26.5.06



Entrevista a Félix de Azúa en El País

Hace poco destacábamos unas divertidas y profundas declaraciones sobre El código Da Vinci de Juan Manuel De Prada, hechas desde la ortodoxia religiosa. Hoy aparece en El País una entrevista al escritor y periodista español Félix de Azúa (Barcelona, 1944), donde, otra vez, la necesidad de una visión trascendente de la vida se manifiesta. Aquí algunas preguntas.


En varias ocasiones, el tema de la columna es el paso del tiempo o la cuestión de la vigencia o desaparición de ciertos símbolos religiosos...

Se trata del problema de la necesidad de sentido. Como profesor, descubro el inmenso desconcierto que produce entre los jóvenes el no tener nada a qué agarrarse. Nosotros tuvimos el progreso, el sentido de la historia, el comunismo y otros ismos más o menos aberrantes; ellos, en España, Francia o Italia, ni tan sólo pueden creer en la publicidad material del Gobierno, como en los EE UU, donde aún funciona la promesa de que van a vivir mejor que sus padres. No tienen horizonte. Eso produce una angustia total. ¡Y aún más cuando no tienes el concepto angustia!

¿Ninguna religión cubre esa nostalgia de trascendencia?

Hace unos años, algunos se hacían budistas o de alguna secta. Ahora, no. Están aislados, viven entre ellos, sólo con gente de su edad. Son la raza joven. Y no creen ni confían para nada en los adultos y sus instituciones, como nos sucedía a nosotros durante el franquismo. De nuevo hay un abismo entre generaciones.

Pero la idea nacionalista sí recluta entre esa raza joven.

El nacionalismo se ha convertido en el último refugio. Los independentistas tienen buena entrada en la universidad. Ofrecen un placebo de trascendencia. Creo que hacen mucho daño porque el nacionalismo necesita de la detestación del otro. Hoy vivimos en un mundo en que el dominio de los poderes reales, económicos y mediáticos es apabullante. Es el reino de eso que antes llamábamos las burguesías fácticas. La población está cada vez más desinformada y, en el caso español, el nivel educativo sigue bajando. Los ciudadanos votan menos, los jóvenes se desentienden de la política y ésa queda en manos de los mayores, de los sectores más comprometidos, de la corrupción y del clientelismo.

(Fotografía: el autor tiene un concurrido blog en http://blogs.elboomeran.com)

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