28.4.06


Presentación de libro de Alberto Casari

Hace unos días me llamaron del Museo de Arte de San Marcos para presentar, junto al crítico de arte Jorge Villacorta, un libro de poesía visual del artista plástico y arquitecto Alberto Casari, de quien todavía se puede ver una inquietante muestra en la Casona de San Marcos.
Allí estuve, y esto es lo que preparé.

Decía en un brevísimo comentario publicado en la revista Somos la semana pasada, que la poesía visual tenía un punto de partida muy concreto en la historia: 1898, fecha de aparición de Un coup de dées, libro póstumo del extraordinario poeta francés Stéphane Mallarmé.
En este libro, con palabras del mismo poeta, se intentó rodear de silencio la palabra, romper con la tradicional y –bien visto- inexplicable costumbre de alinear los versos unos detrás de otros, arrebañados, creando así una diseminación del discurso sobre la página en blanco, que se transforma en algo así como una partitura poética donde se imprimen las ideas e imágenes del poeta y donde, cito: “la ventaja literaria, si tuviera derecho a decirlo, de esta distancia copiada que mentalmente separa los grupos de palabras, o las palabras entre sí, parece ya acelerar, ya amortiguar el movimiento, escandiéndolo, intimándolo, además, según la visión simultánea de la Página: tomando esta como unidad tal, como por otra parte es el verso o la línea perfecta.” (Observación relativa al poema).


Así también la heteronimia en literatura tiene su cenit, por utilizar una figura a la mano, en la obra del poeta portugués Fernando Pessoa, quien desarrolló una gran variedad de heterónimos, entre los más conocidos están Haroldo de Campos, Alberto Caeiro, Ricardo Reis y él mismo, a quien el autor se trataba como un heterónimo más.
Con Pessoa se prefiguran, se insinúan lejanamente nociones hoy fundamentales sobre poesía no autoral, hipertexto, disolución del texto fijo tradicional, y otras más aparecidas a la luz de las nuevas tecnologías, en especial el Internet.

Otro aspecto clave para obtener una lectura, entre muchas, del libro de Alfredo Covarrubias –no otra cosa estoy haciendo en este momento que fijar algunas bases para ello- es el de la intertextualidad, que en una definición clásica de Kristeva es un texto que se constituye en “un mosaico de citas; todo texto es absorción y transformación de otro texto”. Todo texto, incluso aquellos que son considerados como no literarios (pero quién dice lo que es literario y lo que no lo es?), o tal vez estos mucho más que los otros, se asienta, voluntaria o inconscientemente, sobre la base de otro u otros textos; la intertextualidad es, así, la forma de ser de la literatura, y por antonomasia de la poesía.

Finalmente quiero referirme a una afirmación del artesano Casari en la entrevista del 2004. Dice el artista que en la “época de la posmodernidad” el robo abierto se justifica. Más adelante afirma que “todos somos ladrones. Yo también soy un ladrón”. Ignoro qué tan cierta y cuales sean las implicancias de tal afirmación en el mundo metamorfósico y ciertamente incierto (utilizo aquí una contradictio al propósito) del arte contemporáneo; pero deberá ser alentador para todos recordar que la apropiación, sea bajo la forma del pastiche, de la parodia o del travestimiento literario –como lo explica con pasmante erudición Gerard Genette en su monumental Palimpsestos-, son recursos literarios de rancio historial, que podríamos remontar, para tomar un solitario y contundente ejemplo, a Aristófanes, quien en Las ranas, se apropia de la dicción poética de sus rivales en los concursos de dramaturgia en la Grecia auroreal, Esquilo y Eurípides, para hacerlos competir paródicamente dentro de su obra.

Despercudido de toda culpa entonces, pues la forma de ser de la literatura por lo menos, es el robo -no sé si lo será también de la plástica- erigiré mi derecho al ludus literario, y me apropiaré de uno de los heterónimos de Casari para hacerle una entrevista sobre su obra poética. En ese camino, pienso, develaré algunas ideas y sensaciones que me dejó la lectura del libro.


Entrevista a Alfredo Covarrubias

Utilizaste el fondo negro como soporte de las frases y palabras que dispusiste en la página en negro en este caso. ¿Cuál fue tu intención?

Pues esa, darle la vuelta a la idea de la página en blanco, creo que está claro, no? Me molesta mucho las convenciones de todo tipo, y en especial las literarias.

¿Cuánto del Un golpe de dados de Mallarmé estás dispuesto a reconocer como influencia de tu libro?

Lo que te dé la gana. El robo está instituido en las artes y sobre todo en la poesía. Creo que alguien dijo por ahí que en estos tiempos era imposible ser original, mucho menos en poesía, así que si quieres incordiarme con esa pregunta mejor intenta por otro lado. Estás perdiendo tu tiempo. Ahora, Haroldo de Campos, publicado hace poco por la gente de Sarita Cartonera y Mario Montalbetti no me han sido indiferentes tampoco. No todo es Mallarmé, hijo.

Está es tal vez una pregunta incómoda. ¿Leíste Cielo estrellado de Víctor Coral?

Cielo estrellado? Qué es eso, el poemario de una abuelita del Club de Leones?
No conozco a ese señor y no creo que tenga nada que ver con mi obra.

¿Por qué el poemario termina con una página en negro?

Es todo. Es el cuadro sin la firma, es la desaparición inevitable de la que se habla páginas atrás, cuando se dice “puedes contar solo contigo”, es el arte que ha terminado, es la muerte, pero que impulsa a seguir.

En una entrevista anterior, con Van Host, tú criticabas el funcionamiento de la democracia en el Perú a partir del inminente triunfo de Humala, y afirmabas la creatividad como una salida. ¿Puedes ampliar esto?

Qué cosa!!! En ningún momento me referí a ese señor. No intentes tergiversar mis declaraciones. Además, la entrevista es del 2001, por lo tanto era imposible la alusión a la actual coyuntura electoral.
Ahora bien, para mí es necesario distinguir entre imaginación creadora y fantasía. Lo fantasioso domina los medios de comunicación, en especial la TV, el cine comercial, la fácil imaginería del arte hecho para galerías, para venderse y adornar muros de bancos y salones. La gente fantasea y a la gente la hacen fantasear porque es mucho más fácil que hacer que despierte en ellas la imaginación creadora, que implica un elemento de libertad y a la vez genera espacios de libertad auténticos. Creatividad, imaginación creadora, ideas contra lo aceptado y lo establecido aplicadas en nuestra vida diaria, esa será para mí la “salida” de la que hablas, si tuviera que haberla.

Una última pregunta: el adjetivo “traumatizado” se repite dos recesen tu poema.

Sí,soy un pintor traumatizado, pero todos estamos traumatizados. Esa es una condición de la vida posmoderna. La cuestión es qué hacemos a partir de esto. “Ya todo está dicho”, decía Cage. Pero no todo está hecho. El horizonte de lo real es nuestro horizonte. E n realidas siempre lo fue, solo que lo olvidamos por algunos siglos.

[Imagen: "Con título", de Alberto Casari, 1996]



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