22.10.06


Babelia: Luis Antonio de Villena sobre Walt Whitman

Vale la pena leer completa esta reseña del poeta español publicada hoy en el suplemento literario más importante de España.


Si preguntamos a un lector español si cree que el famoso y monumental único libro poético de Walt Whitman (1819-1892), Hojas de hierba, está enteramente traducido al español, probablemente dirá que sí y acertará, creo que sin darse cuenta, pues la edición que hoy presentamos es la única completa que existe en nuestra lengua, y se editó en Ecuador en 1953 (por la minoritaria Casa de la Cultura Ecuatoriana, Quito), es decir, tuvo una difusión mínima y hace mucho tiempo que está agotada.

Es mérito de la editorial Visor publicarla de nuevo (por vez primera entre nosotros) bilingüe además y con la bibliografía renovada. Para la inmensa mayoría no será un nuevo encuentro sino un descubrimiento absoluto. Ya que durante muchos años -demasiados- la obra lírica de Whitman (una de las cumbres absolutas de la poética moderna) se ha conocido en lengua española sólo en antologías y frecuentemente muy cortas.

Hojas de hierba -además de sucesivos y muy importantes prefacios que esas antologías no recogen- consta de un total de 389 poemas, algunos muy breves, y muchos bastante amplios. La más abarcadora de las antologías españolas -la de Concha Zardoya, editada en Madrid en 1946- traduce sólo 150, y parece amplia. En cuanto a la primera que apareció en español, la del uruguayo Armando Vasseur (su mérito haberse editado en 1912) traduce sólo 83.

Sin embargo, Whitman nos suena familiar y cercano -aunque según Alexander esas traducciones citadas eran además deficientes- porque algunas breves antologías posteriores se deben a nombres tan preclaros como León Felipe, que tradujo el Canto a mí mismo (1950, muy reeditado) considerándose a sí propio poeta de estirpe whitmaniana, o como Jorge Luis Borges, también declarado devoto del norteamericano, y cuya corta selección se editó (asimismo ha sido ampliamente reeditada) en 1969. Por no hablar -para la supuesta familiaridad con el poeta- de la célebre oda de Lorca.

Hay, por supuesto, más antologías argentinas o chilenas, pero sólo es íntegra -y muy cuidada- esta rara edición hoy rescatada o casi descubierta. Del ya fallecido traductor, Francisco Alexander, sabemos que fue musicólogo y poeta, y que vivió mucho tiempo, aunque ecuatoriano, en Estados Unidos. Él mismo añade en su prólogo que fue buen amigo de otro raro ecuatoriano, fino poeta de estirpe surrealista, Alfredo Gangotena, que escribió buena parte de su obra en francés y que fue el primer lector de las versiones que Alexander, a su decir, comenzó a hacer por placer propio.

Whitman fue el primer poeta estrictamente norteamericano, y no un continuador (más o menos brillante como Poe o Longfellow) de la literatura inglesa. Escribió de un modo versicular y nuevo, celebrando la vida, el amor -homosexual o "de los camaradas" en la sección 'Calamus'-, la democracia y la renovada energía del continente. Whitman pretendió una épica nueva no desligada del canto lírico, y su frescura, su vitalidad novedosa sigue siendo un milagro. Tuvo problemas con la censura (y hasta se asustó a veces) por las acusaciones que parte de la obra recibió de inmoralidad, algo muy frecuente en el XIX, y es que -muy por encima de sus pacatos detractores- Whitman fue, en todo, un gran sensualista, y no vio nada malo en ello, sino en la sexualidad una estupenda fuerza positiva.

Hojas de hierba se editó por vez primera en 1855, y se fue aumentando en sucesivas ediciones, hasta la de 1891. José Martí, en sus crónicas neoyorquinas, ya nos habló de él. Pese a ello (y tiene razón) Alexander sostiene que la grandeza de Whitman se percibe sobre todo en su obra completa y única. La pegada aumenta, desde luego. Terminó, en Camdem, casi como el patriarca de unos Estados Unidos que probablemente hoy no reconocería, y no hablo de lo físico obviamente. Es raro decir (tanto suena su nombre) que Hojas de hierba, casi ahora por primera vez, va a enfrentarse con el gran público de habla española. Una rareza, jubilosa.

(Whitman, cantor de América democrática)

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