22.11.06


Salomón says: Juan Ojeda, Elogio de la infancia, Eleusis: Oscila la vanidad de fallar

No desciende la noche sólo para los desgarrados, / pues en medio de la vasta alegría oirás el pánico. / Tras el fluir del río una inmóvil música brilla, y hay pánico.
Juan Ojeda

¿Qué presente o pasado nos conduce / a nutrir el tiempo futuro? La delectación en la carne, / el café a medianoche después de una agotadora lectura. / ¡Conocimientos! ¡Conocimientos! La sonrisa aparente. / ¿Noche (como si el tiempo fuera la noche), a dónde caminamos?
Juan Ojeda

Como puente colgante diría: Hasta qué puntos gordos o hacia qué punto flaco la poesía se entuerta en pérfida manera de conocer ¡mundos! que jamás se entenderían con la ciencia u otras meriendas del intentar conocer. De olerte malignamente vestida y pensarte libremente desnuda. Poesía y poesía poseería y solamente si tú te dejas ver. Soñada. Si tú te atreves a ver.


No hay palabra, sino río de luz que se mata o se desnuda. Sólo hasta hoy me alcanza Platón. Yo no me quiero salvar de esta magnitud gomorrítica. Golpéame para soñar. Quiero un viaje y nada más. Abuso, marca estándar, dame rascacielos entre el beber y el matar. Oscila la vanidad de fallar. Escógeme pulgar de ahorcar, dardo de bajar de subir el único monte genial. Los desgarrados, esos que recogen, sin saberlo, / la pavorosa carencia del mundo y, transfigurados, / soportan el misterio y habitan una soledad deforme, / están más cerca del nacimiento. Y si pudiéramos entrar / a la morada en que yacen, su sola inercia nos destruiría. / ¿Soportaremos, entonces, el vértigo de lo real? Si vamos a ser amigos matémonos, montémonos, leámonos… Visión, contemplación, maestría: La llama del alma (José Clemente Orozco), los dos. Apóstata en cualquier lugar. Porque en tu Tú ya eres otro. Yo no quiero estallar así de un beso en la legalidad… mira, Milagros, el vaso acaba de pasar. Ya descubrieron la invisibilidad. La guerra es un nacimiento, una ascensión. Mi rostro es el Autorretrato de Matta, de Lam, de Gutiérrez, de Tola, de Pollock, del impacto y del kirieleisón que sí piso. Cazador. A recitar por despeñadero de amor. El conocimiento es el más suave dolor. Una Guerre esthétique de Dalí: qué prontitud la tuya Juan Ojeda. Corsario del verso embestido en flor sangrante. Pues todo está rodeado por una muerta Realidad / todo es pánico, inmóvil duración / donde nada encontraremos. Osmo Rauhala: The Moment of the Wolf, acércate de libertad para no-ser, para no nombrar: escalera de dar. Del quitar. La otra maligna señal. ¡Carajo, estoy vivo! Me muero en la luz de Plutarco, de Virgilio, de François Villon.

Otra vez ya no hay nada que me dislate en astrologada timidez. Y de quién aprendo la polución. Me siento más natural que un número desconocido. La excitación, la poesía, peligrosísima, me está encontrando insecto de aluvión náutico. En ella ya no hay intención sino lujación de la memoria. Miríadas de minorías mistagógicas. Imperturbables en esta escalera en la que hay que flotar para asfixiar la poesía positiva, estercolada de amor en la penúltima edad: la de aquella que después de la primera y la segunda, alguna vez, diste de beber. ¡Consternación? Para abrazar hay que decir amor. ¡Chúpenmela, todas las mujeres! (Dulceánico eco de un juerves en el esquizofrénico ver y oler la inmensidad… cosas filosóficas, beldades del Yacana.) Similicadencia de encontrar y de perder, refracción de amigos (Juan Ramírez Ruiz y Tulio Mora) como mugre trasatlántica, resplandor del cohecho de viajar para pensar. Cuándo despertamos el pensar. Cuántos lo logramos contaminar. Un huaquero. ¡Oh infancia de futuros siglos, ya se escucha / la humana muchedumbre, se insinúan / los tiempos de un orden nuevo! // Porque la tierra, niño, te cobijará / en sus dones eternos, porque ya se avecina / la edad de una historia fecunda: mira, mira estas ruinas. / Luego caminemos hacia los montes fértiles.

No, no todo lo estoy hablando al revés. Hay una cosa que anteriormente siempre sabemos. Si no como todo no perece, todo está para ser llorado… a sí, jamás arrepentido de gritar. Cuando no tuvimos a alguien que nos grite estuvimos tristes, ¡recuerdas! Cuando el irracionalista nos canta que hay que olvidar todas las cosas para nombrarlas nuestras, para no encontrar nuestro poema sino el de ‘el poeta’, el único no-ser adyacente al olvido y a la única libertad. Copiante de todo lo demás, memorizar, para renovar una realidad pagana. Y no correr para no morir, correr para matar de amor. Mi amor, tu amor, el Arte. La Poesía que limita origen de filosofía, de ciencia y de religión. Pensaría que la poesía es una sagrada comedia hecha por el fuera de Dios, por el fuera del Ser, por el indistinto del Todo. Y no abrir puertas para entrar. Y sí cerrar puertas para salir: Todo está en un solo lugar. Y el que se sienta es el perdido. (Salomón Valderrama Cruz)

(Juan Ojeda)

2 comentarios:

  1. Anónimo23.11.06

    Salomon, no sabes que Ojeda màs que corsario es un polizonte bibliófilo. hay que leer a Cabel.
    Y hay por lo menos tres aforismos que me cuelgan, eso sí que vale.


    Marcos
    .

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  2. Anónimo23.11.06

    Por el neologismo la poesia te esta violando Salomón. Y lo disfruto. Espero que escribas sobre algún poeta vivo... digamos Pancorvo, Ildefonso, Lazarte, Zegarra, Pimentel, etc.

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