24.10.06


Jardines de Kensington
en el New York Times

La novela de Rodrigo Fresán (Argentina, 1963), lanzada por Mondadori hace un par de años, acaba de ser publicada en la lengua de Shakespeare, y reseñada en la famosa revista estadounidense NYT.

La reseña está a cargo de la novelista de viajes Jenny Diski, quien dice de este notable libro que “yuxtapone la era victoriana –que inventó la noción sentimental de niñez y permitió a J. M. Barrie crear a Peter Pan- con los hijos de las flores que, en los años sesenta, súbitamente se propusieron no crecer nunca”.

Continúa Diski: “Leer es una aventura terriblemente grande, que conlleva peligros. El lector imprudente puede ser subsumido en otro mundo y encontrarlo por entero más fascinante que aquel en el que supuestamente está viviendo. Comparado con los mundos imaginarios, la realidad puede desilusionar (…) Fresán transmite estos peligros mediante habilidades magistrales y emocionantes, induciéndonos a leer; pero demandando también que pensemos acerca del acto de la lectura y las maneras en las que nos comprometemos con ella”.

(Psicodélica portada de la versión en inglés de la novela)

1 comentario:

  1. Gustavo Faverón habla hoy en una entrevista en Correo de "una nueva propuesta de mestizaje como esperanza final" para el Perú. Pero esta nueva propuesta es vieja.
    Recordemos estas reflexiones de Raúl Bueno en el primer capítulo de su libro "Antonio Cornejo Polar y los avatares de la cultura latinoamericana":
    "Contra la heterogenieidad afirmada y positiva se alza el equívoco del mestizaje generalizado y homogeneizante. Aunque mestizo yo mismo, no creo que un mestizaje de aspiraciones universalistas sea la solución al conflicto de América Latina. Por mucho tiempo el mestizaje fue postulado entre nosotros -en una suerte de adaptación local del universal iluminista- como el recurso allanador de las diferencias y evaporador de los conflictos que en ellas se sustentan. Pero esa tesis falla básicamente porque se apoya en criterios de raza ('raza de bronce', 'raza cósmica'), y bien sabemos que a las razas les toma biológicamente mucho tiempo para resolverse en un tercero uniforme y general. Además, yo creo que falla también moralmente, porque supone una suerte de genocidio blando: implica en el fondo y a la larga la extinción de ciertas razas primarias: en este caso las razas india y negra. Es cierto que un honorable horizonte de mestizaje se ensancha por cuenta propia en la realidad que llamamos América Latina, pero hay que reconocer que ese mestizaje no constituye un proceso homogéneo ni mucho menos, sino un conjunto muy heterogéneo de mestizajes, que visiblemente desdice la unificación utópica soñada por Vasconcelos. Ejemplo de ello puede verse en Venezuela, donde la cultura llanera se codea con las culturas afro-caribeña, andina, amazónica y metropolitana. Seamos realistas, otros quinientos años de historia no van a diluir las diferencias culturales y raciales que esa heterogeneidad supone, sino que las van a descomponer en grado e influencia, a diversificar también y a ahondar en ciertos casos. De modo que no cabe confiarle al mestizaje la solución a las tensiones y contradicciones de estos pueblos. Argumentar en ese sentido es supeditar a la naturaleza nuestras acciones políticas, y, con ello, postergar históricamente la verdadera integración de América Latina"

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