22.3.06


Entre tiros y pistolas

A propósito de la novela Manual de pistola automática, de Juan Carlos Mústiga.

Max Palacios

La novela policial es un género poco abordado en nuestra narrativa, a pesar de que abundan las páginas policiales en los periódicos formales y los diarios sensacionalistas. Uno de sus primeros cultores es Alonso Cueto, quien en Deseo de noche (Apoyo, 1993) aborda este género a través de la historia de un profesor de literatura que una noche conoce a una enigmática mujer, la cual resulta siendo una asesina y terminará convirtiendo la vida del protagonista en una pesadilla.
Rasgos de este tipo de novela los encontramos también en sus novelas posteriores, Grandes miradas; y la recientemente galardonada, La hora azul. Otro de los cultores de este género, dentro de la narrativa peruana última, es el joven escritor Gabriel Ruiz-Ortega, quien en La cacería (Q Ediciones, 2005) nos presenta la historia de un arriesgado periodista que intenta desentrañar los oscuros manejos de la dictadura fujimorista.

En esta ocasión, nos toca reseñar una novela de reciente aparición, Manual de pistola automática (Fondo Editorial de la PUCP, 2005), de Juan Carlos Mústiga (Lima, 1958). En la novela, el autor nos relata la historia de Carlos Basile, conocido por sus amigos como Papeluchero, un personaje atormentado por los recuerdos de la mujer amada y los fantasmas de los amigos muertos.
La obra se inicia con un epígrafe de Raymond Chandler que permite ubicar al lector en el universo policiaco del texto. Narrada en primera persona, el autor nos va presentando el mundo interior del protagonista y las obsesiones que lo angustian. A través de la evocación el lector va conociendo el pasado de este personaje y las circunstancias que lo llevaron al estado de ansiedad y zozobra en que se encuentra.
Así, llegamos a descubrir un primer amor: Elsie, una meretriz de la cual se enamora el protagonista cuando era muy joven y que intenta sacarlo de la adicción a las drogas. Por otro lado está la historia de Tancredi Lo Grasso, un prestamista que atormenta a Papeluchero por el pago de una deuda atrasada.
Un acierto de la novela es el manejo de la oralidad; el lenguaje utilizado permite configurar la caracterización de los personajes y la psicología de cada uno de ellos. En cuanto a la resolución de la novela. podría haberse logrado un mayor efecto sorpresivo;pero la novela no pierde todo con el final que le otorga el autor, invita más bien a esperar otras entregas del escritor dentro del género policial.

Mención aparte para el diseño de la carátula, que contempla una pistola automática, a semejanza de la carátula de La cacería de Gabriel Ruiz-Ortega, y que nos permite hablar de un resurgimiento de la novela policial en la nueva narrativa peruana de los últimos años.

[Imagen: Graphic novel sobre un cuento de Chandler]

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