24.11.06


Nélida Piñón en El País

La noticia literaria más importante en España es la entrevista a la escritora brasileña Nélida Piñón en El País hoy. La autora de La república de los sueños habla sobre los exhibicionismos narrativos y se refiere a su amiga Clarice Lispector. Unas preguntas.

¿La literatura es contar historias?

Es mucho más que eso. Se puede explotar ese lado exhibicionista de la literatura. Nos gusta escuchar historias o suponer que somos parte de ellas porque no podemos estar fuera del circuito de la vida. Uno nace, estudia, hace hijos y muere, y eso es muy poco para la aventura humana, formar parte de historias nos da otra dimensión.

Su último libro, Voces del desierto, la recreación de Las mil y una noches, es una concatenación de historias. ¿Ha conseguido liberarse de la fascinación del desierto y sus voces?

Ya estoy fuera. No es que sea inconsecuente o frívola, es que para poder meterme en otra novela tengo que vaciar el armario y convertirme en una especie de franciscana para volver a buscar nuevos trajes. Es empezar otra vez, con la ventaja de que ya tienes el oficio y sabes cómo hacerlo. Ahora estoy en otro territorio.

¿Cuál es ese territorio?

Eso ya no puedo decírselo, pero he terminado un nuevo libro de ensayos que se llama Aprendiz de Homero. Yo soy una enamorada de Homero, tengo la sensación de que somos hijos suyos pero que sólo existe si nosotros le legitimamos. Lo dije en el discurso del Premio Príncipe de Asturias: "Ellos nos deben su inmortalidad".

¿Con Clarice Lispector tuvo alguna complicidad?

Desde el punto de vista de la ficción no, pero la admiro muchísimo. Tuvimos una gran amistad, cuando ella murió yo tenía su mano izquierda entre mis manos y la acariciaba. Tenía un carácter difícil pero nos queríamos mucho. Yo era mucho más joven que ella pero ella tenía un gran cariño por mí y a todo el mundo le decía: "Nélida es un símbolo de lealtad". ¿Es bonito, no? Yo era firme con ella, le decía: "No estoy de acuerdo, Clariciña" y aceptaba muy bien mis opiniones.

Nos queríamos mucho. Cuando nos conocimos fue ella la que tomó la iniciativa de la amistad porque era una mujer con una excepcional intuición. Yo tenía la sensación de que la mano de Dios se había posado en su hombro y le había dicho: "Escribe y no tienes que hacer mucho más". Yo no había publicado aún ningún libro y sin embargo quiso ser mi amiga en igualdad de condiciones.

¿Cree que hay un universo femenino en literatura?

Creo que hay un universo individual y que en él hay un espacio que ha sido ocupado por la mujer. Estoy convencida de que el repertorio verbal de la mujer era inmenso pero no lo podía utilizar en la medida en que tenía que circunscribirse a un universo restringido, la sociedad la condenó a ser afásica. Su lenguaje se hizo cotidiano, simbólico y fue acusada de astucia, lo mismo que tienen que desarrollar los pueblos y colectivos que sufren persecución o dominación.

(Piñón)

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