13.10.06


Rodrigo Fresán sobre la Mona Lisa y más

Posteo este jugoso artículo del autor de Jardines de Kensington (Mondadori, 2005) publicado hoy en Página/12 de Argentina.

UNO
Durante muchos años –creo que desde los inicios de su presidencia hasta casi el final de su vida– el mensuario norteamericano Esquire solía publicar, una y otra vez, sin motivo alguno, una foto de Richard Nixon partiéndose a carcajadas acompañada de la insistente pregunta a modo de título/epígrafe: “¿Por qué se ríe este hombre?” El chiste era uno de esos chistes que funcionaba por insistencia y repetición pero, también, porque planteaba un interrogante cuya respuesta era obvia. Y, por lo tanto, graciosa. Richard Nixon se reía de todos los norteamericanos y de buena parte de los habitantes del resto del mundo.

Y es que las motivaciones que accionan los engranajes de una risotada suelen ser, por lo general, obvias. Mucho más difícil resulta discernir las razones o la falta de razón detrás de una sonrisa. Lo que nos conduce, una vez más, por los pasillos del Louvre, a ese célebre cuadrito colgado de esa pared, sitiado por japoneses y por adictos a códigos que les revelen lo que siempre supieron: que hay gente dispuesta a creerse cualquier cosa y que se lo creen con la más embobada da las sonrisas.

DOS
En su libro The Face, Daniel McNeill se refiere al misterio de las sonrisas. McNeill precisa que la imprecisión de la sonrisa aparece en nuestros rostros casi desde el día en que nacemos y que resulta nuestro rasgo más inmediatamente identificable incluso desde distancias considerables. Así, vemos antes una sonrisa que una nariz grande o unos ojos azules; y nuestras primeras sonrisas son las más misteriosas de todas porque resulta imposible saber a qué se deben. Recién entre la quinta semana y el cuarto mes de vida –según McNeill– la sonrisa se vuelve “social” y se convierte en un instrumento indispensable tanto en las relaciones humanas como en las novelas de Tolstoi, probablemente el más talentoso escritor de sonrisas en toda la historia de la literatura.

Y se supone que una sonrisa es muestra de buena voluntad pero pocas cosas más ambiguas o traicioneras que una sonrisa. Porque –el estudioso Paul Ekman ha contabilizado dieciocho tipos de sonrisas con numerosas variaciones y subclases– hay sonrisas despectivas y sonrisas avergonzadas y sonrisas falsas y sonrisas torcidas como la de Elvis y, volviendo a lo del principio, está la maldita sonrisa de la maldita Gioconda que, probablemente, sea la sonrisa más discutida y acerca de la que más teorías e hipótesis se han propuesto. Y nada hace pensar que esto –esta necesidad de imaginar sobre lo inimaginable– vaya a cesar alguna vez porque, seguro, no hay pasatiempo más divertido que la exploración de esta sonrisa regalada a la que todos, aunque no sean visibles en el cuadro, le miran los dientes.

TRES
En la que tal vez sea su mejor canción –“Visions of Johanna”–, Bob Dylan arriesga que “Mona Lisa debe tener los blues de la autopista, te das cuenta por el modo en que sonríe”. Cole Porter enumera a su sonrisa como una de las grandes cosas del universo en “You’re the Top”. Nat “King” Cole la tradujo a una de las mejores baladas dulzonas jamás cantadas y abundan las mutaciones de la dama con firmas de Dalí, Duchamp, Warhol y que pase el que sigue hasta llegar a los Muppets o los Simpsons. Aquí y ahora, pocos discuten el hecho de que La Gioconda sea la pintura más famosa del mundo tal vez porque es una de las pinturas de las que menos se sabe.

¿Era una mujer? ¿Era un hombre? ¿Era una versión femenizada de Leonardo o se trata de Caterina, madre del artista? ¿Le dicen La Gioconda porque el modelo fue Lisa Gherardini, la esposa del mercader Francesco del Giocondo o porque gioconda es una forma de decir “jocosa”? ¿O en realidad es Isabella de Aragón, duquesa de Milán? ¿Está completa o es el fragmento recortado de un lienzo mayor? ¿Le agregaron el fondo a posteriori? ¿Contrató Leonardo a cómicos que alegraran a la noble mujer mientras posaba largas horas? ¿Quién sabe? ¿Importa saberlo?

CUATRO
Y días atrás leí en un diario –noticia a toda página– el siguiente titular: Mona Lisa desvela su secreto: Un estudio revela que La Gioconda, de Leonardo Da Vinci, se encontraba en período de lactancia. Y ahí, en El País, en un artículo firmado por Ian Austen, se nos informa que “el análisis científico más importante realizado en los últimos 50 años al cuadro ha descubierto algunos secretos inesperados”.

Y a continuación se nos cuenta que Bruno Mottin –conservador del departamento del Centro de Investigación y Restauración de los Museos de Francia– ha llegado a la conclusión, a partir de una casi invisible “gran túnica de gasa transparente que se puede ver, en parte, a la derecha del cuadro” es posible asegurar que la dama retratada se encontraba embarazada o en período de lactancia. Según Mottin, “este ropaje transparente, casi invisible pero que es posible distinguirlo si se sabe lo que se busca, lo llevaban las mujeres que esperaban o estaban a punto de tener un hijo”.

Mottin también precisa que cabe asegurar que “las nuevas imágenes captadas demuestran que, en cierto momento, sus manos estuvieron apretadas y no en posición relajada y que era como si fuese a levantarse de la silla”. El mismo artículo nos anuncia que el desarrollo de nuevas tecnologías no hará otra cosa que arrancarle nuevas y sorprendentes revelaciones a un cuadro que –explica David Rosand, historiador de la Columbia University– “nunca se ha limpiado y está sorprendentemente sucio”. Así que ya saben: pronto sabremos para qué se quiso levantar la Mona Lisa, qué comió esa noche y dónde solía ir de vacaciones de acuerdo con la pigmentación oleaginosa de su bronceado.

En lo personal –tengo entendido que hasta hay una especie de anti-Nobel que todos los años se otorga a la investigación científica más absurda e innecesaria–, lo que a mí no deja de sorprenderme es semejante pasión y curiosidad a la hora de querer dilucidar lo que no hace falta, lo que no agrega nada, lo que aportará ninguna explicación al asunto porque difícil que gente capacitada y muy racional pueda comprender lo que se esconde tras los velos transparentes o no de esa manifestación noble de lo que –-por poco común– no es otra cosa que una aberración singular, a la falta de mejor nombre, hemos dado en llamar genio.

Puestos a buscar explicaciones, la verdad que a mí me interesa saber por qué grita el cuadro de Edvard Munch. Aunque, claro, la respuesta es mucho más obvia y sencilla: El grito grita cada vez que nos paramos frente a él. Motivos no le faltan.

(La Gioconda estilo Pulpfiction -www.megamonalisa.com)

3 comentarios:

  1. Anónimo14.10.06

    ¿QUIÉN ES PERUANO EN LITERATURA?


    La consigna de la mediocridad peruana en cuestiones de libros y publicaciones de ficción literaria, tiene un punto flojo, que es muy bien aprovechado por ciertos señores de la publicidad.
    Si alguno ha oído decir que el escritor Mario Bellatín, por decir un nombre cualquiera de la Literatura Latinoamericana, gran escritor. Pero tan vilmente manipulado por ciertos sectores de la intelectualidad peruana, en cuanto a su nacionalidad.
    Pues bien, estos esperpentos del pensamiento, confundían al público peruano diciendo que Mario Bellatín era peruano., cuando en realidad este escritor nació en México.
    ¿es una simple equivocación?
    Por su puesto que no. Todo esto se hace a sabiendas.
    Para quitarle los puestos de los peruanos, es decir, primero que ganen muy bien los “bautizados” a la fuerza por los auspiciadores y luego quedan muy atrás los “nacidos” en el Perú.
    Esta confusión adrede, es solo una de las tantas formas de embaucar al lector, solo con el propósito de servir de celestina marketera a “ciertos escritores”.
    Pero primero vayamos a definir
    ¿quién es quien en Nuestra Literatura?
    Para responder esta pregunta acudimos al simple transeúnte lector, en las calles, quien es el principal comprador de libros.
    Y de acuerdo a estas respuestas podemos establecer varias conclusiones ordenadas de la siguiente forma:
    1. el escritor peruano debe haber vivido por lo menos sus primeros 15 a 20 años dentro del Perú.
    2. no se considera escritor peruano al que migra al extranjero y escribe desde allá otras realidades que no nos pertenecen, por ejemplo, los que viven en EU y escriben sobre EU.
    3. no es valida la doble nacionalidad, el escritor peruano es peruano, mientras tenga su nacionalidad presente, si adquiere otra por vivir en otro país, ya deja de ser peruano.
    4. los escritores no nacidos en el Perú, pero que “cierta prensa” bautiza como peruanos, no lo son, ni pueden entrar al catalogo de Literatura peruana, a menos que pierdan su anterior nacionalidad.
    5. debe penarse con multas muy altas, a toda persona civil, que use los medios de comunicación para confundir o falsear la nacionalidad de un escritor “bautizándolo” como peruano, cuando en realidad su partida de nacimiento determine otro lugar de nacimiento, por ejemplo EU, México, Colombia, etc porque esta “falsa información” contribuye a la llamada “mafia cultural”, que se caracteriza por imponer el nombre de escritores no peruanos, para fines comerciales, induciendo al público lector a un chauvinismo marketero.
    Y esto significa que no se trata de discriminar a la literatura extranjera, esto significa que “se dice la verdad” y no le pone a cada novela una contratapa que mienta sobre la nacionalidad de un escritor, llamándolo peruano, cuando en realidad nació en otro país. Pero que esta mentira, es con un fin económico. Y esta falsa nacionalidad solo contribuye a menoscabar la autoestima del escritor peruano y aceptar, ponerse por debajo de otros escritores no peruanos, pero con ayuda de una prole indigna y vendedora de nacionalidades, empuja atrás a los peruanos, para dejar entrar a otros que no han nacido aquí, contribuyendo de esta forma a la canibalización de la literatura peruana.
    Y para no mentir al público se debe presentar a los escritores migrantes de otros países, con su reseña que indique el país de nacimiento, y nunca se les debe llamar “escritores peruanos” porque sería una gran estafa.
    También se debe escribir dentro de la reseña, que los escritores radicados en otros países, no contribuyen mucho a la literatura peruana, ni pueden aparecer delante de los que viven aquí, porque estaríamos induciendo a una eterna marginación, de países desarrollados primero y Latinoamérica después o al último.
    No contribuyen, porque no viven “nuestra realidad”, viven la realidad de los migrantes en EU, Asia o Europa, pero de ahí, a incluirlos en nuestro catalogo literario, por encima de otros, es una infamia y un despotismo cínico.
    Y para culminar, se concluye que el escritor peruano no debe tener doble nacionalidad, porque es mal visto, y tiene un significado colonial y antirrepublicano, porque contribuye a una falsa identidad ó a jugar en dos bandos, y esto, históricamente nos ha hecho mucho daño. Por tanto o somos escritores Peruanos o somos escritores españoles, nunca los dos, y esto va por cualquier país de Europa o Asia etc. Y para arreglar el asunto con ayuda de la lógica tendremos que si ese escritor primero fue peruano, y luego quiso acepto la nacionalidad española, actualmente ese escritor no debe estar inscrito dentro de nuestra Literatura, sino dentro de la grandiosa literatura española. Así de simple.

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  2. Se ruega en adelante poner sus comentarios en el post correspondiente. Gracias.

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  3. El enigma de la Gioconda ya está resuelto en la pág.: http://amigosdeburgos.googlepages.com/sanjeronimo

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