De vida azarosa y poética brillante, Edith Södergran es la gran poeta en lengua sueca del siglo veinte. Nacida en Rusia pero asimilada, parcialmente, a la cultura finlandesa y, en general, nórdica, la poeta tuvo una vida muy corta (murió a los 30 años) que, sin embargo, dio frutos poéticos más que memorables. Lo que entregamos ahora, en calidad de exclusiva, son sus aforismos completos, una rareza que contiene varias joyas del pensamiento contemporáneo.
Observaciones
variopintas
(1919)
Las casas en las que en realidad vivimos son chozas prehistóricas
en comparación con la concepción de una morada humana que llevamos con
nosotros.
No se debería decir “el universo”, pues ¿cómo es posible
reunir en un solo concepto lo que no es mensurable?
El libre albedrío es una hipótesis absurda, algo que opera
independientemente de su propio acuerdo en un pensamiento-espacio abstracto.
Una gran imaginación creadora de formas es un espíritu
irredento si no se descarga en la pintura.
El último y supremo refinamiento de la vanidad es la destrucción de toda vanidad, del mismo modo como una mujer puede estar segura de jugar sin riesgo alguno con un hombre a quien no necesita.
Estar libre de prejuicios es la seguridad de tratar con
cosas.
Hay algo de poco apetecible en apoderarse de la propia vida.
Una buena persona debería ser capaz de neutralizar los
efectos dañinos de su comportamiento mediante el rigor.
Una de las cosas más difíciles en este mundo de conceptos
confusos es lidiar dentro de uno mismo con lo que no se lleva adentro.
Las personas malvadas suelen ser poderosos organismos que
se sienten acorralados por lo excesivo de su propio temperamento. No es cierto
que los malvados sufran más; su sufrimiento no es profundo; en cierto modo,
para ellos es una costumbre placentera.
Un alto grado de inteligencia confiere al rostro algo dulce
y abundante; es como si la grasa del espíritu se subiera al rostro. La grasa de
Minerva.
Hoy en día la gente común y corriente cuelga en su cuello
la campana del patriotismo como si les perteneciera.
Gösta Berling puede presentarse inclusive a un lector engreído,
quien le da de su propio interior el más exquisito aderezo: entonces se crea un
centauro.
Los hombres más exitosos son realistas y fatalistas.
La tarea de quien mejora la humanidad no es predicar moralidad
sino cambiar el yo interior de la humanidad transformando las condiciones
externas en pro de su salud moral.
La moral ha empezado donde debía terminar, es decir, dando
una pista a los que ansían la autoperfección.
Hasta ahora todo les ha sucedido a los individuos; las
religiones se han aparecido a ellos con su significado más profundo; pero ahora
podemos discernir un tiempo en que las masas serán el objeto de cultivo.
La gente común es bastante sensual a su
manera, una complacida manera que los grandes temperamentos no pueden tolerar.
El malentendido ha sido hasta ahora el
mayor poder en la tierra.
El grado supremo del genio es lo más
complaciente y lo menos complaciente.
Todas las raíces largas de la verdad son
sospechosas; solo extraemos la verdad en pequeños pedazos rotos.
Nuestra debilidad al defender o al atacar
reside siempre en nuestro temor al fracaso, lo que nos hace utilizar la fuerza
cuando solo nos bastaría con añadir al desgaire sospechas aniquiladoras.
Nunca nos sometamos a nuestra más íntima archisuperstición;
eso podría ser nuestra ruina.
La gente no tiene suficiente carácter para prohibir
públicamente las expresiones más elevadas del espíritu humano. Estudiosos,
periodistas, etc. son desvíos que hacen que todo se vuelva inocuo.
Primero vemos lo más crudo de la verdad, es decir, la
verdad misma. Lo más importante: la persona que la dice solo es vista mucho más
tarde.
La vida nos rodea y no tenemos tiempo porque agudiza su
fascinación de una manera sutil, tal como el cielo intensifica la fascinación
de la tierra por lo religioso.
El vacío de la vida, que la gente de hoy ve como monasticismo,
ha provocado una pasión histérica por la diversión; la carne, que se cree
oprimida, está tomando lo que legítimamente le corresponde. A un Mefistófeles
le podría resultar divertido llevar hasta el hielo resbaladizo a esta masa que
corre disparatadamente y ofrecerle una vez la copa llena de placer.
Si hombres de genio con anteojeras puritanas llegan a ver
la verdad, se vuelven increíblemente ingeniosos a la hora de desmentirla.
Una naturaleza no religiosa profesa siempre una ligera
simpatía por Mefistófeles en lo que atañe al canto de los ángeles.
Mediante la malinterpretación, la religión puede
convertirse en una fuente de anticultura cuando las religiones se hacen sordas al
arte y a la ciencia mundanos, evitando así la influencia del genio del que
precisan.
Es tan extraño el arte del aforismo: el juego con
contrastes es tan trivial como un juego de palabras: las verdades suelen ser
tan poco interesantes y, sin embargo, este disfraz de la verdad es más valioso
que todo lo demás que se va urdiendo.
Decir que uno ama la humanidad es histeria; decir que uno
no la ama es debilidad. Solo hay una forma correcta: tener el poder de
convertirla en lo que debería ser.
La persona que aún no es benigna ansía más intensamente el
triunfo de la benignidad
en lo que se refiere a una causa cuya victoria es incierta
y que tiene muchos enemigos dentro de sí.
La gente común es ingenua y literal en sus virtudes, acaso
porque le son tan nuevas.
Un pensador de gran genio como no lo ha habido hasta hoy no
precisaría de menos palabras que las que los filósofos han empleado hasta la
fecha. En el futuro el trabajo que tiene que ser realizado será más arduo y
cuantitativamente menor.
La extravagancia del proletariado es energía vital
pobremente desarrollada. El proletariado es un átomo del crecimiento que la
tierra solicita. ¿Por qué aún sorbes de mí? La tierra ama las plantas que
sorben con raíces profundas.
Hay una cosa que siempre tenemos antes que otras: nosotros
mismos.
Nadie tiene el control sobre su estrella. Uno está forzado
a seguirla.
Uno siempre ha sido merecedor de la pareja que recibe en su
matrimonio.
Si se quiere que la humanidad logre algo muy grande es
mejor sobreestimarla un poco que subestimarla.
El sonámbulo camina hacia la lotería para sacarse el premio
mayor.
Cuando el propio intelecto se ha elevado hasta lo alto,
todo intelecto parece digno de atención, independientemente de que pertenezca a
una persona o a un insecto; los ojos se abren a lo demoníaco en la esencia interior
del intelecto.
Uno se encuentra con lo verdaderamente vil cuando algo
valioso es arrojado al fango. En un contexto similar, eso pasó conmigo: en un
sueño vi a malvadas brujas que burlonamente ahogaban a niños en cubetas; vi
ejecuciones por doquier en playas y colinas; manos, cerebros y ramas de árboles
manchadas con sangre, todo tan atroz y vil que no podía ser real, únicamente en
el espejo magnificador de una sensibilidad monstruosamente denigrada.
El leve insomnio intensifica el genio.
Virtud consciente, la virtud de la que merece hablarse,
solo empieza con la educación del intelecto; antes de eso, todo es albur
animal.
Los pensadores agrupan las grandes piedras en el edificio
del pensamiento; los aficionados son la argamasa de la que se puede prescindir
en una construcción que simplemente es pensada como conjunto.
Los verdaderos marginados y parias entre los hombres son solo
aquellos que han cometido un acto innoble.
Un verdadero crítico de arte sería alguien que pudiera
captar la unidad interior de la ley entre las diferentes formas de arte, de personajes
artísticos.
Las cosas más elevadas que nos son visibles se encuentran más
allá del bien y del mal, de lo bello y de lo vil, y es allá donde las cosas supremas
creadas por el espíritu humano se vuelven pequeñas, estrechas y demasiado humanas;
allá los objetos hablan, el arte del futuro se hace cósmico.
La fuerza de Nietzsche no se halla en la fuerza de su voz
sino en la excelsitud que mana de su grandiosa experiencia: el eterno retorno.
Antes que nada, ¿no debería tener todo gran ser humano su propio
gran destino, un enfoque individual en la vida?
El reseñista suele ser alguien que se explaya tanto sobre
un libro que a la postre ya nadie sabe por qué es valioso. Si la crítica es
cumplir con sus objetivos, los críticos deberían declarar explícitamente, más
allá de toda duda, qué tipo de libro es. Los libros requieren de su propia
marca al igual que otros objetos.
Los sentimientos de culpa siempre son una clara señal de
debilidad de carácter; la verdadera culpa es un signo de interrogación.
Muchos perecen porque van tras aquello que reluce y pierden
lo que es realmente necesario. Todos somos como urracas y lucios: nos aferramos
a lo que reluce en nuestras mentes.
Cuando se oprime al espíritu, la carne cruje.
Es preciso aprender a llenar nuestro morral intelectual
para saber cuán elegante, ordenado y ligero de llevar es nuestro equipaje.
El gran mérito de la mujer es que hasta ahora no ha pecado
intelectualmente en gran medida.
El peligro y la inseguridad son los verdaderos componentes
de la displicencia; una vida civilizada es difícil de tolerar.
Hay veces cuando uno se dice: mis pensamientos ya no me
pertenecen; entonces uno dedica toda su vida a otros.
Hay personas a quienes a la postre todas las cosas les
llega, y otras que tienen el privilegio de ir en pos de ellas.
Los tres mayores dones de la vida -la pobreza, la soledad y
el sufrimiento- solo son apreciados por los sabios en su justo valor.
¿Hay algo más seductor que la desfachatez de Napoleón,
divino salteador aventurero?
Un verdadero hombre no necesita nombre: él llega, ve y
conquista.
Lo que ahora necesitamos es el hombre más desfachatado, el
único que nació con el nombre de Napoleón.
Quienes no son hombres de acción dicen que las masas huelen
mal, pero Napoleón no tiene olfato y las olas lo transportan.
Cada vez que nos invada un sentimiento de constricción,
deberíamos transformarlo en un sentimiento de expansión.
Cuando no hay belleza, todos los encantos se toman de la
mano y huyen; entonces, en vez de amor hay rectitud y deber en lugar de regia
inclinación.
Quien tenga poder sobre los corazones debería tratarlos
como algo sagrado.
Una innata elegancia externa y extrema, que es tan rara
como la gran belleza física, viene acompañada de un garbo innato, de una
exquisitez en cada acto y gesto. Esas personas se saben soberanas y son
reconocidas por otros como tales.
Una humanidad tan pura como las flores es el ideal del
futuro.
Los poemas sobre el cosmos podrían ser solo susurros.
No es necesario rezar; uno ve las estrellas y tiene la
sensación de querer postrarse en la tierra en estado de adoración silenciosa.
No debería preguntarse si Dios existe; uno debería dejar de
lado su pequeña inteligencia.
El prejuicio contra Dios es el más difícil de vencer.
Pensamientos
sobre la naturaleza
(Setiembre de 1922)
Vemos la vida y la muerte con nuestros ojos; son el sol y
la luna.
Así van, en el curso del universo, los soles dadores de
vida, las lunas destructoras, los planetas que se someten a la vida y a la
muerte.
En torno a todo lo enfermo la luna urde su red hasta que la
luna llena llega para recogerla en una hermosa noche.
Los niños moribundos de la naturaleza aman la muerte;
ansían el momento en que la luna los recoja.
La naturaleza es íntima de la muerte; experimenta la muerte
cada noche. Se somete con igual disposición al hechizo del sol o de la luna.
La muerte es un dulce veneno, decadencia; pero no hay nada
dañino en la muerte. La naturaleza misma es salud y ve que la muerte es
simplemente tan saludable como la vida.
En la decadencia reside la belleza suprema y el demonio es
la suprema bondad de Dios. Maravilloso es el veloz trabajo de destrucción en el
otoño.
La naturaleza se encuentra bajo la protección de Dios. El
demonio no tiene poder alguno sobre la naturaleza. La naturaleza es la amada de
Dios.
Si no nos volvemos hijos de la naturaleza, no podremos
alcanzar el Reino de los Cielos, porque los misterios religiosos son los
misterios de la naturaleza. No prosperaron en los templos de Judea sino en el
ignaro hijo de la naturaleza que se apiadó de los lirios de Sarón.
El camino natural a Dios es directo, eterno y objetivo, sin
posibilidades externas.
El corazón humano que busca a Dios tiene que luchar contra
la subjetividad, ya que el corazón empieza al otro lado de la subjetividad.
Pero el camino de la naturaleza está protegido.
(Traducción de de Renato Sandoval Bacigalupo,
con la colaboración de Roxana Peramás)