17.8.06


Las cartitas del doctor Oquendo

Me entero por el atiborrado blog de Paolo de Lima que el doctor Abelardo Oquendo otra vez hizo de las suyas y publicó en su leída columna "Inquisiciones" una carta firmada por un inverosímil "Justo Larco", que a continuación posteo completa para que no haya malentendidos:

"Sale Bellatin, entra Alarcón

El mejor narrador que apareció en el Perú en el cuarto final del siglo pasado fue Mario Bellatin. Ningún otro en ese cuarto de siglo ha sido aquí más original ni ha producido un mundo tan propio y característico, sin perjuicio de la variedad de sus temas ni de los ambientes donde sitúa sus historias. Pero un mal día nos enteramos que Bellatin ya no era un escritor peruano, mejor dicho que nunca lo había sido, aunque tengo entendido que se formó en nuestro país. Había nacido en México y había vuelto a México, donde le va muy bien. Ahora es un escritor mexicano.

En compensación nos ha caído del cielo un nuevo buen escritor. No tan del cielo, realmente, solo de arriba, porque el norte aparece arriba, encima del sur, en los mapamundis. Hablo de Daniel Alarcón, que ha caído como un fruto, madurito y brillante como una manzana de California, que es donde vive en los Estados Unidos. Es un peruano de USA, tan de USA que el primer libro suyo que puede encontrarse en las librerías nacionales, el que se llama Guerra a la luz de las velas, lo escribió en inglés. La edición que circula entre nosotros es una traducción del inglés. ¿Se imagina, que nos tengan que traducir a un compatriota y no de ninguna lengua vernácula?
Es un narrador sólido, consistente, no tanto como Bellatin ni tan personal e identificable como él, pero el mejor de todos nuestros narradores nuevos, incluido el premiado y vendedor Roncagliolo.
Perdimos un mexicano, ganamos un norteamericano. Lo que me pregunto es por cuánto tiempo.
Justo Alarco
".


Esta cartita es muy significativa, con lo ligera que parece. Primero hace una determinación sorprendente para un lector corriente que juega como si fuera gran cosa con la pueril y socorrida idea del "cambio en el equipo": "el mejor narrador que apareció en el Perú en el cuarto final del siglo pasado", nos dice "Justo" de Mario Bellatin.

Y no podemos sino sorprendernos de este alarde de solvencia literaria, sobre todo si lo examinamos frente al tonto reclamo que hace "Justo" al libro de Daniel Alarcón apenas unas líneas debajo: se sorprende de que en estos tiempos de globalización y con ejemplos ilustres (pongamos dos, Cioran y Nabokov) de autores que escriben en otras lenguas y luego son traducidos a sus lenguas de origen para que sus coterráneos los lean, Guerra a la luz de las velas haya sido escrita en inglés.

Y cómo no, el señor "Justo Larco" una vez más enfila sus baterías contra el otro de los "beneficiados" por la crítica local: Santiago Roncagliolo. Esta vez limitándose a explicitar su punto de vista -inquisidor, digamos, intolerante- contra una novela que se vende bien (eso no es pecado, no sea injusto "Justo") y que se ha ganado un premio tal vez demasiado grande para ser tragado por gargantas macilentas, que al parecer hay muchas en nuestro querido país.

"Por qué Oquendo no publica los DNI de sus lectores", se pregunta De Lima. Por primera vez en años coincido con él.

(Roncagliolo: ¿mientras más altas las ventas, más bajos los golpes?)

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