8.6.06


Guardianes de la intimidad

Posteo aquí la reseña abridora de Revista de libros, cuyo segundo número saldrá a fines de junio.


La llamada next generation, un grupo de narradores norteamericanos entre 30 y 40 años, se ha consolidado en el espectro narrativo internacional. A las exitosas publicaciones en castellano y otros idiomas de novelas y libros de relatos de Jonathan Franzen, David Foster Wallace, Chuck Palahniuk y Jonathan Lethem, podemos (debemos) sumar ahora la obra de Dave Eggers.
Este último es, en palabras del traductor y crítico literario español Juan Trejo Álvarez, “el integrante más sorprendente y secreto del grupo”, y un editor creativo hasta la excentricidad, de la revista que ha sido caballito de batalla de estos novísimos escritores estadounidenses: McSweeney’s.
Guardianes de la intimidad (Mondadori, 2006) es el tercer libro de Eggers, luego de un debut en castellano casi delirante con Una historia conmovedora, asombrosa y genial (2002), suerte de autobiografía deconstruida y posmoderna que caló ondo en su momento.
El autor ha moderado su vanguardismo en esta entrega. Ha entendido perfectamente que lo principal es contar una historia creíble antes que mostrar su estilo o exhibirse como una personalidad imaginativa y extravagante. Los relatos de este libro, sin abandonar el gusto por los personajes extraños, casi marginales, en algunos casos, y en otros muy modernos y enganchados con la (pos)modernidad, mantienen un perfil en gran medida convencional, salvo unas páginas en blanco o un par de cuentos súbitos que no alcanzan para quitarle al conjunto la voluntad de querer ser el gran libro de cuentos de su generación. Y tal vez lo haya logrado.

Cuento x cuento

En “Otra” asistimos a un choque cultural y al redescubrimiento de la vida auténtica y “exótica” de la mano de un hombre que viaja a Egipto de vacaciones pero termina sosteniendo una reveladora competencia de montar caballo con un personaje local.
En “El único significado del agua oleosa”, dos norteamericanos promedio, hombre y mujer cada uno con historia sentimental detrás, coinciden en un viaje a Costa Rica donde el body surf les sirve de elemento catalizador de una nueva mirada sobre sus vidas insatisfechas, desapacibles y sin embargo “íntegras”. El cuento insinúa lejanamente la necesidad de lo trascendente en estos personajes.
“Trepar a la ventana fingiendo bailar” es mi cuento preferido. La historia de un suicida frustrado y su primo, un tipo con las cosas resueltas, pragmático, que de pronto encuentra, a partir de una relación fugaz con una prostituta y de la reflexión sobre su existencia, que no es muy distinto a su primo autodestructivo, y que tal vez podría actuar de manera destructiva él mismo y que en el fondo lo desea.
Otro cuento clave, extenso como el inmediatamente antes citado, es “Montaña arriba, en lento descenso”, donde una mujer que oscila entre la seguridad y el desconcierto en todo momento, emprende el ascenso a la cima del monte Kibo en Tazmania, solo para descubrir, otra vez, la extrañeza que le causa la gente, la vida distinta a la suya y la naturaleza indómita.
El cuento que cierra el volumen, “Después de que me lanzaran al río y antes de ahogarme”, es un tour de force con notables logros y algunas debilidades, en el que la voz narrativa es cedida a un perro que ha sido muerto ahogado y que cuenta su historia desde una suerte de paraíso terrenal: “Debo decir que aquí es más o menos igual que allí (…) cuando me despierto puedo seguir caminando y nunca echo de menos el punto de partida y no tengo hogar”.

En una reseña publicada en El País, el novelista Marcos Giralt Torrente (París, Anagrama, 1999) señala adusto que si bien los cuentos de Guardianes de la intimidad resultan eficaces “señalando cierto vértigo universal”, su mayor objeción es que “acaban por resultar algo repetitivos”.
Aquí debemos hacer una justa precisión. Si los relatos de este libro pueden sonar para algunos repetitivos es porque buscan reflejar el sinsetido de la vida contemporánea, esa búsqueda apática –desde la sociedad del consumo y la completud (pero no plenitud)– de una trascendencia o una respuesta al absurdo de la existencia. Esa respueta con frecuencia se traviste de ecologismo, de amor por los animales, de viajes a todas partes y a ninguna, de soledad irredenta y estupendamente expresada por Dave Eggers en este su mejor libro.

(Imagen: Dave Eggers en conocido programa de la TV norteamericana)





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