9.6.06


Borges sobre Spinoza

Quiere la leyenda cultural que Jorge Luis Borges dictara una conferencia sobre el filósofo holandés Baruch Spinoza en el mismo momento en que la selección de fútbol de su país disputaba la final con Holanda en 1978.

Bertrand Russell, en su "Historia de la filosofía occidental" afirma que, de todos los grandes filósofos, el más querible es Baruj Spinoza. Estoy plenamente de acuerdo con esa afirmación como lo hubieran estado, por ejemplo, Renán, Froude y otros que han dejado páginas sobre él. Mi disertación de hoy será una exposición harto sumaria y deficiente del sistema de Spinoza; no será una justificación, porque no estoy seguro de compartir esa doctrina, y menos aún una refutación. Pero como esa filosofía tiene algo de inhumano, quiero que mi conferencia sea precedida por algunas palabras sobre el hombre Spinoza, ya que hay -me parece- una suerte de discordia entre la santidad, o casi santidad de su vida, y su doctrina, o mejor dicho, el extraño modo que eligió para la exposición de su sistema filosófico.
Los hechos pueden limitarse, simplificarse. Tenemos, ante todo, el contrate entre la serenidad y la tolerancia de Spinoza y el siglo en el que le tocó vivir, el siglo XVII, época de guerras religiosas, de persecuciones, de intolerancia, de las primeras grandes revoluciones de la Edad Moderna.
Veamos ahora estos hechos. Spinoza -según se sabe- nace en Amsterdam en el año 1634. Se lo considera un judío portugués, aunque se afirma que su lengua materna fue el español. Es posible que sus mayores fueran lo que se llamaba marranos, es decir, judíos obligados a profesar la fe católica pero que guardaban la suya en el judaísmo. El hecho es que la familia de Spinoza emigra de Lisboa, se establece en Amsterdam, Holanda, y ahí él estudia, conoce el español, el portugués, el holandés -naturalmente, ya que Holanda fue su patria y él un fervoroso patriota holandés - el latín, en el cual escribe su obra, el idioma que usa para cartearse con pensadoeres de Alemania, de Inglaterra, de Francia; el hebreo y de algún modo, el francés y el griego.
Spinoza parece haber comprendido muy pronto su vocación de filósofo. Es excomulgado porque afirma que Dios tiene un cuerpo y ese cuerpo es el universo. Para Spinoza cada uno de nosotros es corporalmente, parte del cuerpo de Dios, así como las plantas, los animales, los minareles y los astros. Spinoza es excomulgado; se habla de una tentativa de asesinato. Hay un desventurado episodio amoroso en su vida pero luego comprende que su destino es el pensamiento, o lo que él llamaría el amor intelectual. Porque en Spinoza el amor, el sobrio, lacónico y pudoroso amor, no está lejos nunca. Esto se trasluce a través de los teoremas, de las definiciones, de los axiomas, de los postulados y de los corolarios de su Etica; y también en su correspondencia y en su Tratado Político. Porque a Spinoza le interesaron muchas cosas.
Políticamente, parece haber seguido a Hobbes. Creía en la primacía del Estado sobre la Iglesia, pero debemos recordar -según advierte Bertrand Russell- que escribía en el Estado más tolerante de Europa por aquellos años; escribía en Holanda. Además la tolerancia no ha sido nunca típica de la Iglesia, salvo en épocas en que siente su declinación; en época de poderío, la Iglesia no es tolerante y suele usar como argumento el fuego.
En Spinoza influye, indudablemente, Descartes; influye también, a pesar de alguna presión hostil y desdeñosa, la Cábala. Hay una excelente tradición judía según la cual el hombre de letras no debe vivir de su profesión y así Spinoza se dedica a pulir lentes para los ópticos. Yo creo que este hábito, esta tradición de una artesanía, de un trabajo manual si se quiere y del ejercicio de la inteligencia, son superiores a los que se usa ahora. Ahora lo común es que el escritor sea periodista: puede serlo impunemente. Ahí tenemos el caso de Chesterton, por ejemplo, o el caso de Shaw; pero, en general, ya que ambas profesiones, el periodismo y la literatura usan el mismo instrumento, el lenguaje, es muy común que uno de ellos predomine sobre el otro de un modo perjudicial. En cambio la tradición hebrea de un trabajo del todo ajeno al idioma, al oficio, a la vocación, a la misión de pensar y de escribir, me parece superior. Por eso entiendo que la idea de una sociedad gremial de escritores -idea que yo profesé alguna vez- es una idea fundamentalemente errónea. Un carpintero, por ejemplo, tiene que competir con otros carpinterios, puede pertenecer a un gremio; pero nosotros, los escritores, cómo vamos a competir con el autor del Libro de Job, con Dante, con Shekespeare o con Heine. Es decir, un artesano trabaja con sus contemporáneos, en cambio la literatura es eterna.
Spinoza lleva una vida frugal, aunque mantiene un comercio intelectual vivo con sus contemporáneos. Entre ellos, con el más famoso, Leibniz, que oculta a veces lo que le debe a Spinoza y trata de atenuar su amistad con él. A Spinoza le ofrecen una cátedra de Filosofía en la ilustre Universidad de Heidelberg y la rechaza; rechaza también un ofrecimiento del rey de Francia y lo hace porque cree que cualquiera de esas obligaciones podría coartar su libertad. Prefiere vivir modestamente en Amsterdam y muere a los cuarenta y tres años, tuberculoso. La tuberculosis era entonces incurable en la Haya.
Sus amigos lo querían, hasta sus amigos meramente epistolares: esto es muy importante. No podemos decir que renunció a la felicidad personal; más bien debemos envidiar la suya, porque creo que no hay felicidad mayor que la del ejercicio de la inteligencia, sobre todo cuando ésta es la de un Baruj o Benedicto Spinoza. Sin duda, ese hombre modesto y frugla fue un hombre feliz, de suerte que no debemos compadecerlo.
Spinoza pensó mucho en su libro antes de escribirlo; no me refiero a aquellos tratados en los cuales él se anticipa a lo que se ha llamado "la alta crítica bíblica", porque él niega la antigüedad de ciertos libros bíblicos, de los volúmenes que componen el Pentateuco, por ejemplo, sino a su "Etica" que es su obra principal. He visto una versión inglesa de la obra de Spinoza que se titula "On God", "Sobre Dios", en la cual el editor ha intentado -en lo posible-suprimir el aparato geométrico de la obra del filósofo ya que él tomá como modelo la geometría de Euclides y este libro es de lectura más fácil y aceso más convincente que la "Etica" de Spinoza. El editor, por otra parte, no ha hecho otra cosa que trasponer el orden de las páginas, suprimir las referencias a tal o cual exioma, postulado o definición; frases como "Esto se prueba por el corolario del teorema A" y las letras "Q.E.D." (Quod erat demostrandum: lo que quería demostrar), ya que Spinoza escribiá en latín.
De paso quiero deplorar que el mundo haya perdido, irreparablemente, creo, un idioma internacional como el latín, ya que los que se han fabricado después, el volapuk, el esperanto, etc., son meros juegos. Los mismos inventores los llaman leguas auxiliares y además estudiarlos es como conseguir, no sin dificultad, la posesión de una llave que abre un armario vacío. Si sabemos latín poseesmos una vasta literatura y poseemos una buena parte: las raíces, la raíz de nuestro idioma. Saber latín es acercarse a Virgilio, a Tácito, a Séneca, a Lucano, a los pensadores medioevales y también a Spinoza, que eligió ese idioma. En cambio las lenguas auxiliares que se han inventado son meras cueriosidades filológicas.
Creo que podemos explicar el método geométrico de Spinoza; en primer término debemos reflexionar que las ciencias exactas se basan en las matemáticas, no son empíricas. Para los romanos el símbolo de la imposibilidad, la metáfora de lo imposible, era un cisne negro; la frase figura en algún verso de Horacio, creo. Pero luego se descubrió el continenete de Australia, se comprobó que existían cisnes negros; podemos verlos en estampillas australianas y además la idea de cisne negro, aún antes del descubrimiento de Australia, no correspondía a una imposibilidad para la imaginación; un romano podía imaginar un cisne negro aunque pensara que los cisnes negros no existían. Si un astronauta afirma que ha llegado a un planeta y que en ese planeta hay piedras que piensan, o piedras que vuelan, o piedras capaces de engendrar otras piedras antes de morir, yo puedo creer en su afirmación sin que haya una contradicción lógica en ella. En cambio, si me dicen que en un planeta, por lejano que sea, se ha descubierto una clase de piedras, y que si uno toma tres de sus piedras y les agrega una, obtiene nueve piedras, yo se de antemano que están mintiéndiome, porque para entender que tres y uno son cuatro basta intuirlo; no necesitamos hacer el experimento con piezas de ajedrez, con manzanas, con relojes, con vasos, con lapiceras, con personas. Según Bertrabd Russell, esto corresponde al hecho de que la matemática es una vasta tautología: es decir tres y uno es decir cuatro, de un modo algo más complicado. Sea lo que fuere, las verdades matemáticas se intuyen, no necesitan de la experiencia, ésta no puede contradecirlas y Spinoza, como todo su siglo, como Platón, desde luego, comprendrió que hay algo de vulnerable en las verdades matemáticas. Por eso tomó como ejemplo, como modelo para su libro, la geometría de Euclides. Las definiciones de esa geometría no son empíricas: si decimos, por ejemplo que el punto no ocupa extensión, nos referimos a un punto ideal, ya que un punto, aunque sea trazado por una pluma muy fina, ocupa -esto podemos comprobarlo con la lupa o con el microscopio- alguna extensión. Hablar de una línea que es meramente extensa, corresponde a un concepto intelectual, a la realidad: toda línea es espesa y, si ha sido trazada con tinta sobre un papel, es, sin duda algo más alta que el papel. Suele darse el ejemplo de la sombra. Se dice que una sombra que proyectamos es meramente plana, pero esto es falso, ya que hablar de la sombra es hacerlo de una parte de una superficie no iluminada. La sombra en sí no existe; es decir, no hay una, dos o tres dimensiones. De hecho hay tres: todo objeto es macizo. Sin embargo, partiendo de estos conceptos, del punto, de la línea formada por un número infinito de puntos, de la superficies, como barajas infinitamente finas puestas unas sobre otras, partiendo de estas definiciones llegamos a una geometría cabal, aunque en el mundo no exista un círculo perfecto, es decir, un círculo en el cual, cada uno de los puntos equidiste del centro. Esa sería una de las razones por las cuales Spinoza eligió escribir su libro de esa manera, pero sin duda no usó ese procedimiento personalmente, sino que lo concibió primero bajo el influjo de Descartes y, quizá, bajo el influjo de la Cábala. Concibió su sistema y luego usó el método geométrico como expositivo. Hay una razón, también, y es que las matemáticas se confunden con la lógica y, para Spinoza, el universo era fundamental, esencialmente, lógico y, por lo tanto, capaz de ser explicado lógicamente, como se enseña la geometría, y como podrían explicarse la aritmética y el álgebra también. Aquí tenemos dos razones para explicar -no sé si para justificar- el hecho muy extraño de una obra de filosofía redactada como si fuera un manual de geometría eudlidiana.
Dice Froude que la obra de Spinoza -como todas las filosofías- se dirige en primer término a la imaginación, no a la razón, y creo que a través de la deliberada aridez del filósofo sentimos una imaginación muy poderosa. En Inglaterra, después de su muerte, surgió la palabra "panteísmo" que significa que todo es Dios. Novalis, en una sentencia famosa dejó escrito: "Spinoza ist ein gott - trunkener Mensch" - "Spinoza es un hombre ebrio de Dios", pero, la palabra ebriedad sugiere algo que no condice con la serenidad de Spinoza; es la bella frase de un gran poeta romántico con Novalis, pero, no se ajusta a Spinoza.
Dice Spinoza que para fabricar cualquier instrumento son necesarios otros y que de esa menera podríamos pensar que es imposible fabricar, digamos, un martillo (no hablaré de instrumentos modernos, más complejos), ya que para fabricar un martillo se requieren otros instrumentos, y éstos, a su vez, requieren otros instrumentos, y así corremos el riesgo de proceder en infinita sucesión. Pero Spinoza agrega que hay algunas nociones esenciales de las cuales pueden derivarse todas las otras y que los filósofos se han equivocado porque no han empezado por esas nociones esenciales, por esos primeros instrumentos que sirven para fabricar otros, y luego éstos para otros, ya que el martillo, por ejemplo, puede servir para fabricar espadas, etc. Por eso, él empieza por definiciones empecemos por la más ardua de todas la que aceptamos con más dicicultad: la idea de Dios como substancia -aquí substancia debe entenderse etimológicamente, es lo que está debajo de las otras cosas - de Dios como substancia infinita, y luego Spinoza la define como aquella que es causa de sí misma o, para repetir sus propias palabras: "aquella cuya esencia comporta la existencia". Esto es lo que se llama en teología "el argumento ontológico". Creo que la usa San Anselmo, de esta manera: pide al interlocutor que se imagine, que conciba un ser perfecto, es decir, un ser omnisciente, todopoderoso, que recuerda todo el pasado, que prevé el porvenir, etc.; es decir Dios, según la definición de los teólogos. Luego pregunta al interlocutor si ese ser perfecto existe; el interlocutor contesta que no sabe entonces San Anselmo le dice: "tú te has comprometido a concebir un ser perfecto, un ser que sea el mismo que has concebido pero que además existe". Así se supone que está probada la existencia de Dios. Hegel lleva este argumento a lo absurdo. Pide a su imaginario interlocutor que se imagine lo más deleznable, una hormiga, que podemos niquilar de un pisotón y luego dice: "si una hormiga, una deleznable hormiga logra existir, cómo no va a lograrlo Dios que es todopoderoso, omnisciente, etc.". En primer momento, desde luego, parece una especie de broma porque decir que la hormiga logra existir, es suponer una hormiga anterior a la voluntad de existir y además se trata, precisamente, de probar si Dios existe o no. Pero Spinoza cree en este argumento. Afirma que, por definición, es decir, por mera estructura verbal hay una substancia que "Causa sui", causa de sí misma, y esa substancia infinita es Dios. Siendo Dios infinito consta de atributos infinitos; así como en un círculo cualquiera tenemos un número infinito de puntos. Dice Spinoza que nosotros conocemos dos de los modos infinitos de la divinidad y que esos modos son el pensamiento y la extensión. También podríamos decir -creo, en todo caso, para los propósitos de una conferencia esto es suficientemente riguroso- en lugar de pensamiento y extensión, tiempo y espacio. Nosotros vivimos en el tiempo y en el espacio. Hay algo que se ha llamado "el paralelismo psicofísico". En general se piensa, por ejemplo, que estamos tan tristes que lloramos, pero William James dijo que también podríamos afirmar que estamos tan tristes porque lloramos; es decir, los dos procesos pueden ser estrictamente contemporáneos. Sentimos tristeza y sentimos correr una lágrima. Lo primero corresponde, evidentemente, al pensamiento, al tiempo, y lo segundo corresponde al espacio; éstos son dos de los atributos de Dios. Lo que estamos viviendo en este momento, ustedes escuchándome, yo tratando de exponer la doctrina de Spinoza, todo esto es parte de la mente de Dios, que es el único ser que existe. Todo lo demás: el vasto universo, la acaso infinita sucesión del tiempo, todos éstos son atributos de Dios, partes de Dios. Pero aquí empieza lo maravillosos, lo estrictamente nuevo, creo, de la filosofía de Spinoza.
Ya la idea de que todo es Dios era una idea antigua; hay un verso de Virgilio que dice "Omnia sunt plena lovis", es decir, todas las cosas están llenas de Dios. Spinoza va más lejos aún porque dice que todas las cosas son, a su modo, partes de Dios: las cosas materiales y nosotros. Pero nosotros vivimos en el espacio, en nuestros cuerpos que son una porción del espacio, y vivimos también en nuestra conciencia que, de un modo inconcebible, siendo una, perdura a lo largo del tiempo. Yo pienso en mi niñez y es como pensar en un extraño, y sin embargo, sé que yo he sido ese niño, sé que las memorias que tengo de ese niño son memorias personales. Esta identificación de Dios con el Universo no agota, desde luego, la filosofía de Spinoza ya que la encontramos entre los griegos, entre los hindúes, entre otros pensadores anteriores a él.
Lo que sí es nuevo en Spinoza es la idea de que Dios posee, además de ser, todo el tiempo, todas las vicisitudes del tiempo, todos los hechos, sueños y entre sueños del tiempo; además de ser, el espacio y las circunstancias más mínimas del espacio, lo que puede descubrir un microscopio en una gota de agua y además las galaxias y los planetas. Spinoza cree que Dios existe, además, de un número infinito de otras maneras y esto va más allá de la imaginación de los hombres, esto es una suerte de prodigio y lo ilustraré con un ejemplo: resuelvo levantar el brazo, en este momento lo levanto, tengo conciencia de que está levantado; esto ocurre en el tiempo, en el pensamiento, diría Spinoza. Ocurre también en el espacio, ya que mi brazo estaba antes aquí, y ahora aquí, más arriba, vertical; pero al mismo tiempo, según Spinoza, ocurren en Dios un núimero infinito de otras cosas. Es decir que, cuando ejecuto un movimiento cualquiera, cuando siento algo y obro de alguna manera, están ocurriendo infinitas cosas en la mente de Dios. Esas cosas son inconcebibles, ya que esos infinitos modos o atributos de Dios son adjetivos si los comparamos con el único sustantivo divino, con Dios. Están ocurriendo infinitas cosas y no podemos imaginarlas, ya que nosotros todo lo imaginamos bajo la especie del tiempo o bajo la del espacio. Pensamos, pues, en Dios como en una circunferencia infinita; en esa circunferencia hay, como he dicho, un número infinito de radios, pero sólo conocemos dos de ellos, que son el espacio y el tiempo. Queda un número infinito, el infinito menos dos, es decir, el infinito de hechos que no conocemos. Nosotros vivimos y morimos y somos una parte ínfima de la infinita divinidad. Esto es, ciertamente, una invención o un descubrimiento de Baruj Spinoza. Se creía que los teólogos medioevales habían llevado la idea de Dios a su máxima riquea al afirmarlo Todopoderoso, Omnisciente, etc., mas para Spinoza esto es mínimo: Dios es inconcebible, es inconcebiblemente rico e inconcebiblemente infinito. Al decir infinito no quiero decir muy numeroso sino estrictamente infinito.
En las matemáticas de Georg Cantor, un número transfinito es aquel en el cual las partes no son menores que el todo; esto lo ilustra Cantor con tres series infinitas. La primera sería la de todos los números; empezamos por el uno, contamos dos, tres, cuatro y nosotros y todas las generaciones futuras, morirán antes de llegar al fin de la serie. Ahora tomemos una Segunda serie infinita. Esa Segunda serie sería -lo digo del modo más simple- la de los números impares: uno, tres, cinco, siete, nueve, once, etc... y esa serie, que es la mitad de la serie anterior -ya que excluye a los números menos mil millones de millones, digamos, y lo que queda es también infinito y así veía Spinoza a su divinidad, como estrictamente infinita.
Veamos ahora otros puntos de la Etica de Spinoza. ¿Qué piensa del hombre? Piensa que el hombre debe amar a Dios, pero Dios, para él, se confunde con la naturaleza. Por eso usa como sinónimo a Dios y a la naturaleza. "Deus sive natura" (Dios, o la naturaleza). Son lo mismo, salvo que la naturaleza es uno de los atributos de Dios, no los otros, que son infinitos como he dicho.
El hombre debe amar a Dios con amor intelectual, es decir, debe amar el orden del universo, lo que se ha llamado "amor fatí", el amor del destino. Cada uno debe amar a su propio destino; no importa que éste sea desdichado, es parte del Universo, del perfecto universo de Dios. Debemos amar, si no podemos todo lo que queremos, debemos querer lo que podemos.
Dice Spinoza que debemos amar a Dios sin esperanza alguna de ser amados por él. Goethe veía en esto un ejemplo de abnegación, pero realmente no procede de abnegación, sino del concepto de la divinidad que tenía Spinoza. Nuestro destino individual no le importa a Dios. Es lo contrario, digamos de Miguel de Unamuno que decía que Dios es, ante todo, el productor de inmortalidad y Spinoza no le importaba el hombre; Baruj Spinoza, que vivió cuarenta y tres años en Holanda, donde moriría, escribió, sin embargo: "Sentimos que somos inmortales, pero somos inmortales no como individuos, ya que como individuos somos meros adjetivos de Dios, sino inmortales como parte de la divina inmortalidad".
Luego habla de las emociones: cree que Dios es capaz de emociones y que el hombre lo es también. No nos condena, pero condena las pasiones ya que éstas nos dominan. Es muy extraño lo que Spinoza condena: empieza condenando el temor y la esperanza. El argumento que da Spinoza es que el tiempo es irreal; sólo es real la eternidad; lo demás es adjetivo y el temor y la esperanza se refieren al porvenir. Además son ansiedades, inquietudes y Spinoza -como los estoicos- desea, ante todo, la serenidad.
Recuerdo ahora una suerte de broma de Bernard Shaw. En la puerta del infierno dantesco hay una inscripción que dice: "Lasciate ogni speranza voi ch'entrate". Esto ha sido interpretado, en general, como una amenaza de la divinidad, ya que luego se dice "Per me si va nella città dolente, / per me si va nell'eterno dolore, / per me si va tra la perduta gente". Pero Bernard Shaw dice que esto ha sido escrito para consolar a los réprobos. Cuando leen: "abandonad toda esperanza, vosotros que entráis aquí", lo que Dios ha querido es consolarlos. Desde el momento que están en el infierno ya no puede ocurrirles nada peor. ¿Qué es la esperanza? -dice Shaw-. Una forma de responsabilidad moral. No creo que Spinoza los entendiera así, pero está de acuerdo en condenarla. También la condena el gran poeta español de origen judío, Fray Luis de León, cuando dice "vivir quiero conmigo" y luego desea vivir "libre de amor, de celo, de odio, de esperanza, de recelo". Libre de esperanza, también porque la esperanza es una forma de intranquilidad. Spinoza condena -y esto es una absoluta invención o descubrimiento suyo- el arrepentimiento, el remordimiento. Dice que un hombre puede obrar mal, pero que arrepentirse luego de haberlo hecho, es agregar una tristeza. Habría dos estados condenables en él: primero, la ejecución de la culpa, y luego, el arrepentirse de ella, el entristecerse por la culpa pasada, cometida en el tiempo, que es irreal. Todo esto nos lleva al optimismo de Spinoza, más profundo que el de Leibniz, que hablá del mejor de los mundos posibles.
Los filósofos han dicho que la filosofía es la meditación de la muerte. Es lo que dicen los existencialistas actuales, desde Kierkegaad hasta los más recientes. Pero Spinoza, con grave y serena felicidad, dice que la filosofía es la meditación de la vida, no la meditación de la muerte. Condena el odio, condena también el amor, cuando éste no es una emoción sino una pasión que nos domina. En cuanto al libre albedrío, Spinoza no lo niega; cree que somos libres cuando obramos según nuestra inclinación; pero cree, al mismo tiempo, que todo estó predestinado en el mundo. Uno de sus amigos, el secretario de la Sociedad Rural de Londres, vio una contradición en ello y entonces Spinoza le aclará este problema tan difícil en una carta. En primer término le dijo que el mal no existe porque es negativo. Luego dijo que cada cosa quiere persistir en su ser: la piedra quiere ser siempre una piedra, el tigre quiere ser un tigre. Spinoza agrega el ejemplo de una piedra que cae desde un alto promontorio y dice que si la piedra pudiera pensar en ese momento, pensaría: "estoy cayendo porque quiero", y que en esa conciencia estriba nuestro libre albedrío.
Nuestros actos son fatales: ya no sé por ejemplo, si ahora dejaré la mano en el aire o si la pondré sobre la mesa, pero al ponerla he tenido la convicción de mi libre albedrío, que no hay otro, según Spinoza. Y con esto no concluyo: simplemente espero haber dado un bosquejo, y, sobre todo, un estímulo para un estudio, desde luego, mucho más profundo que el mío.

(Fotografía: puyazo genial de Borges a los futboleros.)

3 comentarios:

  1. Anónimo10.6.06

    Coral, franquéate, a quien va dirigido ese puyazo?

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  2. eso deberás preguntárselo a Borges, estimado anónimo.

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  3. Anónimo31.10.12

    Hola Victor, una pregunta: este es el texto que Borges pronunció en la Escuela freudiana de psicoanálisis? (hasta ahora no he podido encontrar ese texto en internet). Y también una nota: cuando Borges cita a Spinoza "sentimos que somos inmortales" (NB: en realidad Spinoza escribe "sentimos y experimentamos que somos eternos", E, V, 23, escolio), me parece que la cita debiera terminar después de inmortales, y que el resto (lo de que somos meros adjetivos de Dios) es una explicación de Borges (si efectivamente Borges es el autor).
    En todo caso, gracias por el texto.
    Saludos, Vicente.

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