4.8.06


El no-lugar en la poesía de Carlos López Degregori (I)


Miguel Ángel Malpartida


Cómo definir el no-lugar sin apelar a plantear alguna direccionalidad que nos esta dada de antemano, alguna huella que no nos deja adentrarnos en la imagen de una realidad totalmente resuelta y pendiente de cálculo, donde las líneas de tiempo y espacio conforman cuadrantes estables, siempre reconocibles por los fenómenos que constantemente nos abarcan, delimitando la percepción, la extensión de un brazo que puede palpar la realidad.
Sólo se me ocurre un espacio en el cual la irrealidad cumpla con una función estética y menos preocupante, mucho más significativa en la producción de imágenes que en la confirmación de verdades. La poesía podrá hacer escala en la irrealidad definida como perdida acordada de un status, para la adopción de otro en constante desplazamiento.

Mi acercamiento a la poesía de Carlos López Degregori, tratará de encontrar marcas reconocibles de su poética para elaborar algún sistema de señales que me permita describir el proceso de construcción del no-lugar, como estética de permanente huida de la realidad, en base al análisis de imágenes constantes y construcción de sujetos recurrentes, relacionados a los temas de la fantasmagoría y la muerte, manifestadas en el encuentro sobrenatural circunscrito al no lugar, de la desaparición de lo material para el posible nombramiento de lo discursivo. El análisis pondrá especial énfasis en el intervalo que abarca “Cielo Forzado”, “El amor rudimentario”, “A quien debemos temer”, “Sobre el brillor todavía de”, “Siempre es al sur”; hasta lo que consideramos la condensación temática mas importante del análisis, en dos secciones de “Aquí descansa nadie”: Nuestra Señora de los lobos y Aquí descansa nadie.

Ámbitos del no lugar entre lo fantasmagórico y la muerte

A continuación analizaremos los tópicos que evidenciarán un sistema identificable y propio de ser interpretado. Estos tópicos son imágenes alegóricas y funciones de la obra del poeta, en constante juego intertextual. La imagen de la casa en la sombra, lo fantasmagórico, las conversiones / funciones de la muerte, y el encuentro nupcial.

El espacio de la casa (como semiósfera), destaca en la poesía de López Degregori, no como un espacio constitutivo, sino más bien como un espacio de dispersión. No es un recuerdo proyectado hacia la materialidad, sino que es vivida desde tipos de percepción y procesamiento que deshumanizan al locutor, otorgándole otra forma discursiva en pleno juego de la posibilidad de existencia, en relación con la imagen del autor, como sujeto del mismo poema. En todos los casos presentados se hará necesaria la utilización de un interlocutor que compruebe con su sola presencia pasiva, la posición indeterminada del hablante:

“(…)
Riesgo de extraviarme en el jardín
pasada la medianoche
Quedarme
Convertir esta fiesta en unos dedos
Y no es mañana ni hoy
pero me gustaría
carlos
que de una última manera me leyeras
eres el bendito
el tragafuego
el jardinero que desalmado me inventa.(…)”

De: Una casa en la sombra (1984-1985)

La casa se instaura como un espacio de irrealidad, donde la invitación a ser parte de esta pequeña mitología propone un encuentro con el imaginario que surge en torno a la casa espectral, donde todo se acaba, languidece, se pierde irremediablemente; y en la decadencia instaura otro tipo diferente de gobierno, ya no signado por la estabilidad del hábitat vivo- significado establecido de la casa alegórica- , sino por su inversión de mito urbano: la casa fantasmal, la permanencia de lo efímero, que a través de la divulgación de su relato atrae a los posibles visitantes.

Y es el propio locutor el que va elaborando pacientemente esta imagen de la que dará cuenta, como cúspide de este género, Para llegar a la casa de Antonia Hareazkoa (poema hacia el cual se inclinarán las reflexiones finales). En “Cielo Forzado” (1988), dos poemas contribuyen a nuestra hipótesis, cada uno desde la misma posición que destacamos, la de observadores y creadores de su propio mito. En Casa de Figurantes se dice:

“Quisieras entrar en nuestra casa de figurantes que siempre
te enamoró con un vértigo imposible.
(…)
Desclavar las jaulas con aves de rapiña que casi te devoran,
los muebles desvencijados venidos de otro mundo,
la veleta
y sobre todo el cucú
que dio tu hora
con un mecanismo de relojería inservible
(…)
Quisieras reinar con nosotros
enterrar la culpa que una tarde nos citó”

Los figurantes, o segundones del drama, son precisamente los que permanecen fuera de la representación focalizada, los que gozan de una marginalidad que el locutor rescata para el no-lugar, el lugar imposible de la fabulación macabra, como también ocurre en El Testamen de Amelia, texto de prosa poética donde pudimos rastrear un ars implícita, que el locutor relacionará con su infancia creativa. Resulta interesante leer, entre líneas, la proyección de los intereses y la postura ante la imagen que genera la palabra, desde la misma ficción que permite la autoreferencialidad y la imagen que retorna el proceso de enunciación. El locutor adolescente ha descubierto una casa, habitada por una mujer con la cual comparte miradas infinitas:

“me gustaba inventar historias para sus probables habitantes: amores en los que siempre languidecía una mujer, fantasmas que discurrían con un sonido de vendas y arrastraban con pavor una venganza. Tenía entonces 18 años y había optado por la literatura por pasión”
(…)
“Me sentí el sabio, el elegido, el dueño de un magnífico secreto” (…)
“Jamás entraré a la habitación donde prendidos con clavos aún resplandecen como un triunfo inútil mis poemas”

La imagen se hará constante cuando aparezca nuevamente en el poema que le da título a “El amor rudimentario” (1991), esta vez decididamente referido a lo sobrenatural, como alegoría del amor imposibilitado, como bien se dice en el poema que le da nombre al libro:

“Es un fantasma a la medida de nuestros deseos
- una flor para el reencuentro
otra para la invisibilidad ­­-
capaz de colmarnos, mentir, imaginar
hasta que un día
envenenados por una dicha falaz
lo regresamos:
quedó una sábana de recuerdo, la cadena con herrumbre,
crujieron las maderas”

Lo fantasmagórico toma partido aquí por el no lugar, ampliando el significado hacia el amor de pareja, desvalido y potencialmente recreado por la ficción, en condiciones que lo acercan al significante “muerte”, como lo que dejo de ser y ahora cuida celosamente un espacio que le es imposible determinar sin aguardar a la recreación.
Casa de Ramón y Micaela bien puede considerarse un anticipo de Para llegar a la casa de Antonia Hareazkoa de “Aquí descansa nadie” (1998). El locutor actúa nuevamente como presentador del fenómeno y para mostrar la intermitencia de sujetos, abunda en indeterminados “nadie”, “alguno”:

“Nadie amo en esta casa.

Velan fanáticos los muebles, los cristales
y la única lámpara de opalina hace huir a los obreros
que deben demolerla
(…)
La risa es menos risa aquí.

Crece emboscada una flor
(…)
y los obreros evitan hablar
y se cuidan
a las ocho
cuando inician su trabajo.”

La imagen de la muerte como paso hacia la indeterminación comienza a hacerse más fuerte. Lo fantasmagórico empieza a hacerse imagen precisa de la poética de los libros siguientes, compilados en “Lejos de todas partes”. Lo fantasmagórico confirmará el amor en pena de los personajes que dialogan y se homologan en la obra de Carlos López. Todos los desdichados que no han alcanzado el amor, han sido reducidos a la intrascendencia, a ser figurantes, al olvido, a ser fantasmas en pena. Por ejemplo, en El talento y el amor, de la sección Los desvanecidos, en “Cielo Forzado”, el locutor toma la voz de un peluquero:

“(…)
¿Por qué entre todos los talentos no me tocó el amor?

Camino dormido sosteniendo una tijera y duermo porque gira
esta silla y mi corazón es una correa de afeitar interminable.

Me hice peluquero por fatalidad.

De tanto cortar pelo no aprendí a segar cabezas”

De ser olvido, la imagen va acercándose a la desaparición completa, a la inconsistencia de la condición de lugar y tiempo, como veremos más adelante en el último poemario compilado de “Lejos de todas partes”: “Siempre es al sur” (1992-1993).
El tiempo y el lugar como conceptos desaparecen cuando son puestos en jaque desde la creación discursiva de los mismos, a la que hace referencia el mismo locutor, permaneciendo indeterminado. Desde el conocido poema Podríamos estar sentados en Loraine del primer libro, “Un buen día” (1975-1976), se plantea el modelo del lugar fantasma, ahora en su dimensión espacial:

“Podríamos estar sentados en Loraine
La noche calza botas
Y afuera ningún pez
Tampoco un pájaro
O afuera muchos pájaros y peces se han estado
incrustando en la ventana
(…)
Loraine sitio impreciso
Repetición inaudita de las cosas
(…)
Pero podríamos
Sentarnos de nuevo en Loraine
Esta vez en otro espacio
En alguna improbable dirección imaginaria”

La misma suerte de esta especie de ínsula volante, gozan el Sur y el Limbo en la simbología personal de López Degregori, espacios irreales donde se concentra toda la fuerza reprimida que se opone a la construcción lineal del mundo. En el poema Donde el sur termina anticipo de Siempre es al sur, el locutor se pregunta de dónde vienen las marejadas antes de ser arrastrado, después de una sesión amorosa:

“Desperté herido a medianoche brillando en el ojo
líquido del faro.
Marzo se desvaneció.
Abril con sus estragos en la voz, mayo, junio, julio, agosto
Deambulé septiembre por la costa alimentándome apenas,
bebiendo vino y sal
Marqué octubre en el lomo de las rocas, noviembre,
diciembre, enero, febrero”

La marejada ha sido el medio de transformación hacia la posición fantasmal en el tiempo. Ocurrirá otro tanto en el poema Limbo, donde el anclaje perceptivo con la realidad que plantea el poema será el sentido del olfato, que media también la desaparición progresiva:

“Hay olores humanos
distintos en cada persona
y que nos impregnan fieles para siempre.
Pero hay un limbo también
donde cualquier olor deja de serlo
y se torna inhumano
(…)
Debí cruzar el limbo
(…)
Nadie ha vuelto a verme.
Pero cada mañana la misma secretaria se pregunta
porque hay un aroma a huesos en sus lápices
a desconcertante limón
a mar
si estamos tan lejos de la costa.”

El proyecto del no lugar cierra en “Lejos de todas partes”, finalmente, con el poema Siempre es al sur, completando la simbología planteada, que enlaza el no-lugar con el amor y lo fantasmagórico, existencia permanente de la resistencia irreal:

“y más adelante
si en un jirón de carne o en un hotel al fin
o en una lengua postrera
descubres que en el sur no existe
secreto alguno,
no te entristezcas:
sólo abre la ventana y escribe en la noche estrellada
que el sur fue tu empeño
y tu orgullo
y tu amor
y que estar en el sur fue suficiente”

…donde el sur es el no-lugar, la palabra vacía que el sujeto colma de significantes que resistan la original vaciedad. El sur es la palabra unida a la duración de la imagen propia, creada a pesar de la concreta realidad (el sur como espacio fáctico, frente al sur como espacio en constante pérdida y recobramiento imaginario del sujeto que lo fabula); es el estar no estando, siguiendo la premisa aquella de que uno ocupa un lugar mientras más lo discursiviza, y extiende en aquel su vida simbólica.

1 comentario:

  1. Quisiera saludar a Malpartida es uno de los críticos jovenes con gran talento para el análisis de la poesía y hace justicia al dedicarse al estudio de Carlos López Degregori un poeta que mantuvo una línea personal e intransferible en el lapso 1970-1980, periodo em que la mayoría de poetas seguía con el coloquialismo plano.

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