8.11.06


Rincón del blog. Blog de notas (www.zitro24.blogspot.com)

Retomo esta olvidada sección con un blog interesante dirigido por Bruno Ortiz. En él podrán encontrar comentarios a películas, cómics, algo de política, y bastante de literatura. Todo dicho con equilibrio y sin cortapisas.
Vaya como por ejemplo esta reseña sobre Todas mis muertes, de Ezio Neyra (novela que, dicho sea de paso, descansa sobre mi mesita de noche hasta el lunes, que la agarre).

"Ojeando títulos en la sección de libros en un supermercado encontré este libro. Sinceramente la contratapa me convenció. Pero conforme fui avanzando en la lectura me di con la sorpresa de que la historia se iba por otro lado y al final siento que me quedé sin cabra y sin soga.Como un lector más, solo quiero compartir con ustedes algunas ideas tras haberlo terminado:

Qué me gustó. La prosa que usó el autor es muy ágil y permite que se termine el libro muy rápido (cosa que por lo general complace a muchos). Como se trataba de una novela que giraba sobre un periodista y su trabajo, me gustó que se usen algunas páginas de libro para mostrar lo que el personaje principal iba publicando (así como en Pantaleón y las Visitadoras la narración se va intercalando con los textos de las cartas que se envían los personajes). Otra cosa que me gustó fue que la historia estuviera situada fuera de Lima, aunque confieso que me demoré un poco en darme cuenta.

Qué no me gustó. Lamentablemente fueron muchas cosas. La historia me parecía atractiva a priori: un redactor de culturales que es destacado a policiales y cuya comisión es encontrar a un ladrón fugitivo, y que debido a su situación inesperada se refugia en historias de su pasado. Pensé que esas historias le ayudarían a atar cabos en su labor periodística o, en todo caso, que esos recuerdos le ayudaran claramente a cerrar aquellas deudas personales con las que cargaba y que a partir de ello iniciara una verdadera maduración.

Sin embargo, la historia inicial va perdiendo importancia ante los recuerdos del personaje principal. Fácil que el de la falla soy yo, pues al final no entendí realmente (o no me terminó de cerrar) qué fue lo que aprendió o qué cuenta fue la que salda Francisco Neyra, personaje de la historia (en realidad sí pude percibir algo, pero estoy a la espera de que alguien me diga que estoy equivocado y me enseñe con lo que realmente debí quedarme).

Qué me decepcionó: Fue un tocayo, colega mío (Bruno) quien me pasó la voz, justo cuando estaba en las primeras hojas del libro (y cuando mis expectativas estaban aún intactas). “Me han dicho que hay muchas incongruencias”, comentó. Creo que tuvo razón. A continuación algunos ejemplos:

En sus primeros recuerdos, no se hace referencia a la edad del personaje. Sin embargo, en un momento se lee a la mamá de Francisco advirtiéndole que “si se hace la caca” no le de su calzoncillo a Juana, a lo que el jovencito responde que ya es grande. Poco después, Francisco –ya de viaje hacia Arequipa en el carro de su papá- dice “Y hace poco pasamos Lamas –le demostré que sabía leer a mi papá”. Hasta allí uno puede suponer que se trata de un niño, sin embargo líneas más adelante el propio Francisco dice “No pues Feli, solo tengo trece años, acuérdate”. Digamos que las cosas no cuadran.

Bueno, entre otras cosas están las líneas dedicadas a criticar a la Virgen de Chapi (me pareció sin sentido); el claro resentimiento que quiso marcar hacia su papá, pero que no me pareció justificado (digo, uno no puede odiar tanto a su papá solo porque no lo lleva cuando uno quiere a la casa de sus abuelos); el hecho de que en el diario en que está trabajando haya tenido en su escritorio una máquina de escribir pese a que la historia está situada en el 2005 (no sé cómo serán los diarios de provincia, pero supongo que los de Arequipa tenían computadoras para el año 2000… si no es así, les ruego que me disculpen); algunos diálogos como los de su tía Norma que no me parecieron muy reales (“Qué lindo cuerpo tenía… y mire mis tetas ¿no le parece que eran lindas?… dice Norma a un hombre que quería convertir en su marido); entre otras cosas más.

Finalmente, la historia en sí. No se cierra el caso del fugitivo (sé que era la excusa para el despegue de la otra historia) y las mismas historias de los familiares del protagonista se quedan un poco en el aire".

(Portada de la novela de Neyra)

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