29.5.06



Novela utópica y distópica: definiciones

Reaparece nuestro colaborador Orlando Larco con un artículo sobre futurismo, ciencia ficción y utopía. He agregado algunas notas e intentado convencer al autor de sacar el título de una novela, sin resultados como se darán cuenta.


La palabra “utopía” fue acuñada por sir Thomas More en su tratado de 1516 De optimo reipublicae statu deque nova insula Utopia, aun cuando el concepto se puede remontar a los clásicos griegos, en específico a Platón (Timeo y sobre todo Critias*, donde describe La Atlántida).

Fue More el primero en dar una imagen ordenada, racional y verosímil de un mundo mejor, un cosmos construido en oposición al mundo real, degradado y corrupto –repárese en que cuando More escribió su libro estaba encargado de una misión económica en Bruselas, en contacto directo con las miserias económicas de la Europa renacentista.

A esta primera característica debemos sumar otras, presentes algunas ya en utopistas inmediatamente posteriores a More, como Tommaso Campanella y Francis Bacon, pero con absoluta claridad en ciertos novelistas modernos: Ernest Jünger, Anthony Burguess y J.G. Ballard, entre otros. Un rol básico incluiría:

1. Proyección en el tiempo: el topos descrito debe estar ubicado en el futuro.

2. Régimen autoritario y sistema judicial, social y económico cerrados.

3. Existencia de un personaje disidente o héroe antiestablishment.

4. Crítica velada o abierta al progreso tecnológico y al poder.

5. Persecución y eliminación de todo ente o forma de disturbio del sistema imperante (amor, sentimientos, cultura, humanidad).

En términos generales, podemos distinguir dos tipos de utopía: la utopía positiva o tradicional (la de More por excelencia; o la de Fourier, aunque excesiva), donde se propone una alternativa mejorada al mundo actual; y la antiutopía o distopía, que constituye una visión negativa del futuro a partir de la proyección de las condiciones actuales de la sociedad.

Entre el siglo XVII y el siglo XIX, las utopías descritas por los novelistas que tocaron este género (el de la novela utópica) se restringieron a elaborar propuestas más o menos alternativas al entorno que les tocó vivir, vislumbrando algunos de ellos (William Morris, Samuel Butler, Nathaniel Hawthorne**) la posibilidad de que el futuro del hombre sea muy distinto a lo que sus buenas intenciones proponían.

Recién es con el extraordinario narrador Jack London y su The iron heel (1908) que encontramos una utopía degradada, ubicada en el año 2700 d.C. y donde un disidente, Everhard, se opone a un régimen corrupto y opresor organizando un ejército secreto.

Otro ejemplo notable es el de H. G. Wells, que publica en 1923 Men like Gods, donde describe a un reino utópico como víctima de los apetitos de poder y dinero de los seres humanos. Tres años antes, sin embargo, el escritor ruso Eugéne Zamiatin iba a fundar la novela distópica moderna, con todas sus características, con Nosotros (1920), que vale la pena reseñar brevemente.

La acción se desarrolla más o menos en el siglo XXX, tiempo en que la población del planeta se ha reducido a unos cuantos millones de seres humanos sometidos a un Estado Único y que viven en una megaciudad cubierta por un cristal del cual nadie puede escapar. El conflicto surge cuando el protagonista, D-503, conoce a I-330, una hermosa muchacha que lo hace descubrir la existencia de los mefi, seres excluidos de la ciudad totalitaria y que buscan tomar el poder de esta invadiéndola.

Algunos estudiosos señalan que Brave new world (1932), de Aldous Huxley, y 1984, de Georg Orwell, publicada esta última en 1949, tomaron como paradigma a la novela de Zamiatin, y tal vez tengan razón. Pero si Zamiatin da la imagen general del universo distópico, Huxley hace énfasis en la antiutopía científica, mientras que Orwell incide en el aspecto político de un futuro indeseable***.

A esta breve nota sobre utopía y distopía narrativas tal vez valga la pena agregarle algunas diferenciaciones necesarias para marcar mejor su territorio o radio de acción.

Mientras que para la ciencia ficción tradicional el avance tecnológico es el elemento central del discurso, ya sea para potenciarlo o para criticarlo, para la novela utópica y distópica aquel es solo un elemento más, casi siempre denostado, dentro de un espectro más amplio.

La literatura ciberpunk, fundada en los años 80 del siglo pasado por Bruce Sterling y William Gibson, no es más que un momento dentro del profuso desarrollo de la ciencia ficción, y si bien como lo señala el mismo Sterling, toca (más bien asimila) algunos aspectos de la novela distópica, no termina de configurarse como un género independiente de la Sci-Fi.

Como reflexión final y provocación diremos que la ciencia ficción, aún la de la línea más dura o radical, nunca abandona el terreno utópico-distópico; en tanto que la ya venerable novela utópica abarca –más allá de sus logros estrictamente estéticos o narratológicos- aspectos mucho más amplios que el avance tecnológico, como por ejemplo la reflexión sobre el poder (Eumeswill) o la pervivencia del fenómeno religioso en el futuro (Rito de paso); aunque resulta evidente que cierta ciencia ficción ha tocado también, tangencialmente, esos y otros temas metatecnológicos. Pienso en la saga de Dune****, por ejemplo.


* Hay experiencias parcialmente vinculadas al utopismo en la antigüedad: el viaje a la Luna, de Luciano de Samosata (que puede ser el más antiguo antecedente de la Sci-Fi); la Ciudad de la Paz, de Teopompo de Quíos (s. IV a.C.) y la Isla de los Hiperbóreos, de Hecateo de Abdera. Hay un misterioso Yámbulo, citado por el historiador Diodoro de Sicilia, que concibe una Ciudad del Sol con casi todas las características de la novela utópica, además de ser referente directo de la obra del mismo nombre de Campanella.

**Se trata de The Blithedale romance (1952), una de las novelas menos conocidas del autor de La casa de los siete tejados. En ella se describe la vida y decadencia de la Granja Brook, un intento de fundar una comunidad utópica en el Estados Unidos de mediados del siglo XIX.


***En los últimos decenios ha surgido la ecotopía o utopía ecologista, sobre todo en Europa y EE UU, a partir de la publicación de Ecotopia (1975),de Ernest Callenbach. Se trata de la descripción de un mundo ideal donde el respeto a la vida y a la naturaleza tiene carácter axial.

****Tenemos en el cine ejemplos recientes de “invasión” de tópicos de la Sci-Fi y del futurismo. Por ejemplo 2046, de Wong Kar Wai; Código 46, de Michael Winterbottom, Aeonflux, de Karyn Kusama; Ciudad Natural, de Byung-Chun Min, y por supuesto las clásicas Alphaville, de Jean-Luc Godard; La naranja mecánica, de Stanley Kubrik; Blade runner, de Ridley Scott, Brazil, de Terry Gilliam.

[Imágenes: Portada de la edición en español de Nosotros (1920) y Aldous Huxley, maestro de la novela distópica]

5 comentarios:

  1. Anónimo29.5.06

    y acá en el Perú quiénes hace ciencia ficción y esa novela utópica?

    Sandra

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  2. pues hay un tal Morillo que en 1843 publicó una novelita en entregas en El Comercio, titulada, Lima de aquí a cien años. Más contemporáneamente están algunos libros de José B. Adolph, como Mañana las ratas, y algunos cuentos.

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  3. El libro al que hace referencia Vico (así pone el mismo) es Lima de aquí a cien años, escrito en 1843 por J.M. del Portillo. Dos peruanos de ese año son trasladados al futuro, a 1943, donde encuentran una Lima al borde del mar (el Callao se ha hundido) y un Cusco convertido en sede de un restaurado Imperio Incaico, en el cual la gente vive en una pirámide inmensa. Lo utópico en este caso es la asimilación del sistema político francés para Lima y las virtudes incas para el Cusco. El autor no se prodiga en adelantos técnicos (a lo más, menciona que hay un servicio de transporte a la luna y que abundan los telégrafos). La novela ha sido publicada íntegramente en el número 7 de la revista "Ajos & Zafiros".
    "Mañana las ratas", de José B. Adolph, se publicó a principios de los ochenta. Para variar, refleja una realidad peruana caótica, donde el control político es asumido por grandes corporaciones en combinación con la Iglesia. El "gobierno", además, tiene su sede en una estación espacial. En más de un aspecto, Adolph se anticipó a la corriente ciberpunk con esta novela.
    Acaso la más reciente entrega (me refiero a libros impresos y en venta) de ciencia ficción peruana la ha hecho José Güich con "El mascarón de proa", un libro de relatos imperdible.

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  4. Anónimo30.5.06

    Daniel, tengo la impresión de que hay algunos libros que, sin dejar de ser de ciencia ficción cumplen con los requisitos de la novela distópica, no sé, se me ocurre Ubik o alguno de Stapledon o Sturgeon, puedes dar algunos ejemplos?

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  5. Hola anónimo, tu pregunta da que pensar, pues parece que casi todas las novelas sobre el futuro tienden a ser distópicas. Salvo Asimov, la mayoría de escritores tiene pocas esperanzas en un futuro feliz (o utópico).
    Aún no he leído a Stapledon, y el caso de Ubik (de Philip K. Dick) no va tanto por lo distópico como tema principal, sino el cuestionamiento de nuestra percepción de la realidad.
    Aún así, Theodore Sturgeon tiene dos historias sobre posibles utopías. Una de ellas es "Venus mas X", un mundo modélico debido a que los seres humanos han sido transformados en hermafroditas. La otra está explicada en su cuento "Si todos los hombres son hermanos, ¿te casarías con tu hermana?", en el que nos presenta un planeta donde no hay enfermedades, ni traumas, ni guerras, ni pobreza... debido a que se ha abolido el tabú del incesto. La humanidad mejora debido a que los hijos pueden acostarse con sus madres o abuelas.
    En la ex Unión Soviética, en cambio, la ciencia ficción seguía una línea utópica "de cajón", puesto que se suponía que en el futuro las leyes del materialismo traerían la sociedad sin clases. Además, dudo que una historia que contradijera la línea ideológica correcta fuese publicada. Recuerdo un relato curioso (mas no el título) sobre un científico que viaja a varias realidades alternativas, y en todas ellas el mundo se ha convertido en comunista.
    En Perú, José Estremadoyro escribió "Glasskan, el planeta maravilloso", que es una utopía ingenuisima. Glasskan es un planeta supertecnificado y superpacífico. Tanto, que no saben qué hacer frente a los korpones, una raza que cuando quiere se los lleva para comérselos. Un grupo de terrestres son llevados a Glasskan para enseñarles a pelear (el peruano les enseña la mechadera criolla, el japónés karate...). Como quien dice, el ser humano no soporta tanta perfección, tanta paz convierte a los galacsinos en timoratos idiotas que pierden el tiempo discutiendo mientras otros se los comen.
    Mario Vargas Llosa, en "La verdad de las mentiras",le dedicó un ensayo a "Un mundo feliz" de Aldous Huxley, que sin su permiso reproduje, pues me pareció muy bueno, aunque contradictorio con su afirmación de no leer ciencia ficción http://espanol.geocities.com/cifiper2002/mvll.htm

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