1.8.06


Álvaro Uribe, un borgiano distinto

El Universal de México trae hoy una larga entrevista con el narrador mexicano Álvaro Uribe (1953), autor de un clásico del cuento latinoamericano contemporáneo: La linterna de los muertos (1988, reeditada este año por el FCE-México).

Borgiano a morir, Uribe se dedica últimamente a la novela y destaca, sin “deslindar”, entre los innumerables epígonos de esa Casa borgiana en que se ha convertido la literatura por estas tierras. El narrador contemporáneo de Juan Villoro confiesa: "traté no tanto de imitar a Borges, sino de seguir ese camino difícilmente transitable para los meros mortales que él nos había abierto: el de los cuentos fantásticos”.


-¿Cómo enfrenta cotidianamente la página en blanco?

-Siempre he pensado que la página no está en blanco, sino en negro, cuando la tomo nunca está vacía, sino llena de todas las páginas semejantes que se han escrito antes, desde la Biblia hasta nuestros días. Cada vez que uno va a escribir, con conciencia de la tradición literaria a la que pertenece, resulta aplastante... Hay que ir borrando y tratar que lo que uno añada de verdad valga la pena.

-Paul Valéry decía que un artista nunca termina su obra, la abandona, pero hay quienes creen que es más importante terminar cuanto antes y pasar a otra cosa, ¿con cuál reflexión se queda?

-Estoy del lado de Valéry, cuántos no tienen urgencia de terminar y pasar a otra cosa para acumular obra porque el mercado o el ego lo exige. Lo importante es que la obra quede en beneficio no del escritor, sino del posible lector, para eso hay que dejarla madurar.

-¿Cuál ha sido su relación con el mercado?

-Quizás el mercado tiene su razones para favorecer a la novela porque siempre está destinada a una mayor cantidad de público. Cuando empecé como escritor, hace más de 30 años, la idea de que un joven mexicano pudiera publicar una novela antes los 30 y que ésta ganara un premio internacional o fuera difundida por todo el planeta parecía inverosímil, eso ayudaba a no tener prisa y a no pensar en el mercado. Incluso los grandes escritores como Juan Rulfo y Tito Monterroso no eran personas que vivieran de sus libros, uno escribía porque tenía que hacerlo. La idea de ser escritor de tiempo completo parecía descabellada.

-¿Vive hoy de la literatura?

-Sí vivo de la literatura, pero no de la mía. Creo que muy pocos viven de vender sus libros. Vivo de haberme dedicado tantos años a la edición, soy asesor editorial en la UNAM y hago trabajos cada vez que se presentan, así como traducciones. Todas las cosas afortunadas que me ocurren desde el punto de vista económico tienden a sucederme porque he escrito libros, eso no lo puedo negar, pero estoy lejísimos de vivir de mi literatura, a cambio gozo de la libertad que da el no tener que entregar un libro al año, y eso se disfruta.

-¿Qué libros le son indispensables en su trabajo?

-En realidad el único que podría serlo, o los únicos, son los diccionarios que puedo agarrar en cualquier momento, los demás dependen no sólo del libro que esté escribiendo, sino de la página, capítulo o sección que esté por terminar.

(Fotografía:

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