14.11.06


El arrebatado amor por La Giganta de Cuevas

No hará daño leer este texto que publica el artista José Luis Cuevas -tengo una edición de la poesía de Manuel Moreno Jimeno ilustrada por él- sobre el curioso fervor de un espectador por una escultura suya. Es de El Universal.


La Giganta, mi escultura de ocho metros de alto, inspirada en el poema de Baudelaire, tiene un ferviente admirador que esporádicamente aparece en el museo, para dejarle mensajes y regalos.
No se deja ver. Ninguno de los que trabajan en el museo lo conoce. Sus ardientes cartas llevan el nombre de "El Gigante Sánz", que bien puede ser un seudónimo. Por lo que dice en ellas nos hace pensar que se trata de un artista enloquecido. Enloquecido de amor por una figura de bronce.

En uno de sus comunicados dice: "¡Oh adorada y hermosa Giganta; me llena de júbilo el haber encontrado trabajo cerca de tu grandiosa casa. Ahora sí podré llenarte de sorpresas y regalos, así como todo lo que tú mereces. Como esta pequeña y bella muñeca que es para ti, mi hermosa princesita. Amor mío, el puesto que me dieron es de restaurador del Retablo de los Reyes dentro de la Catedral de México. Mi altura fue idónea para limpiar, consolidar y restaurar la parte más alta del retablo, sin necesidad de poner andamios. Adorada Giganta, sé muy bien que es un empleo sencillo y de poca paga, pero el saber que mis manos van a servir a México restaurando su patrimonio cultural, hace que ese trabajo se vuelva noble y trascendental. Tu novio, ´Gigante Sánz´."

Cuando Beatriz del Carmen y yo nos casamos en la Catedral, aparecieron, en lo más alto del altar, un hombre y una muchacha, que llevaban un enorme tubo donde, al desplegarlo, leímos una felicitación por nuestro matrimonio. No faltó un saludo para La Giganta. Una vez hecho su trabajo desaparecieron. Por la distancia que nos separaba de ellos no pudimos ver sus rostros, pero tuvimos la certeza de que el hombre era el ferviente enamorado de mi escultura. Beatriz del Carmen me hizo la siguiente observación: "Parecían dos ángeles que se desplazaban como si volaran, aunque no tuvieran alas". Los que asistieron a la iglesia los miraban con estupor.

Algunos pensaron que esa presencia había sido una idea mía. Al terminar la ceremonia alguien nos dijo: "Los felicitamos por ese happening que José Luis ha inventado".
En el cuarto que Beatriz del Carmen, directora del museo, ocupa como oficina, tenemos todos los regalos que pertenecen a La Giganta. Son figuras hechas en lámina de plata que mucho nos gustan.

En los cajones del escritorio de Beatriz del Carmen, hemos archivado todos los papeles que con frecuencia llegan y que son cartas de amor. Otra de las cartas dice:

"¡Oh, mi hermosa GIGANTA! Acepta esta pulsera brillante que te obsequia tu adorado GIGANTE. Es un pequeño tributo creado por las manos de mi madre, sé muy bien que es de material barato; pero aun con medios escasos, puede uno manifestar los sentimientos, de un corazón arrebatado. ¡Oh Giganta, Giganta bella, te invito a caminar juntos por el parque de la Alameda este lunes 12 de junio; te brindo esta invitación por la respuesta interna que puedas evocar, y la luz o inspiración que te pueda traer, el caminar por la ciudad que te vio nacer".

(La Giganta)

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