21.2.15

EN HONOR DE RITA CARRILLO


Estoy casi paralizado por la noticia. Hay amigas “amigos”; amigas, “cómplices”; amigas de barrio, amigas de estudio… amigas “madre”. De estas últimas fue para mí Rita. Consejos, recomendaciones, risas condescendientes, protecciones. Era fines de los años 90 cuando los conocí, junto a Gustavo, y nos pasábamos la noche discutiendo los límites de la ideología de entonces, los límites de la nocturnidad de entonces, los límites del exceso de entonces.

Ahora me avisan que se fue. Yo creo que en cualquier vuelta de esquina me la encontraré con su sonrisa abierta y franca, con sus ideas inquebrantables, con su cariño purísimo por los amigos y hermanos que sentía y pensaba de su lado. Siempre viva, viva para siempre.

 

 

ESTA VIDA POR LA POSIBLE UTOPÍA

 

“Hay ganas de volver,

de amar, de no ausentarse,

y  hay ganas de morir,

combatido por dos aguas

encontradas que jamás han

de itsmarse”

C. Vallejo

 

Gustavo Montoya.

  

En el actual tiempo de plagas que persiste en la republiqueta que habitamos, menos mal que abundan y emergen vidas ejemplares que condensan la posible utopía que se labra día a día. Ese heroísmo laico y radical que se funde en lo cotidiano y sin aspavientos; pues como sentenció el poeta, cada día trae su propio afán.  Una  vida   que  guardó una prudente distancia de los reflectores, los titulares y  las lentejuelas del espectáculo político. Una vida de ese calibre calza con la trayectoria de Rita Carrillo Montenegro. Para quienes la conocimos y los que la conocerán, la suya fue una performance radical que bordeaba con asombrosa seguridad esos abismos ideológicos que nos confronta.  Que nos recuerda la maldita hipocresía social que sigue haciendo de las suyas. Y no es que ésta sea autónoma. Tampoco aspiraba habitar con artificios. ¿Cómo nombrar una experiencia vital que lograba congregar en torno suyo a las más disimiles perspectivas de vida en un país y  una época profundamente escindida?

Cuando una biografía lograr resumir con dramatismo y fiesta a una época, entonces lo que sobreviene es impredecible.  Vivir en  estado permanente de peligro y colisión, justamente por las consecuencias que supone llevar  y practicar hasta los límites, determinadas convicciones – en verdad con unas pocas serían suficientes-  que la justicia radical exige. Empero la libertad y la felicidad siempre  acompañaron a esta menuda mujer que se atrevió a vivir  como quiso en el villorio que a veces parece ser esta ciudad chismosa, racista e intolerante.

Existe desasosiego ahí donde anida la incertidumbre sobre lo acontecido y   lo que ha de sobrevenir. Peor aun cuando esa tara existencial se ve acechada por la parca y cuando la memoria recicla la ausencia del bien que nunca se tuvo. No fue ese el caso del buen vivir en Rita, que amó el junco y el capulí, que amó en un hombre a todos los hombres, que supo entroparse con  todas las sangres y convertir el llanto en risa; pues esa  mujer existe en todos y cada uno de quienes conociéndola, asistimos una veces asombrados, y a veces pujando ante su militancia desafiante y temeraria. Por ejemplo su cerrada defensa de  la humanidad en esas mujeres enclaustradas y condenadas a la lepra social por la alcahuetería ideológica y aún la academia; con la que  mantuvo una relación conflictiva y tensa.

Vivir cinco décadas en estas tierras de cara al mundo y enrostrándole al poder, a todas las formas de poder,  que no se le teme y que por el contrario se está dispuesto a pecharlo entre risas y flores armadas; pues así se  va hilando – no como Penélope- con método esa fibra espiritual urgente que habrá de convertirse en el tocado ideal para lanzarse una vez más a la aventura de tocar el cielo con las manos. Musas inspiradoras. Si una sola vida da lugar a estas remembranzas entonces como perder la esperanza y no apostar por los buenos y frescos vientos que se avecinan. En realidad estos balbuceos intentan recoger una sensibilidad   ya instalada en la mente y el corazón de los indignados de todas las razas y clases sociales. ¿No era acaso en estos términos en que se expresaba Rita?

Con toda seguridad, estas notas habrían desatado sus iras por el inevitable tufillo de reivindicación y exaltación que posee. La conocí adolescente, nos distanciamos en el camino y nos reencontramos en silencio no hace mucho; hallé intactas y nutridas por la vida, esa feroz coherencia entre el pensar y el actuar; el domesticamiento no formaba parte de  su vocabulario, lo suyo era  comunicar lo complejo con sencillez y alegría en el corazón. Solía ufanarse de su linaje en las sobrias memorias de Adolfo Carrillo  y Manuela Montenegro, capaz de estallar en llanto ante la invocación de un mendigo. Como aquel que terminó como su cómplice a la misma hora y en el café de siempre. O como aquella pobre niña andina de enormes ojos avellanados, bañada en llanto,  que perdió sus caramelos y hubo de resarcir su inversión y los beneficios. Estas son imágenes comunes entre quienes la conocimos. Abundarán las evocaciones al compás de la nueva vida  y el cambio histórico que se avecina y del que hemos de ser testigos.

Me permitiré una infidencia más sobre el recogimiento y la intensidad con que experimentaba lo sagrado. Nació y se hizo madre en un hogar donde la solidaridad convivía con la justicia y ambas se nutrían de ese cristianismo primitivo y los ideales de la Teología de la liberación. Ahora ella podría suscribir la sentencia paulina de que “el conocimiento envanece mas el amor vivifica”. No obstante, sus intuiciones espirituales fueron moldeando el libre albedrio con que se conducía ante las más disimiles manifestaciones de lo sagrado.  Contemplativa con esas toscas erupciones del vulgar ateísmo convenido, fue edificando su castillo  interior para gozar a plenitud del misterio de la reconciliación. Un politeísmo reverente hecho con los retazos de un país cargado de epifanías.  Admitir sin eufemismos que para ingresar a los misterios de la fe, solo se requiere comprobar la finitud humana, la precariedad de la vida y la certeza que la muerte puede ser conjurada por una memoria sacralizada. Por ello, su existencia se prolonga en esta frase breve de su hijo: “la certeza de saberla en paz y eterna, y el amor que nunca me (nos) separara de ella, me han permitido sonreir a pesar de su ausencia y pensar alegre la vida que me sigue sin ella al tacto pero siempre en sentimiento”.

 

 

8.2.15

Una reseña de Pablo Salazar Calderón en Letras S5

Encuentro en Letras S5, la magnífica página de literatura latinoaméricana, una reseña sobre el libro de Eduardo Borjas que acabo de terminar de leer. Un libro difícil en varios sentidos, de los cuales eligiré dos: su nivel expresivo, exigente, aún no totalmente cuajado; su ambición y riesgo que superan de lejos a cualquier intento de sus congéneres. Creo que este poemario anuncia y promete casi con certeza nuevas brisas en una ya caldeada y cansina generación del 2000. La reseña.



Aproximaciones a TRENDELEMBURG
(Texto leído en la presentación del poemario Trendelemburg, de Eduardo Borjas Benites)

Por Pablo Salazar Calderón


Trendelemburg hace referencia, en primer término, a la posición médica del mismo nombre, en la cual, un cuerpo se recuesta boca arriba sobre una camilla inclinada, con las extremidades inferiores a mayor altura que las superiores, buscando que la sangre irrigue mejor la cabeza del paciente. Relacionada al campo de la medicina, me arriesgo a decir que esta posición asumida desde un punto de vista simbólico, visibiliza a un cuerpo en estado de infección/ contemplación terminal, que delira y visiona en una ciudad antes que esta desaparezca. La inclinación de la camilla en la posición trendelemburg, genera esa imagen, ese estado latente de caída inminente por parte de ese cuerpo.

Pues algo se pudre en Lima, por una calle, un pasaje, una avenida, en tránsito hacia el fin ¿cómo por “un largo camino hacia la desesperación”? me pregunto, parafraseando el libro de Carlos Oliva, poeta perteneciente al grupo Neón de la Generación de los Noventa, diría que no exactamente. Eduardo Borjas atraviesa la ciudad solo, con el grandísimo poder de su Yo, surfeando su “Mardelirio”. Avanza por esa ciudad desierta en escombros y como en el mito de Orfeo, encuentra en la muchacha que habita sus poemas a su propia Eurídice, a la cual necesita traer de vuelta aunque sea por breves momentos; su presencia es clave, para iluminar aquellos lugares de remembranza, de un espacio más amable que el que recorre el sujeto poético, como si lo abandonara.






6.2.15

RECONOCIMIENTOS A MI POEMARIO TVPR

Debo agradecer a la señora o señorita Diana Polack, digna sucesora del siempre recordado Adolfo Polack en la ya legendaria sección de CARETAS, El Misterio de la Poesía, por haber utilizado un poema mío para elaborar el crucigrama del reciente número de la revista. 

Muchas gracias también a los amigos del mejor semanario del Perú.






Eso no es todo. Mi humilde poemario, ninguneado por los recuentos del año locales, ha sido tomado en cuenta en la magnífica revista mexicana de literatura LUVINA, donde han publicado una reseña de Fernando Carrasco:


"La obra poética de Víctor Coral (Lima, 1968) está conformada por los poemarios Luz de limbo (2001, 2005),Cielo estrellado (2004), Parabellum (2008) y Poseía (2011). Recientemente, Coral ha publicado un quinto poemario: tvpr (Tres veces postergado retorno). Si en cada uno de sus trabajos poéticos anteriores se percibía el interés por desarrollar temas y estructuras diferentes, en este último libro el autor dialoga, sobre todo en el aspecto temático, con sus poemarios ya publicados.
     
La presentación rústica del texto anticipa el carácter lúdico e irreverente que se aprecia en muchos poemas. Este rasgo cobra fuerza con la manera como se han dispuesto los versos en la página en blanco, la ausencia de títulos y la supresión parcial de los signos de puntuación. Además, en cuanto al uso del lenguaje, notamos en este poemario un contacto con la poesía conversacional latinoamericana. Y en esta misma línea se advierte en tvpr una vinculación con la poética planteada por el Movimiento Hora Zero (cabe mencionar que el libro está dedicado al poeta Juan Ramírez Ruiz). 

Sin embargo, este poemario de Víctor Coral va más allá. El yo poético se muestra de pronto ante una serie de imágenes que lo vuelcan hacia el pasado, hacia los años de la infancia, ese paraíso perdido donde habitan personajes, escenarios y situaciones que tuvieron un rol decisivo en nuestra época de formación: «porque los astros los llevo cabeza dentro desde siempre / porque aluciné siempre cosas apagadas y tristes / pero una alegría pequeñita ha vuelto / y esa pavesa no la dejaré morir / hasta morir» (p. 16). (Sigue leyendo)




GOYTISOLO SOBRE GIL DE BIEDMA EN PERIÓDICO DE POESÍA (UNAM)

Notas sobre la poesía de Jaime Gil de Biedma


Juan Goytisolo

Tras dieciséis años de un mutismo poético interrumpido tan sólo por la inclusión de una docena de composiciones breves en la nueva impresión de Poemas póstumos integrada en la segunda y por ahora "definitiva" edición de sus poesías completas Las personas del verbo (Seix Barral, 1981), la figura y quehacer literario de Jaime Gil de Biedma ocupan un puesto privilegiado, en verdad casi único en el panorama español de estos tiempos. Su ascendiente confesado o indirecto en numerosos autores de las promociones inmediatamente posteriores (comparable en cierto modo al de Vicente Aleixandre en las primeras décadas de la posguerra), su inteligente operación de rescate pro domo sua de autores afines a su tesitura poética (constelación de estrellas menores con las que configuraría a la vez su tradición y linaje), su acción discreta, entre bastidores, en la vida cultural hispana (en ameno contraste con el afán de protagonismo y logorrea de algunos de sus coetáneos), unidos a otros factores e imponderables de muy distinto signo, han contribuido a potenciar su lentitud y parcidad creadoras elevándolas a veces al empíreo fabuloso del mito.
Una lectura de su escasa pero incitativa y densa obra poética puede prescindir difícilmente de este entorno y del consenso casi general que aquélla suscita. Nos guste o no, la mirada de los demás forma parte del conocimiento global de uno mismo —y la personalidad literaria de Gil de Biedma no es una excepción a la regla. Con todo, al acercarme a sus versos, procuraré ceñirme al corpus escrito de Las personas del verbo, limitándome a contraponerlo con algunas reflexiones del autor espigadas en su volumen de ensayos, El pie de la letra (Ed. Crítica, 1980). Dicho cotejo, sumamente iluminativo y revelador, abre en mi opinión nuevas y fecundas perspectivas al análisis y comprensión de la obra: teoría y práctica, poesía y crítica se hallan estrechamente vinculadas en un escritor juicioso y culto como Gil de Biedma y una lectura simultánea de ambas nos ayuda a cerner mejor la estrategia de sus desplazamientos sucesivos, el diestro manejo de sus aptitudes y talentos, su lidia difícil con unas limitaciones personales y estéticas responsables quizá de su prematura, y confiemos provisional, mudez poética.

El procedimiento de examinar a Gil con palabras de Biedma resulta menos arbitrario de lo que pudiera creerse si se tienen en cuenta las observaciones del propio autor tocante a sus finos y penetrantes ensayos acerca de Guillén, Eliot, Cernuda, Baudelaire o Espronceda: "A medias disfrazado de crítico y a medias de lector, estaba en realidad utilizando la poesía de otro para discurrir sobre la poesía que estaba yo haciendo, sobre lo que quería y no quería hacer... Incluso en el mejor de los casos, los poetas metidos a críticos de poesía nunca resultamos del todo convincentes, aunque a veces sí muy estimulantes, precisamente porque estamos hablando en secreto de nosotros mismos".


Periódico de poesía, núm. 11,
1989, 
UNAM/UAM, p. 48-50

16.1.15

DESDE EL OCLLO[1] DE JOSÉ MARÍA ARGUEDAS


 

Por Gustavo Montoya.

 Vasta y compleja como se han venido presentando los estudios sobre la obra narrativa arguediana, aparece este sobrio estudio de Edmundo Bendezú cuyo justo y expresivo título de AMA waqaspalla, enuncia sintéticamente con toda la potencia del runa simi, una de las vigas maestras de la obra del ilustre creador andahuaylino: debelar en toda su riqueza,  gozo y esperanza la múltiple palpitación del mundo andino. El texto recupera con audacia metodológica la noción de totalidad, hoy en desuso. Y ello es de vital importancia pues permite ingresar –al lector de a pie- a la obra de Arguedas con paso seguro,  sorteando la erudición y atomización temática dominante entre los especialistas. No es poca cosa presentar el conjunto de la obra de Arguedas en un solo texto. Hay que señalarlo de entrada. Un manual en el genuino sentido del término.

Otra de las contribuciones del texto es la recuperación del aliento profético que subyace a toda la obra arguediana, y desde este punto de vista, Bendezú realiza una lectura desde el futuro inmediato. En ello subyace la idea central de que muchos de los anuncios y visiones registrados por el andahuaylino vienen siendo plenamente confirmadas por el proceso político y social en curso. El tiempo confirma con crudeza y belleza algunos de los anuncios en clave arguediana. En este punto el lector atento y comprometido con la vida habrá de hallar sus propias certidumbres. Como la que Bendezú nos ofrece, por ejemplo.

La presentación del conjunto de su obra literaria permite también percibir la trayectoria y  elaboración de un ambicioso programa de creación que se impuso el propio Arguedas; y en ello va de suyo el propósito consciente de José María por cambiar  e intervenir en las realidades y fenómenos ahí representados. La recuperación de esta dimensión omnipresente  en sus cuentos y novelas vuelve a situar a su literatura  en una posición de pensamiento situado. Con todas las implicancias ideológicas y políticas del concepto. Un pensamiento situado que se propone contribuir al trastocamiento de relaciones sociales de convivencia escandalosamente injustas. Al buen vivir.
Otro de los logros del texto que nos ocupa es la precisión con que el autor representa el angustioso problema de la escritura que Arguedas tuvo que reconocer y enfrentar para luego hallar una  solución  de continuidad entre  la literatura indigenista anterior a la suya y la manera particular con que luego el escritor fue edificando su universo narrativo. La invención de una palabra que logra conmover y permite autoreconocerse al lector mestizo contemporáneo. No es poco lo que se señala. Bendezú demuestra con brevedad que nadie como Arguedas logró domesticar el quechua y el español hasta convertirlos en un instrumento de combate para emparejar el terreno de la expresión y el lugar de encuentro y de enfrentamiento dantesco entre pueblos, razas y clases sociales en conflicto. En El zorro de arriba y el zorro de abajo, este propósito arriba a niveles insospechados por el propio José María. Su muerte seguirá siendo un enigma, pues todas las posibles hipótesis e interpretaciones hasta ahora formuladas, y las que vendrán, son y serán certeras; lo cual confirma la aspiración universalista que guió su existencia.

Transmitir sintéticamente y con sencillez la enorme vitalidad y actualidad que poseen los títulos de José María también significa introducir con persuasión y con seguridad al lector de Arguedas comprometido con la reivindicación de tradiciones culturales vivas, en permanente movimiento y ya asentadas en el zócalo continental de la nación peruana. Que su obra no exhibe una arcadia neoindigenista o  una utopía arcaica, puede verificarse por la enorme reedición de sus escritos. Sin embargo, la interpelación contemporánea que Arguedas ejerce con método por intermedio de sus relatos, es la denuncia del racismo prevaleciente.

La historia natural como estrategia epistemológica alternativa es otro de los  recientes “descubrimientos” de los hermeneutas arguedianos. Este es un asunto delicado, pues se trata de acceder a ese universo por intermedio de un hombre que como Arguedas  poseía una profunda sensibilidad y metódico conocimiento de esos “otros saberes” casi “secretos”, preservados con celo y con generosidad por los runas; y no solo en los andes.  En el conjunto de la obra de Arguedas existe ese universo. Ese panteísmo cognoscente a veces desborda la historicidad de sus ficciones, hasta lograr empequeñecerla justamente en los pasajes y eventos de mayor dramatismo y de escenas límites. Las palabras de los actores humanos desfallecen ante el poder que destila de las plantas, aves, los ríos y las nieves, el viento y las piedras que asisten y ayudan con gravedad al autor, quien reconociendo su derrota acompaña sobrecogido a conciertos sagrados que logran paralizar y reanimar la vida misma.

Lo anterior tiene que ver con  un polémico fenómeno sobre el que se ha señalado sus límites y posibilidades, así como también ha desatado furias, penas y emociones desbocadas. Incluso adquirió no hace mucho, desde sus bordes, un enfrentamiento entre criollos y andinos en los predios de la literatura. Oposición risible –desapareció como llegó: entre susurros-, pues adquirió todas las señas de finos enconos y reivindicaciones francamente racistas. En realidad fue la coartada perfecta para ventilar biografías generacionales, regionales y de clase enfrentadas.

¿Esa dimensión cognoscente del panteísmo arguediano fuertemente impregnada en sus obras donde la naturaleza andina fluye casi con autonomía y aún por encima de la voluntad del autor, exige de aquellos que se interesen o deseen acceder a ese conocimiento poseer una sensibilidad particular, digamos emparentada con ese universo metafísico y material andino? En verdad solo señalar este tema puede dar motivo a  malentendidos. Bendezú implícitamente lo dice, ello es evidente y fluye de la textura  de su prosa; pero sobre todo de la propia biografía de Bendezú. Y uno no puede dejar de imaginar las dificultades, por ejemplo, de Vargas Llosa, por lo menos para mencionar este aspecto de la obra de Arguedas que apenas sí ha merecido breves líneas. Esa “necesidad” de Arguedas por dar paso a la voz de la naturaleza, de la flora y fauna del mundo campesino andino no fue un simple recurso o instrumento de expresión puramente literario. Existe ahí una metodología recurrente. Casi una exigencia cuando el narrador tiene que atravesar esos abismos emocionales y esas culpas sentimentales que lo agobiaban a la hora de intentar representar la “materia de las cosas”.

 
 
Afirma Bendezú que José María Arguedas no era el indio que quiso ser por intermedio de algunos de sus personajes: “sino un español que había dejado de creer en Dios, ésta era su tragedia” p. 189. Es una tesis fuerte e interesa profundizar en ello. En Arguedas como en Vallejo y como en Mariátegui, la sensibilidad religiosa es vertebral; irrumpe con furia  cuando el narrador intenta ingresar al ocllo de la identidad de algunos de sus personajes más emblemáticos. Se ha señalado que en  la obra de Arguedas es posible hallar periodos más o menos definidos en lo referente al sustrato de sus percepciones y su deslizamiento al terreno narrativo. Por ejemplo, los cambios que se producen en su reflexión antes y después de su formación  en la etnología y antropología. Cierto que no se trata de separar al antropólogo del literato. EL conflicto y entrelazamiento de teorías de conocimiento es visible por ejemplo en su tesis de doctorado luego convertida en libro: Las comunidades del Perú y España. Las emociones y sentimientos ocupan un lugar aparentemente equivocado en la estructura de ese libro casi olvidado. Pues ahí cuando Arguedas discurre libremente, casi divagando sobre hechos anecdóticos de su permanencia en Bermillo, La Muga y Sayago, ahí en esa “mirada vagabunda” emergen poderosamente esas intuiciones de una biografía intelectual escindida entre universos cognoscentes antagónicos.

Lo anterior tiene que ver con el profundo desgarramiento emocional y cognitivo que supone racionalizar lo sagrado, o a la inversa: sacralizar el raciocinio. No es poca cosa creer fervientemente en divinidades enfrentadas. Este conflicto se produjo, como ya fue señalado, en un terreno que el propio Arguedas fue allanando con temeridad y en el que las divinidades indígenas y cristianas debían resolver un asunto capital en la obra de Arguedas: la justicia, el buen vivir y la democracia radical: “vivir feliz todas las patrias”. Este problema aparece por ejemplo en los diálogos de Don Esteban de la Cruz y el Loco Moncada en El zorro...

Por cierto, Ama waqaspalla, de Edmundo Bendezú, es un texto llano y complejo que no se agota en estas breves notas; más bien introduce al lector interesado en la obra arguediana por un derrotero luminoso, y lo lleva al descubrimiento de toda su riqueza narrativa. El fondo editorial de la Universidad Ricardo Palma, bajo el liderazgo de Miguel Ángel Rodríguez, ofrece un título mayor dentro de su prolífica tarea editorial. Uno que contribuye a la divulgación de la obra del ilustre andahuaylino que selló con su vida la angustiosa búsqueda de la nación peruana.



[1] Ocllo remite – traducción libre-  en el quechua del mediodía andino al seno y la intimidad existencial de un sujeto o de una comunidad, ahí donde anida y desde donde florece y  se reproduce todas las formas de vitalidad y de creación. Ocllo es también el espacio y la temperatura básica de protección humana. En suma, más que pensar o analizar, el ocllo se siente,  se vive y se goza; jamás se teme

21.12.14

"ALCOOLS", DE MIRKO LAUER, ES EL MEJOR POEMARIO DEL 2014. AMPLIA MAYORÍA.

A continuación tienen seis posibilidades para elegir el mejor poemario del año 2014. Pueden votar solamente escribiendo el nombre del autor o de la obra, o haciendo lo mismo y agregando un comentario.
Las votaciones se cierran el 28 de diciembre. Suerte con sus favoritos.


ACTUALIZACIÓN: las votaciones se amplían hasta el 30 de diciembre a las 12 p.m.























"ALCOOLS". Mirko Lauer.


17.12.14

MONTALBETTI PRESENTA

Un libro de ensayos editado por el FCE. A no perderse la presentación.


9.12.14

Música y poesía. Jorge Fondebrider.




Presentación de libro

Música y poesía es un libro que reúne textos de la columna mensual que ha publicado durante más de ocho años Jorge Fondebrider en el Periódico de Poesía de la Dirección de Literatura de la UNAM.

Jorge Fondebrider es autor de este libro que incluye reflexiones respecto de la música más destacada del siglo XX; orígenes y anécdotas de autores, canciones, letristas, poetas, intérpretes y músicos del jazz, el rock y el tango, entre otros géneros.

En la publicación lo que se excluye es el orden académico, la actitud de un clasificador, la solemnidad del que suele hablar de asuntos placenteros como si no produjeran ningún placer, explica el autor.

Entre otros temas, aborda la musicalización de poemas; y hace referencia a la observación de George Steiner en Después de Babel: “El compositor que pone música a un texto está inscrito en la misma secuencia de movimientos intuitivos y técnicos que se plantean en la traducción propiamente dicha.”

Musicalizar es traducir. ¿Cómo reacciona un poeta ante la propuesta de poner fondo musical a sus versos? Fondebrider recuerda la conversación que se dice tuvieron Debussy y Mallarmé: el primero le propuso ponerle música a unos versos del segundo, a lo cual contestó Mallarmé: “Yo creí que ya tenían música…”

Con estos y otros comentarios, Jorge Fondebrider conduce al lector en un recorrido anecdótico, divertido y sensible por el universo de la música.

Fondebrider es un conocedor de música, de todas aquellas que dominaría un especialista: de la clásica al rock, de la folklórica al jazz, sin disimular su interés por toda clase de rarezas refinadas. Y lo cuenta como un apasionado que, además, es poeta; es decir, alguien que sabe regular su pasión, contenerla, volverla palabras y encantar con las ellas.

En la presentación de Música y poesía (Difusión Cultural UNAM/Literatura-conaculta, México 2014) participarán Pedro Serrano (director del Periódico de Poesía), Francisco Serrano y Juan Villoro (comentaristas del libro), y el autor.
 
Más información en www.periodicodepoesia.unam.mx

21.11.14

HISTORIA O ESTILO Y ESTRUCTURA. ALGUNAS IDEAS SOBRE NOVELA

En un debate en Facebook salieron a relucir algunas ideas sobre lo que determina a una novela y es más importante para esta. Por un lado, había quienes defendían la preeminencia de la historia sobre otros aspectos.

Se olvidaba esta gente que la historia de una novela, de una gran novela, puede ser absolutamente trivial, como la de "Ulises", por ejemplo, que no es más que un día en la mediocre vida de un mediocre habitante de Dublín.

Lo que hace grande esa novela de Joyce, pues, no es ni por asomo la historia; sino el estilo y la estructura que el autor imprime en el momento de escribirla. Además de la extraordinaria sintaxis narrativa que Joyce maneja a la perfección.

Se habló entonces del derecho a asumir un estilo "sucio", desmañado y desprolijo. No lo dudo. Creo que es lo que tenemos con un Bukowski, por ejemplo. Sin embargo, nadie podrá negar que la estructura de los libros de este autor, es irreprochable, y su ritmo y vaivén existencial tienen la virtud de mantener el interés del lector de principio a fin. No la historia, de ninguna manera.
Las historias son innumerables (todas reducibles a un puñado de paradigmas míticos, por cierto), y muchas pueden ser absolutamente sorprendentes, pero solo si sabes usar bien los instrumentos clave: el estilo, la estructura, una buena sintaxis narrativa, una cierta verosimilitud que no se regala ni se compra en cualquier esquina.

Todo esto surgió a partir de una retahíla de errores de toda índole que el poeta Renato Sandoval había encontrado en una novela de Augusto Higa. 

Estoy a punto de abordar un par de novelas del celebrado Higa, para aterrizar estas reflexiones teóricas. Un poco de paciencia.

 

8.11.14

TRES POEMARIOS RECIENTES: González Gallardo, Mendoza Roca, Martín Horna

Me han hecho llegar, por diferentes medios, tres poemarios que me gustaría comentar brevemente.

El primero es "Manantial en el espejo" (Pasacalle, 2013), de Grover González Gallardo. Bellamente ilustrado con dibujos de Alberto Cueva Vázquez, el poemario transcurre con fluidez bajo la égida del gran Rilke, manteniendo una interesante tendencia a un lirismo de elevado voltaje. Feliciano Mejía ha dicho de este libro: "Te acercas a la obra de un nuevo autor que luchó encarnizadamente con los secretos de la lengua y la pulidez del verso". Suscribo.



Martín Horna Romero acaba de publicar "Génesis 2, 3" (Hipocampo Editores, 2014). A pesar del título, el poemario se aleja de estar influenciado por la Biblia, y más bien trata temas más mundanos con una capacidad y un sentido de lo real bastante destacables. Un poeta a tener en cuenta en futuras entregas.



Y también de Hipocampo Editores --que anuncia la publicación de un libro de un poeta reaccionario de gran proyección, liberteño para mayores señas-- tengo "El libro de los suicidas", de Norman Mendoza Roca. Egresado de Literatura por la UNMSM, tiene en su palmarés varios concursos de poesía, incluido un honroso reconocimiento en el Premio Copé de Poesía 2007. Su poesía explora la posibilidad de que el suicidio no solo sea una mera celebración de thanatos, pero también una raramente armoniosa relación con la vida y con la conjuración de la muerte.



 

29.10.14

gran fiesta del libro en LIBRERÍA SUR

Este viernes 31 de octubre están invitados a la Fiesta del Libro que organiza una de las más importantes librerías del Perú: LIBRERÍA SUR.

Habrá sorteos, descuentos especiales y rondas de buen pisco desde las 8 p.m. hasta las 3 a.m. No se lo pierdan, va a estar genial.





---En la imagen, este blogger portando una de las máscaras que serán también sorteadas durante la fiesta. :)

27.10.14

LO MEJOR DE VÍCTOR RUIZ VELAZCO

Barlovento significa, en tercera acepción, aventajar a alguien con respecto a algo. Definitivamente es demasiado título para la compilación de los primeros poemarios del editor y poeta Víctor Ruiz Velazco. Por fortuna, el mismo año en que al autor se le ocurrió la apresurada idea de reunir sus obras completas hasta el momento, apareció un librito que reprodujo el poemario con que ganó el Premio Nacional José Watanabe Varas, editado impecablemente por Jaime Campodónico.

Este poemario implica una necesaria y acaso irreprimible vuelta de tuerca tanto en el estilo como en la retórica en los que el poeta se estaba apoyando en sus primeras entregas. Quiero decir que encontramos apenas vestigios, trazas de ese lirismo engolado, de esa hiperreferencialidad cultista, de ese poco reflexivo endeudarse con el estro poundiano.

Si bien "Fantasmas esenciales" no esta libre de los declives mencionados, su fuerza radica en la organicicidad que ha logrado darle al conjunto (sin duda un poemario para ganar concursos), y en el dominio de dos vectores que sostienen el armazón estructural e ideológico del texto, uno más interesante que el otro.





El primer vector es muy evidente y está anunciado por el título mismo del poemario: el yo poético convoca a su discurso a figuras míticas (algunas de ellas tal vez imaginarias) y ciudades antiguas, algunos poetas, que le sirven, o como escenario para desplegar sus reflexiones e invocaciones, o como elementos en torno a los cuales el discurso poético va a discurrir.

Un segundo vector, menos evidente, está sugerido al final del libro,  por un agradecimiento a un poeta chileno por haber dado a conocer al poeta a dos pensadores franceses clave para el poemario (de todos modos me cuesta imaginar que alguien termine Literatura sin conocerlos: Guattari y Deleuze).

De aquellos toma la idea de cuerpo sin órganos --desarrollada, si mi memoria no me falla, en "Antiedipo"--, lo cual no queda más que en una recurrencia constante al cuerpo carnal, que no imaginario, y su digamos preeminencia en cierto nivel del discurso.

Un elemento que atraviesa un poco irritantemente todo el poemario, incluyendo a estos vectores, es el Amor (Ruiz Velazco lo escribe así, con mayúscula inicial), concebido como una forma suprema de afección hacia el otro, una suerte de deificación de la amada y a su vez diálogo con ella.

En esta parte, pero también en otras, es donde encuentro un nuevo problema expresivo en el poeta. Constantemente recurre a, o recae en, la segunda persona, dándole al texto un trasegado tono conversacional que en lugar de aportar, resta profundidad al nivel reflexivo y nos devuelve a los problemas de los poemarios anteriores.

Sin embargo, estos pasajes palidecen ante el logro de un dominio interesante de su anteriormente marcada tendencia al lirismo más evidente, pero sobre todo frente al desarrollo de elaboradas figuras y metáforas que son los mojones que señalarán el nuevo camino poético a elegir por el poeta. En mi opinión, sería imprescindible evitar construcciones pretenciosas como

...ella
solo sería una espalda callada
en medio de una parlamento pronunciado
por un personaje menor en un drama isabelino

También tienen presencia versos sentenciosos, aforísticos (en su forma), reflexiones de una obviedad desconcertante, y un defecto lexicográfico molesto a la lectura: la profusión de palabras y conceptos escritos en altas y bajas, de una forma innecesaria y hasta fastuosa (en el peor sentido que se le pueda hallar al término). Nada que el tiempo y la escritura constante no pueda solucionar.








Con defectos y virtudes (las más), "Fantasmas esenciales" constituye muy de lejos lo mejor que ha entregado Víctor Ruiz Velazco hasta el momento. Una necesaria quema de naves que deje atrás la poesía poética (no es pleonasmo) que lo tenía atrapado en sus libros anteriores y le marque un nuevo derrotero para cuya conquista el poeta parece tener todas las armas necesarias.

Cuestión de perseverar y acostumbrarse a la búsqueda, la reflexión, el riesgo inherentes a toda poética que quiere aportar seriamente.






22.10.14

SAAVEDRA: LENGUA NEGRA DE COLORES ANTIGUOS



En un medio poético complaciente y autocomplaciente, donde los amiguitos seudoizquierdosos de "trayectoria" poética se huelen y reúnen entre ellos como las hienas en la noche, es reconfortante hallar una voz distinta, exploradora, que no se casa con nadie ni se cansa de buscar sentidos nuevos a una práctica tan vieja y problemática como la poesía --pero ciertamente renovadora.

"Edgar Saavedra ha sentado cabeza", fue lo que pensé al hojear este libro hace un mes, sobre todo luego de enterarme de que se ha embarcado en un curso de escritura creativa a 40 grados a la sombra, siguiendo los pasos de su amigo Paul Guillén. Felizmente me equivoqué con esa primera percepción, y les diré por qué.





El poeta intenta con un encono realmente admirable explicarnos su weltanshauung personal, su visión no solo del mundo hoy, pero sobre todo de lo que, en un tour de force profético (levemente profético, para ser más justos), se le presenta como única salida al entrampamiento cultural y moral de nuestro tiempo.

Es la naturaleza, sí, pero también la recuperación de un mundo ido que resulta añorable ahora, en momentos de poderes fácticos, irracionalidades celebradas por TV e Internet y masas manipuladas políticamente con extrema sutileza.

Javier Bello dice bien en el posfacio que acompaña el libro:

"El decir es aquí el ensayo general del origen perdido/recuperado/perdido --la operación resulta permanente además de absoluta-- donde el poeta, transido por el vértigo que lo extraña de su propia presencia perceptiva, nos devuelve no ya al desarreglo total de los sentidos, sino a la imposibilidad de la retención..."





Y más. Lo que hace de Lengua negra de colores un libro memorable dentro del espectro de mediocridades intelectualoides publicadas últimamente, es su sinceridad con su propia derrota, la cual, por fortuna, no es expuesta en el discurso poético en un anticuado guiño posmoderno (sic); todo lo contrario: el yo poético se empeña admirablemente en moverse entre la fluidez de un no saber irretenible (el símbolo del agua) y la certeza de que la pérdida de otros saberes no formalizados (vamos a decirlo así) es catastrófica pero no definitiva, pues

indisciplinadamente
recogeremos los filtros
que ayudarán a reconocer la soledad

entre fallarones guardianes
ojos de agua
empezará la fiesta*
con arpas
               y
                    vientos de cuerno.


*Cursiva mía.

Parafraseando a Vallejo: su libro está lleno de mundo; pero de mundo deseable, exquisitamente expuesto desde la poesía.


11.10.14

OTRA VEZ JAVIER ÁGREDA DERRAPANDO





A estas alturas, las sinuosidades literarias inexplicables y casi suicidas del engreído de Mirko Lauer en La República, lo hacen parecer a un viejo e inexperto motociclista que derrapa, se sale de la pista y embiste a los competidores en su afán de ser la última palabra en un oficio venido a menos principalmente  por sus carencias (las de Ágreda): la crítica periodística.

Veamos el párrafo con que cierra su nota sobre "Vergüenza", de Patricia de Souza:

Se mantienen los temas más característicos de las novelas y ensayos de esta autora; pero formalmente hay cambios importantes. Al “desorden” narrativo se suma un lenguaje demasiado coloquial y espontáneo, que reemplaza a la elaborada y racional retórica que era una de las principales virtudes de esta obra. En su afán por liberarse de los esquemas narrativos “machistas”, De Souza ha hecho de Vergüenza un libro experimental, casi vanguardista, que definitivamente no está entre sus mejores novela.

 Lo que ha hecho de Souza en este libro es, efectivamente, abandonar el estilo --no la "retórica", pues- de sus anteriores novelas, pero porque las características especiales de este nuevo libro así lo exigían. Se imponía un lenguaje fresco, confesional, exteriorista, que permitiera engarzar la fragmentación estructural del conjunto.

Paralelamente, Ágreda no entiende hasta ahora que su idea anquilosada de novela, y en general de literatura, entiende todo como "desorden narrativo" --algo ya explicitado en su patética reseña al libro de Francisco Ángeles--, y por si poco fuera, comprende o cree comprender que el carácter experimental y vanguardista de un libro lo descalifica solo por ello.

Finalmente, de una manera asaz curiosa, el reseñista identifica una supuesta "retórica racional" con una virtud literaria; cuando más bien cualquier retórica --que no debe ser confundida con una voz personal reconocible-- en literatura es repudiable y de una irritante comodidad.



9.10.14

Vila-Matas sobre el Nobel 2014

Hace un par de años, nuestro recordado Enrique Vila-Matas escribió en El País este texto sobre el reciente Nobel de Literatura, Patrick Modiano. Disfrútenlo.



Entonces, en aquellos días de 1968, cuando Modiano publicó su primera novela, París era un pueblo; lo era al menos su restringida sociedad literaria. Como decía Cocteau, París solo eran seiscientas personas.
Toda la ribera izquierda del Sena era de una tranquilidad aldeana, y solo ocurrían cosas cerca de la plaza Blanche de Pigalle, pero aquel barrio quedaba lejos. En medio de la calma chicha de la ribera sonámbula, un buen día se descolgó Modiano con aquel sorprendente primer libro, El lugar de la estrella (La Place de l'Etoile), una novela sobre los días de la ocupación.
El libro reaparece estos días entre nosotros. De entre el barullo de las novedades de enero destaca poderosamente Trilogía de la Ocupación (Anagrama), volumen que, en traducción de María Teresa Gallego Urrutia, recoge las tres primeras novelas de Modiano: El lugar de la estrella, La ronda nocturna, Los paseos de circunvalación.
Su autor debutó en aquellos días con la naturalidad del que ha sido invitado a un café en el bar de su pueblo. Sin embargo, no pudo evitar que le miraran con extrañeza. ¿Por qué, sin haberlos vivido, hablaba de los años turbios del colaboracionismo, de la niebla de aquellos días en que hasta los traidores eran falsos y solo la muerte era verdadera?
Todo sucede en el pasado, aunque a veces es un ayer parecido al presente
Entonces Modiano aún no podía saber que, encima, con sus siguientes libros, La ronda nocturna y Los paseos de circunvalación, insistiría en el mismo tenebroso decorado. Años después, le aclararía a Dominique Montaudon: "No es la ocupación histórica la que describo en mis tres primeras novelas, es la luz incierta de mis orígenes. Ese ambiente donde todo se derrumba, donde todo vacila...".
Aquel día, a la salida del bar del pueblo, recuerda haberse encontrado con Raymond Queneau, que, tal vez porque le sabía inepto en matemáticas, se dedicó a darle severos consejos de geometría espacial.
Hoy se sabe que, ya desde su más temprano paseo solitario por la ciudad, Modiano quedó impresionado para siempre por París. Toda su obra en realidad es la obra de un desesperado que no puede vivir sin París. Un hombre preso de un amor brutal, completamente loco, por la ciudad, por los barrios que de joven vio que rodeaban enigmáticamente a la aldea de 600 personas. Hoy la aldea es su singular obra literaria y circulan por ella 600 personajes. "No se trata de nostalgia, créanme, es un París intemporal. Para mí París ha sido siempre algo interior", dijo hace poco paseando cerca de la plaza Blanche, donde antaño sucedían las cosas.
En el mundo de Modiano todo siempre sucede en el pasado, aunque a veces se trata de un ayer muy parecido al presente (decía no hace mucho que los políticos franceses actuales parecen de otra especie, incultos, muy funcionariales: "Todo esto que pasa ahora me recuerda a Vichy").
Ha trabajado duro toda su vida, con el estilo de un investigador privado
En el pasado, en los días de su extrema juventud, le había acompañado en sus paseos Emmanuel Berl, un tipo afable y muy inteligente que le inyectó confianza en sí mismo y fue el máximo artífice de que se convirtiera en narrador de ficciones; un tipo, por lo demás, raro, siempre especialmente orgulloso de que Proust un día le hubiera arrojado sus pantuflas a la cara.
Aquel día, mientras caminaban, el sabio Queneau le habló a Modiano de un largo paseo que había dado con Boris Vian hasta un callejón sin salida que casi nadie conocía, en lo más recóndito del distrito XIII, entre el muelle de la Gare y las vías de Austerlitz: la calle de La Croix-Jarry. Queneau le aconsejó al joven Modiano que fuera un día a ver ese callejón. Y después le habló de Francis Scott Fitzgerald, el genio que en su momento había demostrado con El gran Gatsby que era compatible ser extremadamente joven y escribir una gran novela. Modiano precisamente le había citado en las primeras páginas de El lugar de la estrella: "Scott Fitzgerald describió mejor de lo que sabría hacerlo yo estos parties en que son demasiado suaves los crepúsculos y tienen demasiada viveza las carcajadas y el resplandor de las luces para que presagien nada bueno...".
José Carlos Llop, en su brillante prólogo a Trilogía de la Ocupación, comenta la presencia del mito Fitzgerald en la fundación del territorio Modiano: "Una obertura fulgurante: como si Scott Fitzgerald y Dostoievski salieran juntos de correría nocturna y en vez de bares hubieran visitado varios círculos del infierno con un espíritu entre la frescura fitzgeraldiana y el fatalismo nihilista del ruso, mezclado con cierta atmósfera a lo Simenon".
A Fitzgerald le encontramos también en La ronda nocturna, en la cita que abre el libro: "¿Por qué me identifiqué con los mismísimos objetos de mi horror y mi compasión?".
No hay mejor respuesta a esta pregunta que la cantinela modianesca. Horror y compasión cruzan por todos sus temas centrales, por el vacío, por la ausencia del padre, por el misterio de las películas dobladas, por el mundo de la traición, por la inercia gansteril, por la infinita extrañeza...
Cuestión de atmósfera, creen algunos. Y de estilo, piensa Llop, que en el prólogo escribe casi un poema para definir ese estilo con asombrosa y certera precisión: "Una respiración lenta e hipnótica, con el dring cristalino y el swing jazzístico de los felices veinte, desplazado hacia la luz negra de un fragmento de los primeros cuarenta europeos, que aporta el ingrediente delirante. Sin olvidar ni el chic morandiano, ni la cosificación del nouveau roman, ni las listas a lo Perec, por supuesto. De esa literatura surgirá un adjetivo nuevo: modianesque, modianesco".
Me acuerdo que con Llop, pero también con los de mi generación, discutíamos en otros días sobre si leer a Modiano era de izquierdas o de derechas.
-Señor Modiano -le asaltamos finalmente una mañana-, no habla usted mucho de política.
-Es que es peligrosa para un escritor. La política no es más que una torpe simplificación de las cosas. El escritor trabaja justamente de la forma opuesta; trata de mostrar lo oculto, la complejidad.
Para adentrarse en la complejidad del pasado y en la vaguedad de toda identidad, Modiano ha trabajado duro toda su vida, siempre con el estilo de un investigador privado, de un indagador constante en lo oculto y lo sombrío. Lo tenebroso en sus libros parece definirse siempre a medida que uno avanza lentamente en la lectura. Hay momentos de desaliento, como si condujéramos un bólido muy lento y sin ninguna visibilidad y sin saber si estamos al borde de un barranco o de una autopista, pero eso le da a todo un toque incierto y atractivo, como si fuéramos por el callejón de La Croix-Jarry: sin salida, con angustia, pero también con notable hechizo, con la más extraña de las fascinaciones, buscando a ver si hay iluminación en las ventanas. ¿De qué caserones? Siempre -secreto a voces- hay una luz en el 15 del muelle de Conti.

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