30.4.06


La esencia del silencio. Sobre Cuerpo de pétalo

Rocío Fuentes (Lima, 1982) ha publicado un primer poemario delicado y a contracorriente del discurso feminista-político predominante. Aquí una breve lectura.

Por Gabriel Ruiz-Ortega

Cabe decir que la propuesta de la joven poeta Rocío Fuentes es una de las más frescas actualmente, si hablamos de temáticas y cuestiones formales.
Alejada de todo afán de aparecer en un algún estudio de género, preocupada más en la honestidad lírica que pueda ofrecer a los lectores que se acercan a su trabajo. Sus versos son limpios, en ellos vemos la claridad pulcra de la palabra poética, sugerente y solapadamente ambiciosa.
Fuentes no busca que se le dé una lectura política o social, simplemente busca ser ella misma en un quehacer poético en el que muchos(as) buscan otros fines paralelos a los poéticos.
Cuerpo de pétalo, entrega sutil del estado de contemplación, versos en los que la vate dialoga consigo misma, en un permanente discurso de reflexión, en una soterrada lucha por asir contados instantes de iluminación a través de imágenes secas:

Esta ciudad se vuelve bosque
Y bailo para ti.

Si hay un componente esencial en esta primera entrega de Fuentes, si hay un canal por el que sentimos todo ese arranque de la poeta por cargarse al mundo, no perdamos tiempo en mirar en donde no hay, no abusemos de las neuronas tratando de encontrar lo que siempre podemos encontrar a través de las leyes literarias, pues bien, es el cuerpo la vía, es el cuerpo el auténtico motor que nos lleva por este viaje interior:

Ser de barro:
A esta tentación mi piel se abre.

Ser de barro, ser moldeable, estar expuesto al libre albedrío de la creación por la experiencia, recibir todo el envidiable estado de mujer que recibe y filtra, gracias a la musicalidad casi silente que se deja salpicar, un cuestionamiento que busca encontrar una solución inmediata a ese egotismo que se refocila en sí mismo, cuando la clave a todo siempre ha estado a la vista, en una eclosión que impulsa a seguir indagando en preguntas encadenadas circularmente:

¿De qué se trata todo aquel discurso
Que nos viene como una ráfaga:
Culpa, arrepentimiento, perdón?
¿Qué mancha es aquella que impregno nuestro sexo?

Entrega poética que nos lleva a la indagación de las fuentes que esta poeta ha bebido: herencia oriental que se cristaliza en una propuesta que yace en la simbología, espíritu unitario en un texto en el que la condición de mujer se recrea: ser madre, hija, mujer, en permanente reflexión, sin caer en tendencias ideológicas de pasajeras. Experiencia y sapiencia en diálogo permanente, es lo que nos ofrecen este poemario que hay que leer bajo una lámpara de luz tenue.

[fotografía: el misterio de su poesía expresado por ella misma]

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