25.11.06


¿Qué es un crítico influyente?

Gustavo Faverón en su blog Puente Aéreo (ver link a la derecha) ha posteado un artículo muy interesante, a partir de una encuesta de Iván Thays en Notas Moleskine, sobre qué es ser un crítico influyente. Asumo que el corazón de la nota empieza aquí (a no perdérsela):

"...un crítico puede ser influyente de muchos modos. Puede influir en un escritor de la manera en que Lex Luthor influye en la vida de Superman: jodiendo a mansalva y gratuitamente (o con el fin de conquistar el mundo, que suele ser lo mismo).

O puede influir en un escritor abriendo puertas y revelando caminos que el escritor acaso ya intuía, o quizá no, pero que desde entonces aprende a hacer suyos. Ese es el papel que Sartre desempeñó en la evolución del joven Vargas Llosa. Y el rol que el crítico Vargas Llosa ha cumplido en la de otros que vinieron luego.

(Sería interesante descubrir algún día si la idea de la novela total vargasllosiana, por ejemplo, se extendió más con el ejemplo de sus novelas o con la postulación hecha en Historia de un deicidio y muchos otros ensayos).

Por supuesto, es más común medir la influencia de un crítico atendiendo a las consecuencias que sus juicios ocasionan en la recepción pública de una obra. Hay casos míticos: críticos de esos que, cuando comentan, inventan o revientan famas, o consagran o avinagran obras enteras. El alemán Marcel Reich-Ranicki es acaso el arquetipo de ese estilo en nuestros días. No existe nada siquiera lejanamente parecido en el Perú.

Cuando era editor de Somos, hace seis o siete años, recuerdo haberme sorprendido al comprobar, hablando con gente de librerías limeñas, que mis comentarios en la revista influían en las ventas de los libros.

Mejor dicho, no me sorprendió que influyeran; me sorprendió cómo influían. Un comentario positivo y uno negativo, según descubrí, tenían más o menos el mismo efecto: potenciaban las ventas por unos días, acaso una semana, a veces un poquito más. Un comentario sumamente negativo tenía las mismas consecuencias que uno sumamente positivo.

Entonces me di cuenta (ya para siempre) de que el influyente no era yo, sino Somos. Y acaso no Somos, sino El Comercio. Y acaso no El Comercio, sino el comercio, y su vástago más constante: el puro prurito de la novedad. Mi columna era poco más que una vitrina para exponer carátulas de libros, y mis reseñas eran algo así como la letra chica del contrato, que nadie lee.

Por supuesto, eso es exagerado. Mucha gente lee Somos. Aunque sigue siendo verdad que poca gente lee libros. Y así las cosas, ¿a quién influye lo que dice un crítico?

A otros críticos, a algunos estudiantes, a un porcentaje minúsculo de lectores comunes pero avisados, y a pocos escritores, a quienes la influencia se les nota más frecuentemente en el hígado o en el corazón que en las mentes o los libros.En esa misma época me hicieron una entrevista en Quehacer sobre el trabajo de la crítica. Dije entonces que la labor de un reseñador era crearle a la gente los prejuicios que juzgara sinceramente mejores.

¿Cómo puede ser parte del oficio de la crítica crear prejuicios? Pues, lo es. Sobre todo, pero no únicamente, cuando uno ejerce la crítica en medios masivos, o más o menos masivos.De hecho, una gran diferencia entre escribir críticas académicas y escribir críticas en la prensa es el asunto del prejuicio: comúnmente, en el medio académico, un lector consulta críticas sobre libros que ya leyó, y sobre los cuales quiere profundizar.

En la reseña de prensa, en cambio, el lector suele consultar primero el comentario y luego decidir si lee o no el libro: en este caso, entonces, el crítico, quiera o no, al emitir un juicio, estará creando un prejuicio en el lector.

Es decir, el crítico académico influye en la relectura, mientras que el reseñador influye en la decisión de leer y, acaso, en algunos casos, en la lectura misma: si uno lee una novela después de haber leído una crítica de la novela, la crítica queda inevitablemente incorporada a la recepción de la obra, las palabras del crítico se filtran y se tejen con el texto de la ficción, resuenan en él, lo modifican.

Algo similar, pero menos radical, ocurre con la interferencia que supone la crítica académica en la relectura de un texto. (Uso el término relectura de manera libre: la crítica misma es lectura y relectura).

La creación del prejuicio es inevitable. Por eso es que la actividad crítica implica una ética: el crítico necesariamente es un polizón filtrado en una conversación ajena. Si ya está allí, si ya irrumpió en un circuito que no le corresponde (el crítico siempre es un mediador no previsto por el autor en la relación entre su texto y el lector común; salvo que el escritor escriba para la crítica), lo menos que el crítico puede hacer es permanecer fiel a su juicio, no obstaculizar la relación entre texto y lector, permitir la fluidez, propiciar la conexión, en la medida en que el texto la propicie también, de manera eficaz y original.

Y parte de esa ética estriba en denunciar los textos tramposos, los inauténticos, los tontos, los tullidos, los que venden gato por liebre, etc, etc.¿Quién le da al crítico la autoridad para decidir esos casos? Nadie. Es una autoridad arrogada y que se debe justificar cada vez que se escribe una nueva crítica. Por eso, una crítica debe quedar siempre sometida al juicio de los demás críticos.En resumen: un crítico literario es por definición influyente. Influye mucho y muy profundamente. Pero influye en poquísima gente".

(Portada de Toda la sangre (Matalamanga), estupenda antología dirigida por Faverón y que apunta a ser la mejor del año)

5 comentarios:

  1. Me acabo de enterar que la encuesta de Notas Moleskine arrojó como resultado a Gustavo Faverón como el crítico más influyente en el Perú, con un 19% de lso votos. Felicitaciones.

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  2. Anónimo26.11.06

    En EEUU, Ophra (asi se escribe?) recomienda un libro en su programa y al dia siguiente es un best seller. No es una critica, es una persona influyente que solo comenta lo que le gusta.

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  3. Anónimo27.11.06

    No es así. Oprah no es simplemente alguien que "recomiende" un libro. Su "club del libro" es una institución. Ella recomienda libros publicados con el sello del "club del libro de Oprah" en la carátula, y eso implica una distribución masiva que corre a cuenta de su empresa, e incluye también el hecho de que el libro sea comentado largamente en una cadena nacional de televisión, incluyendo entrevistas al autor, etc, etc. Eso de que "Oprah recomienda" y la gente simplemente va y le hace caso es una caricatura. Se trata de negocios montados por una de las personas más poderosas de la televisión gringa. Negocio que, además, casi se va al diablo hace unos meses cuando se descubrió que uno de los famosos libros era una estafa, una supuesta autbiografía colmada de inventos y mentiras.

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  4. Anónimo27.11.06

    "Asumo que el corazón de la nota..."

    No es para publicarlo: "asumir" por "suponer" es anglicismo.

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