18.2.06


RESPUESTAS SIN EDITAR DE HÉCTOR ÑAUPARI AL
CUESTIONARIO DE LUZ DE LIMBO.BLOGSPOT.COM


El poeta Héctor Ñaupari, confundiendo la labor de edición con la de "tergiversación", envió una carta aclaratoria al blog de Paolo de Lima desautorizando la versión editada de su entrevista. Copiamos acá el e-mail tal y como -felizmente- lo conservamos en nuestro correo. Como verá el lector, las acusaciones e ideas centrales y secundarias de Ñaupari están allí, y todavía más intensas. Invitamos al lector a leer las notas aclaratorias al final de la entrevista.
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Poeta Ñaupari envía carta de confirmación (19-2-06):

Apreciado Víctor,
Acabo de revisar la versión sin editar de mi entrevista. Ésa es la versión correcta, en todos sus extremos, y cuyas ideas mantengo. Considera, pues, este mensaje como una carta confirmatoria de la entrevista que tuvieras a bien hacerme.
Atentamente,
Héctor Ñaupari
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ENTREVISTA A HÉCTOR ÑAUPARI


¿Cómo se dio la ruptura del grupo Neón, lo recuerdas?

La ruptura de los miembros originales del Movimiento Cultural Neón ocurrió en el año 1993, más o menos durante la segunda semana del mes de septiembre de ese año. En verdad, estábamos todos un poco extenuados de la marea de recitales que se dieron durante dos años seguidos. No supimos o más bien no quisimos parar a tiempo con esa marejada de presentaciones, y dedicarnos sobre todo a escribir, que era lo más importante. Ello no obstante, el detonante fue el acercamiento de ciertos artistas ligados al PCP–Sendero Luminoso al grupo para firmar uno o varios documentos de adhesión para liberar a algunos de sus integrantes. Esto generó un áspero debate entre los integrantes de Neón, y se convirtió en la causa de la ruptura del grupo.

¿En esa época había grupos cercanos a SL rondando en San Marcos?

No, en esa época ya la etapa más dura del senderismo sanmarquino había pasado.

¿Qué opinas del intento de cierto grupo de poetas de la segunda mitad de los
noventa de querer endilgarnos el rótulo de "generación de la violencia"?


Considero que rotular a la generación de los noventa como "generación de la violencia" es un intento nefasto y peligroso por parte de ese grupo de poetas, el mismo que, además de profundamente equivocado, tiene otras intenciones, ocultas y perversas, como indicaré más adelante. Hay que decir sobre esto que, primero, no nos corresponde cronológicamente la denominación de "generación de la violencia". No olvidemos que la captura de Abimael Guzmán se produce en 1992, cuando la mayoría de los miembros de la generación del noventa no teníamos un solo libro publicado, y muchos estábamos recién empezando en este oficio. Por otra parte, es esencial tener en cuenta que los libros, plaquetas y poemarios recién empiezan a aparecer a partir de la segunda mitad de la década de los noventa, y que dichas publicaciones se acrecientan recién en los dos últimos años de esa década, es decir, entre 1998 y 1999. En segundo lugar, en ninguna de las agrupaciones literarias de la década de los noventa había un solo integrante que simpatizara –al menos abiertamente, conforme lo recuerdo– con las ideas y el proceder del PCP–Sendero Luminoso. Y es que un rasgo esencial de los poetas de la generación de los noventa es que tenían diversas procedencias ideológicas o políticas: los había de todas las capillas de la izquierda, socialistas, independientes, demócrata cristianos, apristas, anarquistas, liberales y libertarios, como también los había conservadores, e incluso católicos fervorosos y devotos. En lo que sí todos estábamos de acuerdo, desde nuestras múltiples perspectivas y tendencias, era en rechazar la violencia genocida del senderismo, su vesánica locura, y el totalitarismo que visionaban para el Perú. Asimismo, esa diversidad ideológica fue beneficiosa para la generación poética de los noventa porque permitía que fueran los temas literarios y no los políticos los que primaran en los debates, manifiestos y recitales que se sucedieron, sobre todo en los cinco primeros años de la generación. Por otro lado –y eso me parece lo más importante– la violencia genocida del PCP–Sendero Luminoso y sus terribles consecuencias para el Perú, no fueron un tema, siquiera secundario, en la poética de los integrantes de la generación de los noventa. Eso se puede observar con toda claridad en sus primeros libros. Es recién diez años después de la caída de los principales cabecillas senderistas, y sobre todo en estos últimos dos años, que se está volviendo un tema a considerar tanto en la narrativa como en la poesía de nuestra generación, y en la de escritores mayores, y hay que decir que es uno entre muchísimos temas de la nueva poesía peruana: desde la ansiedad kafkiana, la violencia amatoria, la convivencia urbana, los estados de ánimo de creadores indispensables para entendernos como José María Arguedas, hasta el idilio como actividad cazadora o un erotismo esforzado y barroco. Así como éstos, hay una miríada de temas tocados con genio, oficio y calidad por los integrantes de mi generación. De esta manera, la generación de los noventa, como lo veo yo, es la generación de la restauración de la literatura en el Perú. En tercer lugar, el PCP–Sendero Luminoso siempre se opuso, en sus dazibaos y, luego, en sus acciones, a todos los recitales y manifestaciones que los poetas del noventa –y en particular el grupo al que pertenecí, el Movimiento Cultural Neón– realizábamos en las universidades y centros culturales de Lima. Tengo siempre presente la anécdota de uno de los primeros recitales de Neón en San Marcos, el cual fue interrumpido precisamente por los "quesos rusos" –esas bombas caseras que fabricaban los senderistas– que estallaron como consecuencia de una de las cotidianas manifestaciones del PCP–Sendero Luminoso en la cuatricentenaria Universidad, en el ya lejano año de 1991. Carlos Oliva los llamó, en esa oportunidad, "esos dementes". Si todo esto no bastase, y como he indicado, tengo la certeza de que denominarnos "generación de la violencia" a la generación de los noventa tiene otro objetivo, que es el de evitar que se denomine así a la generación de los ochenta, que sí vivió todo el proceso de efervescencia senderista en las universidades peruanas, y que alcanzó justamente en esa década su cenit cultural. En el caso de la generación del ochenta, hay poetas que participaron concretamente en las secciones culturales de las publicaciones ligadas directa e indirectamente al PCP–Sendero Luminoso, y del mismo modo eran también poetas altamente politizados, que asumían una posición de izquierda radical en sus obras literarias, siendo consecuentes con el compromiso que su posición política les demandaba. Baste revisar los textos, libros, artículos y críticas de esa época para tener claro que el tema del terrorismo del PCP–Sendero Luminoso se hallaba directamente presente. Nada de eso paso con quienes integramos la generación de los noventa, y que, niños o adolescentes, sufrimos directamente y en carne viva los atentados, los coches bombas y los crímenes producidos por la banda terrorista, y cuestionábamos, desde nuestras distintas procedencias, si ése era el modo de que el Perú alcanzase la igualdad, la inclusión social y el bienestar que tanto le urgía en ese tiempo como ahora. Por eso rechazo que se nos etiquete como "generación de la violencia" cuando siempre estuvimos contra ella, justamente por quienes quieren evitar que a los poetas y escritores del ochenta se les quiera colocar esa denominación, pretendiendo borrar lo que escribieron y afirmaron en su tiempo. Sus propios textos los desmienten, y los nuestros, nos dan la razón. Yo desafío a un debate, cualesquiera sean los términos y lugar, a fin de discutir, textos en mano, si la generación de los noventa es la "generación de la violencia" en el Perú o si es en realidad, como afirmo, la generación de los ochenta.

Esta gente tiene una revista, ¿la has revisado? ¿que te ha parecido?

He revisado el último número de la revista "Intermezzo tropical" y me ha llamado poderosamente la atención el artículo de Victoria Guerrero "El cuerpo muerto y el fetiche en Sendero Luminoso: el caso de Edith Lagos", en el cual coloca a la terrorista Lagos como un fetiche; más exactamente, dice, en la página 72 de la revista: "Nuestra hipótesis es que el cuerpo de Edith Lagos es convertido en un fetiche, en objeto al cual se vuelve para conjurar la muerte, el asesinato para ser más exactos, y lo perturbador de ese hecho". Del mismo modo, emparenta a la senderista con Sarita Colonia, la santa popular del Perú. Si esto no bastase, el hecho de denominar "heroína" y "mártir" a una terrorista que habría, como su cabecilla, Abimael Guzmán, justificado el genocidio contra millares de campesinos pobres en Ayacucho, me parece con sinceridad un lamentable exceso. Baste revisar los documentos de la CVR, o incluso los dazibaos de la época y la tristemente célebre entrevista al cabecilla de la banda terrorista en "El Diario", para darse cuenta que Guzmán sentía un gran desprecio por el campesinado y que llegó a decir que si "el costo de su guerra era de un millón de campesinos muertos bienvenido era". Pretender mediante un artículo, elevar a los altares a una cómplice de ese genocidio, sólo semejante al ejecutado por los nazis contra los judíos o por los belgas en El Congo, es inadmisible. Edith Lagos era una terrorista, integrante de una banda que asesinó en forma inmisericorde a millares de peruanos desarmados, y ofende a la memoria de sus víctimas que se le quiera colocar como una heroína o una luchadora por la justicia social, que liquidó justamente a quienes iba a dar, supuestamente, esa justicia e igualdad.

¿A qué atribuyes el interés de estos jóvenes de hablar de guerra civil con respecto a la época del terrorismo?

Me parece que existe la velada intención de rebajar los crímenes ejecutados por la banda terrorista del PCP–SL y su genocidio contra peruanos pobres e indefensos, cuyo único delito era pensar distinto a ellos, o proceder de un sector social que los convertía en los blancos perfectos de su vesania. Los peruanos no estábamos en una guerra civil, ni hubo dos bandos, como se quiere erróneamente afirmar: por un lado nos encontrábamos todos los que queríamos vivir en paz, pertenecientes a todo el abanico de posiciones políticas, económicas y sociales, y los terroristas, que nos querían destruir y disolver a nuestra nación en un experimento comunista semejante a Camboya y sus Khmer rouges. Esas afirmaciones deben ser enfrentadas y desmentidas, sobre todo tratándose de personas que vivieron de primera mano esos crímenes. Tal parece que el velo ideológico en ellos es más poderoso que la misma realidad, en la que peruanos de toda condición social fueron masacrados, ametrallados o volados en pedazos por la banda terrorista PCP–SL.

Háblame un poco sobre tu posición con respecto a la poesía de corte feminista.

Considero que la calificación de la poesía como "feminista" es una calificación absurda. Es como si habláramos de poesía "machista" o "viril". Tengo el convencimiento de que todas ellas son categorías insuficientes para explicar la profundidad y múltiples lecturas e interpretaciones que se llevan a cabo al momento de abordar una obra literaria. Por consiguiente, creo que el poeta o la poeta que se encasilla en el adjetivo "feminista" empobrece –estimo que sin quererlo– su propia obra, la misma que se compone de todos los atributos de su personalidad, por definición compleja: su religión, sus amores, sus aficiones, sus odios, sus prejuicios, sus demonios, sus exaltaciones, sus placeres, sus lecturas, sus predisposiciones, entre otras muchísimas particularidades. Del mismo modo, interpretar o criticar una obra literaria exclusivamente desde la perspectiva de género nos ofrece una versión sesgada, pobre y de poco valor para entenderla y valorarla. ¿Enriquecerían a "Este puerto existe" de Varela, a "Noches de adrenalina" de Ollé o "Mariposa negra" de Santisteban una interpretación feminista o de género, o más bien la empobrecerían? ¿Tiene la perspectiva de género la arquitectura teórica suficiente para desentrañar lo valioso, genial y apreciable de estos importantes libros? No lo creo. La verdad que un poeta sea mujer ú hombre es un dato importante, pero no es el único ni es determinante para disfrutar su obra literaria. Cada uno de los rasgos que he señalado, añadido al hecho insoslayable de que un narrador o una poeta aportan a sus obras un sabor particular, una textura única, se enmarcan dentro de una tradición o contra ella, y siguen sus fuentes con mayor o menor devoción, es lo que debería realmente importarnos. Que una determinada poesía sea de corte feminista no quiere decirnos realmente nada, excepto que es un indicador entre otros muchos para apreciar esa obra. Por otra parte, me parece que la calificación de "poesía feminista" se usa en ocasiones a destajo para impedir que se vierta una crítica sobre un determinado libro: si a algún escritor o crítico le parece malo, por ventura, se diría que el mismo es un "machista" o "retrógrado", un personaje "políticamente incorrecto" que ataca a una escritora o poeta mujer sólo por su sexo. Ese tipo de actitudes revelan un rasgo autoritario que no es compatible con la literatura. De allí que creo que lo valioso que pueda tener una obra literaria, si se hace desde la perspectiva de género –lo que, pese a no estar en lo personal de acuerdo con ello, también es válido y legítimo, no lo olvidemos– no puede, sin embargo, usarse como coartada para la mala literatura o como una valla contra las críticas sanas y serias, que, aunque pocas, las hay.

¿Crees que las poetas más jóvenes están en esa onda?

Me parece que las poetas más jóvenes, como Cabel, Sordómez, Castañeda y sobre todo Rocío Flores, cuyo "Cuerpo de pétalo" es uno de los mejores libros de poesía joven del siglo XXI, están en otra cosa. Ellas han abordado el desafío de hacer literatura desde la complejidad de sus propias expresiones y personalidades, sin encasillarse en la falsa dicotomía machista–feminista. Yo mismo me siento identificado plenamente en los mejores poemas de Sordómez o Flores, como también con los de Rocío Hervias o Isabel Matta, poetas de mi generación que también han saltado la valla de ese feminismo excluyente al que aludo. La sensibilidad de todas ellas acosa y desgarra, se expresa con fortaleza y sentido del oficio. Por lo demás, quiero puntualizar que yo no soy "antifeminista": estoy absolutamente convencido de la total paridad e igualdad de derechos y oportunidades entre mujeres y hombres, y más todavía de que ésa es una tarea en la que todos debemos esforzarnos. Pero las jóvenes que he mencionado han trascendido tales pretensiones excluyentes, y, liberadas de esas trabas, están haciendo una literatura buena e intensa. Los poetas estamos notificados."

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NOTA: Como habrá visto el lector:

-allí donde Ñaupari comprometía irresponsablemente a todo el grupo Neón con artistas ligados a SL, yo puse "un miembro del grupo Neón"; él sabe quien fue.

-Donde Ñaupari metía en un solo saco a todos los poetas de los ochenta como influenciados por SL, yo puse "algunos", porque me parece injusto meter a todos en un mismo saco.

-Luego Ñaupari afirma que no había "dos bandos" en la época del terrorismo, y dos líneas más abajo se contradice: "por un lado nos encontrábamos todos los que queríamos vivir en paz, pertenecientes a todo el abanico de posiciones políticas, económicas y sociales, y los terroristas, que nos querían destruir y disolver a nuestra nación..." O sea, dos bandos. Corregí ese error y agregué una intervención (mía) donde explicaba por qué no se podía decir que lo del terrorismo había sido una guerra civil.

-Por lo demás, el desafío al debate está ahí, las acusaciones a la poeta Victoria Guerrero y a los poetas del ochenta están ahí, y las declaraciones contra la posición feminista en la poesía están ahí.
Invito a Héctor a que confirme esta versión original de la entrevista.

[Fotos: El asesino de campesinos vestido de formas diversas. En ningún momento los miembros de SL vistieron un uniforme que los identificara)



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