15.6.06


Mariátegui Unplugged (fragmentos)

Mi amigo y colaborador ocasional David Abanto me hace llegar un artículo publicado en Quehacer el 2004 por Marcel Velázquez. Pego aquí algunas partes esenciales del largo comentario a la obra de José Carlos Mariátegui.


La figura de Mariátegui es una mercancía cuya intensa y prolongada circulación en el mercado de las ideas le ha asignado diversos valores de uso capaces de satisfacer las necesidades de los consumidores más diversos. Desde el camaleón Ravines hasta el epicúreo Abimael Guzmán, desde el modesto estudiante de universidad pública hasta el sofisticado intelectual extranjero, desde la tradición académica del pensamiento crítico hasta el discurso político de viejas y recicladas organizaciones de izquierda, todos desean arrogarse una relación genealógica con él.
El múltiple afán de alcanzar este objeto de deseo revela la constelación de sentidos que albergan sus textos, las varias claves que rigen y estructuran su trayectoria vital, pero sobre todo el capital simbólico asociado a su figura en nuestra tradición cultural. Por ello, la pregunta ¿quién es Mariátegui? ha perdido todo sentido porque ya es imposible una lectura prístina y las respuestas más frecuentes (marxista heterodoxo, sujeto moderno escindido, ensayista creativo, héroe cultural, político comunista, etcétera) solo adquieren validez en determinados marcos discursivos y bajo ciertas condiciones pragmáticas.
Explorar el legado de Mariátegui es indagar desde/sobre un mar de falsificaciones, implícitos y maquillajes conceptuales. Asumiendo como premisa lo anteriormente planteado, comentaremos tres problemáticas asociadas: (i) el intelectual como héroe político, (ii) Amauta como sociedad imaginada y (iii) el proceso de la literatura peruana.

El proceso de la literatura peruana

«El proceso de la literatura» es considerado por varios especialistas como el texto fundador del canon crítico nacional, y muchas de sus ideas y planteamientos siguen repitiéndose sin someterlos a un análisis serio. En este apartado quiero comentar cuatro zonas conflictivas de dicho texto.

1) Una flagrante deficiencia que presenta este ensayo es la identificación entre escritura y literatura. El texto concibe a la literatura oral no como una manifestación autotélica sino como un período previo e inferior de la literatura escrita. Los poemas orales, las leyendas y las representaciones dramáticas prehispánicas son considerados formas embrionarias de literatura porque predomina una concepción positivista que califica la cultura oral como un antecedente de la cultura escrita y no se admite la posibilidad de la coexistencia e hibridación, que es justamente la característica central de las literaturas andinas. Esta concepción era ya anacrónica para su época; varios años antes, Adolfo Vienrich había recopilado textos orales andinos en Azucenas quechuas (1904) y demostrado la vitalidad de esa literatura.

Más adelante, encontramos una identificación entre lengua y literatura. Esta asociación de cuño romántico es clave en la intencionalidad pragmática del texto que pretende contribuir a la creación de una literatura nacional. «La lengua castellana [...] es el lenguaje literario y el instrumento intelectual de esta nacionalidad cuyo trabajo de definición aún no ha concluido» (p. 235). Esta filiación se contradice abiertamente con sus llamados a una literatura que se alimente de la veta autóctona. El corolario de la argumentación del Amauta nos conduciría a una literatura indígena, autóctona y nacionalista, escrita en español.

2) Mariátegui considera que el costumbrismo de Pardo es una manifestación del ciclo colonial de nuestra literatura, un colonialismo supérstite que se alimenta de los residuos espirituales y materiales de la Colonia (p. 240).

La figura literaria de Pardo está asociada a la crisis de la ciudad letrada en la Lima del XIX y sus textos literarios deben ser estudiados como metáforas de la nación imaginada y deseada por la élite culta y educada de la época. Pardo se ajusta en líneas generales a la categoría de letrado descrita por Rama y eso explicaría el empleo del lenguaje a través de la palabra escrita con funciones redentoras derivadas de la autopercepción de pertenecer a una clase ilustrada y educada para dirigir la res pública. Pardo es el último letrado, pero el primer escritor nacional republicano.

Los textos literarios de Pardo (Frutos de la Educación, «El Paseo de Amancaes» y «Constitución Política» entre otros) constituyen la compleja formalización de las primeras metáforas republicanas de la nación y la sociedad peruana; en ellos tenemos una adecuada representación simbólica de los años turbulentos de la primera mitad del siglo XIX.

3) El capítulo IX de este ensayo está dedicado a Riva-Agüero y la Generación del Novecientos. Mariátegui sostiene que ellos son «un momento de restauración del pensamiento colonialista y civilista en el pensamiento y la literatura del Perú» (p. 275). Considera que el líder de la generación es Riva-Agüero y que consiguieron retomar el control del campo literario porque el grupo radical de González Prada había perdido su cohesión y fuerza. Esta generación está caracterizada por un positivismo conservador y una vocación académica universitaria que se legitima en el pasado.

Consideramos que la Generación del Novecientos fue nuestro primer grupo de intelectuales modernos, pero ellos cumplieron tareas tradicionales que debieron corresponder a los positivistas letrados decimonónicos: la creación de un pasado cultural e histórico y el establecimiento de las bases de nuestra historia literaria; es decir, las primeras reflexiones orgánicas sobre la identidad y la búsqueda de un Estado nacional. No reconocer la importancia de la Generación del Novecientos fue un grave error cuya repercusión principal ha sido alimentar el ocio intelectual de muchos estudiosos de la literatura, quienes amparándose en los anatemas de Mariátegui eluden la lectura de aquellos textos fundacionales.

El Perú de Mariátegui ya no existe; sin embargo, el eco de su fuga todavía queda resonando en nuestra nostalgia. Hoy, la visión de Mariátegui es insuficiente; sin embargo, su desafío late incrustado en el centro de nuestras esperanzas.

4) Mariátegui quiere deslegitimar la figura del mestizo histórico como síntesis cultural del país. Para ello descalifica los aportes de dos comunidades étnicas subordinadas. En la costa, el mestizo está contaminado por la influencia de dos culturas inferiores. En una clara lección de racismo positivista que ya en esa época era obsoleto, sostiene que «el chino [...] parece haber inoculado en su descendencia, el fatalismo, la apatía, las taras del Oriente decrépito». Los acusa de haber impulsado el juego y el opio entre los costeños (p. 341). Una representación plagada de prejuicios y tópicos que delatan la mentalidad tradicional del crítico revolucionario.

Por otro lado, sostiene el Amauta que el aporte del negro es nulo y negativo. El negro trajo su sensualidad, su superstición, su primitivismo. Por ello, «no estaba en condiciones de contribuir a la creación de una cultura sino más bien de estorbarla con el crudo y viviente influjo de su barbarie» (p. 342).

Mariátegui está implícitamente proponiendo un genocidio cultural: la desaparición del otro porque no es capaz de comprender la posición y la singular cosmovisión de los afroperuanos. Están operando las viejas configuraciones del sujeto esclavista en el texto mariateguista: representar al afroperuano como un ser ausente de racionalidad y que posee una sobredimensión sexual es un tópico que atraviesa toda nuestra historia. Se sigue produciendo sentidos con la vieja dicotomía civilización/barbarie, y se adscribe la cultura negra y china al polo subalterno de la relación.

En la lectura del Amauta, la literatura nacional aparece configurada como un horizonte de deseo, pero no es más que deseos sin horizontes. Para utilizar las mismas categorías que Mariátegui: en el Perú, la literatura colonial creó espacios nacionales y cosmopolitas, la literatura cosmopolita creó nuevas formas de colonización y nacionalidades virtuales, la literatura nacional es ahora una utopía anacrónica en un mundo de culturas desterritorializadas, memorias colonizadas, imaginaciones domesticadas, exacerbación de diferencias y comunidades virtuales.

¿Good bye, Amauta?


Las más valiosas ideas de Mariátegui sobre la literatura peruana no se desarrollaron cuando la sociedad y la cultura lo requerían, y cuando se produjo el desarrollo ya era demasiado tarde: la sociedad y la cultura habían cambiado drásticamente. Explorando solo las tres variables desarrolladas, percibimos que la vigencia de Mariátegui radica, principalmente, en la construcción de un ideal de intelectual crítico moderno que crea una estructura cultural como Amauta desde donde se piensa e imagina una comunidad escindida entre los fantasmas coloniales, los monstruos republicanos y los cantos de sirena de la modernidad periférica.
El Perú de Mariátegui ya no existe; sin embargo, el eco de su fuga todavía queda resonando en nuestra nostalgia. Hoy, la visión de Mariátegui es insuficiente; sin embargo, su desafío late incrustado en el centro de nuestras esperanzas.

[Fotografía: Velásquez detrás de una de sus máscaras]

13 comentarios:

  1. Anónimo15.6.06

    ¿El epicureo Abimael Guzmán? Explicación, por favor.

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  2. Anónimo15.6.06

    qué cosa, quién es marcelino para meterse con un grande de nuestras letras, faltaba más, la obra del pequeñín mariátegui es revisada y consultada hasta el día de hoy, su pensamiento sigue activo, en fin, nunca faltan estos chiquillos poseritos que anhelan ganarse un nombre cuestionando lo incuestionable, faltaba más, puffff
    ruben de valdivia

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  3. Digamosle que José Carlos Mariátegui es uno de los escritores peruanos mas revolucionarios de toda la historia republicana. Si bien es cierto que su modelo "como tal" no funciona en la sociedad Peruana actual, existen muchas cosas que todavia se pueden recoger.

    Escribo estas líneas tratando de ser lo mas objetivo posible.

    Alejandro Celi Mariátegui
    sobrino-nieto
    http://alexceli.org/blog

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  4. Anónimo15.6.06

    jajajajaj Marcel velazques. Jajajajaja. PLOP! Marcel velazques. Quién se cree!! JAJAJAJA

    Diego Lazarte

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  5. Yo creo que el Perú en general le deb mucho al Amauta...

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  6. completamente de acuerdo con Erika y "alexceli". En cuanto al que dice ser Diego Lazarte, bien haría en publicar ideas en lugar de risas forzadas.

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  7. Anónimo15.6.06

    Velázquez dice en su texto: "Explorar el legado de Mariátegui es indagar desde/sobre un mar de falsificaciones, implícitos y maquillajes conceptuales".

    Nos preguntamos con qué cara (o con qué máscara) el profesor se hace esa pregunta insolente cuando él mismo disfraza, maquilla y traviste su pensamiento al ocultarse bajo la firma de La Vaca Profana.


    sanmarquino digno

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  8. Anónimo15.6.06

    jajajajaj, lo de velazquez es un oportunismo, sus declaraciones en contra del amauta obedecen a un arribismo de clase que a una convicción académica, y en esto está también la política, aunque él no lo quiera aceptar, y así se entiende el por que velazquez no para de hacerle la patería al señor mirko lauer, quien aplaude los exabruptos del joven ensayista porque así se empieza a arrimar al amauta y colocar a como de lugar en primer plano la figura de haya de la torre, que pena me da velazquez, dónde quedó ese humilde muchacho, eso ocurre cuando de la nada se empieza a ganar dinero, y no esta mal ganar dinero, pero muchas veces por querer ser aceptado en círculos a los que jamás se pensó entrar se cometen semejantes atentados contra las convicciones primigenias, en mi memoria de contempo de velazquez guardo aquellos momentos en los que compratíamos un platito de higado con yuca que comíamos con mucha fruición fuera de san marcos, entre universitaria y venezuela
    emiliano de la peña huamán

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  9. o sea que el pensamienta del Amauta José Carlos es intocable y será vigente por los siglos de los siglos? No me parece. Todo cambia, decía Marx. El pensamiento social también cambia entonces, hay cosas que permanecen y cosas que quedan superadas.

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  10. Jajajaja. Pero no se trata de eso. Deberían leer algo de Johansen Verghan (no pierdan el tiempo gogleando, vayan a la biblioteca de sicología de sus universidades) "Sobre el Psicoperspectivismo de los Tiempos en las Apreciaciones Culturales de Movimiento Continuo" y no hablar tantas cojudeces. Y lo de Marcel... me asombra, sabiendo que es tan inteligente, bueno, eso hasta ahora, que ya veo cuán grande es su necesidad de fig... En fin.
    Marcel inicia su artículo planteando la construcción de significados en base al lexicón de los sujetos decodificadores y que se apropian del discurso de Mariátegui en función de sus necesidades. Hasta ahi no hay sopresa ni novedad. Bien. Pero luego asume la posición de observador metacognicionante del discurso de Mariategui, especificamente con el relacionado a "El proceso de la literatura peruana" y le encuentra DEFICIENCIAS. Plop. Esto es para pelarse de risa. Es la misma carencia que se le criticaba a Paolo de Lima en su último ensayo.

    Deberían ser más cuidadosos en armar sus discursos o establecer un marco teórico consistente al cuerpo de sus planteamientos.

    Es como... Mmmmm. Para ponerlo en claro y sencillito (para escolares de primaria como Astrid): escribir sobre las "inconsistencias" de un pensador de un determinado tiempo (ya pasado) por parte de un crítico (marcel)y presentar sus falencias discursivas
    es a
    escribir "Abril rojo", presentarla como un thriller, una novela irónica, etc, y luego pretender que se tomen los comentarios del autor sobre lo ocurrido en Ayacucho y en el Perú, en los años de violencia política, "seriamente".

    Bueno, un abrazo a ti Vico.
    estoy leyendo con entusiasmo tu novela.

    Luego postearé mis comentarios

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  11. Anónimo16.6.06

    Que se sepa nadie ha pretendido tomar "seriamente" lo dicho por Santiago sobre la violencia política, más aun si sabemos que aquellas declaraciones fueron dadas en el contexto de una gira promocional del libro y en presentaciones de Abril rojo.
    Lo que se ha hecho, injustamente, es exigirle marcas narrativas y "valores" de novela histórica y política a un simple thriller bien escrito.
    En cuanto al ajuste de cuentas de Velázquez con Mariátegui, siempre el prestigio intelectual del autor de Siete ensayos... jugará en contra de quien quiera poner en cuestión sus "verdades".
    En mi opinión, Marcel yerra en la forma, algo desbocada, en que cuestiona las ideas sobre el proceso literario peruano del Amauta; eso, por supuesto, no niega la validez de sus críticas en términos de contenido.
    Debo coincidir con mi hermano "malcolm x" en el facilismo efectista de la posición epistemológica de Velázquez, pero su ensayo no es para nada tautológico y no tiene nada que ver con los tumbos críticos del blogger nombrado.

    Martin Luther

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  12. Ja, Martín. La verdad que eres bien pataza de Marcel. Ja, pero stá bien! Defender a los amigos de chupeta no tiene nada malo.
    A ver si nos reunimos con San Pedro para hacer unas chelas e ir a Calcuta (cucar...) a buscar a María Teresa. Como antes, antes de la abstinencia ¿te acuerdas?

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  13. Rogamos a los comentaristas ceñir sus comentarios al tema del post. Hay otros espacios para
    (re)conocer gente.

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