17.5.06



El mito moderno del paso de la miseria al éxito literario


Leo en un diario español de hoy la siguiente entrada a una entrevista con Frank McCourt, el famoso autor de Las cenizas de Ángela:

“Resulta difícil asociar el lujoso edificio de apartamentos situado en las inmediaciones de Central Park donde vive Frank McCourt (Brooklyn, 1930) con las fétidas viviendas donde, según cuenta en Las cenizas de Ángela, siendo niño, el hambre le obligó a chupar los papeles de periódico que habían servido para envolver raciones de pescado con patatas”.

Me pregunto que es lo que lleva a ciertos escritores, coincidentemente favorecidos por el éxito editorial, a construirse una imagen, a la vista exagerada, de un pasado miserable, tortuoso y felizmente abandonado para asumir una “nueva vida” de la mano de la publicación en una editorial importante.

He leído historias similares referidas por J. K. Rowling y por Paul Auster, aunque este último destaca nítidamente por sobre los otros autores citados. Y están las historias, muy corrientes, del manuscrito que se paseó por cincuenta editoriales antes de ser “salvado del olvido” por tal o cual monstruo editorial.

¿Acaso no basta con haber dejado de publicar breves tirajes en editoriales olvidadas de sus respectivos pueblos o países, como es el caso de nuestro Roncagliolo?

Ojalá nunca tengamos que escuchar cuán infortunados fueron Benavides, Iwasaki o mi amigo Iván Thays en sus sendas infancias; pero sí que las tiradas de sus libros se incrementan año a año sin tener que recurrir al mito moderno del paso de la indigencia a la exuberancia editorial.

(Imagen: Sin comentarios)

7 comentarios:

  1. No necesariamente todas las 'exageraciones' son exageraciones. Está bien que estemos podridos de tanta mentira pero no por ello vamos a descreer de todo. No soy escritor y no le miento si le digo que de niño ya me estaba muriendo de hambre nomás al terminar de cenar. Que me iba a dormir con un vacío grande en el estómago. En todo caso, la responsabilidad de los datos puestos en las reseñas, en las entrevistas, en las tapas y contratapas de los libros no obligadamente corren por cuenta de los escritores publicados. Hay tanto editor infectado de romanticismo dieciochesco... y tanto periodista desidioso que cree que es su deber pintar de heroico el éxito literario y editorial de un escritor.

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  2. toda la razón, Locadio. En este caos parece que es el mismo McCourt el encargado de fomentar el mito. Los editores, por supuesto, estarán de plácemes. Gracias por tu comentario.

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  3. También habría que dejar atras otros mitos: el escritor debe haber sufrido en su infancia, el escritor debe escribir sobre lo que conoce; y los peores de todos, los mitos "peruanos": que sólo los andinos (charapas, costeños, etc.) pueden escribir "con propiedad" sobre los lugares en los que viven, que solo se debe escribir sobre lo que ocurre dentro de nuestras fronteras, y que debemos ceñirnos a las formas canónicas de escritura, es decir, nada de ciencia ficción.

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  4. pues si ya entramos en esa onda habría que ir también contra el mito de "escribir con propiedad" sobre algo, por qué, pues, tal vez la "impropiedad" también sea productiva, de hecho lo es, como en La naranja mecánica (ya que hablamos de géneros injustamente degradados) o en Viaje al fin de la noche...

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  5. Eso del mito de la "redenciòn editorial" me parece tan inefable como de aquellos escritores que critican algo que es un hecho,no es facil abrirse campo en el mundo editorial internacional y a veces esa salida al supuesto estrellato es mas producto del azahar.
    Por otro lado siempre me ha parecido peculiar los escritores que escriben con "Propiedad" y hacen de la "contenciòn" su caballo de batalla.¿Màs no sera la "contenciòn" una castraciòn simbolica creativa al igual que la estètica de la "intensidad"?.

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  6. Por supuesto que no es fácil abrirse campo en el plano editorial internacional. La crítica iba hacia la necesidad de ciertas editoriales, de vender a sus escritores como pobretones que cambiaron de estrella y de vida al ser tocados por la "gracia editorial".
    Es un poco la misma estructura de la idea de gracia divina.
    Sobre eso de la contención, en poesía me parece que puede llevar al anquilosamiento lingüístico, algo que ya ha empezado a vislumbrar, por poner un ejemplo, José Watanabe.
    Lo de la intensidad es más problemático, pues el discurso poético "intenso" conecta seguro con el poco público de poesía, y llega muy bien a los periodistas culturales -con las excepciones de ley-, mientras que otras poéticas, menos aparatosas, pasan muchas veces desapercibidas, y tienes que ser un hombre consensual, como Montalbetti, para que la debida atención se dirija a tu trabajo (aun cuando el comunicador no entienda ni pío de lo que escribes).

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  7. Ok,ahora si entiendo bien la intenciòn de tu observaciòn hecha sobre la "gracia editorial".
    Coìncido contigo en que algunos autores en esto de la busqueda estètica de la contenciòn no solo se han anquilosado linguisticamente sino que se han vuelto monotonos y vacios.
    Lo del periodismo cultural en Perù en verdad es muy pobre,salvo algunas excepciones como tù Victor.

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