7.8.06


Las “agendas” de la narrativa peruana contemporánea

Carlos García Miranda es un crítico polémico, difícil (en el amplio sentido del vocablo) que es recordado por los bloggers por su participación en un ¿debate? virtual en el blog de Gustavo Faverón.

CGM viene haciendo, si no yerra mi memoria, un doctorado en Salamanca sobre Guaman Poma de Ayala o algo así. Tiene un ensayo publicado hace poco en Ciberayllu donde hace una lectura curiosa de nuestra narrativa contemporánea. El fragmento es elocuente.


Narrativa del noventa: renovación, ruptura y proyecciones.

En los últimos quince años en la narrativa peruana se han procesado estas agendas en un contexto donde la cultura global ha diluido las relaciones de centralidad y periferia, propias de la sociedad tradicional, inaugurando un tipo de relación que podríamos denominar, provisionalmente, como «rizomática», tomando la noción de Gilles Deleuze.

En este marco, fenómenos como la globalización, el multiculturalismo y el fundamentalismo terrorista no constituyen eventos externos a sociedades como peruana —periférica desde la perspectiva del modelo tradicional—, sino que están interiorizados y forman parte de sus estructuras, pues en el mundo global no hay centro, sino redes, puntos de conexión entre los diferentes espacios geopolíticos y culturales.

Estos eventos han producido distintas respuestas en la narrativa peruana: por ejemplo, una suerte de «ilusión» cosmopolita se denota en algunos escritores de los noventas, proclives a situar sus narraciones en escenarios globales, como París, Nueva York o Madrid, pero en muchos casos la referencia se reduce a lo toponímico —un listado de calles y zonas—, como en algunos pasajes de las novelas de Iván Thays o los cuentos de Marco García Falcón. Asimismo, el multiculturalismo ha generado la atomización de los espacios referenciales.

En el caso de la urbe limeña, novelas como, por ejemplo, Al final de la calle, de Óscar Malca, se leen como literatura del distrito limeño de Magdalena, lugar donde transcurre la historia del personaje.

Otras como de Miraflores, La Molina, centro de Lima, San Juan de Lurigancho, e, incluso, espacios de diferenciación social y cultural como la Universidad de San Marcos o la Pontificia Universidad Católica. El fundamentalismo terrorista, en el caso concreto de Perú, con el Movimiento Revolucionario Túpac Amaru y Sendero Luminoso, ha hecho que se desarrollen narrativas que remiten a traumas atávicos, que retoman antiguas dicotomías raciales —blanco y criollo vs cholo e indio—, políticas —apristas vs comunistas, senderista vs MRTA o políticos tradicionales vs políticos chichas—, y de origen —costeños vs serranos, limeños vs provincianos o criollos vs andinos—.

Del mismo modo, desarrollan temas ya canonizados, como los mitos precolombinos en el caso de Óscar Colchado Lucio —Rosa Cuchillo—, conflictos sociales de corte político como en varios relatos de Dante Castro —«Parte de combate»—, e históricos coloniales como en algunos cuentos de Cronwell Jara —«Babá Osaín, cimarrón, ora por la santa muerta»—.

En relación a las agendas, observamos que, en principio, las agendas dominantes y su núcleo ideológico perviven, pero con transformaciones en su retórica y forma de exposición. La agenda indigenista se convierte en «agenda andina». Por un lado, se insertan componentes del mundo y la cultura urbana, siguiendo las huellas del relato «Unicornio», de Edgardo Rivera Martínez. Por otro, se introducen problemáticas urbanas en la vida andina, como ocurre con la vida de parejas que presentan los relatos de Barcos de arena, de Fernando Rivera. A ello se agrega una narrativa andina vinculada a los presupuestos del Grupo Narración: aunque sin caer en el documentalismo y el testimonio, busca dar cuenta de manera explícita de la Guerra Interna vivida en el Perú en la década del los años ochenta.

En el caso de la agenda urbana, se retoma uno de los temas que le dio origen en los años cincuenta, el neorrealismo. Ahora, ya no con la intención de dar cuenta de los barrios emergentes —casi con un tinte sociológico— como en Congrains, ni de la novela total, de Mario Vargas Llosa, sino más abierto al tema de la marginalidad juvenil: drogas, violencia callejera, Lima como centro de referencia de su narración. De igual modo, dentro de una de las narrativas de la agenda urbana, la que proyectaba La casa de cartón, de Martín Adán, surgen en el marco de la urbanidad global, muy cuidadosa en el estilo, una literatura que pretende ser cosmopolita y auto referencial. Son narraciones «puristas» cuyas historias ocurren —como ya señalamos— en la aldea global, como Madrid, Nueva York, otros países de Europa o en espacios imaginarios virtuales.

Por otro lado, existe una agenda, evidenciada en el Congreso de Narrativa Peruana de Madrid, del 2005, orientada a insertar este narrativa en los mercados editoriales globales, como España y EE. UU. En esta línea destaca el trabajo de Jorge Eduardo Benavides y su narrativa neovanguardista, que retoma más de un tema y recurso formal de la narrativa de Mario Vargas Llosa. Es una agenda ligada a la profesionalización del escritor planteado por el autor de La casa verde. En esa línea también apunta las obras de Jaime Bayly, que ha logrado sintonizar con un público ávido de estereotipos latinoamericanos, como se denota en su última novela, finalista en el Premio Planeta, Y de repente un ángel.

Una variante muy interesante en esta última agenda es la inserción de la narrativa peruana en los marcos del neopolicial latinoamericano, específicamente en su versión hard-boiled o novela negra, practicada por los norteamericanos Raymond Chandler, Dashiell Hammett y James M. Cain, entre otros. En síntesis, esté género, asumido como la literatura social de fin de siglo, deja de lado los principios del enigma policial, insertando tramas políticas y sociales en sus estructuras, narradas con una prosa de cotidiana, irreverente y proclives de denunciar la violencia dominante en sus sociedades.

Casos muy interesantes de esta línea los vemos en novelistas como los colombianos Santiago Gamboa y Fernando Vallejos; los argentinos Mempo Giardinelli, Juan José Saer —no todas sus novelas— y Osvaldo Soriano; los chilenos Gonzalo Contreras, Alberto Fuguet y Roberto Bolaño; y el boliviano Edmundo Paz Soldán. En el caso del Perú, esta línea ha sido seguida por Fernando Ampuero, Alonso Cueto y Santiago Roncagliolo. Como la agenda anterior —seguida por Jorge Eduardo Benavides—, este registro ha permitido que nuestros narradores puedan insertarse con mayor facilidad en los parámetros de la industria editorial en lengua hispánica, cuyo meridiano editorial lo constituye Madrid.

Debido al éxito en el exterior de esta última agenda —varias distinciones en importantes concursos de novela—, se puede prever que los más jóvenes intenten recorrer sus predios, sobre todo bajo la égida de Roberto Bolaño, cuya fuerza narrativa y vitalismo personal ha encandilado a más de uno. Pero eso no evitará que se manifiesten otras líneas narrativas más ancladas en la tradición narrativa peruana, como el neorrealismo de los noventas —de corte urbano y marginal, con referencias al consumo de drogas y al punk rock—, y la narrativa andina referida al tema de la violencia terrorista, con resoluciones mitológicas históricas y sociológicas.

En conclusión, podemos notar que en el arco de los últimos quince años, los noventas se presentan como la década donde se empiezan a reconfigurar de manera frontal las agendas canónicas, no-canónicas y anticanónicas. Surgen mezclas, como el neopolicial latinoamericano, que incorpora preocupaciones de la novela urbana en el marco de género negro; se actualizan —aunque no son hegemónicas— las narrativas fantásticas y vanguardistas, expresadas en forma de novelas autorreferenciales y experimentales; y se renueva —sobre todo por el impacto de la guerra interna en el Perú— la narrativa neo indigenista de los ochenta, incorporándose elementos de la novela histórica. Y, sobre todo, se denota la necesidad de insertarse en los mercados editoriales globales, fundamentalmente, el español.

Aunque todavía está por verse plenamente la estrategia a seguir, pareciera que se continuará el camino seguido por los narradores colombianos, chilenos y argentinos, más posicionados en el mercado editorial; es decir, el neopolicial latinoamericano. Un caso exitoso reciente es la novela La hora azul, de Alonso Cueto, ganadora del Premio de Novela Anagrama 2006, y Abril rojo, de Santiago Roncagliolo, que obtuvo el Premio de Novela Alfaguara 2006.

[Iglesia de Magdalena. Al final de la calle: ¿una novela limitada a ese distrito?]


10 comentarios:

  1. Anónimo7.8.06

    La novela de Malca circunscrita a un distrito limeño. Yo sabía que las novelas normalmente trascendían sus lugares de desarrollo y enunciación, pero esto es realmente raro. Aunque puede ser.

    Fidel K.

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  2. El último párrafo es desconcertante: "Aunque todavía está por verse la estrategia a seguir...". ¿Quiere decir eso que el crítico, tras haber reseñado la aparente variedad de la narrativa de los 90s se apronta a elegir su receta ganadora? Yes: "el neopolicial latinoamericano". La única duda que queda es si el autor expresa esta idea chata y banal con algarabía (¡viva el neopolicial!) o con la resignación de quien espera que la recua de mulas que estamos tratando de echar pa'lante la narrativa peruana contemporánea nos vayamos a ir, todos, en filita india, por las Termópilas o el Northwest Passage escondido que parece ser, según su visión de las cosas, el neopolicial latinoamericano. O sea, el perfecto atajo para atravesar los Andes y caer de mitra en el meollo de la fama y el éxito. Vale un Perú. Ta'mare.

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  3. Anónimo7.8.06

    Carlos Garcia es mas que dificil, es"intragable".

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  4. Anónimo8.8.06

    Eso de la "ilusión cosmopolita" me suena a complejo. Acaso solo los europeos y americanos tienen derecho a ser cosmopolitas. El señor García debe recordar que un enclave cosmopolita muy importante hubo en el sur del país en los años 20-30 del siglo veinte.

    Por otro lado, estoy de acuerdo en calificar la novela de Oscar Malca como novela del distrito de Magdalena. Creo que más de una década después de publicada ha envejecido rápidamente y se ven sus limitaciones temporales y espaciales.

    Corleone

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  5. Las agendas del señor Carlos García eluden sistemáticamente a lo más interesante de la narrativa peruana última: los cuentos de Mónica Beleván y la novela del señor César Gutiérrez.
    Sé que hay una notable diferencia de edad entre la todavía joven Beleván y Gutiérrez, pero ambos son debutantes con nuevas formas de asumir la narrativa, que García no ha querido reconocer.

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  6. Anónimo8.8.06

    más allá de lo que piense Mario Michelena, como todos sabemos "íntimo" de Gustavo Faverón desde los tiempos de la PUCP, es un buen aporte a la pobre reflexión sobre la literatura peruana última el ensayo (que hay que leer completo en www.ciberayllu.com) de Carlitos García Miranda, a pesar que eso de las "agendas" termina pareciendo una muletilla. Otra vez la achuntaste Vico.

    Tania

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  7. Lo que parece no entender Mario Michelena es que el autor de este ensayo define lo que viene suscediendo en la Literatura y la tendencia que sigue, cuando busca insertarse en el mercado; cuando el mercado es el fin y no la literatura. Y al parecer el neopolicial latinoamericano, en el marco de equemas y sombras norteamericanas y europeas, parece ser la formula perfecta que han encontrado muchos escritores, algunos entre nosotros, para finalmente conseguir su ansiado reconocimiento en el extranjero. Muestra de ésto son las novelas de Alonso Cueto y Santiago Roncagliolo.

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  8. Anónimo8.8.06

    Concordando con lo que afirma Cristhoper Logue, ¿tiene algo de malo? ¿Y cómo funciona eso de la literatura como un fin en lugar del mercado? ¿El escritor vive del aire?

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  9. Estimado Christopher, creo que no me he dejado entender. Lo que cuestiono no es que la gente escriba en un estilo A, B o Z. Los escritores tienen amplia libertad para escribir lo que mejor les parezca, y celebro cuando a cualquiera de ellos les va bien porque, para comenzar, nos favorece a todos en términos de la deseada "inserción al mercado". Más aún, el máximo consagrado con esto del neopolicial, Santiago Roncagliolo, es uno de mis mejores amigos (y no Faverón, a quien respeto intelectualmente pero apenas conozco en persona) Lo que cuestiono es la pobreza intelectual del artículo reproducido aquí. Coral, que es una persona inteligente, debería afirmar sin ambagues que es una porquería y ya, en lugar de afirmar tibiamente que es "una lectura curiosa" (por cierto a este señor CGM tampoco lo conozco)No hay absolutamente ninguna conexión causal entre los primeros trece párrafos, en los que el crítico trata de retratar las diversas vertientes que él ve en la narrativa peruana contemporánea (usando el desafortunado término "agendas", que tiene tufillo a complot), y el último, que comienza: "Aunque todavía está por verse plenamente la estrategia a seguir, pareciera que se continuará el camino seguido por los narradores colombianos, chilenos y argentinos, más posicionados en el mercado editorial; es decir, el neopolicial latinoamericano". Hay por lo menos dos horrores intelectuales saltantes en este breve párrafo. Primero, el uso del impersonal "la estrategia a seguir", que deja en duda quién tendría la intención de seguir dicha estrategia. La posición de esta frase al final del artículo y su reforzamiento con el adverbio "plenamente" sugiere una especie de epifanía que nos haga ver la luz a todos los narradores jovenes. Todo esto da a entender que quienes vamos a seguir la estrategia de escribir neopoliciales seremos todos y que lo haremnos naturalmente, por una revelación cuasi divina. El único simulacro de justificación para semejante idea es una frasecita aislada respecto a la cual no se ofrece la menor prueba: que escribir neopoliciales fue la estrategia usada por chilenos, argentinos y colombianos para posicionares en el mercado editorial. No sé, por allí peco de ignorante pero me da la ligera impresion de que se trata de países con un aparato cultural infinitamente más vigoroso que el peruano desde hace varias décadas, neopoliciales al margen.
    En suma, my dear, lo único que pretendía con mi comentario era defender mi derecho a NO escribir neopoliciales, simplemente porque no me da la gana, y ya.
    Yo me lo pierdo, como dicen.

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  10. Anónimo23.8.06

    Astrid: Beleván y Gutierrez son los subersivos de la literatura peruana. Romper los esquemas es tener una "agenda" más fuerte que la del mercado. Creo que se cagan los dos en el mercado: su "agenda" es la Inmortalidad.

    Ismael

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