8.12.06


EL ESCRITOR PERUANO ESTÁ DESNUDO

Héctor Ñaupari*

El reciente debate sobre narradores y críticos ha mostrado que, en el Perú, el escritor está desnudo. Es hora de decírselo. El escritor peruano carece de una infraestructura mínima que lo represente, que defienda sus intereses y lo resguarde ante las múltiples vicisitudes y necesidades que lo acosan. Del mismo modo, a los narradores, ensayistas y poetas nacionales les faltan críticos serios, preparados, intachables y comprometidos con la promoción de la literatura nacional. Esos críticos, en estas tierras, sencillamente no existen.

Asimismo, no tienen manera de definir su propia situación en el Perú, ni un aparato intelectual o siquiera unos instintos que le permitan encontrar su lugar en los procesos políticos, económicos y sociales de nuestro país. Quizás por esa causa, no son considerados como líderes de opinión en la sociedad peruana –tal cual ocurre en todos los demás países del mundo civilizado– y la publicación de sus libros pasa completamente desapercibida para la televisión y la radio locales, es decir, para los medios de comunicación más efectivos para llegar masivamente a sus posibles lectores.

Nuestros escribas se hallan desprovistos también de una infraestructura mínima de mercado para poder vivir de su literatura: en estas costas no hay agentes literarios, ni editoriales que sean considerados un caso de éxito empresarial, ni librerías importantes, ni mecenas empresariales, institucionales o personales que financien la creación literaria. En ese aspecto, el Perú es un páramo. Pero, sobre todo, el escritor peruano no tiene lectores: en una sociedad donde elites pudientes y masas empobrecidas, donde blancos, mestizos y afro peruanos, ricos o pobres, todos por igual, no han leído en su vida un solo libro completo, en cuyas casas jamás se ha visto una biblioteca, donde los libros son parte de la decoración de salas y dormitorios –y eso, sólo cuando están de moda– quien se dedique a escribir aquí es un verdadero extraño, se quiere morir de hambre o está loco. Si existen algunas excepciones a estas carencias, son sólo excepciones: burdos harapos que nunca alcanzan a cubrirnos del todo.

En esta tierra yerma que es el Perú para la literatura, considero que la primera responsabilidad de esta trágica situación somos los propios escritores. Primero, porque no escribimos para nuestros lectores. No pensamos en ellos. No nos interesan. Los narradores se han vuelto vulgares matarifes. Ni siquiera llegan a cirujanos. Sólo exponen vísceras animales –sobre todo las suyas– y las exhiben en un camal al que llaman novela o cuento. Sangre, suciedad, prostitución, travestismo, hoteles derruidos y malolientes, drogadicción y violencia política o social –sea para cumplir sus propias agendas o las de sus jefes, aquí o en el extranjero– son los temas. Los muy pocos que salen de la escritura de letrina son nefelíbatas, decoradores de interiores literarios: apenas logran generar un par de buenas atmósferas, pero nada más. En uno u otro caso, investigar o escribir sobre otros asuntos –los que verdaderamente pueden interesar a los lectores– es venderse, rebajar su olímpica condición de iluminados.

A esos seudo creadores habría que recordarles que los lectores peruanos quieren, a mi juicio, escapar del mundanal ruido nacional y vivir la vida de otros, por ejemplo, a través de un buen libro. O conocer en forma de ficción la vida privada o pública de sus antecesores. O leer sobre los mitos y leyendas provincianos, que las abuelas nos contaban para aterrarnos. Tres ejemplos al respecto: en trescientos años de régimen colonial, pródigos en lances románticos, aventuras de piratas, atrevidos arcabuceros, cardenales intrigantes y pérfidos virreyes, lo único que existe para los lectores es Piratas en el Callao. Es una afrenta, tanto para los matarifes como para los señoritos de largos cabellos de la palabra, que sepamos, por un cineasta cholo, del mito ayacuchano del Jarjacha, hombre convertido en monstruo al cometer incesto. A ninguno de ellos se les ha ocurrido escribir, en forma de novela histórica, sobre las fantásticas vidas, llenas de luces y de sombras, de Piérola, Castilla o Cáceres. En su afectada condición de creadores, sea de desagüe o decorativos, unos y otros han pasado por alto lo obvio: sin lectores, no hay escritores. No hay librerías. No hay infraestructura ni mercado para los libros. No hay críticos responsables sino sicarios de la pluma. No hay posición ni liderazgo. No hay, en buena cuenta, nada.

Los escritores también somos responsables de eso que el genial Revel llamaba hemiplejia moral. Llamémosla también esquizofrenia vital. Los escritores peruanos se pretenden de izquierdas, pero en realidad quieren vivir como de derechas. Por eso, aunque desean una buena vida –como cualquier mortal– reconocer la sola existencia del mercado les parece obsceno. Identifican al empresario como un hombre de las cavernas. Ello no obstante, nuestros escritores quieren con frenesí tener ese confort material. Por eso no saben si traicionar sus principios y no vender un solo libro, o traicionar y ser exitosos y subsistir, por lo menos, sin carencias. Esa conducta es un error. Desconocer la realidad del mercado es como ir contra la ley de la gravedad: sólo los obtusos la negarían. Puede creerse o no en el liberalismo o en el socialismo, pero no se debe menospreciar a quien cumple su rol en el mercado, como trabajador o empresario, ni idealizar a uno rebajando al otro. Los escritores vuelven a pasar por alto aquello que les estalla en las narices: que la actividad a la que uno se dedica en el mercado no supone, automáticamente, negar lo que uno es y en lo que cree.

Hasta que no nos dediquemos a los lectores y superemos esa hemiplejia moral que nos aturde, no construiremos un verdadero mercado ni una institucionalidad mínimas para la literatura peruana. Ésa es la tarea que debemos en verdad imponernos. Los peruanos leerán si somos capaces de conmoverlos, seducirlos o hacerlos mejores con buenas historias o poemas llenos de intensidad, sensualidad y altura. Podemos seguir haciendo lo de siempre: sacarnos las vísceras unos a otros en un teatro vacío, condenándonos solos al silencio –creyendo torpemente que lo hacemos con otro escritor al que nos oponemos ideológicamente– negándonos cobardemente a debatir sobre estos temas, creyendo, como los levitas o el Bartleby de Melville, que nos mantenemos puros si no hacemos nada. O podemos cambiar y así cambiar al Perú. El escritor peruano ya no puede ni debe estar desnudo. Es hora de vestirnos.


Surco, 6 de Diciembre de 2006

*Poeta y ensayista. Autor de Rosa de los vientos (2006), Páginas Libertarias (2004) y En los sótanos del crepúsculo (1999).

12 comentarios:

  1. "El escritor peruano carece de una infraestructura mínima que lo represente, que defienda sus intereses y lo resguarde ante las múltiples vicisitudes y necesidades que lo acosan"

    "los escritores no tienen manera de definir su propia situación en el Perú, ni un aparato intelectual o siquiera unos instintos que le permitan encontrar su lugar en los procesos políticos, económicos y sociales de nuestro país".

    Estas palabras son importantes en momentos en que los medios de comunicación tradicionales ejercen presión sobre los creadores y los manipulan como quieren a cambio de una foto o una página, burlona además, en su revista o programa de TV.

    Hay que reflexionar sobre esto.

    ResponderEliminar
  2. Anónimo8.12.06

    Ñaupari denuncia que los escritores jóvenes se han vuelto vulgares matarifes que exponen vísceras en un camal llamado novela, lleno de prostitución, travestismo, hoteles derruidos y malolientes y drogadicción.

    Es cierto. Luego de la excelente novela de Oscar Malca, Al final de la calle, publicada hace más de una década, las novelas que han aparecido se restringen a esos temas sórdidos como si no hubiera otras posibilidades en la realidad.

    La diferencia es que la novela de Malca está bien estructurada y cuenta una historia, en cambio las novelas recientes que hablan de "hoteles derruidos y malolientes" no pasan de ser poemas en prosa farragosos y previsibles.

    Felizmente hay una generación de jóvenes escritores que van más allá, como Luis Hernán Castañeda, Sandro Bossio, Miguel Ruiz Effio y muchos más.

    Fidel K

    ResponderEliminar
  3. Hace tiempo no leía un artículo tan brillante y lapidario,debería publicarse en lugar de piedra de toque en el Comercio donde últimamente Vargas Llosa ha optado por la estupidez sensiblera.Felicitaciones Héctor

    ResponderEliminar
  4. Anónimo8.12.06

    El punto es que los escritores peruanos no se quieren reconocer como trabajadores, y que son parte de un mercado, Vargas Llosa al comentar el caso de Gunter Grass acotaba en ese sentido;:"la literatura no es nada más --no es nada menos-- que una forma elevada del entretenimiento, algo respetabilísimo desde luego, para divertir, hacer soñar, arrancar de la sordidez y la mediocridad en que está sumido la mayor parte del tiempo el ser humano"...




    Julio

    ResponderEliminar
  5. Anónimo8.12.06

    Oye Víctor:

    Primero que nada, tu blog súper bacán, te felicito. Hay de todo. Literatura, cine, rock y hasta uno que otro chisme de la farándula. Se ve que sueñas con Kate Moss, igualito que yo. Muy bueno este amigo ñaupari, aunque su foto no me convence. Además, no solamente los escritores están desnudos en este país, también lo estoy yo, desnudo de amor, de amistad, de plata, de sueños, de esperanzas... súper calato pues. Pero de vez en cuando me asomo a este limbo para vestirme con un poco de luz. Carajo, no hay salida para los pelados como yo. Te quiero causita.

    ResponderEliminar
  6. Anónimo8.12.06

    Estoy de acuerdo, es hora de vestirnos, pero no de travestirnos, mucho menos de disfrazarnos.

    G.

    ResponderEliminar
  7. Completamente de acuerdo con lo que se dice de la novela de Malca, que además inauguró lo de la novela joven urbano marginal.

    No estoy seguro de compartir, en cambio, la posición omnimercadista de mi amigo Ñaupari, aunque es totalmente cierto que los escritores necesitamos un soporte en estos tiempos donde no se puede hacer casi nada sin dinero.

    No creo, como algunos anónimos insultantes han vomitado acá (y que evidentemente he borrado) que Ñaupari necesariamente haga referencia a alguna novela en específico al denostar la "sordidez" y los "hoteles derruidos y malolientes". Salvo mejor parecer de los lectores.

    ResponderEliminar
  8. "Los escritores peruanos se pretenden de izquierdas, pero en realidad quieren vivir como de derechas"...

    Este fragmento de Ñaupari salpica a la mayoria de la intelectualidad
    peruana.

    El artìculo de Ñaupari es muy valioso como radiografia del circuito literario local e involucra incluso hasta sus autores mas jovenes.

    Felicitaciones por la valentia del escrito.

    Un abrazo desde Madrid.

    ResponderEliminar
  9. Anónimo11.12.06

    Por falta de tiempo y de ganas solo dejo un par de palabras a Héctor. Como siempre, una costumbre muy extendida en el Perú, Héctor no dice y dice a media caña. "No hay nada en el Perú". Qué facilismo, yo le pregunto: ¿por qué tanto libro pirata? que muchos como yo consumen, ¿por qué los de la clase media poco ingresa a una librería?, no será acaso que consumir un libro original te puede desbalanzar tu mes. Lo que este señor no quiere decir es que no ha habido una política real de parte del Estado (que somos todos, no solo los gobiernos de turno) y que los otros culpables son los escritores y la intelectualidad peruana porque nunca se han preocupado en exigir una polítca cultural que les beneficie y beneficie a los lectores. Por favor dejemos las envidias y la mala leche para cosas más importantes. Por favor Héctor si tu libro "Rosa de los vientos" no sale como esperabas no significa que nuestro país es un páramo, lo que sucede es que la poesía en el Perú se ha vuelto elitista y si comienzas a buscar culpables deberías mirarte en un espejo junto con los de tu generación para saber por qué.
    Gracias Víctor, espero lo publiques.
    Jorge Noriega

    ResponderEliminar
  10. Anónimo11.12.06

    Un primer paso para mejorar la situación: subvención a los precios de los libros.

    ResponderEliminar
  11. Anónimo12.12.06

    ¿Tanto libro pirata? ¿Has conseguido a Bolaño, Ishiguro, Roth o algún escritor importante- pero-no-tan-conocido en pirata?

    ResponderEliminar
  12. Anónimo14.12.06

    REMITO AL ARTICULO DE RODOLFO YBARRA, AL RESPECTO

    ResponderEliminar

di lo que puedas

Se produjo un error en este gadget.