26.8.06


Capote al desnudo y en Lima

Un Capote desatado, tierno, violento, frágil y profundamente confiado en sí mismo es el que nos entrega, con algún retraso, Un placer fugaz (Lumen, 2006), correspondencia publicada hace varios meses y que tengo hoy al alcance gracias a Ibero de nuevo.

"Como sabrás, mi apellido ya no es Persons sino Capote, y me gustaría que en el futuro te dirigieras a mí como Truman Capote, ya que todo el mundo me llama así". Así se muestra el autor de A sangre fría en su primera carta, y en las demás deja ver más entresedas de su contradictoria personalidad.

En el prólogo, un irreverente editor afirma que en el libro aparece un “jovencísimo Capote casi infantil en su exuberancia y optimismo, que en los meses que siguieron al final de la Segunda Guerra Mundial se zambulló en las turbias aguas de la escena literaria neoyorquina. Después viene el Capote apagado -aunque solo levemente- de los años cincuenta".

Recomiendo vivamente la lectura de este otro Capote, pues alumbrará sobre la naturaleza muchas veces caprichosa, oscilante, onanista y narcisista hasta el ridículo de muchos narradores. Me eximo si toco a alguien con esto último y subrayo el privilegio de tener este libro en las manos , antes que cualquier otro medio local. Imperdible.

(Portada)

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