24.10.06


Carta inédita de Juan Ramón Jiménez a Ramón Gómez de la Serna

El diario ABC publica hoy esta carta olvidada del poeta español a su compatriota narrador, con indicaciones expresas sobre la edición de sus poemas y opiniones corrosivas. En otro artículo, un reseñista anota la importancia de la publicación, por fin, de la correspondencia completa del autor de Eternidades (1918).

En ese texto se indica que Jiménez -injustamente recordado solo por Platero y yo- frecuentó, personalmente, a lo mejor de la intelectualidad de su época: Unamuno, Ortega y Gasset, Lorca, Cernuda y hasta Pound. Pero olvida la amistad por correspondencia que tuviera Jiménez con José Lezama Lima. (Hay que leer esas cartas asombrosamente elogiosas que le enviaba el genio cubano a su par español.)
Aquí la misiva publicada en ABC.

"Mi querido Ramón:
llegó a mí el salto, blanco y silencioso como una pluma, de su bailarina, y me removió muchas cosas íntimas. Llegó también su libro mudo, como un fantasma, y llegaron los dos números de Prometeo. No tengo palabras con que agradecer a usted sus frases sobre mis Elegías lamentables, sus continuas alusiones agradables, su inagotable amabilidad. Le envío esos versos. Y le suplico que me devuelva los originales cuanto antes, pues tengo que mandar el manuscrito de Arte menor a París.
Muy bellos los números de su revista. Felicite usted en mi nombre a R{icardo} Baeza por su sinceridad al juzgar la obra... la construcción, de Marquina. No se le puede consentir a nadie retrasarse y retrasarnos. Con este dramón he comprendido que cierta parte del público, que yo creía «enterada», sigue en su sitio.


Ha tornado el ambiente de hace treinta años. Bien sé que el arte es inactual, pero no el arte de procedimientos, sino el de esencia. Y sin embargo, porque Candamo -¡Candamo!- ha labrado unas necedades discretas, otros «se aprestan a la lucha». Répide no me extraña que «se apreste», porque no es un artista, sino un artesano; ¡pero esa tragedia en cinco actos de Villaespesa, y que no es más que la primera persona de una trimurti granadina! -¿y con qué preparación?-. Se puede tener un talento limitado, como el de Andrés González Blanco -que no hará nunca más de lo que hace-, se puede no tener cinco céntimos de cultura, como Manuel Machado o como Villaespesa -que tiene, sin embargo, visión poética-, y ser útiles al arte; lo imperdonable es hacerse traición por un deseo de popularidad, ¡una cosa tan sucia! ¿Nos importa algo, privadamente, la opinión de un de esos... periodistas? Entonces, ¿por qué la queremos en público?

Muchos se han hecho traición: Benavente, por ejemplo. ¡Qué distancia de estas ahítas y duras sobremesas de brocha gorda, a aquellos encajes ideales e intelectuales de otros días! Y como de todo se puede sacar partido, alguien dirá: antes hacía encajes cosmopolitas, ahora hace tapices castellanos; ¡no! ¡hace costales españoles! Una página suya de hoy es como una página de Galdós, o de Blasco Ibáñez -horror- o de Palacio Valdés -actualidad obliga-, cursi hasta la filosofía barata, que es algo así como la pared de enfrente. Es preferible escribir menos bien, como uno mismo, a escribir rotundamente como cualquier... maestro.

El día en que usted, Ramón, sea correcto, habrá perdido toda su fuerza tormentosa. Una dalia, o una camelia, no son lo mismo que una zarza. Soy partidario de la perfección, pero no de la academia. Nada me importa que lea esto cualquier mencionado; no pienso nunca vivir de mi arte, ni a costa de lisonjeados petulantes. Y no porque tenga fortuna, como antes; hoy estoy arruinado, pero sé conformarme; el día que no tenga más, me iré a visitar a algunos amigos que tengo debajo de tierra; pero sin dejar encima ninguna bellaquería. La muerte -¿no le parece a usted, Ramón?- debe ser un drama tan deleitable como Hamlet, o como Juan Gabriel Borkman... Y además, tan serio, porque todos habremos ya pasado por el umbral tenebroso...

Le abraza fuertemente su

Juan Ramón

Querría estar en Madrid a primeros de abril. ¿Podrá usted buscarme esa casa? No lo olvide. Necesito que no lo olvide.
Prescinda, en los versos que le envío, de lo que va entre paréntesis. ¡Mucho cuidado -¡por Dios!- con las erratas! ¿Qué trabajo cuesta corregir despacio unas pruebas? No ponga más que los subtítulos que van bajo cada poesía".


(Juan Ramón Jiménez)

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