24.11.06


Mis Noventa. Pablo y el taller

En el año 94 el taller de poesía de San Marcos era un lugar acaso más concurrido que hoy, siempre los viernes al caer la tarde, con Pablo Guevara comandando la nao poética con esa su curiosa racionalidad para entender los factos de este oficio. Entonces tenía el vate una sectorización de los poetas peruanos según un huevo dividido en cuatro partes, subdivididas a su vez estas en otras, innumerables, partes.

En ese famoso huevo, Pablo tenía lugar para todos: Ojeda y Leoncio Bueno, Adán y Silva-Santisteban, Lauer y Mora, Catita Recavarren y Domingo de Ramos. Lo que más recuerdo de esas clases es la alegre convicción con que Pablo imponía su famoso huevo a los alumnos, que lo mirábamos a veces extasiados, otras divertidos, algunas desconfiados. ¿Cómo había llegado Pablo a decidir que un huevo pluridividido podría encerrar todas las posibilidades de la poesía peruana y acaso universal? No tenía entonces la respuesta, pero hoy se me ocurre algo.

Pablo Guevara era en sí mismo, más allá de la calidad (indudable) o del poco atractivo que pueda tener su poesía (cuestión además de accesoria en muchos casos deseable: demasiados talentos se echan a perder con el aplauso fácil de los falsos conaisseurs de cantinas y bares culturosos), una forma de comprensión de nuestra realidad poética. Juro haber hablado con él unas cincuenta veces, y las cincuenta hablamos solo de poesía, y más específicamente de los poetas peruanos y la poesía, y más específicamente del lugar de la poesía en la sociedad peruana, y más específicamente...

Pablo, como todo creador que se precie, era un obsedido. Por la poesía y su funcionamiento, su influjo, su oscuro manantial y su forma de reflejar los mecanismos de la lucha por el poder. Ese poder de la poesía que es temporal y trascendente a la vez; esa condición sutil, ultramaterial, espiritual, visceral, suya. Esa forma de Ser.

Hoy que su último libro -escrito en la cama de un sanatorio y confiado a otros poetas tan apasionados como él (y tan olvidados y carentes de reconocimiento como el mismo Pablo)- es puesto en circulación, yo quiero decir que aquella tarde de noviembre de 1994, cuando Pablo nos mostró, reluciente, su huevo abarcador, una nueva forma de entender la poesía se me reveló: ella podía ser también una lucha, una división esclarecedera y un modo de comprender el mundo concreto, no de alejarse de él. Con eso bastó, Pablo. Te la debo.

(Pablo)

No hay comentarios.:

Publicar un comentario

di lo que puedas

Se produjo un error en este gadget.