31.10.06


Antonio Muñoz Molina en Página/12

Con motivo de la publicación de su reciente novela, El viento de la luna (Seix Barral, 2006), el escritor español Antonio Muñoz Molina es entrevistado por Silvina Friera para Página/12. Algunas de las declaraciones más resaltantes del autor de El jinete polaco:

"La adolescencia está sobrevalorada porque vivimos en una cultura juvenilista en la que nadie quiere ser maduro ni aceptar responsabilidades" (...) "Cuando tú recuerdas la adolescencia, tiendes absurdamente a darle un contenido que no tuvo. Pero cuando fui padre empecé a verla de otra manera. En la novela quería contar ese momento ambiguo entre la infancia y la adolescencia. El protagonista acaba de salir de la infancia y está en tránsito hacia algo que él no sabe qué es."

De su personaje, dice: "Cuando tenés que trabajar a una edad muy temprana, la sensación es que perdés un paraíso. Hasta que no entra a la escuela de curas, él no ve a personas de otras clases sociales, no tiene una idea muy clara de las diferencias porque no ha salido del pueblo. Hay una novela de Faulkner que me gusta mucho, Absalón, Absalón, en la que hay un niño al que el padre lo manda a la casa de unos ricos y cuando llama a la puerta, le contestan: "Por la puerta de atrás". Ese niño descubre de pronto que podía haber dos puertas".

"La ideología católica estaba muy aliada a la dictadura franquista. La Guerra Civil española fue declarada cruzada por el papa Pío XII cuando no se había declarado una cruzada desde el siglo XIII. La ideología franquista, aunque no estaba tan articulada como el fascismo, el nazismo y el comunismo, era una mezcla de ideas conservadoras y tradicionales españolas, pero el sustento ideológico lo ponía la iglesia con un catolicismo ultramontano. Al mismo tiempo que había una iglesia franquista, había una iglesia terrorista porque la ETA nació en un seminario y los usos eclesiásticos en el país Vasco han sido muy cortos de vista."

"En la novela quería mostrar cómo ese chico intenta defenderse de esa opresión en el nivel más íntimo de los sentimientos, que lo lleva a sentirse culpable de delitos que no sabe que son delitos. Una religión que tiene como concepto central el pecado original, hace que nazcas culpable y que la culpa te acompañe toda la vida. Ese niño siente intuitivamente la necesidad de liberar su propia conciencia del peso de la culpa y encontrar explicaciones racionales al mundo."

(Portada)

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