19.11.06


Ford, Franzen y Frazier retornan a las letras

Enrique Murillo, desde El País, nos alerta del retorno, con sendas novelas, de estos autores norteamericanos en pleno "vuelco electoral norteamericano". Veamos.

Coincidiendo con el vuelco electoral norteamericano, Richard Ford acaba de publicar con gran fortuna crítica The Lay of the Land, la última parte de la trilogía que inició a mediados de los ochenta con El periodista deportivo, y cuya continuación aparecida en los noventa, El Día de la Independencia (ambas en Anagrama), fue merecedora del Pulitzer de Novela y el PEN/Faulkner. Su protagonista y narrador, Frank Bascombe, es un hombre corriente que vive una vida corriente. Lo único que no es corriente en él es el relato que hace de esa vida sin épica, la crónica subjetiva de su manera de estar en el mundo.

En cambio, la vida de Will Cooper es extraordinaria. Se trata del soldado de ficción que se hizo famoso en Cold Mountain (Plaza & Janés), la novela de Charles Frazier, luego adaptada al cine. La épica adolescencia de Cooper vista por él mismo desde los 90 años da lugar a una novela recién publicada, que es "más larga y aburrida incluso que la primera de Frazier, pero que seguro será también un gran best seller", dice el crítico de The Washington Post, de Thirteen Moons (Trece lunas).

Por su parte, Jonathan Franzen, el autor de una novela portentosa e irregular, Las correcciones (Seix Barral), ha sacado una colección de crónicas y artículos, The Discomfort Zone, que ha sido recibida con notable frialdad.
Hace unos días, Richard Ford y Sam Shepard hicieron una lectura pública de fragmentos de la novela del primero en Manhattan, y el libro está siendo acogido como una obra magistral por una crítica unánime, que ha vuelto a elogiar en Richard Ford que sea capaz de la proeza que consiste en elevar a la categoría de la grandeza humana al bueno de Bascombe, quien en realidad no es nadie, o que sólo es alguien gracias a su extraordinaria "voz" narradora.
Estamos en otoño de 2000 y Bascombe es un votante de Al Gore, pero intuye que las presidenciales las va a ganar George Bush junior.

Pero no es esto lo que más le afecta. Se ha divorciado por segunda vez, le empiezan a tratar en la vecina Clínica Mayo su cáncer de próstata y, lo que es peor, se acerca el Día de Acción de Gracias y, aunque detesta las fiestas, ha decidido organizar un almuerzo con su primera esposa y los dos hijos supervivientes de aquel matrimonio. De modo que, aunque en algún momento dice que, a sus cincuenta y tantos, ya ha entrado en la "fase permanente" de su vida, en realidad puebla su relato de circunstancias que envían constantes señales de alerta ominosa. Es como si, adelantándose a lo que todos sus conciudadanos sentirán a partir del 11-S, estuviese haciendo la crónica de la vulnerabilidad. Un aspecto de la vida (el dolor, la derrota, la pérdida, la muerte) que no entraba en los esquemas de los norteamericanos, de los privilegiados ciudadanos de la potencia única que debía regir plácidamente el fin de la historia.

En el capítulo inicial de la novela, Bascombe recorre la zona comercial de la región en donde vive y trabaja como agente de la propiedad inmobiliaria. Su visión, más cariñosa que crítica, se fija en la algarabía de tráfico rodado y en la orgía de compradores alborotados que convierten las calles en un atasco y una fiesta. Faltan apenas dos días para el Día de Acción de Gracias y los shopping malls hacen sus ofertas por fin de temporada. Es el momento de disfrutar del último placer que resta en esta fase de nuestra civilización: todos se han lanzado a comprar. "Me gusta notar que al menos el comercio sigue produciendo en mí un interés casi científico. El comercio, al fin y al cabo, es una de las bases esenciales de mi sistema de creencias", dice Bascombe.

Este regreso de Richard Ford ha coincidido en el tiempo con otra reaparición que no ha sido recibida con el mismo entusiasmo unánime, sino todo lo contrario. Charles Frazier, que alcanzó hace 10 años fama y éxito multimillonario con Cold Mountain, y que consiguió de nuevo muchos titulares y muchísimo dinero (ocho millones de dólares) cuando vendió su nuevo "proyecto" de novela (apenas media docena de líneas), ha publicado un decenio más tarde su segunda novela.

Muchas críticas publicadas son elogiosas, pero Frazier ha sido tachado de escritor regular y no muy buen narrador por los dos principales diarios de la Costa Este, The New York Times y The Washington Post. Frazier retoma al protagonista masculino de Cold Mountain, aquel soldado del ejército surista que tras la derrota militar regresa a su tierra, a su casa y a su amor, y cuenta su adolescencia. Los críticos más severos encuentran que Frazier salpica su prosa, a veces fulgurante, de frases mal construidas y más exhibicionistas que elegantes. El rumor del milieu editorial neoyorquino dice que ahora se nota lo buena editora que es Elizabeth Smith (su descubridora, en Grove/Atlantic, la persona que revisó con Frazier su primera novela) y lo incapaz que ha demostrado ser Ann Godoff (ahora en Viking/Penguin), la persona que robó Frazier a sus descubridores editoriales.

También en este otoño ha vuelto a publicar Jonathan Franzen. Su nuevo libro (La zona menos confortable) reúne una serie de artículos memorialísticos y crónicas de asuntos tan variados como la venta de la casa familiar tras el fallecimiento de los padres, o el sistema de correos norteamericano. No es ni siquiera un libro importante, aunque Franzen siempre tiene momentos extraordinarios, y ha producido una gran decepción en un escritor que había escrito la más tragicómica y brillante historia de la desestructuración de una familia norteamericana de clase media.

(Franzen no encuentra el camino de regreso al éxito)

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