellers y escritor de culto (aunque no utilice esta última palabra).

Se trata, pues, de un libro entretenido, bien escrito, algo descuajeringado en sus temas, pero que brinda al lector momentos de agradable lectura, e información que aún hoy puede considerarse valiosa.

18.1.12

Mario Pera madura




Hace ya un par de años que un amigo crítico me alcanzó el primer poemario del autor, diciéndome: "Destrózalo, si quieres". Acepté el regalo porque me gusta estar al día, en la medida de lo posible, con lo que se escribe en poesía en nuestro país. Leí dos veces, en dos días distintos, Preparaciones anatómicas (2009); no me pareció bueno por muchas razones. La principal fue que adolecía de una pedantería libresca y de un tono algo declamatorio e inflamado.

Sin embargo, tuve un arranque de cautela y me decidí por una crítica donde moderé mi desacuerdo con una dosis de ambigüedad y la posibilidad de criticar entre líneas el libro: de todas maneras un buen primer poemario sigue siendo una rara avis en la mayor parte de los casos, y nadie sabe lo que, en perspectiva, puede resultar significando un libro no malo, sino escrito con excesos, unos años después.

Me alegro de no haberme equivocado. Luego de leer Ruido Blanco (2011), la sensación que me queda es que Pera ha entendido que la poesía no radica en el abigarramiento culterano ni en la saturación de citas, ni mucho menos en la creación de una coraza verbal de cultismos y tipografías diversas que solo demuestran afectación.

Ruido blanco se ha despojado de aquellas veladuras innecesarias, hasta cierto punto. El yo poético se enfrenta esta vez, pecho abierto, a sus preocupaciones, infiernos y desazones. Tan solo quedan de aquel abigarramiento primero, un cierto abuso de las frases en cursiva –algo que un editor avisado hubiera moderado de haber leído con ojos críticos el libro- y algunas concesiones al confesionalismo que, aunque personalmente rehúso, no dejan de tener un sabor de autenticidad, cualquier cosa que signifique hoy ese concepto.

Por cierto, sigue siendo una poesía difícil la de Pera. Exige un lector con un conocimiento aceptable de la tradición poética y religiosa occidentales. Pero el afinamiento de estos textos, la adecuada dosificación de las citas, lo “redondo” de algunos poemas, pueden ayudar al lego a salvar tal escollo. Por último, para algunos poetas es más importante escribir lo que sienten y lo que creen, antes que ceder a la pobreza de exigencias del lector promedio de poesía.

Ruido blanco convence más que el primer libro del autor. Por lo expuesto y por el esfuerzo hecho en aclarar la voz, ensayar tonalidades menos farragosas y lograr un puñado de poemas bien escritos sin traicionarse el poeta a sí mismo. Este descenso a los infiernos del yo se ha intentado con elocuencia, calidad y dignidad que son, o deberían ser, el verdadero culteranismo del poeta. 

Y en ese camino va Mario Pera, siguiendo una “poesía incrustada en un duelo sin memoria/ ni resurrección”.

       

17.1.12

La Bonn de Le Carré y los cambios




Si uno lee una guía turística o busca en internet datos sobre esta ciudad alemana y su clima y su gente, encuentra que es acaso una de las ciudades más tranquilas y de mejor clima de Alemania; una ciudad más bien alegre en el contexto europeo.

Sin embargo, como sucede con la Cuernavaca de Lowry, o el Dublín de Joyce, muchas veces un escritor intensifica los rasgos negativos de la ciudad, desde las primeras páginas, para preparar el encuadre para la historia, normalmente más oscura, que piensa contarnos. Esto ocurre casi con precisión matemática al comienzo de Una pequeña ciudad de Alemania, una oculta obra maestra que pude obtener gracias a esa magnífica librería de viejo por Facebook llamada LIBROS RAROS.

Le Carré tiene en mente una violenta historia de persecuciones policiales y engaños diplomáticos que tienen en Bonn un escenario muy singular, un tanto sombrío, un tanto desasosegante:

Bonn era una casa oscura en la que alguien había muerto, una casa con negras colgaduras católicas, protegida por la policía. Las chaquetas de cuero de los guardias que estaban de pie en las aceras, a intervalos de cincuenta metros, relucían a la luz de los faroles, y las negras colgaduras  se cernían sobre ellos como pájaros.

A medida que va avanzando la trama, compleja y subyugante, el narrador va apuntalando pincelazos sobre la ciudad, de manera que ambas, descripción y diégesis, van entrelazadas afirmándose una a la otra en su intencionalidad opaca:

La oscuridad de la noche había llegado sin aparatosidad, tal como la grisácea luz del día se había ido; desacostumbradamente, el aire nocturno era seco y olía a invierno. Durante casi todos los meses del año, Bonn parece ajena al cambio de las estaciones; su clima está dentro de las casas, es un clima de dolores de cabeza, cálido e insípido como el agua embotellada, es un clima de espera, de amargos regustos extraídos del río perezoso, es clima de fatiga y desganado vivir, el aire es un viento exhausto, que cae sobre la llanura, y el ocaso tan solo se manifiesta como un oscurecimiento de la niebla diurna…

Puesto que la historia se retuerce en proporción con su despliegue, las impresiones sobre Bonn se van haciendo más complejas y subjetivas, hasta llegar a una metáfora sorprendente, la ciudad como un lugar metafísico. Un personaje, De Lisle, se suelta sobre la ciudad:

--A veces, la niebla es un poco más fría, y entonces decimos que estamos en invierno. A veces, es algo más cálida, y decimos que es verano. Y sabe lo que se dice de Bonn: cuando no llueve, el agua corre igualmente corre por las calles. De hecho, lo que ocurre es que estamos siempre inmersos en una niebla separada por la niebla del resto del continente. Bonn es un lugar metafísico; los sueños, en Bonn, han sustituido a la realidad.

Fuera del ligero matiz realista-mágico del sintagma final, Bonn es reconstruida por el narrador para sus propósitos. Y lo mejor es que, con esa voluntad, se lleva de encuentro cualquier afán mimético-realista.
Habría que visitar hoy Bonn, y ver cuánto no se parece a la Bonn de Le Carré que, tal vez, se parecía poco también a la del año 68, cuando publicó esta novela adictiva. Cambio climático de por medio, inmerso en todo ello.

10.1.12

MUCHA LITERATURA


Conocí a Martín Mucha, exitoso periodista peruano radicado en el extranjero, en la redacción de Somos, en el 2006. Era un muchacho muy talentoso y de espíritu algo controvertido. Me caía bien. Ahora me enteró que ha obtenido el segundo lugar del Premio de novela "Fernando Quiñones" 2011, con una novela que promete y cumple al parecer (está ya a la venta en El Virrey). Acá fragmentos de una entrevista en Todo Literatura.


--¿Cuáles son los ejes argumentales de Tus ojos en una ciudad gris?
Es una road movie en novela, en autobús. Es la vida de Jeremías Carpio que vive un pleno cambio generacional. Es la historia de un chico que descubre un día que existe un muro en su ciudad que divide su mundo, del de otros, un muro para los otros, donde viven mejor que él. Y se pregunta qué de malo ha hecho para estar en ese lado. En el lado pobre. Se habla de la mentira como arma para sobrevivir, de la búsqueda del silencio como respuesta. Retrata un mundo que es un mix de playstation, fútbol, amores efímeros y online. Describe esa soledad contemporánea, a los que no entienden su lugar en el mundo, pero tampoco hacen nada por cambiarlo. Quizás un retrato de la generación que vive hoy el boom Facebook y de las redes sociales. Tácitamente, sin mencionarlas.

--¿Cuánto de autobiográfico hay en su novela?
Es una acumulación de historias de mi ciudad, de mi país. La vida en el interior de los autobuses y las combis. Su mundo interno, la soledad, las alegrías… Las esperanzas incluso. Es un retrato escrito desde alguien que ha conocido íntimamente dos de las caras de la sociedad peruana; la de los muy ricos y la de los pobres. En ambas crecí. Aunque nací en un pueblo joven, una chabola dirían en España… Mi madre fue sirvienta en una casa de gente acomodada.

--¿Cuáles son los males y las virtudes del ciudadano contemporáneo, el que hace referencia siempre en esta su primera obra narrativa?
Creo que vivimos una época de desamor. Ese es uno de los ejes narrativos. Es una época donde el desamor vence al amor y, sin darnos cuenta, eso nos atrapa. Nos cambia nuestra visión del mundo. Nuestra cosmovisión es menos onírica que antaño. Más fría, más sexual. "El deseo define a los seres imperfectos", cree el protagonista. Y creo que esa también es una virtud.
(Sigue leyendo)

De mi correo...

"Estimados amigos:
Les escribo para pedirles que por favor me ayuden a difundir esta presentación en sus blogs.
Les estaré inmensamente agradecidos.
Un abrazo fraterno,
Juan Pablo Mejía
-------------------------------
Paracaídas Editores"

PRIMER POEMA DEL AÑO






 Aquí nos quedamos.
Seguros y animados,
hueso con hueso, pellejo con madera,
... fuimos levantando nuestra casa:
no había nada parecido a burburjas y sobornos, salvo
la vesícula hinchada del jabalí -yo la sacaba
con cuidado, no sea que se reviente-;
y había que darle cosas al matarife,
y le dábamos
comida, bebida y pescados salados a su gusto.

A este suelo llano y seguro -¿pero era tanto así?, se preguntaba mi hijo-
llegaban los diarios con sus negociaciones y lucubraciones
y la enconada inclinación por los intereses de los dueños,
y de los dueños de sus dueños...

Fue cuando nuestros sueños eran igual que la vida.

Pero qué seguros estaban aquí mis hijos.

por eso aquí elevamos nuestra casa fuera de todo,
y un gran sueño iluminó nuestro corazón.

(Del libro "Desde la bárcena")

9.1.12

Escritor brasileño Ruy Câmara nos agradece

Encuentro en mi correo un mensaje del autor de Cantos de Otoño, una documentada y apasionada biografía del Conde de Lautreamont, el gran poeta uruguayo de lengua francesa. Les dejo el mensaje:



PrezadoVictor Coral:

Tengo el placer de dirigirme a usted para agradecer, penhoradamente, por su importante ycontundente reseña sobre el romance de mi autoría, “Cantos de Otoño”, traducido para el español por Don Bazilio Losada, decano de algunas Universidades de España y Estados Unidos. Gracias a usted el libro tuvo por lo menos un lector de profundidad en el universo latinoamericano. Mientras el libro permanece obumbrado y distante de las librerías en nuestra América Latina. Debo esa obscuridad a los editores de la Belacqva, una empresa del Grupo Norma. Publicaron el libro y no lo hicieron circular, como rezaba en el contrato editorial. Pero, en los USA y Reino Unido tiene una vendagem excepcional e buenas criticas. Dejo aquí un fuerte abrazo y unsaludo muy cordial.

Ruy Câmara

http://www.amazon.com/LAST-SONGS-AUTUMN-Lautr%C3%A9amont-ebook/dp/B003A03RRA
http://www.amazon.com/CANTOS-Novela-Lautr%C3%A9amont-Spanish-ebook/dp/B004GHNKAK/ref=sr_1_1?s=digital-text&ie=UTF8&qid=1326081812&sr=1-1

Pueden leer la reseña que le hice al libro de Ruy haciendo clic aquí.

7.1.12

El pez de oro y su fértil ambigüedad





Sin duda el libro de prosa del año es la reedición crítica de El pez de oro, de Gamaliel Churata, a cargo de AFA editores. El volumen trae más de 1,000 notas a pie de página y cura las erratas de las dos ediciones anteriores de este libro fundamental y fundacional para la cultura andina y para la novela peruana en general.

De los dos prólogos que preceden al texto, el más interesante es el de Ricardo González Vigil, quien no solo hace un recuento objetivo de los acercamientos críticos más importantes que se han hecho al libro de Churata hasta el momento -donde sale mejor parado un estudioso que a mí en especial no me atrae demasiado: Manuel Pantigoso-, también ensaya varias sublecturas -por ahora usemos este término- de algunos aspectos de El pez de oro, como cuando subraya la importancia del simbolismo del número 10 en la obra, y sobre todo cuando remarca la vinculación del libro con la idea de "retablo", que si bien fue traída por los españoles de Europa, Churata resemantiza para usarla en su ópera mayor.

Mas ante tanto afán crítico, a veces demasiado descripcionista, valga la pena recordar lo que el propio Churata escribió sobre su obra en 1965:

"...conviene tener en cuenta que El pez de oro está labrado con material puneños, radicalmente fruto de las reacciones anímicas telúricas de nuestra tierra y su lago, entendido, que si el Titicaca se refracta en el cielo hay que convivir (¿habrá querido decir "convenir"?) que el cielo de nuestra tierra es solo el Titicaca proyectado a las esferas. Los personajes de El pez de oro no son personas humanas (no conviene un "sic" pues dentro del mundo mítico de Churata hay personas no humanas); son símbolos zoóticos del corazón del hombre. Esto es, son animaciones simbólicas de la humana naturaleza, y como representan entidades biológicas, de entrada entendemos que El pez de oro es la imagen del genes del hombre, del hombre de nuestra tierra".
Churata mismo, entonces, por este y otros pasajes donde, algo asombrado, se dedica a explicar su propia obra, pone en su sitio los entusiasmos sobre la "hibridez rupturista" de su lenguaje, aunque no niega la voluntad de usar esa hibridez para recrear la lengua española legada, e infundir en el lector una "emotividad idiomática". Más aún, da mayor importancia al simbolismo y a la confrontación dialéctico-filosófica en su libro, que al dudoso surrealismo que algunos han querido ver y rastrear en El pez de oro, sin que esto quiera decir que no haya bebido de las fuentes cada vez más resecas de Breton y sus huestes.

Vale reconocer el inmenso trabajo realizado por José Luis Ayala en las notas que acompañan al texto, sobre todo las que esclarecen vocablos quechuas y aymaras, lo que redunda, como es obvio, en una mejor comprensión del libro en su conjunto.

Es necesario decir, también, que esta breve reseña ha sido realizada más o menos a la mitad de la lectura del libro; ahora que hay más información sobre lo que Churata pone en juego en su obra, vale la pena saborear con más tiempo su empresa, un libro acaso inacabable por su fértil ambigüedad, por su polisemia simbólica tenaz, por su miticismo (neologismo) localista y orgulloso, y no solo por su lenguaje mil veces calificado de barroco, más como salida fácil que como explicación certera de algo interesante sobre el lenguaje de un libro que no deja de resucitar en el tiempo: El pez de oro.

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