22.5.15

SOBRE LAS INTERVENCIONES POÉTICAS





Me preguntan por Facebook si las intervenciones en los recitales de poesía son válidas. La pregunta está mal formulada: la poesía es acaso el único espacio de libertad y creación que queda en nuestra sociedad consumista y represora.
Las intervenciones, en general, ponen en peligro el consumo de licor y/o comida en el local donde se da. Esto puede sonar cínico, y acaso lo sea, pero es real.
Cuando alguien rechaza una intervención en un recital, en consecuencia, siempre lo hace desde una posición de "productor", "gestor", y demás nombrecitos que se han creado para ganarse unos pesos con la poesía.

Es por eso que la gran mayoría de las intervenciones producen quejas en los organizadores, pero no en los poetas que fueron acallados con la intervención. ¿Por qué? Porque estos saben que ello también es parte de la poesía, importante o poco relevante, pero parte.
Finalmente, el mundo de la poesía da más vueltas que el de la realidad. Quienes fueron "estrellas" una década, en la otra son acallados; quienes se alejaron del mundanal ruido poético unos años, de pronto --como yo-- acepta invitaciones a tres encuentros poéticos solo en junio y julio.
Es por eso que frente a estas acciones más vale aceptarlas y aprender a callar. Parece que los jóvenes, de una forma naíf, saben taxativamente cuál propuesta es válida y cuál es "escolar", "machista", "envidiosa", "falsa", etc.
Calma, chicos. En el mundo turbador de la poesía hay espacio para todos; ya la historia dirá qué lugar le da a cada quien.


---Dadá.

19.5.15

POEMA DEL PRÓXIMO LIBRO DE ROBERTO VALDIVIA (SUB25)







APUESTO A QUE LUCES BIEN EN LA PISTA DE BAILE


Me asustas. Despertaste con una mecha a medio incendiar entre los dientes. Escuchamos esa quinta canción del whatever people think i am y el humo de nuestras entrañas formaba círculos al tocar el aire. Una de las veinte personas en la fiesta se autoproclamó una reencarnación de un antiguo dios hindú. Un plato de cartón es una corona solar.1980.
Tienes un vientre de sintetizador. Te puedo ver atravesando las veredas. Es de noche y llueve. Recuerdo cuando te partieron el labio de un puñetazo y caíste en un charco. Te levantaste rápido más que nada por el susto de convertirte en el objeto de las burlas.
Julian canta Strawberry Fields metiéndose el micrófono hasta la garganta. Somos felices.
El peor de todos se ha levantado encima de una mesa y ha rociado con licor a todos los asistentes. Sus cabellos rizados /parece un león/ me dijiste mientras lo señalabas. Puedo sentir la piel de tus palmas delgada como papel, una fruta pelándose derretida por el
calor de este lugar. Tengo ojos de ántrax. Te evaporas como sal. Te he visto atravesar las veredas por la madrugada. Enroscarte junto a un poste esperando mi llamada. Esperando tu llamada. En la casa de Kurt una señora vendía mazamorras en la esquina hacía guardia hasta la madrugada. Prometiste que de ahora en adelante nadie te reventaría los labios de un puñetazo. Kurt se suicidó la semana pasada. En la mano izquierda tenía un dibujo en grafito
de una vaca incendiándose. Me asustas. Tengo frío. Estoy helado. En la solapa de tu casaca siempre llevas un libro de Nietzche. Cuando Pete vomita encima de su teclado tú me dices que no puedes creer en un dios que no sepa bailar. 1980. Voces rebotando en una pared sin tarrajear. Algún día reventaremos la panza de todos los burgueses de este país gritaste.
La barba de Marx en una toalla de baño. Tienes unos brazos delgados como dos cuerdas de guitarra te digo. Torso. Boquitas pintadas. Señal. Ula-ula. El que se autoproclamó un dios
hindú se ha marchado. Syd Barrett. Te amo. Un grito de gol sin razón alguna. Madrugada. 15 grados. Sangre. Caverna. Ceguera. Sueño. Niebla. Histeria. Alegría. Danza. Danza. Danza.

18.5.15

BASTA YA CON THAYS






Los que me conocen, saben que Iván no solo no es de mi agrado, sino que me da ganas de "gomearlo" cuando lo veo (y siempre me aguanto).

Pero esto ya rebasó los límites de cualquier cosa racional. Un hombre o una mujer pueden cometer errores familiares, pueden ser una basura en ese campo, pero ello no implica que tengan que ser expulsados del país, como ha afirmado la licenciada Cabrejos (en dos Carreras), en EL POPULAR.

Thays, para los pocos que no lo saben, me acusó (apoyado por Faverón y su enanos argumentos) de ser quien manejaba un blog basura hace unos años sin ninguna prueba, solo para desprestigiarme. Luego tuvo que retractarse en público.

Si quieren mi opinión, es un tipo desconfiable y manipulable-manipulador. Sin embargo, estigmatizarlo de esa manera por uno más de sus errores matrimoniales, me parece hacer leña del arbusto caído y pensar con el hígado y la vagina, y no con el cerebro.

Todos, o casi todos, también, sabemos que Cabrejos tiene de amigos íntimos a enemigos declarados de Thays. Gente que realmente lo odia y puede hacer cualquier cosa por verlo en el suelo o desterrado (qué ínfulas). No los culpo.

Basta, no obstante. Nadie como yo --a quien este sujeto dedicó años de su vida a desprestigiarme y destruirme-- para decir que no se lo merece. Thays es un escritor que no gusta a muchos, pero eso no significa casi nada para los que están con las transnacionales, que con la "sagacidad" de siempre, ya deben de estar buscándole una conferencia sobre ética y literatura. Ja.

Thays, recibe mi solidaridad y un abrazo de tu antiguo enemigo gratuito. 

Que reconozcas grandeza ya es demasiado pedirte.






17.5.15

SUB 25 O LA POSIBLE RENOVACIÓN DE LA POESÍA

 Como pasó en su momento con Kloaka y Neón, y con muchos más, un nuevo grupo poético marginal despeina a los engominados vates "consagrados" limeños: Sub25. Mejor escucharlos primero.


Declaración de Amor

Ayer nos invitaron para leer en un evento de Ultrapoesía, en donde se nos invitaba literalmente a Bombardear el Koka Kinto. Un recital de poesía que terminó siendo bombardeada por sí misma, regida bajo el mismo orden conservador de las lecturas habituales de la enfriadísima escena cultural del Centro de Lima.

El festival de Ultrapoesía no fue tan ultra como se hubiera querido. Quisimos atrevernos a ultrarizarlo y no nos dejaron. Era necesario decir algo. Era necesario sacar los lapiceros para usarlos como micrófono, aunque también debió ser un cartel más grande, óleo más líquido y pasamontañas más limpias.

Nos sentimos desconsolados al ver repetirse en la “escena” local de poetas peruanos un discurso renovador y terminar haciendo algo totalmente contrario. No sabemos si la crisis de ahora se sienta, porque cuando a alguien le duele la muela por 30 años, el dolor termina significando otra cosa.

Tal vez más que crisis, se trata de un mutismo absoluto. Querer gritar a todo pulmón y solo decir “…”. Creemos que la vida de la poesía peruana puede dar más vueltas y hacer cosas más atrevidas como en méxico, argentina y españa. Quizás ahora le cuesta estabilizarse y se conforma con ser una línea blanca de amor para que dios los absorba con su infinita nariz, y con esto estamos de acuerdo porque creemos que la nariz de dios puede ser sabia, pero no queremos quedarnos ahí.

Creemos que las lecturas de poesía en el Perú, con microbias excepciones, son tés de tías en donde el fin máximo de la poesía es crear un pequeño círculo de fama para poder crear un equilibrio de factores que se sitúan en el admirador/fan y el poeta/famoso y que ambos factores apuntan no a la evolución del poema sino a la evolución del ego.

Pero…





¿Fue necesario hacer algo así?

¿Fue la “forma” de hacerlo?
Sí, quisimos decir cosas sin permiso del autoritarismo.

¿Acaso se computan Pancho Casas y Pedro Lemebel?
Estamos lejos de serlo, aunque la mariconería ya la llevamos por dentro

Yoko Ono era genial, excepto cuando se peleaba con Lennon. Por eso  amo a Yoko feliz y no a Yoko  comiendo papitas y escuchando Pavement en cuartos alejados de los anteojos de John Lennon. Ambos se miran uno al otro y luego uno a la meca y el otro al vaticano, respectivamente.

¿Dijeron algo importante?
Lo intentamos, pero nuestro corazón se rompía en cada palabra desaliñada que soltábamos.

¿Lo volveríamos a hacer?
De hecho, (!!!).

[Ojo: Esto no debe leerse como que estaremos en el mismo canal a la misma hora, estimados chanfainitas y mondongas :3]

Ayer oímos que nos dijeron malcriados, igualados, mequetrefes, mocosos atrevidos y nos da gusto, porque quizás no estemos lejos de serlo y lo aceptamos.

¿Pero había necesidad de ser atacados por el poetabrabucón de la escena popó Limeña? ¿Había necesidad de ser lanzados contra el piso por el amigo íntimo del clan Oropeza (ya caerás tú también pinche güey, aunque andes comiendo canchita por europa y uses aretes). Ese poeta machete quien recientemente había declarado en una entrevista al New York Times que: “Nunca había visto a nadie /Llorar en un recital de poesía/ Así que mi sueño es cumplir esa realidad/ a golpes/  en el Koka Kinto / ”. Palmas compañeros, Eduardo Cabezudo ha mostrado los triceps.

El entrevistador declaró a la poética del referido autor como nimeista y pedestre, lo cual nos hace pensar en la anemia porque no sabemos qué es ser nimeista, así que mejor le preguntamos a Arnold Francia.

Fuimos unos niñatos que fueron a malograrle la vitrina de pomposidad a los One Direction de la poesía fufú peruana. Como Suede tocando en los BritAwards. O como los Contra-Beatles cantando en una azotea hasta que llegó Scotland Yard y nos dijo: No, Aurita no joven.
Ayer nuestra intención fue decir lo que pensábamos de la poesía peruana, pero no pudimos decirla, siendo sinceros por tres razones:

1. No duramos más de 10 segundos porque nos sacaron a empujones y nos lanzaron al piso como cuando la Pantera Rosa quería entrar al país del hombrecito pero no tenía visa y taz-taz al piso. Fuimos el ojo hinchado de García Márquez. Fuimos la bala en el pecho de Jorge Pimentel.

2. El texto que habíamos preparado se lo comió la computadora, y tuvimos que decir lo que nos acordábamos, porque no ir iba a no ser más que una traición a nosotros mismos.

3. Porque teníamos miedo. Y nos lanzamos a los cachos del toro y nos cornearon.

Ayer nuestra intención nunca fue hacer llorar, ni crisparle los ánimos a Fiorella :/. No creíamos que fuera a reaccionar tan closedmind, aunque creo que lo sospechábamos y no queríamos aceptarlo. Meses viéndola luchar en facebook contra la represión autoritaria de Castañeda y terminar siendo la alcaldesa de sus recitales. Creemos que las palabras son hermosas y se dicen sin permiso de un mandamás que pueda aprobarla, mientras no dañemos a nadie. Idelfonso se rió, Joe Montecinos no se la creía, y a Forsayth sólo se le rompió un pedacito el corazón.

En verdad, con toda la sinceridad del mundo, pensábamos leer el texto completo sin que nadie nos agrediera, porque siendo invitados, y estando en un evento Ultrapoético de recitales y performances, ni nos imaginábamos que todo sería tan a cachetadas limpias y boquita sucia. Nuestra intención no va en contra de ninguna persona en particular, sino a accionares diversos presentes en todas partes que llegan a asfixiar.

No tenemos miedo de que nos tilden de chibolos cojudos, ni de chibolos arrogantes, ni de que nos desprecien y ninguneen o nos releguen como parias apestados. Y en caso suceda tenemos mucho pecho y mucho amor para afrontarlo. Estamos hartos de la ceguera ante lo evidente, estamos hartos el estanco, hartos del amiguismo, hartos de la mediocridad. Lima ya parece un Burrito San Marquino con las llantas en el Lodo y cachimbos en la cola de las nuevas ideas, botando la charola y esperando.

Una cuchara de palo dice:

“Apláudeme que yo te aplaudo
Invítame que yo te invito
Reséñame que yo te reseño”
Ayer sentimos un pequeño vacío porque el mensaje no quedó claro.

Ayer unos amigos nos pidieron haberles avisado con tiempo para ayudar a atajar a los guardias de seguridad para que no nos terminen machacando, pero no era necesario.

Ayer extrañamos a Carlos Rojas Camacho, Jorge Rengifo y Josue Hipolo, el resto de Sub25’s que debieron acompañarnos, porque Sub25 no sólo lee sus poemas, sino también sale un poquito más a la calle.

Ayer Roberto y Crhistian se sintieron dos colegiales que tenían que declararse a un/a chica/o, con un cráneo en la mano y era hacerlo ahí o no hacerlo nunca. Dieron diez vueltas al parque, las invitaron a almorzar, les dijeron ¿qué bonito el día, te gustaron los tequeños? y finalmente se lanzaron.

Ayer Fiorella gritaba que ella era el futuro. Y nos gustaría que así fuera, pero bajo su piel canelita sólo brotarán flores que emanarán el perfume de una poesía agonizante.

Ayer se nos acercaron dos muchachas simpáticas y amorosas. Nos dijeron rebelditos (cosa bárbara pues para llegar a ser un verdadero rebelde, así sea de miniatura, nos faltan algunos kilómetros de experiencia), y nos dieron hartos besos en las mejillas. Nos castigaron con el amor de una madre diciendo: “estuvo mal lo que hicieron, si van a volver a interrumpir una presentación háganlo sin titubear y con la pata fuerte, aunque les falte la respiración“.

Y no nos arrepentimos de nada,

y la canción iba así:

Antonio Cisneros Muerto de cáncer a la vida
Javier Heraud Muerto de maoísmo
Jose Carlos Yrigoyen Muerto de conversacionalismo estructural
Manuel Scorza muerto de realismo social y de tequilas
Marco Martos Muerto de burguesía setentera
Javier Heraud Muerto por el Sargento Roberto Valdivia Abuelo en el 60’
Victor Ruiz Velazco Muerto de repetición inacabable
Javier Heraud Muerto en la sopa de piedras que era su vida
Paul Forsayth Muerto de oscuros microbuseros
Washington Delgado Muerto de in-mundicia
Rodolfo Hinostroza Muerto de Consejero del Lobo
Luchito Hernandez Muerto de fanboys
Mario Pera Muerto de amistades y reseñas
Luis Martin Cueva Muerto de Coloquios sobre Blanca Varela
Ojos de Papel Muerto por un taller de 100 soles
Kevin Castro Muerto por Jesús Lévano Pucallpa 2015
Antonio Cisneros Muerto por nosotros
Javier Heraud Muerto por nosotros
A nosotros
En nosotros

TAMAN SHUD – Escrito a dos manos entre Roberto Valdivia y Crhistian Bafomec.


Yo no sé si estos jóvenes serán el futuro de la poesía peruana. Tampoco si lo que hacen deberían prepararlo mejor y organizarlo (tal vez sí). Lo único que siento es que este tipo de intervenciones faltosas es lo que faltaba (cacofonía adrede) en nuestra escena poética. Tal vez la risa --que imagino condescendiente y levemente cómplice-- de Ildefonso es la mejor respuesta. Hasta ahora. 

5.5.15

PATRICIO PRON Y SU LIBRO TACHADO

Doctor en Filología Románica por la Universidad de Göttingen, Patricio Pron (Argentina, 1975) es uno de los narradores mejor dotados, tanto en cuento como en novela, de Latinoamérica. Algunos de sus libros son de grata recordación para quienes seguimos el devenir de la nueva escritura en América hispana: La vida interior de las plantas de interior, Nosotros caminos en sueños, entre otros.

Esta vez nos entrega un libro, El libro tachado, que, según reza la introducción:

“no pretende agotar un asunto o paralizar a sus lectores en sus asientos hasta que la lección haya concluido: este libro aspira a ser una larga conversación, y las conversaciones tienden a mejorar con la intervención de sus participantes”.

(Tomándole la palabra al autor, le he planteado una conversa a Pron sobre lo que afirma en este delicioso libro sobre nuestro Martín Adán; espero que haga justicia a sus propias palabras y podamos conversar sobre ello).





El ensayo, reúne información e historias (a veces solo anécdotas) sobre escritores que han sido censurados, cuyas obras fueron prohibidas, quemadas, quienes se suicidaron, fueron recluidos o bloqueados por su entorno. También incluye a falsificadores, escritores anónimos, desaparecidos, silenciados y todos aquellos que, como persona, o su obra, fueron interdictos por sus sociedades.

Sin duda el libro es muy atractivo para cualquier lector y escritor. Está muy bien estructurado, contiene una muy interesante bibliografía, un índice onomástico e investigación exhaustiva sobre cada uno de los escritores o temas abordados. Un libro que satisface tanto al fetichista como al erudito. Libro, además, muy bien escrito.

Más allá de algunos detalles y dudas, la editorial Turner tuvo un acierto envidiable al admitir publicar este libro casi saturado de datos y escritores poco conocidos que, evidentemente, ampliarán la visión de la literatura de muchos jóvenes. 

Es interesante sobremanera lo que Pron escribe en sus “Conclusiones”:
“El deseo de que el autor desaparezca es parte pues de un movimiento más general hacia la destrucción de la literatura y se articula paradójicamente sobre su mismo triunfo, pero también es el resultado de la reacción de los escritores ante la inestabilidad que afecta a la literatura no solo en los últimos tiempos”.


Muy recomendable y disfrutable este libro de ensayos del escritor argentino.

28.4.15

DE MI CORREO


Estimado Sr Coral,

he dado con su cuaderno en internet mientras buscaba ciertas cosas sobre Ernst Jünger. He podío medio leer su nota sobre la caza del cóndor en Eumeswil (pues está tachada en blanco), libro de cuya lectura he disfrutado dos veces. No conocía ni su cuaderno ni su obra publicada, pero después de ojear el primero me dispongo a poner remedio y a leer lo que buenamente pueda de lo que tiene usted publicado.

De la persona de Ernst Jünger no le voy a descubrir nada. Leí toda su obra traducida al español hace ya tiempo, y un día la repasaré. Hace sólo un mes publicaron mi primera (y vaya usted a saber si última) novela, en la que me permití incluir a cierto teniente alemán en un capítulo. Sin que se imite el episodio del toro y el cóndor, en esa novela he procurado describir varios tipos de combates, unos sordos, otros no tanto, muchos titánicos, más aun míticos. A mi manera, con cierto adorno, con cierto pudor, sin prisa. Quizá, vaya usted a saber, pudiera ser de interés, y por eso bajo le dejo los enlaces pertinentes.

No le distraigo más de sus quehaceres. Confío en poder curiosear más en su cuaderno.
Cordialmente



Jose Antonio Martínez Climent
Alicante
España

24.4.15

"DONDE MI CALLE ACABA", DE ORLANDO GRANDA





Otros paraísos perdidos

Voy a permitirme hacer lo que el 99% de los reseñistas peruanos hace cuando les toca reseñar el libro de un amigo. Pero en este caso está completamente justificado. Orlando Granda (Cusco, 1964) es, sin exagerar, un fraguador de versos, que, cual Vulcano, trabaja incansable y solitario en su taller-hogar para, de vez en cuando, cuando es necesario, entregarnos un puñado de hierbas arrancadas a la pradera feraz de la poesía mayor. “Donde mi calle acaba” no solo no es la excepción; es más bien un avance hacia la consolidación de una voz íntima, muy personal, añorante pero no plañidera, dentro de nuestra tradición:


Ya desde entonces –supongo—ardías
y no hubo mástil aunque sí ruiseñor
para el follaje de tu lengua
vivaz y desnuda

No diré que te conocí
ahora que celestas con palmas
las viejas nubes

Entre los escasos recuerdos
apenas si una foto con muchas sillas
reclamando vacías la presencia de quienes hoy
convenientemente
te aclaman

Para Josemári recalde a quien apenas conocí

(“Jueves será / 14.04.94”)



Creo que fue el Hölderlin quien dijo que la patria de los poetas es la infancia. Me atrevo a agregar que también lo es los amigos idos o dejados de ver, los momentos pasados con ellos, las anécdotas, las desgracias, la belleza encontrada en compañía de los que tienen ojos para soñar y ver, más allá del concreto, lo verdaderamente concreto… Saludo especialmente la aparición del segundo poemario de Orlando Granda y espero que no decline en su trabajo por restituir a la palabra poética ese sentir auténtico, enraízado en lo real, y no en la retórica, que siempre lo caracterizó.

23.4.15

RESEÑA SOBRE MI POEMARIO EN "PERIÓDICO DE POESÍA" DE LA UNAM

En el prestigioso Periódico de Poesía, de la Universidad Autónoma de México, acaban de publicar una reseña de la narradora y filósofa Sophie Canal, sobre mi reciente poemario tvpr (Mandala, 2015).
Muchas gracias a los amigos de la revista y a la autora de la reseña.

Pueden leer el texto y algunos poemas aquí:

LEER





21.2.15

EN HONOR DE RITA CARRILLO


Estoy casi paralizado por la noticia. Hay amigas “amigos”; amigas, “cómplices”; amigas de barrio, amigas de estudio… amigas “madre”. De estas últimas fue para mí Rita. Consejos, recomendaciones, risas condescendientes, protecciones. Era fines de los años 90 cuando los conocí, junto a Gustavo, y nos pasábamos la noche discutiendo los límites de la ideología de entonces, los límites de la nocturnidad de entonces, los límites del exceso de entonces.

Ahora me avisan que se fue. Yo creo que en cualquier vuelta de esquina me la encontraré con su sonrisa abierta y franca, con sus ideas inquebrantables, con su cariño purísimo por los amigos y hermanos que sentía y pensaba de su lado. Siempre viva, viva para siempre.

 

 

ESTA VIDA POR LA POSIBLE UTOPÍA

 

“Hay ganas de volver,

de amar, de no ausentarse,

y  hay ganas de morir,

combatido por dos aguas

encontradas que jamás han

de itsmarse”

C. Vallejo

 

Gustavo Montoya.

  

En el actual tiempo de plagas que persiste en la republiqueta que habitamos, menos mal que abundan y emergen vidas ejemplares que condensan la posible utopía que se labra día a día. Ese heroísmo laico y radical que se funde en lo cotidiano y sin aspavientos; pues como sentenció el poeta, cada día trae su propio afán.  Una  vida   que  guardó una prudente distancia de los reflectores, los titulares y  las lentejuelas del espectáculo político. Una vida de ese calibre calza con la trayectoria de Rita Carrillo Montenegro. Para quienes la conocimos y los que la conocerán, la suya fue una performance radical que bordeaba con asombrosa seguridad esos abismos ideológicos que nos confronta.  Que nos recuerda la maldita hipocresía social que sigue haciendo de las suyas. Y no es que ésta sea autónoma. Tampoco aspiraba habitar con artificios. ¿Cómo nombrar una experiencia vital que lograba congregar en torno suyo a las más disimiles perspectivas de vida en un país y  una época profundamente escindida?

Cuando una biografía lograr resumir con dramatismo y fiesta a una época, entonces lo que sobreviene es impredecible.  Vivir en  estado permanente de peligro y colisión, justamente por las consecuencias que supone llevar  y practicar hasta los límites, determinadas convicciones – en verdad con unas pocas serían suficientes-  que la justicia radical exige. Empero la libertad y la felicidad siempre  acompañaron a esta menuda mujer que se atrevió a vivir  como quiso en el villorio que a veces parece ser esta ciudad chismosa, racista e intolerante.

Existe desasosiego ahí donde anida la incertidumbre sobre lo acontecido y   lo que ha de sobrevenir. Peor aun cuando esa tara existencial se ve acechada por la parca y cuando la memoria recicla la ausencia del bien que nunca se tuvo. No fue ese el caso del buen vivir en Rita, que amó el junco y el capulí, que amó en un hombre a todos los hombres, que supo entroparse con  todas las sangres y convertir el llanto en risa; pues esa  mujer existe en todos y cada uno de quienes conociéndola, asistimos una veces asombrados, y a veces pujando ante su militancia desafiante y temeraria. Por ejemplo su cerrada defensa de  la humanidad en esas mujeres enclaustradas y condenadas a la lepra social por la alcahuetería ideológica y aún la academia; con la que  mantuvo una relación conflictiva y tensa.

Vivir cinco décadas en estas tierras de cara al mundo y enrostrándole al poder, a todas las formas de poder,  que no se le teme y que por el contrario se está dispuesto a pecharlo entre risas y flores armadas; pues así se  va hilando – no como Penélope- con método esa fibra espiritual urgente que habrá de convertirse en el tocado ideal para lanzarse una vez más a la aventura de tocar el cielo con las manos. Musas inspiradoras. Si una sola vida da lugar a estas remembranzas entonces como perder la esperanza y no apostar por los buenos y frescos vientos que se avecinan. En realidad estos balbuceos intentan recoger una sensibilidad   ya instalada en la mente y el corazón de los indignados de todas las razas y clases sociales. ¿No era acaso en estos términos en que se expresaba Rita?

Con toda seguridad, estas notas habrían desatado sus iras por el inevitable tufillo de reivindicación y exaltación que posee. La conocí adolescente, nos distanciamos en el camino y nos reencontramos en silencio no hace mucho; hallé intactas y nutridas por la vida, esa feroz coherencia entre el pensar y el actuar; el domesticamiento no formaba parte de  su vocabulario, lo suyo era  comunicar lo complejo con sencillez y alegría en el corazón. Solía ufanarse de su linaje en las sobrias memorias de Adolfo Carrillo  y Manuela Montenegro, capaz de estallar en llanto ante la invocación de un mendigo. Como aquel que terminó como su cómplice a la misma hora y en el café de siempre. O como aquella pobre niña andina de enormes ojos avellanados, bañada en llanto,  que perdió sus caramelos y hubo de resarcir su inversión y los beneficios. Estas son imágenes comunes entre quienes la conocimos. Abundarán las evocaciones al compás de la nueva vida  y el cambio histórico que se avecina y del que hemos de ser testigos.

Me permitiré una infidencia más sobre el recogimiento y la intensidad con que experimentaba lo sagrado. Nació y se hizo madre en un hogar donde la solidaridad convivía con la justicia y ambas se nutrían de ese cristianismo primitivo y los ideales de la Teología de la liberación. Ahora ella podría suscribir la sentencia paulina de que “el conocimiento envanece mas el amor vivifica”. No obstante, sus intuiciones espirituales fueron moldeando el libre albedrio con que se conducía ante las más disimiles manifestaciones de lo sagrado.  Contemplativa con esas toscas erupciones del vulgar ateísmo convenido, fue edificando su castillo  interior para gozar a plenitud del misterio de la reconciliación. Un politeísmo reverente hecho con los retazos de un país cargado de epifanías.  Admitir sin eufemismos que para ingresar a los misterios de la fe, solo se requiere comprobar la finitud humana, la precariedad de la vida y la certeza que la muerte puede ser conjurada por una memoria sacralizada. Por ello, su existencia se prolonga en esta frase breve de su hijo: “la certeza de saberla en paz y eterna, y el amor que nunca me (nos) separara de ella, me han permitido sonreir a pesar de su ausencia y pensar alegre la vida que me sigue sin ella al tacto pero siempre en sentimiento”.

 

 

8.2.15

Una reseña de Pablo Salazar Calderón en Letras S5

Encuentro en Letras S5, la magnífica página de literatura latinoaméricana, una reseña sobre el libro de Eduardo Borjas que acabo de terminar de leer. Un libro difícil en varios sentidos, de los cuales eligiré dos: su nivel expresivo, exigente, aún no totalmente cuajado; su ambición y riesgo que superan de lejos a cualquier intento de sus congéneres. Creo que este poemario anuncia y promete casi con certeza nuevas brisas en una ya caldeada y cansina generación del 2000. La reseña.



Aproximaciones a TRENDELEMBURG
(Texto leído en la presentación del poemario Trendelemburg, de Eduardo Borjas Benites)

Por Pablo Salazar Calderón


Trendelemburg hace referencia, en primer término, a la posición médica del mismo nombre, en la cual, un cuerpo se recuesta boca arriba sobre una camilla inclinada, con las extremidades inferiores a mayor altura que las superiores, buscando que la sangre irrigue mejor la cabeza del paciente. Relacionada al campo de la medicina, me arriesgo a decir que esta posición asumida desde un punto de vista simbólico, visibiliza a un cuerpo en estado de infección/ contemplación terminal, que delira y visiona en una ciudad antes que esta desaparezca. La inclinación de la camilla en la posición trendelemburg, genera esa imagen, ese estado latente de caída inminente por parte de ese cuerpo.

Pues algo se pudre en Lima, por una calle, un pasaje, una avenida, en tránsito hacia el fin ¿cómo por “un largo camino hacia la desesperación”? me pregunto, parafraseando el libro de Carlos Oliva, poeta perteneciente al grupo Neón de la Generación de los Noventa, diría que no exactamente. Eduardo Borjas atraviesa la ciudad solo, con el grandísimo poder de su Yo, surfeando su “Mardelirio”. Avanza por esa ciudad desierta en escombros y como en el mito de Orfeo, encuentra en la muchacha que habita sus poemas a su propia Eurídice, a la cual necesita traer de vuelta aunque sea por breves momentos; su presencia es clave, para iluminar aquellos lugares de remembranza, de un espacio más amable que el que recorre el sujeto poético, como si lo abandonara.






6.2.15

RECONOCIMIENTOS A MI POEMARIO TVPR

Debo agradecer a la señora o señorita Diana Polack, digna sucesora del siempre recordado Adolfo Polack en la ya legendaria sección de CARETAS, El Misterio de la Poesía, por haber utilizado un poema mío para elaborar el crucigrama del reciente número de la revista. 

Muchas gracias también a los amigos del mejor semanario del Perú.






Eso no es todo. Mi humilde poemario, ninguneado por los recuentos del año locales, ha sido tomado en cuenta en la magnífica revista mexicana de literatura LUVINA, donde han publicado una reseña de Fernando Carrasco:


"La obra poética de Víctor Coral (Lima, 1968) está conformada por los poemarios Luz de limbo (2001, 2005),Cielo estrellado (2004), Parabellum (2008) y Poseía (2011). Recientemente, Coral ha publicado un quinto poemario: tvpr (Tres veces postergado retorno). Si en cada uno de sus trabajos poéticos anteriores se percibía el interés por desarrollar temas y estructuras diferentes, en este último libro el autor dialoga, sobre todo en el aspecto temático, con sus poemarios ya publicados.
     
La presentación rústica del texto anticipa el carácter lúdico e irreverente que se aprecia en muchos poemas. Este rasgo cobra fuerza con la manera como se han dispuesto los versos en la página en blanco, la ausencia de títulos y la supresión parcial de los signos de puntuación. Además, en cuanto al uso del lenguaje, notamos en este poemario un contacto con la poesía conversacional latinoamericana. Y en esta misma línea se advierte en tvpr una vinculación con la poética planteada por el Movimiento Hora Zero (cabe mencionar que el libro está dedicado al poeta Juan Ramírez Ruiz). 

Sin embargo, este poemario de Víctor Coral va más allá. El yo poético se muestra de pronto ante una serie de imágenes que lo vuelcan hacia el pasado, hacia los años de la infancia, ese paraíso perdido donde habitan personajes, escenarios y situaciones que tuvieron un rol decisivo en nuestra época de formación: «porque los astros los llevo cabeza dentro desde siempre / porque aluciné siempre cosas apagadas y tristes / pero una alegría pequeñita ha vuelto / y esa pavesa no la dejaré morir / hasta morir» (p. 16). (Sigue leyendo)




GOYTISOLO SOBRE GIL DE BIEDMA EN PERIÓDICO DE POESÍA (UNAM)

Notas sobre la poesía de Jaime Gil de Biedma


Juan Goytisolo

Tras dieciséis años de un mutismo poético interrumpido tan sólo por la inclusión de una docena de composiciones breves en la nueva impresión de Poemas póstumos integrada en la segunda y por ahora "definitiva" edición de sus poesías completas Las personas del verbo (Seix Barral, 1981), la figura y quehacer literario de Jaime Gil de Biedma ocupan un puesto privilegiado, en verdad casi único en el panorama español de estos tiempos. Su ascendiente confesado o indirecto en numerosos autores de las promociones inmediatamente posteriores (comparable en cierto modo al de Vicente Aleixandre en las primeras décadas de la posguerra), su inteligente operación de rescate pro domo sua de autores afines a su tesitura poética (constelación de estrellas menores con las que configuraría a la vez su tradición y linaje), su acción discreta, entre bastidores, en la vida cultural hispana (en ameno contraste con el afán de protagonismo y logorrea de algunos de sus coetáneos), unidos a otros factores e imponderables de muy distinto signo, han contribuido a potenciar su lentitud y parcidad creadoras elevándolas a veces al empíreo fabuloso del mito.
Una lectura de su escasa pero incitativa y densa obra poética puede prescindir difícilmente de este entorno y del consenso casi general que aquélla suscita. Nos guste o no, la mirada de los demás forma parte del conocimiento global de uno mismo —y la personalidad literaria de Gil de Biedma no es una excepción a la regla. Con todo, al acercarme a sus versos, procuraré ceñirme al corpus escrito de Las personas del verbo, limitándome a contraponerlo con algunas reflexiones del autor espigadas en su volumen de ensayos, El pie de la letra (Ed. Crítica, 1980). Dicho cotejo, sumamente iluminativo y revelador, abre en mi opinión nuevas y fecundas perspectivas al análisis y comprensión de la obra: teoría y práctica, poesía y crítica se hallan estrechamente vinculadas en un escritor juicioso y culto como Gil de Biedma y una lectura simultánea de ambas nos ayuda a cerner mejor la estrategia de sus desplazamientos sucesivos, el diestro manejo de sus aptitudes y talentos, su lidia difícil con unas limitaciones personales y estéticas responsables quizá de su prematura, y confiemos provisional, mudez poética.

El procedimiento de examinar a Gil con palabras de Biedma resulta menos arbitrario de lo que pudiera creerse si se tienen en cuenta las observaciones del propio autor tocante a sus finos y penetrantes ensayos acerca de Guillén, Eliot, Cernuda, Baudelaire o Espronceda: "A medias disfrazado de crítico y a medias de lector, estaba en realidad utilizando la poesía de otro para discurrir sobre la poesía que estaba yo haciendo, sobre lo que quería y no quería hacer... Incluso en el mejor de los casos, los poetas metidos a críticos de poesía nunca resultamos del todo convincentes, aunque a veces sí muy estimulantes, precisamente porque estamos hablando en secreto de nosotros mismos".


Periódico de poesía, núm. 11,
1989, 
UNAM/UAM, p. 48-50

16.1.15

DESDE EL OCLLO[1] DE JOSÉ MARÍA ARGUEDAS


 

Por Gustavo Montoya.

 Vasta y compleja como se han venido presentando los estudios sobre la obra narrativa arguediana, aparece este sobrio estudio de Edmundo Bendezú cuyo justo y expresivo título de AMA waqaspalla, enuncia sintéticamente con toda la potencia del runa simi, una de las vigas maestras de la obra del ilustre creador andahuaylino: debelar en toda su riqueza,  gozo y esperanza la múltiple palpitación del mundo andino. El texto recupera con audacia metodológica la noción de totalidad, hoy en desuso. Y ello es de vital importancia pues permite ingresar –al lector de a pie- a la obra de Arguedas con paso seguro,  sorteando la erudición y atomización temática dominante entre los especialistas. No es poca cosa presentar el conjunto de la obra de Arguedas en un solo texto. Hay que señalarlo de entrada. Un manual en el genuino sentido del término.

Otra de las contribuciones del texto es la recuperación del aliento profético que subyace a toda la obra arguediana, y desde este punto de vista, Bendezú realiza una lectura desde el futuro inmediato. En ello subyace la idea central de que muchos de los anuncios y visiones registrados por el andahuaylino vienen siendo plenamente confirmadas por el proceso político y social en curso. El tiempo confirma con crudeza y belleza algunos de los anuncios en clave arguediana. En este punto el lector atento y comprometido con la vida habrá de hallar sus propias certidumbres. Como la que Bendezú nos ofrece, por ejemplo.

La presentación del conjunto de su obra literaria permite también percibir la trayectoria y  elaboración de un ambicioso programa de creación que se impuso el propio Arguedas; y en ello va de suyo el propósito consciente de José María por cambiar  e intervenir en las realidades y fenómenos ahí representados. La recuperación de esta dimensión omnipresente  en sus cuentos y novelas vuelve a situar a su literatura  en una posición de pensamiento situado. Con todas las implicancias ideológicas y políticas del concepto. Un pensamiento situado que se propone contribuir al trastocamiento de relaciones sociales de convivencia escandalosamente injustas. Al buen vivir.
Otro de los logros del texto que nos ocupa es la precisión con que el autor representa el angustioso problema de la escritura que Arguedas tuvo que reconocer y enfrentar para luego hallar una  solución  de continuidad entre  la literatura indigenista anterior a la suya y la manera particular con que luego el escritor fue edificando su universo narrativo. La invención de una palabra que logra conmover y permite autoreconocerse al lector mestizo contemporáneo. No es poco lo que se señala. Bendezú demuestra con brevedad que nadie como Arguedas logró domesticar el quechua y el español hasta convertirlos en un instrumento de combate para emparejar el terreno de la expresión y el lugar de encuentro y de enfrentamiento dantesco entre pueblos, razas y clases sociales en conflicto. En El zorro de arriba y el zorro de abajo, este propósito arriba a niveles insospechados por el propio José María. Su muerte seguirá siendo un enigma, pues todas las posibles hipótesis e interpretaciones hasta ahora formuladas, y las que vendrán, son y serán certeras; lo cual confirma la aspiración universalista que guió su existencia.

Transmitir sintéticamente y con sencillez la enorme vitalidad y actualidad que poseen los títulos de José María también significa introducir con persuasión y con seguridad al lector de Arguedas comprometido con la reivindicación de tradiciones culturales vivas, en permanente movimiento y ya asentadas en el zócalo continental de la nación peruana. Que su obra no exhibe una arcadia neoindigenista o  una utopía arcaica, puede verificarse por la enorme reedición de sus escritos. Sin embargo, la interpelación contemporánea que Arguedas ejerce con método por intermedio de sus relatos, es la denuncia del racismo prevaleciente.

La historia natural como estrategia epistemológica alternativa es otro de los  recientes “descubrimientos” de los hermeneutas arguedianos. Este es un asunto delicado, pues se trata de acceder a ese universo por intermedio de un hombre que como Arguedas  poseía una profunda sensibilidad y metódico conocimiento de esos “otros saberes” casi “secretos”, preservados con celo y con generosidad por los runas; y no solo en los andes.  En el conjunto de la obra de Arguedas existe ese universo. Ese panteísmo cognoscente a veces desborda la historicidad de sus ficciones, hasta lograr empequeñecerla justamente en los pasajes y eventos de mayor dramatismo y de escenas límites. Las palabras de los actores humanos desfallecen ante el poder que destila de las plantas, aves, los ríos y las nieves, el viento y las piedras que asisten y ayudan con gravedad al autor, quien reconociendo su derrota acompaña sobrecogido a conciertos sagrados que logran paralizar y reanimar la vida misma.

Lo anterior tiene que ver con  un polémico fenómeno sobre el que se ha señalado sus límites y posibilidades, así como también ha desatado furias, penas y emociones desbocadas. Incluso adquirió no hace mucho, desde sus bordes, un enfrentamiento entre criollos y andinos en los predios de la literatura. Oposición risible –desapareció como llegó: entre susurros-, pues adquirió todas las señas de finos enconos y reivindicaciones francamente racistas. En realidad fue la coartada perfecta para ventilar biografías generacionales, regionales y de clase enfrentadas.

¿Esa dimensión cognoscente del panteísmo arguediano fuertemente impregnada en sus obras donde la naturaleza andina fluye casi con autonomía y aún por encima de la voluntad del autor, exige de aquellos que se interesen o deseen acceder a ese conocimiento poseer una sensibilidad particular, digamos emparentada con ese universo metafísico y material andino? En verdad solo señalar este tema puede dar motivo a  malentendidos. Bendezú implícitamente lo dice, ello es evidente y fluye de la textura  de su prosa; pero sobre todo de la propia biografía de Bendezú. Y uno no puede dejar de imaginar las dificultades, por ejemplo, de Vargas Llosa, por lo menos para mencionar este aspecto de la obra de Arguedas que apenas sí ha merecido breves líneas. Esa “necesidad” de Arguedas por dar paso a la voz de la naturaleza, de la flora y fauna del mundo campesino andino no fue un simple recurso o instrumento de expresión puramente literario. Existe ahí una metodología recurrente. Casi una exigencia cuando el narrador tiene que atravesar esos abismos emocionales y esas culpas sentimentales que lo agobiaban a la hora de intentar representar la “materia de las cosas”.

 
 
Afirma Bendezú que José María Arguedas no era el indio que quiso ser por intermedio de algunos de sus personajes: “sino un español que había dejado de creer en Dios, ésta era su tragedia” p. 189. Es una tesis fuerte e interesa profundizar en ello. En Arguedas como en Vallejo y como en Mariátegui, la sensibilidad religiosa es vertebral; irrumpe con furia  cuando el narrador intenta ingresar al ocllo de la identidad de algunos de sus personajes más emblemáticos. Se ha señalado que en  la obra de Arguedas es posible hallar periodos más o menos definidos en lo referente al sustrato de sus percepciones y su deslizamiento al terreno narrativo. Por ejemplo, los cambios que se producen en su reflexión antes y después de su formación  en la etnología y antropología. Cierto que no se trata de separar al antropólogo del literato. EL conflicto y entrelazamiento de teorías de conocimiento es visible por ejemplo en su tesis de doctorado luego convertida en libro: Las comunidades del Perú y España. Las emociones y sentimientos ocupan un lugar aparentemente equivocado en la estructura de ese libro casi olvidado. Pues ahí cuando Arguedas discurre libremente, casi divagando sobre hechos anecdóticos de su permanencia en Bermillo, La Muga y Sayago, ahí en esa “mirada vagabunda” emergen poderosamente esas intuiciones de una biografía intelectual escindida entre universos cognoscentes antagónicos.

Lo anterior tiene que ver con el profundo desgarramiento emocional y cognitivo que supone racionalizar lo sagrado, o a la inversa: sacralizar el raciocinio. No es poca cosa creer fervientemente en divinidades enfrentadas. Este conflicto se produjo, como ya fue señalado, en un terreno que el propio Arguedas fue allanando con temeridad y en el que las divinidades indígenas y cristianas debían resolver un asunto capital en la obra de Arguedas: la justicia, el buen vivir y la democracia radical: “vivir feliz todas las patrias”. Este problema aparece por ejemplo en los diálogos de Don Esteban de la Cruz y el Loco Moncada en El zorro...

Por cierto, Ama waqaspalla, de Edmundo Bendezú, es un texto llano y complejo que no se agota en estas breves notas; más bien introduce al lector interesado en la obra arguediana por un derrotero luminoso, y lo lleva al descubrimiento de toda su riqueza narrativa. El fondo editorial de la Universidad Ricardo Palma, bajo el liderazgo de Miguel Ángel Rodríguez, ofrece un título mayor dentro de su prolífica tarea editorial. Uno que contribuye a la divulgación de la obra del ilustre andahuaylino que selló con su vida la angustiosa búsqueda de la nación peruana.



[1] Ocllo remite – traducción libre-  en el quechua del mediodía andino al seno y la intimidad existencial de un sujeto o de una comunidad, ahí donde anida y desde donde florece y  se reproduce todas las formas de vitalidad y de creación. Ocllo es también el espacio y la temperatura básica de protección humana. En suma, más que pensar o analizar, el ocllo se siente,  se vive y se goza; jamás se teme

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