13.12.06


"El escritor peruano está hecho una mierda"

Posteo tal cual la respuesta inesperada del poeta Rodolfo Ybarra (Vómitos, Ruptura de Heje) a Héctor Ñaupari y Jorge Frisancho, quienes han intercambiado lanzas en este recinto en torno al escritor peruano, sus disfraces, sus desnudeces y sus mierdeces. Atentos.

¿El escritor peruano está desnudo? ¿Es hora de decírselo? No entiendo qué es lo que se quiere decir. Primero, si alguien está desnudo y no lo sabe, hay un problema de percepción que hasta podría ser entendido como esquizofrenia o manía; ahora la realidad no cambia ni se hace palpable si se le acerca a alguien como si fuera una torta o simplemente porque alguien te la cuenta o te la describe, o sea si el escritor está desnudo y no se da cuenta, ¿cómo se le va a hacer para que se vista?

Muchos estarán diciendo ¿qué ocurre? ¿si sólo es una metáfora? Como dice, dada su lejanía, el señor Frisancho, pero lastimosamente no veo ninguna metáfora, aquí simplemente lo que se trata es la cruda realidad: el escritor peruano no sólo está desnudo, sino que está destruido, está solo, está perdido, está sin muelas, está en muletas, está de cabeza, está pateando latas, está con sida, está con cáncer, está con lepra, está sin DNI, está sin sueldo, está sin seguro, está –digámoslo de una vez- hecho una mierda.

Y qué estructura mínima va a haber para que lo represente, si todo este sistema putrefacto anula las posibilidades de organización porque no hay tiempo para sobrevivir, hay que tener 3 ó 4 trabajos, si es que los tienes, o hay que hacer de sobón en algún diario o universidad para así hacer las cosas “correctas” y mantener en vilo el lado académico. Un amigo me decía que la realidad superaba a la ficción y por lo tanto había que vivir de manera paranoica, hay que desconfiar del amigo que te visita porque ese quiere estar con tu mujer y hay que desconfiar de los compañeros de trabajo porque esos buscan tu puesto si tienes más jerarquía o si está mejor remunerado. Este sistema que parecen defender con uñas y dientes algunos escritores -mismos cancerberos o demonios apocalípticos- no puede en definitiva “fabricar” alguna solución, la solución corresponde a una gran propuesta corporativa o general –no trotskista-, porque los pensamientos también son producto de un sistema y si el sistema es aberrante, pues los pensamientos (o la superestructura) como el de mi amigo, también ha de serlo.

No entiendo por qué mi compañero de generación Héctor mezcla la defensa orgánica del escritor por supervivencia con el tema de los críticos, ya debatido hasta el hartazgo en los blogs basura y en los otros, que son pocos y hasta se han hecho una suerte de ratings (de rata) para establecer quién ejerce el mejor mecanismo o soplido de fuelle publicitaria, o sea quién es capaz de levantar en hombros o en forma de “capachún” –con o sin meditación y sin alfombras mágicas- a su autor preferido o al recomendado vía tarjeta o vía orden del director del periódico, y así el crítico termina haciendo su fellatio en vivo y en directo y “el escritor de moda” termina eyaculándonos en el rostro –para delicia de algunos, mismo bukakke- sus obras mal habidas cero interés y a bajo precio. Y no tenemos por qué quejarnos de si un escritor “no tiene manera de definir su propia situación en el Perú, ni un aparato intelectual o siquiera unos instintos que le permitan encontrar su lugar en los procesos políticos, económicos y sociales de nuestro país”, no será porque el escritor mal alimentado y todo y condenado a un constante desgaste para mantener a su familia o mantenerse a sí mismo, y a un constante lavado de cerebro como todos los peruanos y todos los ciudadanos del tercer mundo (porque los del segundo mundo al menos comen y pueden pensar mejor, y claro, el lavado de cerebro encuentra mayores resistencias).

La ubicuidad no es un don, es parte del mecanismo de conservación y si no se tiene, pues se está condenado a ser fagocitado por otro mejor dotado en la larga cadena alimenticia del ser humano que coronan por cierto los plutócratas y que defienden sus esbirros, llámense ejército, policía nacional y toda esa sarta de mercenarios que “cuidan el orden público” para que los esclavos, entre los que están los escritores, no se rebelen.

Por qué tendría que alarmarme porque un escritor no puede vivir de lo que escribe, si uno toma un tico puede encontrarse con un cirujano vascular o algún ingeniero de sistemas –yo me he encontrado hasta con santones, seguidores de Ataucusi hablándome del diezmo, y hasta con Dante Castro en su volkswagen viejo haciendo taxi-. El punto no es que el escritor deba vivir de lo que escribe sino de que este sistema está construido para doblegar al más insomne y convertirlo en una suerte de multiusos o “mil actividades”, como el “mil oficios” de Chuiman, sin capacidad y sin tiempo para centrarse en una cosa, una especialidad que algunos tienen y terminan siendo honrosas excepciones a la regla.

Vivir de la literatura “es un sueño” que se puede hacer realidad si cuentas lo que te sucede del ombligo para abajo o del derriere para abajo –si se quiere- y organizar un escandalete como esos “oñoñoys” como Bayly u Ortiz cuyas recetas no la siguieron bien Yesabella o Brocca o el ex amante de Gisella, Carlos Vidal. “Escandaliza y vende” es el lema de estos tiempos y ya lo han aprendido bien escritores como Ampuero con lo de “El Enano” o Verástegui posando calato en “Caretas” u otros que por higiene mental es mejor no mencionarlos. Tampoco esto me parece importante, no imagino a Tolstoi escribiendo “La Guerra y la Paz” para vivir de ello, es absurdo.

No se trata tampoco de negar la condición de escritor a alguien porque escribe sobre temas que a ti te parecen banales o porque se hayan vuelto “vulgares matarifes”,o toreros de vacas con ántrax; tu posición se acerca a la del señor Irigoyen quien aceita continuamente sus espéculos y dice que todos los poetas peruanos -salvo algunos aceptados a regañadientes- no tienen ninguna valía disparando a mansalva mismo Robocop, y al final se queda él solo comiéndose a sí mismo como el catoblepas, autófago y falto de rigidez consigo mismo. Y aquí si es de notar la falta, ya no de crítica sino de autocrítica de la que carecen la mayoría de nuestros autores, todos con una soberbia tamaño de sus encebadas barrigas como el Ubú Rey. ¿Quién puede autoflagelarse y salir luego con una corona de espinas y decir realmente mi literatura no vale la pena? Todos –o casi todos- quieren espacios en televisión, o ser reseñados o entrevistados, y posan para la foto con fotoshop y todo incluido, pero señores ¿su literatura realmente vale la pena para exigir todo lo que ello conlleva? Por favor, tenemos poetas a granel que parecen controlados por una omnimente (como Toy Story 3), todos escriben lo mismo y sobre lo mismo, y como dicen en el fondo del charco los sapos se escupen entre ellos o se lamen con lenguas bífedas mismas serpientes. Y de los narradores ni qué decir: se arrancan los pelos y se comportan como la Divinne de “Pink Flamingo” sobre todo en la última parte, para demostrar que son como Harry, el sucio, nada más que aquí –al igual que en la película o la serie- todo es impostado, todo tiene su respectiva pátina y pose. Y uno de los grandes culpables, aceptémoslos de una vez, son las universidades que se han convertido en fábricas de escritores-androides, sólo hay que mirarles en la nuca para descubrir el código de barras y determinar el lugar de procedencia, excepciones a la regla siempre habrá, pero siempre serán lastimosamente los menos.

El caso de los agentes literarios es patético, cómo exigir a una realidad como esta, donde los agentes funerarios quieren enterrarnos vivos, que existan estos señores que por cierto, son un producto de la tecnificación o especialización del mercado, y cuyo sueldo lo tiene que pagar directa o indirectamente el escritor y con qué. Sin embargo lo dicho en el párrafo anterior mas el estado de pauperización y expulsión de la PEA activa se une para colmo de males y como pala de enterrador la“falta de lectura”, que no es lo mismo a “falta de comprensión de lectura” en los que somos superados solo por Haití; pero si eso fuera cierto y como dice Beatriz Ontaneda, ¿por qué la piratería de libros es un gran negocio y por qué y para qué la librería “El Crisol” está abriendo un gran local –por el tamaño físico- en Los Olivos?

Creo sinceramente que Héctor Ñaupari y el señor Frisancho se equivocan y el primero se equivoca doblemente: primero porque los lectores no hacen al escritor, ni lo pueden condicionar, el escritor debe gozar primero de la libertad creativa, exorcizar no ya a sus demonios sino a su estómago hambriento que no lo deja pensar, asumirse a sí mismo para luego poder captar su realidad. Ahora yo pregunto: ¿existe realmente un “escritor malo” o “libro malo”? He encontrado libros de escritores mediocres o repetitivos; cuando yo me refiero a los escritores de la omnimente, en realidad me estoy refiriendo a los escritores que practican de alguna forma sutil el plagio o el encabalgamiento de escribir sobre lo que está de moda con recursos técnicos que estén de moda o en voga, pero realmente no creo que perviva un solo libro que sea como dice Frisancho “una buena mierda”, término con la que muchos escritores se refieren a los best seller, los libros de bolsillo o los libros que están en las estanterías de los centros comerciales. A propósito de esto, hace un tiempo estuve en una conferencia en la que Miguel Gutiérrez, conocido escritor de posición dura aunque lo tachen de recalcitrante o prosaco, defendía a los best sellers y, no solo eso, sino que recomendaba su lectura. Este tema no me queda del todo claro o, en última instancia, todo libro tiene algo que decir, no se puede ser objetivo en cuestiones de gustos literarios.

De otro lado, el señor Ñaupari dice “En ese aspecto, el Perú es un páramo. Pero, sobre todo, el escritor peruano no tiene lectores: en una sociedad donde elites pudientes y masas empobrecidas, donde blancos, mestizos y afro peruanos, ricos y pobres, todos por igual, no han leído en su vida un solo libro completo, (…). Habría que preguntarse si detrás de este enunciado no hay ya un monitoreo o por lo menos un sesgo de nuestra realidad inducido por el ente massmediático y en el que nos han hecho creer que el Perú es de blancos, porque esos blancos (10 % de nuestra población), mestizos (35 %), afroperuanos (3 %) no son ni la mitad de la que está conformada este país; este país Héctor es –y te has olvidado de mencionarlos- de indígenas o aborígenes como lo enuncia el diccionario Visor en su acepción sobre Perú. Aquí alrededor del 50 % es indígena (aunque la acepción correcta, según Virgilio Roel es “andígena”). Pero ese no es el equívoco mayor y tal parece que vivimos fuera de la realidad o aceptamos genuflexos la realidad que nos trasmiten, vía el método del sifón, los periódicos y el gran manipulador de conciencias que es el televisor, oscuro aparato manipulado por los politiqueros, que divide el universo poblacional en dos conjuntos asimétricos, el de pobres y ricos, yo pregunto ¿los indigentes son pobres? La “extrema pobreza” acaso no es un eufemismo para no decir que son parias o fantasmas apartados del proceso productivo y arrojados –ahora sí desnudos- a ser devorados por el león hambriento del mercado.

Estimado Héctor, parece que tú hablaras de Lima, pero Lima no es el Perú, lo contrario es un equívoco enunciativo de Valdelomar aceptado solo poéticamente en el sentido de Jacobson, y aunque ya “El Desborde Popular” ha tomado las linderos de Lima, pues simplemente Lima no es el Perú.

Si, evidentemente hay una responsabilidad en todo lo dicho arriba, pero no son los escritores o, en todo caso, no es exclusiva de los escritores, sino de todos lo que viven en este país y todavía creen que el sistema capitalista ortodoxo y draconiano los va a incluir aunque sea con un mísero sueldo o con una magra pensión de 300 soles o en puestos burocráticos donde se puede tener alguna regencia o algún feudo para fungir de capataz mientras los más necesitados solo nos interesan metafóricamente o para “levantar” algún artículo periodístico.

Estimado Héctor, tú has alcanzado el nirvana viviendo regocijado en la que llamas las leyes del mercado, a las que comparas con las leyes físicas, mismo Shumpeter, y en las que pareces flotar como un Houdini; nadie en su sano juicio negaría el poder que tiene el mercado para mover el mundo actual de la producción, los compradores y vendedores, es decir el sistema liberal o mejor dicho el sistema mercantilista es lo que ha corrompido hasta la sarna (Sarcoptes scabiei) la cosmovisión del escritor en la que los libros no son más que productos sujetos a las leyes de la oferta y la demanda, vulgares mercancías ¿de qué te quejas si todo lo descrito es producto del sistema que pareces defender con discursos bastante entrópicos y sincréticos?

Cómo exigirle a un escritor que escriba sobre Piérola, Castilla o Cáceres, aunque preferiría a Atusparia, Uchcu Pedro o Cahuide (que los hay) si el sistema les obliga a escribir sobre “sangre, suciedad, prostitución, travestismo, hoteles derruidos y malolientes” porque esto vende y porque estos, los vicios del sistema, de esta manera se aceptan y forman los resortes que nos van a hacer soportar los grilletes y las largas jornadas de trabajo, es decir, llegan a funcionar como grandes edredones de humo o como subrealidades de confusión , como ver la guerra del golfo pérsico en un juego de nintendo en la que la sangre se mide por píxeles. No ver esto es no quererse ver en el espejo porque se es “gordo y feo” y aceptarse sicológicamente como lo contrario.

Aquí hay que entender que las “dinámicas comerciales” como dice Frisancho “no dicen nada sobre la calidad de un texto, sobre su poder expresivo, sobre su belleza (…) sí, de acuerdo, pero se nos escapa algo y es que las dinámicas pueden condicionar o condicionan de hecho la temática, y las dinámicas internas del escritor, ahí radica la lucha de un escritor por sobreponerse a todo esto. Si defendemos el mercado es porque los mecanismos de resistencia han sido doblegados y no nos queda más que ser voceros de un mercado y actuar como altoparlante o bocina de triciclo, mismos zombis extraídos de alguna película de George A. Romero.

Estoy de acuerdo en que el escritor debe vivir bien, comer bien, vestir bien, pero esto no es exclusivo de este, lo contrario son ideas sesgadas, arbitrarias o corresponden definitivamente a concepciones reaccionarias. Prometo alcanzarte las "Esquirlas" que escribí para el libro “Las Armas del Escritor” que son cientos de páginas que hablan sobre esto y que gustosamente podría hacer llegar a todos los interesados en beneficio de un debate que se ha iniciado hace mucho tiempo y que incluye indefectiblemente a Federico Moore cuando decía que en el Perú “se es colonial o se es incaico” y del que tengo la cita de la cita en: “Escritores Peruanos qué piensan, qué dicen” Wolfgang Luchting cuando pregunta a Luis Alberto Sánchez , pg. 19 edit. Ecoma, 1977.

Un abraxo,
Rodolfo Ybarra
13 de diciembre 2006


(Ybarra con André Coyné)

12 comentarios:

  1. Miguel Gutierrez es una contradicciòn andante, habla de una literatura comprometida y durante toda la dècada pasada de los 90s durante la dictadura de Fujimori el nunca dijo nada en contra del dictador.Dicen que la praxis es lo que da verosimiltud a las tesis marxistas,osea pasar del mundo de las ideas a la practica.Pero parece ser que Gutierrez hace su analisis politico literario desde la cafeteria domino de la plaza San Martin.

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  2. Al fin: aire fresco. Un peruano que no endulza la píldora. Hacen falta más que cojones para ser un escritor en el Perú. Sí creo que el escritor peruano está desnudo. También lo tienen atado a una silla, mirando cómo le pasa encima la combi del sistema: desfigurádolo. Pocos son lo elegidos y lamentablemente- con mínimas excepeciones- reproducen una y otra vez una fórmula que envilece la buena literatura de aquéllos que están en la oscuridad esperando una oportunidad.. que quizá no llegue nunca.

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  3. Anónimo14.12.06

    A Miguel Gutiérrez no se le puede exigir que dé más de lo que ya ha dado y lo controversial no es que sea marxista, sino que sea escritor con mayúsculas en un país que te niega la posibilidad de serlo.(Estoy de acuerdo totalmente con Ybarra)

    Karem K.

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  4. Anónimo14.12.06

    Te felicito Coral por tener la valentía de publicar el texto de Ybarra. Aunque no me gusta tu cómputo literario, este gesto dice mucho de tu personalidad.

    MI

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  5. Gutièrrez es el que hace recalco en sus textos criticos literarios sobre la funciòn social de la literatura.Por lo demas màs alla de lo que opinen algunos ayayeros de Gutièrrez,su novela "La violencia del tiempo" es un ladrillo aburrido, reiterativo con muchas fallas estructurales y visiones estereotipadas de la sociedad peruana. Eso no creo con el perdòn de Karen que lo haga un escritor de oficio.

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  6. Anónimo15.12.06

    La "Violencia del Tiempo" es sólo uno de los -tantos- libros que ha escrito Gutiérrez, reconozco sí una irregularidad que, a pesar de ello, lo ubica encima de todos los que le quieren poner zancadillas o apelan al discurso fácil para sacarlo del camino; es fácil criticar desde lejos señor Zelada, pero hágalo a conciencia, no citando balbuceos de otros escritores, además Ud. no ha escrito nada realmente meritorio, en vez de bloggear dedíquese a escribir y a leer, en un futuro sus lectores se lo agradecerán. Ah por cierto mi nombre es Karem y no Karen.

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  7. Anónimo15.12.06

    Vico, pensé que Ybarra ya no se dedicaba a escribir, no nos llegan muchos noticias de él por acá.....

    adiós y merry crhismas

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  8. Karem yo creo que eres un clon de Paolo Gomez mas bien

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  9. Anónimo17.12.06

    Claro, a falta de argumentos, lo mejor es insultar o poner motes o "sindicamientos" que no responden a la realidad, pero Ud, señor zelada o Grajeda o "nieto o biznieto de algún Inca" -como dice, sorprendiendo a los pobres españoles- al que más hace daño es a ud. mismo (así con minúsculas), dedíquese a leer y a investigar, por favor, le hará bien encerrarse unos buenos años a escribir la "gran obra" que dice tener y que no tiene. Yo soy una simple lectora sin pretensiones literarias y no sufro de daltonismo o egotismo; y gracias por escribir -ahora sí- bien mi nombre:

    Karem K.

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  10. Anónimo17.12.06

    ese rollito de la gran obra y dedicarse a escribir es conocido no?, de un intrigante y acosador de poetas jóvenes. Ya tendrá lo suyo...

    Karen

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  11. Anónimo17.12.06

    La tolerancia con Ybarra dice mucho de tí Vico, de acuerdo con el MI de arriba (¿Será Miguel Ildefonso?). Tu causita de siempre

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  12. Anónimo18.12.06

    Leí una entrevista a Ybarra que circula por internet y me preguntaba si los poetas son confiables, es decir, siempre hay una estela de personalismo, que se mantiene en otras entrevistas como por ejemplo la que le hace Ildefonso al señor Pancorvo. Es en realidad que aman su trabajo o se aman a sì mismos.

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