17.2.06


Reciente encuentro con Ramírez Ruiz

Los que tenemos treinta y más años hoy, y gustamos de la poesía, recordamos con colores entrañables aquel librito naranja que publicara José Miguel Oviedo ahorita nomás, hace unos veinticinco años, donde se reunía a casi todos los poetas interesantes de los setenta, en especial los de Hora Zero.
Entre los poemas de Tulio Mora (que después nos daría su ineludible Cementerio General), Manuel Morales (el del amigo que toca tambor) y Enrique Verástegui (revisé con agrado su "Primer encuentro con Lezama"), hallamos unos textos del poeta chiclayano Juan Ramírez Ruiz (1946).
Con Juan pasamos inviolables noches y días de conversa en los bares de Quilca, cuando todo era futuro y en mi mesa bebían poetas hoy idos…
Hace poco lo volví a encontrar y nos sentamos a conversar en una mesa de su bar preferido, el Queirolo, esta vez con una gaseosa oscura de litro medio –bien heladita eso sí– sobre la mesa.
Allí el poeta me contó la historia de siempre. El poeta que sigue trabajando contra el abandono del Estado, de la gente y de los propios amigos. El poeta con su nuevo libro, mecanografiado, que ningún editor se atreve a publicar "porque la poesía no vende".
Dejamos acá constancia de la calidad poética de Juan, con este fragmento extraído de un libro muy mal editado –yo hubiera sacado todo el rollo sobre la escritura inca que quiña el conjunto– pero que guarda poemas magistrales, Las armas molidas (1996). La voluntad de integración en clave visionaria.

ii
Mirando intensamente las aguas del Mantaro
Vi al Gran Pajonal muy cerca de Atocongo-
Y a la laguna de Huaypo así como estaba: helada-
Jalada y jalada al amazonas y al Huallaga.
Vi a Comas eslabonando al Valle Jauja
Y los caminos del Inca cruzaban muy rápido
La solitaria Carretera Marginal
Mientras los paraderos del Tren Central
Iban muy apurados vía norte hacia las costas.
Vi a Satipo desatando sus cosechas laceradas
En las dunas de Paracas y en las playas de Moquegua.

iii
Mirando intensamente Pampa Nazca
Vi a Chiclayo subir sin prisa a Incahuasi-
Y a Cajamarca- con las frutas de Andamarca-
Llegar a Huamanga- completo y opulento.
Mirando uno por uno los puentes del Rímac
Vi los monumentos del Perú tiritando arrebañados-
Y luego me vi a mí mismo volver transfigurado
Tras una excursión a las cumbres ultralimpias…
Eso vi-
Y en -con voz definitiva- sosegado-
Dibujo tal visión.

1 comentario:

  1. Anónimo9.3.08

    Juan con sus pasiones extremas, con su implacable mirada a las imposturas a los malos poemas, a la parafernalia de los que se autoelogian...

    Y pensar que hace tanto tiempo ya no le veía. Con este post es como si estuviera frente a frente.

    Filminas rasgadas.

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