28.2.06


Quipu y la paranoia de los poetas "marginados"

Continuando con nuestras colaboraciones, esta vez el escritor norteño Max Palacios nos entrega una reflexión sobre el sistemáticamente soslayado -en el blog "Zona de noticias", por ejemplo- e ignorado -por la poeta Guerrero, quien fuera invitada a participar de él- proyecto de publicación descentralizada Quipu (envíen sus cuentos a gfaveron@gmail.com). Veamos.

Max Palacios

Uno de los proyectos literarios más interesantes recientemente inaugurado en la blogósfera es el de Quipu, de Gustavo Faverón. Este proyecto permite a los autores jóvenes, inéditos o poco favorecidos por la publicidad y la divulgación de su obra, la publicación de sus cuentos en las páginas de un blog abierto para tal finalidad.
Lo interesante del proyecto es la creación de un espacio que tanto reclamaban aquellas personas que se sentían marginadas por los medios de comunicación masivos: un espacio en el cual se ofrezcan las nuevas propuestas de narradores tanto limeños como provincianos, urbanos o rurales, oficiales o marginales, o whatever.
Respecto a ello, quiero hacer algunas reflexiones. Durante las últimas semanas, en algunos blogs se pueden leer algunas quejas y ataques contra una supuesta "mafia" –al estilo Vitto Corleone, como diría un amigo mío- que ¿controla? los medios de comunicación masivos y que solo permite la aparición de aquellos escritores allegados a la cofradía literaria y que desecha y condena al absoluto silencio a los que no comparte la mesa honorífica de dicho gremio.
Ante esta situación, cabe la pregunta: ¿qué es lo que buscan los supuestos "marginados"?, ¿una fotito en la revista de moda capitalina?, ¿o una reseñita que los saque del anonimato y les permita jactarse ante los amigos en algún barcito snob?
Cabe decirles a estos huérfanos de talento y desamparados de las musas que la literatura es un oficio noble que se ejerce al margen de estas cuestiones pueriles y baladíes
, como señalaría el buen Borges, y que solo la soledad de la página en blanco permite trascender estas cuestiones terrenales y profanas.
Más grave aún es el caso de aquellos escritores, poetas mujeres y hombres, que habiendo disfrutado de los cinco minutos de fama que les otorgan las reseñas, fotos, artículos y reportajes de los medios escritos acerca de sus libros, salen a la calle -y a los blogs- a incendiar el mundo por la supuesta argolla que les impide publicitar sus obras y generarse un público ávido de su lectura.
¿No es acaso esto una doble moral? Es que a veces el rollo del marginado vende más que el del incluido en el festín literario. Creo que es necesario adoptar una actitud más seria frente a este tipo de situaciones, o como señalaba un amigo y poeta barranquino: hay que crear alternativas de difusión que permitan a los nuevos creadores la promoción y divulgación de sus propuestas sin adoptar el rollo del marginado o del "pobrecito" que no cuenta con el apoyo oficial.
Ese es precisamente el vacío que viene a llenar Quipu y que saludamos con entusiasmo y expectativas.

Provincia ficción

Debo confesar que ante el poco tiempo de que dispongo debido a las obligaciones laborales, soy un lector renuente a las nuevas publicaciones. Prefiero refugiarme en las lecturas de autores clásicos o escritores recomendados por amigos con buen olfato para descubrir nuevos talentos.
Sin embargo, debo decir que me llevé una agradable sorpresa al descubrir que los nuevos cuentos posteados en Quipu tienen un nivel bastante aceptable para cualquier lector exigente.
Me llama la atención el cuento del narrador Sebastián Esponda (Huancayo, 1976) titulado Los últimos. Es un cuento de ciencia ficción, un género poco cultivado en nuestras letras, pero que día a día va ganando adeptos.
El relato nos presenta la historia de dos personajes que habitan una plantación de bosques ubicada a muchos kilómetros sobre la superficie terrestre y que permite la elaboración de aire puro para los pobladores del planeta. El cuento está ambientado después de la Guerra de Satélites, en donde predomina un Nuevo Sistema Mundial, en el cual conviven los seres humanos de carne y hueso con los androides.
Hay un largo diálogo entre los dos personajes (el viejo Al y un muchacho), en el cual se nos presenta la situación en la que conviven los pocos seres humanos frente a la mayoría de androides, con sus pequeñas y grandes tragedias. Al final del relato, una revelación produce un efecto devastador en el lector.
Cabe señalar que el cuento tiene muchos aciertos a nivel formal. Está escrito en una prosa diáfana y directa que permite una lectura fluida y expectante. Esponda es conciente de que la prosa debe llevar de la mano al lector por la historia que se nos presenta.
Por otro lado, Esponda, conciente o no, utiliza una de las teorías de Piglia acerca del cuento; aquella que señala que en un buen cuento se relatan dos historia: una historia A, que es la que predomina en el cuento; y una historia B, que subyace en el relato. Al término del cuento, la historia B termina levantándose e imponiéndose sobre la historia A, lográndose un final lógico pero sorprendente.
Ejemplos de ello son Las ruinas circulares, de Borges y La noche boca arriba, de Julio Cortázar.
Quizá el cuento de Esponda reclame un mejor manejo de las estrategias narrativas, pero para ser una primera incursión en la narrativa peruana joven, es un verdadero alivio que la nueva generación de narradores provincianos está al margen del supuesto antagonismo entre "andinos" y "criollos", capitalinos y provincianos, "hegemónicos" y "marginales"; y muy lejos de lamentaciones regionalistas o ideológicas que ningún bien hacen a nuestra renovada literatura.

[Imagen: poemario de Victoria Guerrero. Su recepción en los medios "marginadores" fue muy positiva; y sin embargo...]

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