25.1.12

IV EDICIÓN DEL PREMIO INTERNACIONAL DE POESÍA VÍCTOR VALERA MORA




La recepción de obras cierra el 30 de mayo de 2012
Abierta convocatoria para la IV Edición del Premio Internacional de Poesía Víctor Valera Mora

El Ministerio del Poder Popular para la Cultura, a través de la Fundación Centro de Estudios Latinoamericanos Rómulo Gallegos convoca a todos los escritores a participar en la IV Edición del Premio Internacional de Poesía Víctor Valera Mora.

El Premio tiene como propósito reconocer la creación poética actual, fortalecer vínculos culturales en el escenario internacional y rendir homenaje a la memoria de nuestro insigne poeta Víctor Valera Mora. Será entregado al ganador en acto público celebrado en la ciudad de Caracas el día 21 de octubre de 2012, fecha conmemorativa del nacimiento del poeta Víctor Valera Mora.

Bases de la IV Edición del Premio Internacional de Poesía Víctor Valera Mora

PRIMERA. Podrán concursar para esta IV edición los autores y autoras de libros de poesía escritos en idioma castellano, cualquiera sea el país de residencia y publicados en primera edición entre el 31 de diciembre de 2009 y el 31 de diciembre de 2011.

SEGUNDA. El Premio se concederá al autor o autora del mejor libro de poesía postulado, escrito y publicado en idioma castellano, durante el bienio establecido en la Cláusula Primera de estas Bases. Consistirá en diploma y la cantidad de cien mil dólares ($ 100.000,00 USD) o su equivalente en moneda nacional, a los que se le aplicarán las retenciones previstas en la legislación tributaria vigente.

TERCERA. Las obras deberán ser enviadas en número de siete (7) ejemplares al Premio Internacional de Poesía Víctor Valera Mora, Fundación Centro de Estudios Latinoamericanos Rómulo Gallegos (Fundación CELARG), avenida Luis Roche con tercera transversal, Casa Rómulo Gallegos. Caracas, Venezuela, código postal 1062. En sobre aparte se incluirán los datos personales del autor: nombre y apellido, dirección, teléfono de contacto, correo electrónico y nota biográfica.

CUARTA. El plazo para la admisión de obras participantes vence el 30 de mayo de 2012. Se admitirán las obras que hayan sido enviadas por correo y tengan matasellos de origen de esta fecha o anterior. La lista de participantes será publicada en la página Web de la Fundación Centro de Estudios Latinoamericanos Rómulo Gallegos (www.celarg.gob.ve).

QUINTA. El jurado estará constituido por tres miembros designados por el Consejo Directivo de la Fundación Centro de Estudios Latinoamericanos Rómulo Gallegos y entre los cuales no debe haber más de un venezolano. Su participación será remunerada con la cantidad de cinco mil dólares (5.000,00 USD) o su equivalente en moneda nacional, a los que se le aplicarán las retenciones previstas en la legislación tributaria vigente. La composición del jurado para esta IV Edición del Premio Internacional de Poesía Víctor Valera Mora será publicada en la página Web de la Fundación Centro de Estudios Latinoamericanos Rómulo Gallegos (www.celarg.gob.ve).

SEXTA. El premio será otorgado por mayoría de votos, es indivisible y no podrá ser declarado desierto. No se conferirán accésit ni menciones honoríficas y en ningún caso será otorgado más de una vez al mismo autor. La posibilidad de emitir una lista de obras finalistas quedará bajo la potestad del jurado calificador.

SÉPTIMA. El jurado acompañará su veredicto con un juicio razonado sobre el valor de la obra premiada.

OCTAVA. El premio será entregado al ganador en acto público celebrado en la ciudad de Caracas el día 21 de octubre de 2012, fecha conmemorativa del nacimiento del poeta Víctor Valera Mora.

NOVENA. El autor de la obra otorgará automáticamente el derecho sin exclusividad a la Fundación Centro de Estudios Latinoamericanos Rómulo Gallegos, para publicar la obra en Venezuela, declinando los correspondientes derechos de autor de esta edición, la cual se distribuirá solo en el territorio venezolano. Al ganador o ganadora se le entregarán veinte (20) ejemplares de la obra editada.

DÉCIMA. El ganador de esta edición formará parte del Jurado del Premio Internacional de Poesía Víctor Valera Mora de la siguiente edición del certamen.

DÉCIMA PRIMERA. Lo no previsto en estas bases será decidido por el Consejo Directivo de la Fundación Centro de Estudios Latinoamericanos Rómulo Gallegos, previa consulta con el Ministerio del Poder Popular para la Cultura de la República Bolivariana de Venezuela.

DÉCIMA SEGUNDA. La participación en este Premio implica la plena y total aceptación, sin reservas, de las presentes bases. El fallo del jurado será inapelable.

Para mayor información llamar a la Casa de Rómulo Gallegos, Av. Luis Roche, Altamira, Caracas, 1062. Sitio Web: http://www.celarg.gob.ve, correo electrónico: relaciones@Celarg.org.ve Teléfonos: (58-212) 285.27.21 / 285.29.90 / 285.26.44.

21.1.12

Los carnets de Somerset Maugham


De una manera algo oblicua empecé a leer, y acabo de terminar, Carnet del escritor, de W. Somerset Maugham. Como se sabe, el autor de El filo de la navaja y Servidumbre humana, entre otras novelas de gran éxito a principios del siglo veinte, fue uno de los escritores mejor pagados del mundo en los años treinta, y sus novelas eran celebradas y compradas a borbotones por el gran público, a despecho de escritores en lengua inglesa mejor dotados y más complejos, como Faulkner y Dos Passos, solo para citar a dos.

Comprenderán, entonces, mi falta de entusiasmo para leer sus apuntes sobre la escritura. Estado de ánimo que se disipó rápidamente al encontrarme con fragmentos escritos con prosa sencilla e iluminados por una inteligencia especial y un gran sentido común.

Maugham discurre como un riachuelo transparente sobre la guerra, los novelistas que más le interesan (critica soslayadamente a Dostoievski nada menos), la crítica literaria y, por supuesto, la escritura. Pero también muestra gran agudeza e ingenio para criticar al estadounidense "corriente", aquel que -para su asombro- "no tiene el menor cuidado por la calidad y la condimentación de las cosas que ingiere", pero que se las arregla muy bien para celebrar sus logros tecnológicos numerosos.

No puedo asegurar que un escritor mayor saque gran enseñanza de estos Carnets, escritos a la sombra de los incomparables diarios de Jules Renard. Sin embargo, creo que no tienen desperdicio para los escritores jóvenes, sobre todo en lo concerniente a las delicadas distinciones que hace el autor entre escritor de éxito, escritor de best-sellers y escritor de culto (aunque no utilice esta última palabra).

Se trata, pues, de un libro entretenido, bien escrito, algo descuajeringado en sus temas, pero que brinda al lector momentos de agradable lectura, e información que aún hoy puede considerarse valiosa.

18.1.12

Mario Pera madura




Hace ya un par de años que un amigo crítico me alcanzó el primer poemario del autor, diciéndome: "Destrózalo, si quieres". Acepté el regalo porque me gusta estar al día, en la medida de lo posible, con lo que se escribe en poesía en nuestro país. Leí dos veces, en dos días distintos, Preparaciones anatómicas (2009); no me pareció bueno por muchas razones. La principal fue que adolecía de una pedantería libresca y de un tono algo declamatorio e inflamado.

Sin embargo, tuve un arranque de cautela y me decidí por una crítica donde moderé mi desacuerdo con una dosis de ambigüedad y la posibilidad de criticar entre líneas el libro: de todas maneras un buen primer poemario sigue siendo una rara avis en la mayor parte de los casos, y nadie sabe lo que, en perspectiva, puede resultar significando un libro no malo, sino escrito con excesos, unos años después.

Me alegro de no haberme equivocado. Luego de leer Ruido Blanco (2011), la sensación que me queda es que Pera ha entendido que la poesía no radica en el abigarramiento culterano ni en la saturación de citas, ni mucho menos en la creación de una coraza verbal de cultismos y tipografías diversas que solo demuestran afectación.

Ruido blanco se ha despojado de aquellas veladuras innecesarias, hasta cierto punto. El yo poético se enfrenta esta vez, pecho abierto, a sus preocupaciones, infiernos y desazones. Tan solo quedan de aquel abigarramiento primero, un cierto abuso de las frases en cursiva –algo que un editor avisado hubiera moderado de haber leído con ojos críticos el libro- y algunas concesiones al confesionalismo que, aunque personalmente rehúso, no dejan de tener un sabor de autenticidad, cualquier cosa que signifique hoy ese concepto.

Por cierto, sigue siendo una poesía difícil la de Pera. Exige un lector con un conocimiento aceptable de la tradición poética y religiosa occidentales. Pero el afinamiento de estos textos, la adecuada dosificación de las citas, lo “redondo” de algunos poemas, pueden ayudar al lego a salvar tal escollo. Por último, para algunos poetas es más importante escribir lo que sienten y lo que creen, antes que ceder a la pobreza de exigencias del lector promedio de poesía.

Ruido blanco convence más que el primer libro del autor. Por lo expuesto y por el esfuerzo hecho en aclarar la voz, ensayar tonalidades menos farragosas y lograr un puñado de poemas bien escritos sin traicionarse el poeta a sí mismo. Este descenso a los infiernos del yo se ha intentado con elocuencia, calidad y dignidad que son, o deberían ser, el verdadero culteranismo del poeta. 

Y en ese camino va Mario Pera, siguiendo una “poesía incrustada en un duelo sin memoria/ ni resurrección”.

       

17.1.12

La Bonn de Le Carré y los cambios




Si uno lee una guía turística o busca en internet datos sobre esta ciudad alemana y su clima y su gente, encuentra que es acaso una de las ciudades más tranquilas y de mejor clima de Alemania; una ciudad más bien alegre en el contexto europeo.

Sin embargo, como sucede con la Cuernavaca de Lowry, o el Dublín de Joyce, muchas veces un escritor intensifica los rasgos negativos de la ciudad, desde las primeras páginas, para preparar el encuadre para la historia, normalmente más oscura, que piensa contarnos. Esto ocurre casi con precisión matemática al comienzo de Una pequeña ciudad de Alemania, una oculta obra maestra que pude obtener gracias a esa magnífica librería de viejo por Facebook llamada LIBROS RAROS.

Le Carré tiene en mente una violenta historia de persecuciones policiales y engaños diplomáticos que tienen en Bonn un escenario muy singular, un tanto sombrío, un tanto desasosegante:

Bonn era una casa oscura en la que alguien había muerto, una casa con negras colgaduras católicas, protegida por la policía. Las chaquetas de cuero de los guardias que estaban de pie en las aceras, a intervalos de cincuenta metros, relucían a la luz de los faroles, y las negras colgaduras  se cernían sobre ellos como pájaros.

A medida que va avanzando la trama, compleja y subyugante, el narrador va apuntalando pincelazos sobre la ciudad, de manera que ambas, descripción y diégesis, van entrelazadas afirmándose una a la otra en su intencionalidad opaca:

La oscuridad de la noche había llegado sin aparatosidad, tal como la grisácea luz del día se había ido; desacostumbradamente, el aire nocturno era seco y olía a invierno. Durante casi todos los meses del año, Bonn parece ajena al cambio de las estaciones; su clima está dentro de las casas, es un clima de dolores de cabeza, cálido e insípido como el agua embotellada, es un clima de espera, de amargos regustos extraídos del río perezoso, es clima de fatiga y desganado vivir, el aire es un viento exhausto, que cae sobre la llanura, y el ocaso tan solo se manifiesta como un oscurecimiento de la niebla diurna…

Puesto que la historia se retuerce en proporción con su despliegue, las impresiones sobre Bonn se van haciendo más complejas y subjetivas, hasta llegar a una metáfora sorprendente, la ciudad como un lugar metafísico. Un personaje, De Lisle, se suelta sobre la ciudad:

--A veces, la niebla es un poco más fría, y entonces decimos que estamos en invierno. A veces, es algo más cálida, y decimos que es verano. Y sabe lo que se dice de Bonn: cuando no llueve, el agua corre igualmente corre por las calles. De hecho, lo que ocurre es que estamos siempre inmersos en una niebla separada por la niebla del resto del continente. Bonn es un lugar metafísico; los sueños, en Bonn, han sustituido a la realidad.

Fuera del ligero matiz realista-mágico del sintagma final, Bonn es reconstruida por el narrador para sus propósitos. Y lo mejor es que, con esa voluntad, se lleva de encuentro cualquier afán mimético-realista.
Habría que visitar hoy Bonn, y ver cuánto no se parece a la Bonn de Le Carré que, tal vez, se parecía poco también a la del año 68, cuando publicó esta novela adictiva. Cambio climático de por medio, inmerso en todo ello.

10.1.12

MUCHA LITERATURA


Conocí a Martín Mucha, exitoso periodista peruano radicado en el extranjero, en la redacción de Somos, en el 2006. Era un muchacho muy talentoso y de espíritu algo controvertido. Me caía bien. Ahora me enteró que ha obtenido el segundo lugar del Premio de novela "Fernando Quiñones" 2011, con una novela que promete y cumple al parecer (está ya a la venta en El Virrey). Acá fragmentos de una entrevista en Todo Literatura.


--¿Cuáles son los ejes argumentales de Tus ojos en una ciudad gris?
Es una road movie en novela, en autobús. Es la vida de Jeremías Carpio que vive un pleno cambio generacional. Es la historia de un chico que descubre un día que existe un muro en su ciudad que divide su mundo, del de otros, un muro para los otros, donde viven mejor que él. Y se pregunta qué de malo ha hecho para estar en ese lado. En el lado pobre. Se habla de la mentira como arma para sobrevivir, de la búsqueda del silencio como respuesta. Retrata un mundo que es un mix de playstation, fútbol, amores efímeros y online. Describe esa soledad contemporánea, a los que no entienden su lugar en el mundo, pero tampoco hacen nada por cambiarlo. Quizás un retrato de la generación que vive hoy el boom Facebook y de las redes sociales. Tácitamente, sin mencionarlas.

--¿Cuánto de autobiográfico hay en su novela?
Es una acumulación de historias de mi ciudad, de mi país. La vida en el interior de los autobuses y las combis. Su mundo interno, la soledad, las alegrías… Las esperanzas incluso. Es un retrato escrito desde alguien que ha conocido íntimamente dos de las caras de la sociedad peruana; la de los muy ricos y la de los pobres. En ambas crecí. Aunque nací en un pueblo joven, una chabola dirían en España… Mi madre fue sirvienta en una casa de gente acomodada.

--¿Cuáles son los males y las virtudes del ciudadano contemporáneo, el que hace referencia siempre en esta su primera obra narrativa?
Creo que vivimos una época de desamor. Ese es uno de los ejes narrativos. Es una época donde el desamor vence al amor y, sin darnos cuenta, eso nos atrapa. Nos cambia nuestra visión del mundo. Nuestra cosmovisión es menos onírica que antaño. Más fría, más sexual. "El deseo define a los seres imperfectos", cree el protagonista. Y creo que esa también es una virtud.
(Sigue leyendo)

De mi correo...

"Estimados amigos:
Les escribo para pedirles que por favor me ayuden a difundir esta presentación en sus blogs.
Les estaré inmensamente agradecidos.
Un abrazo fraterno,
Juan Pablo Mejía
-------------------------------
Paracaídas Editores"

PRIMER POEMA DEL AÑO






 Aquí nos quedamos.
Seguros y animados,
hueso con hueso, pellejo con madera,
... fuimos levantando nuestra casa:
no había nada parecido a burburjas y sobornos, salvo
la vesícula hinchada del jabalí -yo la sacaba
con cuidado, no sea que se reviente-;
y había que darle cosas al matarife,
y le dábamos
comida, bebida y pescados salados a su gusto.

A este suelo llano y seguro -¿pero era tanto así?, se preguntaba mi hijo-
llegaban los diarios con sus negociaciones y lucubraciones
y la enconada inclinación por los intereses de los dueños,
y de los dueños de sus dueños...

Fue cuando nuestros sueños eran igual que la vida.

Pero qué seguros estaban aquí mis hijos.

por eso aquí elevamos nuestra casa fuera de todo,
y un gran sueño iluminó nuestro corazón.

(Del libro "Desde la bárcena")

9.1.12

Escritor brasileño Ruy Câmara nos agradece

Encuentro en mi correo un mensaje del autor de Cantos de Otoño, una documentada y apasionada biografía del Conde de Lautreamont, el gran poeta uruguayo de lengua francesa. Les dejo el mensaje:



PrezadoVictor Coral:

Tengo el placer de dirigirme a usted para agradecer, penhoradamente, por su importante ycontundente reseña sobre el romance de mi autoría, “Cantos de Otoño”, traducido para el español por Don Bazilio Losada, decano de algunas Universidades de España y Estados Unidos. Gracias a usted el libro tuvo por lo menos un lector de profundidad en el universo latinoamericano. Mientras el libro permanece obumbrado y distante de las librerías en nuestra América Latina. Debo esa obscuridad a los editores de la Belacqva, una empresa del Grupo Norma. Publicaron el libro y no lo hicieron circular, como rezaba en el contrato editorial. Pero, en los USA y Reino Unido tiene una vendagem excepcional e buenas criticas. Dejo aquí un fuerte abrazo y unsaludo muy cordial.

Ruy Câmara

http://www.amazon.com/LAST-SONGS-AUTUMN-Lautr%C3%A9amont-ebook/dp/B003A03RRA
http://www.amazon.com/CANTOS-Novela-Lautr%C3%A9amont-Spanish-ebook/dp/B004GHNKAK/ref=sr_1_1?s=digital-text&ie=UTF8&qid=1326081812&sr=1-1

Pueden leer la reseña que le hice al libro de Ruy haciendo clic aquí.

7.1.12

El pez de oro y su fértil ambigüedad





Sin duda el libro de prosa del año es la reedición crítica de El pez de oro, de Gamaliel Churata, a cargo de AFA editores. El volumen trae más de 1,000 notas a pie de página y cura las erratas de las dos ediciones anteriores de este libro fundamental y fundacional para la cultura andina y para la novela peruana en general.

De los dos prólogos que preceden al texto, el más interesante es el de Ricardo González Vigil, quien no solo hace un recuento objetivo de los acercamientos críticos más importantes que se han hecho al libro de Churata hasta el momento -donde sale mejor parado un estudioso que a mí en especial no me atrae demasiado: Manuel Pantigoso-, también ensaya varias sublecturas -por ahora usemos este término- de algunos aspectos de El pez de oro, como cuando subraya la importancia del simbolismo del número 10 en la obra, y sobre todo cuando remarca la vinculación del libro con la idea de "retablo", que si bien fue traída por los españoles de Europa, Churata resemantiza para usarla en su ópera mayor.

Mas ante tanto afán crítico, a veces demasiado descripcionista, valga la pena recordar lo que el propio Churata escribió sobre su obra en 1965:

"...conviene tener en cuenta que El pez de oro está labrado con material puneños, radicalmente fruto de las reacciones anímicas telúricas de nuestra tierra y su lago, entendido, que si el Titicaca se refracta en el cielo hay que convivir (¿habrá querido decir "convenir"?) que el cielo de nuestra tierra es solo el Titicaca proyectado a las esferas. Los personajes de El pez de oro no son personas humanas (no conviene un "sic" pues dentro del mundo mítico de Churata hay personas no humanas); son símbolos zoóticos del corazón del hombre. Esto es, son animaciones simbólicas de la humana naturaleza, y como representan entidades biológicas, de entrada entendemos que El pez de oro es la imagen del genes del hombre, del hombre de nuestra tierra".
Churata mismo, entonces, por este y otros pasajes donde, algo asombrado, se dedica a explicar su propia obra, pone en su sitio los entusiasmos sobre la "hibridez rupturista" de su lenguaje, aunque no niega la voluntad de usar esa hibridez para recrear la lengua española legada, e infundir en el lector una "emotividad idiomática". Más aún, da mayor importancia al simbolismo y a la confrontación dialéctico-filosófica en su libro, que al dudoso surrealismo que algunos han querido ver y rastrear en El pez de oro, sin que esto quiera decir que no haya bebido de las fuentes cada vez más resecas de Breton y sus huestes.

Vale reconocer el inmenso trabajo realizado por José Luis Ayala en las notas que acompañan al texto, sobre todo las que esclarecen vocablos quechuas y aymaras, lo que redunda, como es obvio, en una mejor comprensión del libro en su conjunto.

Es necesario decir, también, que esta breve reseña ha sido realizada más o menos a la mitad de la lectura del libro; ahora que hay más información sobre lo que Churata pone en juego en su obra, vale la pena saborear con más tiempo su empresa, un libro acaso inacabable por su fértil ambigüedad, por su polisemia simbólica tenaz, por su miticismo (neologismo) localista y orgulloso, y no solo por su lenguaje mil veces calificado de barroco, más como salida fácil que como explicación certera de algo interesante sobre el lenguaje de un libro que no deja de resucitar en el tiempo: El pez de oro.

Pombo gana el Premio Nadal


Ducho en participar, y ganar, concursos literarios, el español Álvaro Pombo acaba de sumar el Nadal a su ya larga lista de premios literarios. La nota es de ABC.


"La novela para Pombo «es un género híbrido y gran parte de su encanto proviene del carácter aluvial de sus materiales». Ayer no tuvo dudas al recibir el premio: «El lugar de la verdad son las narraciones», reconoció. Más de cinco años después de ganar el Planeta con «La fortuna de Matilde Turpin» —actualmente forma parte del jurado del premio—, Pombo se alza con el Nadal y completa un palmarés en el que destacan títulos como «El metro del platino iridiado» (premio de la Crítica, 1991), que le consagró en Anagrama; «Donde las mujeres» (premio Nacional de Narrativa 1996), «La cuadratura del círculo» (premio Fastenrath de la RAE) y «El cielo raso» (premio de la Fundación José Manuel Lara, 2001). A la hora del balance, Pombo recuerda que los libros que escribió entre los años setenta y ochenta «gustaban a los críticos y apenas existían para los lectores». Cuando ganó el premio Herralde de novela con «El héroe de las mansardas de Mansard», se lió la manta a la cabeza, «dejé la oficina y me empeñé en vivir de la pluma». A su trayectoria de escritor y académico desde 2004, hay que añadir su activismo político en las filas de la Unión Progreso y Democracia de Rosa Díez. En estos últimos años, sus apariciones televisivas le han granjeado visibilidad social. Pombo nunca pasa inadvertido: «Mi presencia en cualquier lugar público provoca dos reacciones básicas: la de quienes me riñen y la de quienes me felicitan», bromea. Desde su condición de homosexual —reflejada en «Contra natura» (2006)— se muestra crítico ante eventos como el Día del Orgullo Gay, que considera una manifestación de exhibicionismo, trivialización y ausencia de autocrítica". (Sigue leyendo)

6.1.12

FIESTA DE AÑO NUEVO 2012


Esta imagen es del 1 de enero de este año. Estamos en la casa del maestro Antonio Gálvez Ronceros (derecha), quien anuncia dos libros nuevos para el 2012. Al medio, el músico y gran lector de poesía, Adolfo Polack, director de la ya legendaria pagina "El misterio de la poesía", de la revista CARETAS.

 !Feliz 2012!, aunque sea un poquito atrasado, a los lectores de este blog y demás bloguers.

5.1.12


Recomiendo especialemente este taller del escritor y editor Gabriel Rimachi Salier. Vayan.

29.12.11

NICANOR PARRA (1914) PREMIO CERVANTES 2011


Agradezco al gran poeta colombiano este envío, exclusivo para LDL, sobre la poesía del (anti)poeta chileno Nicanor Parra, que este mes, como todos sabemos, acaba de recibir el Premio Cervantes. Disfrútenlo.


Por Juan Gustavo Cobo Borda.


En el canto IV de Altazor (1931), de Vicente Huidobro se lee: "Aquí yace Altazor azor fulminado por la altura / Aquí yace Vicente Huidobro antipoeta y mago". De ahí provendrán los antipoemas de Nicanor Parra.

En 1993, para el centenario del nacimiento de Huidobro, Parra leyó uno de sus ya celebres Discursos de sobremesa (2006), titulado "Also sprach Altazor". Comienza con un "Antes de comenzar".

Una pregunta:

Que sería de Chile sin Huidobro.

Que sería de la poesía chilena sin este duende

Fácil imaginárselo

Desde no luego no habría libertad de expresión

Todos estaríamos escribiendo Sonetos

Odas elementales

O gemidos

"Alabado sea el Santísimo" (p. 107)

Hijo de un profesor primario y una modista de trastienda, Nicanor Parra tiene ocho hermanos. Nació en el sur de Chile, cerca a Chillán, en San Fabián de Alico, y pasó una infancia de pie pelado en difíciles condiciones económicas; viviría en lo que se llamaría una población callampa. Solo en 1932 llegará a Santiago, donde estudiará (el único de la familia) matemáticas y física, en el Instituto Pedagógico de la Universidad de Chile. En 1937, con 29 poemas, Nicanor Parra publica su primer libro: Cancionero sin nombre, muy influenciado por Federico García Lorca y con una veta directa popular, donde la sencillez tenía algo de encanto provinciano, de aldea quieta con mínimos dramas. El año siguiente gana el Premio Municipal. En 1941, Carlos Poblete, en su Exposición de la poesía chilena, publicado en Buenos Aires por la editorial Claridad, escribirá un concepto muy poco halagüeño sobre Parra:

"Nació en 1914. Es la cabeza visible entre la falange de "guitarreros" que ha invadido un sector de la poesía chilena. Poesía epidérmica, efímera como todo lo que no se nutre en la realidad profunda del hombre.

Es profesor de Matemáticas y Física en un liceo de provincia" e incluye poemas como este, del primer Parra.

He de partir un día con el lirio

derramado en la mano, dulcemente,

dentro del corazón el mar umbrío

y una ascensión de pájaros perennes.

Lejano y solo caeré dormido

bajo la fría luna de noviembre

sin oír la palabra de un amigo

que me diga hasta luego para siempre.

Preconizaba una poesía espontánea en contra de una cerebral, y por el 42 anunciaba un libro, La luz del día, que nunca, claro está, vería la mencionada luz. Aquí un paréntesis sobre Parra y sus títulos.

Cuando iba a publicar lo que por fin se llamaría Versos de salón (1962), Parra se debatía entre estos títulos:

Baile sobre una tumba

Licencia poética

Pan pan, vino vino

Poesía para poetas

Las cuatro operaciones

El gato montés

"Nebulosa", 1960


Cuando preparaba Hojas de Parra (1985) dudaba entre:

Cachureo

Ampliaciones

Algo por el estilo

Base de operaciones

Ejercicios respiratorios

Cero problema

Esperaría muchos años y solo en 1964 se atreve a desprenderse, casi en contra suya, de lo que sería su libro clave: Poemas y antipoemas. Libro cuya solapa, escrita por Pablo Neruda, dice: "Entre todos los poetas del sur de América, poetas extremadamente terrestres, la poesía versátil de Nicanor Parra se destaca por su follaje singular y sus fuertes raíces. Este gran trovador puede de un solo vuelo cruzar los mas sombríos misterios o redondear como una vasija el canto con las sutiles líneas de la gracia". "Tengo orden de liquidar la poesía", dirá Parra por aquellos años y a ello dedica toda su inteligencia provocadora. "La poesía no puede ser otra cosa / que la mala conciencia de la época".

Becado por el Consejo Británico, estudió matemáticas superiores y cosmología con E. A. Milner, en Oxford, de 1949 a 1952.

Poemas y antipoemas iba a llamarse antes Oxford 1950, y en él conviven muchos influjos de época: existencialismo, psicoanálisis, surrealismo, marxismo.

"El antipoema no es otra cosa que el poemas tradicional enriquecido por la savia surrealista"

Pero como lo señaló Mercedes Rein:

"La negación radical, el soterrado nihilismo que es, si no me equivoco, la raíz profunda de esta antipoesía". (p. 28).

La cual fue recibida por el padre capuchino Salvatirra con esta andanada:

"¿Puede admitirse que se lance al público una obra como esa, sin pies ni cabeza, que destila veneno y podredumbre, demencia y satanismo? Me han preguntado si este librito es inmoral. Yo diría que no; es demasiado sucio para ser inmoral. Un tarro de basura no es inmoral por muchas vueltas que le demos para examinar su contenido":

Por su parte, Pablo de Rokha concluirá furioso:

"Los antipoemas inspiran lastima y asco"

¿Que traían ellos para producir semejante reacción?

Allí convivían la mirada fría e impersonal, de noticiero, acerca de todos los vicios del mundo moderno -"La exaltación del folklore a categoría del espíritu, "el desarrollo excesivo de la dietética y de la psicología pedagógica", con reflexiones acerca de la propia poesía-

"La poesía reside en las cosas o es simplemente

un espejismo del espíritu",

y la figura del propio poeta, sarcástico, cuestionado, clown irrisorio y tan absurdo, o más aun, que el mundo en que habita.

Dos poemas, "Autorretrato" y "Epitafio", nos permiten abrir y cerrar esta peripecia. En el caso de "Epitafio", abre una veta siempre cultivada por Parra: el burlarse de sí mismo y de la muerte.



EPITAFIO

De estatura mediana,

Con una voz ni delgada ni gruesa,

Hijo mayor de un profesor primario

Y de una modista de trastienda;

Flaco de nacimiento

Aunque devoto de la buena mesa;

De mejillas escuálidas

Y de más bien abundantes orejas;

Con un rostro cuadrado

En que los ojos se abren apenas

Y una nariz de boxeador mulato

Baja a la boca de un ídolo azteca

-Todo esto bañado

Por una luz entre irónica y pérfida-,

Ni muy listo ni tonto de remate

Fui lo que fui: una mezcla

De vinagre y de aceite de comer

¡Un embutido de ángel y bestia!



Como lo señaló José Miguel Oviedo, allí se dan "confesiones eróticas, crisis sentimentales, imágenes oníricas, fragmentos psicoanalíticos y obsesiones intelectuales". Una vida casi neurótica y al borde de la locura, pero no por eso excepcional" (p. 147, Historia de la literatura hispanoamericana, v.IV)

Parra seguiría oponiendo a la poesía nocturna una poesía de la claridad, pero este estudioso de la física atómica y la mecánica celeste incorporaría dos principios claves a su poesía: ya no la física de Newton sino la de la relatividad y la de la indeterminación. Un mundo en perpetuo flujo, que vibra, oscila y cambia, donde el poema ya no es plegaria religiosa sino parlamento dramático.

Un teatro de uno solo, donde se descartaban los alquimistas y se invitaba al aterrizaje. Un lenguaje y una poesía práctica, que más tarde, en uno de sus Artefactos (1973), cuando el antipoema ha estallado en fragmentos, lo expresaría de modo muy crudo:



El mundo es lo que es

y no lo que un hijo de puta

llamado Einstein

dice que es.



Jorge Edwards, en un admirativo texto sobre Parra de octubre del 2000, titulado "El demonio de la poesía", nos da una clave para acceder mejor a su mundo. Recuerda allí cómo su hermana, Violeta Parra, se había iniciado como una cantante popular, en el sentido comercial del término

"hasta que decidió buscar en el campo, entre viejos cantores y cantoras, las raíces de lo que se llamaba por tierras de Chillán adentro, hacia la cordillera, canciones a lo humano y lo divino, profanas y religiosas" (Edwards: Diálogos en un tejado, Tusquets, Barcelona, 2003, p. 63)

A esto se añadiría la lectura fervorosa del Martin Fierro de José Hernández, todo en pos de una voz natural: "la voz de la conversación diaria". Un lenguaje hablado, como le explicó a José Donoso en 1960.

"Mi unidad es el verso, que en mi poesía aparece como aislado, como una serie de pedradas lanzadas hacia el lector" (José Donoso: El escribidor intruso, Chile, Universidad Diego Portales, 2004, p. 73-80)

"Yo quería escribir como se habla".


Confluyen entonces muchas vertientes -el recuerdo de su padre y sus hermanos que habían trabajado en circos, Violeta Parra y su guitarra que estudiaba el folclor ancestral, en sus sobrevivientes; Parra que se internaba en la poesía española del Romancero, el cancionero, los autos sacramentales, y el muy rico sustrato de la Edad Media, los trovadores del siglo XII, los juglares, la cultura albigense, y esos cantores que lo hacen con la Biblia en la mano, por decirlo así ; y las canciones de borrachos. "Un día que Asuero estaba/ tomando cierto recreo, /vino a verlo Mardoqueo,/ a quien el rey apreciaba". Y todo lo que había mamado en los barrios, en Chillán, en la carpa donde Violeta cantaba.

En una mesa puse / un plato de chicharrones,

María no seas ingrata/ abájate los calzones.


Si habían pasado 17 años entre su primer y su segundo libro, el tercero no se demoraría tanto. La cueca larga es de 1958.

Allí se palpa toda la maliciosa picardía de la copla popular, de los cinco y siete versos de la cueca traviesa, hable de licor o de sexo, mencione las metidas de pata o incorpore al baile los huasos y los rotos chilenos, en la precisión geográfica, en el ingenio desafiante y arrabalero.

Dos esqueletos daban

Hueso con hueso.


Era sorpresivo el tránsito de una poesía de la alienación urbana, de la cosificación del ser, en un mercado donde la miseria real coexiste con las necesidades superfluas que la publicidad promueve, a este zapateo y estas palmas de fiesta de pueblo. Lo que era denuncia desgarrada del individuo que del campo a la ciudad pretende triunfar y es estafado, como mostró muy bien Federico Schopf en "Introducción a la antipoesía de Nicanor Parra" (1971), es ahora el retorno a un mundo inmóvil, que "se representa como paisaje de tarjeta postal -conformado por rasgos típicos y populistas" (p. 102). Sin embargo, allí donde tampoco hay dinero para cancelar las deudas y las cosechas son incertidumbre y riesgo, el vino libera y permite escapar en el canto y el duelo, en la parranda que exorciza y reconforta. Que permite gritar eufóricos e inconscientes.

El personaje de los "Artefactos" es un energúmeno, alguien salido de sí, que desarrolla una incesante energía, y que puede efectuar tres operaciones básicas: levitar, hacerse invisible y conversar con los muertos. En tal sentido, el personaje pasivo de Kafka, a quien leyó con tanto fervor, se trueca en un agitado y descompuesto Charles Chaplin de cine mudo. Y de un Chile que, ya bajo la dictadura de Pinochet, buscaba con recursiva astucia recobrar la libertad de expresión. Por ello los poemas últimos eran solo frases consignas, renglones-chistes, greguerías-subversivas. Tres muestras del Parra último podrían ser estas:

A ver a ver

tú que eres tan diablito ven para acá

¿hay o no hay libertad de expresión en

este país ...?

-Hay

ay

aay!



Chile fue primero un país de gramáticos

un país de historiadores

un país de poetas

ahora es un país de ... puntos suspensivos.
URNAS Y ATAÚDES

Un ataúd le dice a una urna te amo

no puedo vivir sin ti

y la urna lo mira de reojo.


Un final digno de Nicanor Parra.

28.12.11

AFORISMOS COMPLETOS DE EDITH SÖDERGRAN



De vida azarosa y poética brillante, Edith Södergran es la gran poeta en lengua sueca del siglo veinte. Nacida en Rusia pero asimilada, parcialmente, a la cultura finlandesa y, en general, nórdica, la poeta tuvo una vida muy corta (murió a los 30 años) que, sin embargo, dio frutos poéticos más que memorables. Lo que entregamos ahora, en calidad de exclusiva, son sus aforismos completos, una rareza que contiene varias joyas del pensamiento contemporáneo.




Observaciones variopintas

(1919)



Las casas en las que en realidad vivimos son chozas prehistóricas en comparación con la concepción de una morada humana que llevamos con nosotros.



No se debería decir “el universo”, pues ¿cómo es posible reunir en un solo concepto lo que no es mensurable?



El libre albedrío es una hipótesis absurda, algo que opera independientemente de su propio acuerdo en un pensamiento-espacio abstracto.



Una gran imaginación creadora de formas es un espíritu irredento si no se descarga en la pintura.



El último y supremo refinamiento de la vanidad es la destrucción de toda vanidad, del mismo modo como una mujer puede estar segura de jugar sin riesgo alguno con un hombre a quien no necesita.



Estar libre de prejuicios es la seguridad de tratar con cosas.



Hay algo de poco apetecible en apoderarse de la propia vida.



Una buena persona debería ser capaz de neutralizar los efectos dañinos de su comportamiento mediante el rigor.



Una de las cosas más difíciles en este mundo de conceptos confusos es lidiar dentro de uno mismo con lo que no se lleva adentro.



Las personas malvadas suelen ser poderosos organismos que se sienten acorralados por lo excesivo de su propio temperamento. No es cierto que los malvados sufran más; su sufrimiento no es profundo; en cierto modo, para ellos es una costumbre placentera.



Un alto grado de inteligencia confiere al rostro algo dulce y abundante; es como si la grasa del espíritu se subiera al rostro. La grasa de Minerva.



Hoy en día la gente común y corriente cuelga en su cuello la campana del patriotismo como si les perteneciera.



Gösta Berling puede presentarse inclusive a un lector engreído, quien le da de su propio interior el más exquisito aderezo: entonces se crea un centauro.



Los hombres más exitosos son realistas y fatalistas.



La tarea de quien mejora la humanidad no es predicar moralidad sino cambiar el yo interior de la humanidad transformando las condiciones externas en pro de su salud moral.



La moral ha empezado donde debía terminar, es decir, dando una pista a los que ansían la autoperfección.



Hasta ahora todo les ha sucedido a los individuos; las religiones se han aparecido a ellos con su significado más profundo; pero ahora podemos discernir un tiempo en que las masas serán el objeto de cultivo.



La gente común es bastante sensual a su manera, una complacida manera que los grandes temperamentos no pueden tolerar.



El malentendido ha sido hasta ahora el mayor poder en la tierra.



El grado supremo del genio es lo más complaciente y lo menos complaciente.



Todas las raíces largas de la verdad son sospechosas; solo extraemos la verdad en pequeños pedazos rotos.



Nuestra debilidad al defender o al atacar reside siempre en nuestro temor al fracaso, lo que nos hace utilizar la fuerza cuando solo nos bastaría con añadir al desgaire sospechas aniquiladoras.



Nunca nos sometamos a nuestra más íntima archisuperstición; eso podría ser nuestra ruina.



La gente no tiene suficiente carácter para prohibir públicamente las expresiones más elevadas del espíritu humano. Estudiosos, periodistas, etc. son desvíos que hacen que todo se vuelva inocuo.



Primero vemos lo más crudo de la verdad, es decir, la verdad misma. Lo más importante: la persona que la dice solo es vista mucho más tarde.



La vida nos rodea y no tenemos tiempo porque agudiza su fascinación de una manera sutil, tal como el cielo intensifica la fascinación de la tierra por lo religioso.



El vacío de la vida, que la gente de hoy ve como monasticismo, ha provocado una pasión histérica por la diversión; la carne, que se cree oprimida, está tomando lo que legítimamente le corresponde. A un Mefistófeles le podría resultar divertido llevar hasta el hielo resbaladizo a esta masa que corre disparatadamente y ofrecerle una vez la copa llena de placer.



Si hombres de genio con anteojeras puritanas llegan a ver la verdad, se vuelven increíblemente ingeniosos a la hora de desmentirla.



Una naturaleza no religiosa profesa siempre una ligera simpatía por Mefistófeles en lo que atañe al canto de los ángeles.



Mediante la malinterpretación, la religión puede convertirse en una fuente de anticultura cuando las religiones se hacen sordas al arte y a la ciencia mundanos, evitando así la influencia del genio del que precisan.



Es tan extraño el arte del aforismo: el juego con contrastes es tan trivial como un juego de palabras: las verdades suelen ser tan poco interesantes y, sin embargo, este disfraz de la verdad es más valioso que todo lo demás que se va urdiendo.



Decir que uno ama la humanidad es histeria; decir que uno no la ama es debilidad. Solo hay una forma correcta: tener el poder de convertirla en lo que debería ser.



La persona que aún no es benigna ansía más intensamente el triunfo de la benignidad
en lo que se refiere a una causa cuya victoria es incierta y que tiene muchos enemigos dentro de sí.



La gente común es ingenua y literal en sus virtudes, acaso porque le son tan nuevas.



Un pensador de gran genio como no lo ha habido hasta hoy no precisaría de menos palabras que las que los filósofos han empleado hasta la fecha. En el futuro el trabajo que tiene que ser realizado será más arduo y cuantitativamente menor.



La extravagancia del proletariado es energía vital pobremente desarrollada. El proletariado es un átomo del crecimiento que la tierra solicita. ¿Por qué aún sorbes de mí? La tierra ama las plantas que sorben con raíces profundas.



Hay una cosa que siempre tenemos antes que otras: nosotros mismos.



Nadie tiene el control sobre su estrella. Uno está forzado a seguirla.



Uno siempre ha sido merecedor de la pareja que recibe en su matrimonio.



Si se quiere que la humanidad logre algo muy grande es mejor sobreestimarla un poco que subestimarla.



El sonámbulo camina hacia la lotería para sacarse el premio mayor.



Cuando el propio intelecto se ha elevado hasta lo alto, todo intelecto parece digno de atención, independientemente de que pertenezca a una persona o a un insecto; los ojos se abren a lo demoníaco en la esencia interior del intelecto.



Uno se encuentra con lo verdaderamente vil cuando algo valioso es arrojado al fango. En un contexto similar, eso pasó conmigo: en un sueño vi a malvadas brujas que burlonamente ahogaban a niños en cubetas; vi ejecuciones por doquier en playas y colinas; manos, cerebros y ramas de árboles manchadas con sangre, todo tan atroz y vil que no podía ser real, únicamente en el espejo magnificador de una sensibilidad monstruosamente denigrada.



El leve insomnio intensifica el genio.



Virtud consciente, la virtud de la que merece hablarse, solo empieza con la educación del intelecto; antes de eso, todo es albur animal.



Los pensadores agrupan las grandes piedras en el edificio del pensamiento; los aficionados son la argamasa de la que se puede prescindir en una construcción que simplemente es pensada como conjunto.



Los verdaderos marginados y parias entre los hombres son solo aquellos que han cometido un acto innoble.



Un verdadero crítico de arte sería alguien que pudiera captar la unidad interior de la ley entre las diferentes formas de arte, de personajes artísticos.



Las cosas más elevadas que nos son visibles se encuentran más allá del bien y del mal, de lo bello y de lo vil, y es allá donde las cosas supremas creadas por el espíritu humano se vuelven pequeñas, estrechas y demasiado humanas; allá los objetos hablan, el arte del futuro se hace cósmico.



La fuerza de Nietzsche no se halla en la fuerza de su voz sino en la excelsitud que mana de su grandiosa experiencia: el eterno retorno.



Antes que nada, ¿no debería tener todo gran ser humano su propio gran destino, un enfoque individual en la vida?



El reseñista suele ser alguien que se explaya tanto sobre un libro que a la postre ya nadie sabe por qué es valioso. Si la crítica es cumplir con sus objetivos, los críticos deberían declarar explícitamente, más allá de toda duda, qué tipo de libro es. Los libros requieren de su propia marca al igual que otros objetos.



Los sentimientos de culpa siempre son una clara señal de debilidad de carácter; la verdadera culpa es un signo de interrogación.



Muchos perecen porque van tras aquello que reluce y pierden lo que es realmente necesario. Todos somos como urracas y lucios: nos aferramos a lo que reluce en nuestras mentes.



Cuando se oprime al espíritu, la carne cruje.



Es preciso aprender a llenar nuestro morral intelectual para saber cuán elegante, ordenado y ligero de llevar es nuestro equipaje.



El gran mérito de la mujer es que hasta ahora no ha pecado intelectualmente en gran medida.



El peligro y la inseguridad son los verdaderos componentes de la displicencia; una vida civilizada es difícil de tolerar.



Hay veces cuando uno se dice: mis pensamientos ya no me pertenecen; entonces uno dedica toda su vida a otros.



Hay personas a quienes a la postre todas las cosas les llega, y otras que tienen el privilegio de ir en pos de ellas.



Los tres mayores dones de la vida -la pobreza, la soledad y el sufrimiento- solo son apreciados por los sabios en su justo valor.



¿Hay algo más seductor que la desfachatez de Napoleón, divino salteador aventurero?



Un verdadero hombre no necesita nombre: él llega, ve y conquista.



Lo que ahora necesitamos es el hombre más desfachatado, el único que nació con el nombre de Napoleón.



Quienes no son hombres de acción dicen que las masas huelen mal, pero Napoleón no tiene olfato y las olas lo transportan.



Cada vez que nos invada un sentimiento de constricción, deberíamos transformarlo en un sentimiento de expansión.



Cuando no hay belleza, todos los encantos se toman de la mano y huyen; entonces, en vez de amor hay rectitud y deber en lugar de regia inclinación.



Quien tenga poder sobre los corazones debería tratarlos como algo sagrado.



Una innata elegancia externa y extrema, que es tan rara como la gran belleza física, viene acompañada de un garbo innato, de una exquisitez en cada acto y gesto. Esas personas se saben soberanas y son reconocidas por otros como tales.



Una humanidad tan pura como las flores es el ideal del futuro.



Los poemas sobre el cosmos podrían ser solo susurros.



No es necesario rezar; uno ve las estrellas y tiene la sensación de querer postrarse en la tierra en estado de adoración silenciosa.



No debería preguntarse si Dios existe; uno debería dejar de lado su pequeña inteligencia.



El prejuicio contra Dios es el más difícil de vencer.




Pensamientos sobre la naturaleza

(Setiembre de 1922)





Vemos la vida y la muerte con nuestros ojos; son el sol y la luna.



Así van, en el curso del universo, los soles dadores de vida, las lunas destructoras, los planetas que se someten a la vida y a la muerte.



En torno a todo lo enfermo la luna urde su red hasta que la luna llena llega para recogerla en una hermosa noche.



Los niños moribundos de la naturaleza aman la muerte; ansían el momento en que la luna los recoja.



La naturaleza es íntima de la muerte; experimenta la muerte cada noche. Se somete con igual disposición al hechizo del sol o de la luna.



La muerte es un dulce veneno, decadencia; pero no hay nada dañino en la muerte. La naturaleza misma es salud y ve que la muerte es simplemente tan saludable como la vida.



En la decadencia reside la belleza suprema y el demonio es la suprema bondad de Dios. Maravilloso es el veloz trabajo de destrucción en el otoño.



La naturaleza se encuentra bajo la protección de Dios. El demonio no tiene poder alguno sobre la naturaleza. La naturaleza es la amada de Dios.



Si no nos volvemos hijos de la naturaleza, no podremos alcanzar el Reino de los Cielos, porque los misterios religiosos son los misterios de la naturaleza. No prosperaron en los templos de Judea sino en el ignaro hijo de la naturaleza que se apiadó de los lirios de Sarón.



El camino natural a Dios es directo, eterno y objetivo, sin posibilidades externas.



El corazón humano que busca a Dios tiene que luchar contra la subjetividad, ya que el corazón empieza al otro lado de la subjetividad. Pero el camino de la naturaleza está protegido.



(Traducción de de Renato Sandoval Bacigalupo, con la colaboración de Roxana Peramás)

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