30.10.06


Betania

En exclusiva publicamos un cuento del reciente libro del narrador mexicano Alberto Chimal: Grey (Era, 2006).

Emilillo, el curandero, llega deprisa, como que pagan bien por sus servicios: hola buenas noches ya vine señora, hablamos después de mis honorarios que el tiempo es oro, dónde está ah sí éste es, a ver a ver ¡un momento, no, no, espere, no!, pero Emilillo no escucha las voces angustiadas de la señora Rotunda, quien grita porque el señor Rotundo, que yace en la cama, está meramente borracho y extenuado y quien yace muerto es Rotundito, niño glotón en el otro cuarto que por su voracidad se comió el pan con matarratas, y Emilillo en vez de aplicar al niño sus divinos poderes invoca a Jesús y a Lázaro sobre don Rotundo, e implora el favor divino sobre don Rotundo, y pide resucitar a don Rotundo que está vivo, y es así que grita el pobre hombre, grita de un dolor de voces múltiples porque los cabellos que le quedan en la cabeza se levantan y se retuercen, negros, pringosos, asustados, su panza se ondula y sus pliegues forman labios que gritan, sus uñas se quiebran y gritan y los trocitos gritan, su bigote salta de la cara y salta por el cuarto, la mano izquierda gime porque se sabe izquierda y a la vez no sabe qué estará haciendo la derecha, los dedos de los pies rompen la cárcel de las pantuflas y quieren escapar, todos quieren escapar, las nalgas sometidas que se agitan para un lado y para el otro porque deben salir, la nariz quiere dedicarse a la literatura, las tetillas se saben pequeñas y asustadas y más bien entierran la cabeza y todo lo demás en la tierra que es la carne, el corazón valeroso quiere salir a divulgar las formas de su pasión, los pies son proporción y los genitales belleza, exclaman, y ¿quién le haría caso al frío y retorcido cerebro, al inútil del bazo, a alguna vértebra cervical más bien cerval que chillan por la unidad cuando todo el cuerpo explota, no más años de malestar, no más convivencia forzada, y todos saltan hacia todas partes y corren despavoridos y doña Rotunda grita casi tan alto como las amígdalas libertadas y Emilillo se queda como muerto, alelado, y todos huyen y se pierden por las calles y en los sitios oscuros y los agujeros de las ratas y nadie los encontrará, nadie, nunca, nunca, nunca?

(Chimal)

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