21.10.06


Mis Noventa. Los amigos "católicos"

El azar o el destino, como ustedes lo quieran llamar, hizo que a principios de los noventa nos juntáramos un grupo de amigos a los que los demás grupos de los noventa, inconsultamente, denominaron "Geranio Marginal".

Allí estaban Marcel Velázquez -que por entonces estudiaba Derecho en La Católica-; Bruno Mendízabal, poeta-símbolo de San Felipe; Bruno Broyd, narcisista intelectual y hombre de secretos talentos; José Medina, apasionado del verbo y del Arte; Manuel Rilo -hoy en Florida, EE UU-; un jovencísimo Josemári Recalde, el más poeta de todos, y este vuestro añorante blogger.

Solíamos reunirnos en las afueras de la PUCP, sobre todo en "La Cabañita", escenario de múltiples discusiones literarias, escaramuzas y ocasionales recitales de poesía relámpago. Cómo se formó el grupo "Geranio Marginal" y cómo funcionaba, si acaso funcionaba, será motivo de otro post. Ahora quiero centrarme en los estudiantes de Católica que nos frecuentaban ocasionalmente.

Recuerdo con mucha nitidez a Xavier Echarri, poeta de feraz imaginación que, cuando se aparecía, solía enfrascarse en larguísimas conversas conmigo sobre poetas y lecturas comunes. Buen pata, Xavier, de voz levemente gangosa, inteligencia apreciable y talento indudable; un artista que ahora me dicen, no quiero creerlo, que ha dejado la poesía "para siempre".

Aparecía por ahí también Miguel Rivera, hombre de gustos definidos, oscuro en el pensar y el vestir, de exquisitos y rebuscados gustos musicales que ocasionalmente me recomendaba uno que otro grupo de rock. También se dejaba resbalar Ernesto Novoa, amigazo eterno de Marcel y el único de toda La Católica capaz de empararme el training báquico. (Hoy Ernesto es un próspero abogado, aficionado a los buenos libros y amoroso padre de familia).

Otros nombres se me vienen a la mente, en un segundo momento de la década: el hoy crítico de arte y curador Emilio Tarazona -muy amigo de Echarri-, Alfredo Villar, Raúl Cachay, el recordado Miguel Kudaka, Julio del Valle, Pablito del Valle (no son hermanos). En fin, como se habrán dado cuenta, todos hombres, y casi todos entonces en algún grado practicantes de cierta, muy tonta, misoginia.

Pero lo que quiero recordar ahora es específicamente un recital de poesía que se dio en las instalaciones del grupo teatral Magia (dirigido por el recordado José Enrique Mavila), en las últimas cuadras de la avenida Brasil, en Magdalena. Allí fueron invitados a leer, entre muchos poetas de diversos orígenes, Xavier Echarri y Bruno Mendizábal, así que respondiéndo a no sé qué idea de solidaridad literaria fuimos todos a dicho encuentro.

Nos reunimos en la puerta del local, tomando unas chelas, Miguel Rivera, Bruno Mendizábal, Marcel Velázquez, Xavier Echarri y Manuel Rilo. Como siempre, el recital demoraba en empezar. Las botellas de cerveza fueron incrementando su flujo y en un par de horas ya estábamos bastante picados. Hasta el punto que solo Bruno Mendizábal logró entrar al local; a Xavier Echarri le hicieron problemas, aunque luego, tras la presión que hicimos, iba a cerrar el evento.

Mientras leían los otros poetas y Bruno esperaba su turno, recuerdo que fuimos a la espalda de la casona de Magia, y por una pequeña ventana enrejada que daba directamente al auditorio, empezamos a dar vivas a la poesía que Bruno, desde dentro, respondía con sonrisas y gestos con la mano.

Yo grité a viva voz: "¡Exijo la presencia de José Lezama y de su mujer, la señorial Lima!" Y Echarri: "!Abran la puerta a Luis de Góngora y a su compadre Argote!", y más tonterías de ese tipo que por alguna razón hicieron gracia en el público, que empezó a presionar a los organizadores para que dejaran entrar a los manifestantes.

Finalmente, tras una suerte de reunión de evaluación súbita, los organizadores del recital -no recuerdo ahora quiénes eran- decidieron abrir las puertas del local y dejarnos entrar a todos.

La escena última que recuerdo es a Xavier Echarri sentado en el suelo frente al público, leyendo morosamente sus enigmáticos poemas, y al público, hipnotizado, escuchándolo, mientras una como satisfacción nos invadía a sus amigos (bueno, por lo menos a mí). Otra vez la justicia poética ocupaba su pequeño sitio en el mundo.

(Me)

4 comentarios:

  1. Estimado Víctor: gracias por tu comentario. ¿Será verdad lo de Echarri? Su libro es re-bueno. Y una pregunta que necesitaba hacerle a algún peruano desde hace tiempo: ¿es posible conseguir por ahí el libro de Josemari Recalde? CGO

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  2. Xavier estuvo por acá para casarse, hace unos meses. Y me confirmó, entre copas, su decisión, según él tomada hace mucho tiempo, de alejarse de las musas. Luego amigos comunes me han confirmado esto. Una pena, no? Con tanto poetín de chingana vendiéndose como grandes en los bares del centro y de Miraflores y Barranco...

    En cuanto al libro de Recalde, el único que podría tener un ejemplar disponible es Lucho Chueca, que hasta donde sé, editó el libro.

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  3. Anónimo22.10.06

    Señor Coral, soy un lector de su blog desde hace unas semanas, gracias a la indicación de un amigo, que, como yo, vive en México. Bueno, consecuencia de la última feria de guadalajara, como especialista en narrativa latinoamericana, me interesar conseguir alguna información sobre los narradores Oscar Malca, Carlos García Miranda y Sandro Bossio, de quienes tengo buenas referencias, pero me gustaría completarlas, asi que le pediría que cuelge alguna información sobre ellos. Espero que pueda hacerlo.

    muchas gracias

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  4. Fernando Cataño13.6.07

    Para los interesados, El LIbro del Sol de Josemari Reclade lo siguen vendiendo (la ultima vez que hice seguimiento lo encontré a un costo de 10 soles) en El Virrey de Dasso.
    Victor, entrañables recuerdos de mucha gente. Obviamente Lester puede entrar a cualquier recitno porque no bebe, salvo manzanillas hirvientes. Ese "exijo la presencia" es de mi buen amigo Marco Garcia, él lo patentó y eran Josemari y Bruno quienes gustaban de utilizarlo en todo escenario.
    Saludos Victor, a veces te veo por la vida, sólo a veces....

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