9.12.06


Juan Goytisolo: el no premiado

Hallo esta nota sobre un narrador heterodoxo e irreductible que no ha recibido ningún premio en España, su país, a sus más de setenta años de edad. Un reconocimiento merecido sin duda el del periodista de El País.

Rafael Conte

No ha pasado nada una vez más. Acaba de concederse el Premio Cervantes (a Antonio Gamoneda, que se lo merece) y Juan Goytisolo -que también-, que por vez primera era candidato, se ha quedado en puertas, y sigue horro de todo premio español, pues ni siquiera tiene el de las letras españolas, ni el de la Crítica, ni el Nacional, ni ningún galardón al uso. Sólo los tiene exteriores, el Europalia, el Nelly Sachs o la Fundación Octavio Paz. Además, sigue publicando hoy dos volúmenes más de sus Obras Completas -que él llama "incompletas", pues tiene derecho a hacerlo, y ejerce su control, expulsando algunas, como El circo, o modificando otras, como Problemas de la novela o Furgón de cola- y nos concede en estos dos nuevos tomos la historia ya definitiva de su obra, y el testimonio de cuando en verdad cruzó el Rubicón desde su "prehistoria" hasta cuando alcanzó su auténtica voz literaria de manera total.

En el primer volumen, aparecido el año pasado, reunió sus primeras novelas, imperfectas todavía, productos de sus lecturas juveniles, pero que contenían en germen sus dotes incontenibles de narrador incansable con una prosa incorrecta, producto de traducciones infumables y estilos foráneos, pero ya rebeldes desde el principio, que ha hecho bien en reunir a pesar de todo. Su prosa no era todavía la de un gran escritor, pero anunciaba que lo iba a ser, con el tiempo, a base de lecturas -sobre todo de los clásicos- y de reflexiones sobre temas lingüísticos, de lo que ahora empezará a dar testimonio definitivo en estos dos nuevos volúmenes.

Narrativa y relatos de viaje publicados entre 1959 y 1965, encierra los siguientes títulos Para vivir aquí, Fin de fiesta, la novela corta La isla (que iba a ser un guión de cine) y los libros de viaje La Chanca, Campos de Níjar y su excursión cubana Pueblo en marcha revisado, pues su opinión sobre la revolución castrista iba a cambiar del todo hasta el punto de suprimir un capítulo entero de su siguiente novela, Señas de identidad -feliz expresión que hizo fortuna- y que titulado Pausa de otoño, se incluye aquí como apéndice.

Y el volumen III, que integra cinco novelas, las de la Trilogía del Mal (o de Álvaro Mendiola) donde ya da el salto del Rubicón al que me he referido -Señas de identidad, Don Julián y Juan sin Tierra, más Makbara y Paisajes después de la batalla, publicadas entre 1966 y 1982. Con lo que la labor de limpieza y depuración de su obra se cierra para abordar caminos más universales y que todavía siguen abiertos.

Sin embargo, este "paso del Rubicón" merece cierto detenimiento, porque muestra la maestría textual a la que ya había llegado -sobre todo en Don Julián, su obra maestra en este sentido- y su dispersión anterior y posterior: primero en sus relatos y viajes anteriores, como en sus recuerdos de las milicias universitarias en Fin de fiesta y Para vivir aquí, sus viajes por Almería y el descubrimiento del turismo corrompido en La Chanca y Campos de Níjar, que culmina en el realismo behaviorista de La isla, que no pudo ser la película que se proyectó como tal.

De todas formas, fue en la redacción de Señas de identidad -y la depuración tras la supresión del capítulo cubano en la segunda edición, que supuso su alejamiento de la revolución castrista a partir del caso Padilla- cuando su salto del Rubicón se manifestaría de manera total. Pues el camino de Goytisolo se manifestó como una rebelión total, como una búsqueda de la heterodoxia sin fronteras, que pasaría por una serie de herejías sin abandonar ninguna. Y así, vendrían después sus memorias, sus incursiones en el mundo árabe, en su lengua y cultura -La cuarentena-, en la cristiana -Virtudes del pájaro solitario-, la marxista -La saga de los Marx-, la asunción de la anonimia colectiva en El sitio de los sitios o la parodia satírica y clásica de Carajicomedia, hasta el abandono final de Telón de boca, en el que la pérdida de su esposa Monique Lange le indujo a abandonar toda ortodoxia.

Bien, ya tenemos los tres primeros tomos, de un total de siete que todavía están abiertos hacia el futuro, cuando su autor, a los 75 años, sigue en plena actividad, ejerciendo su mirada vigilante, en busca de nuevas rebeldías y heterodoxias, tras abandonar su cultura, su sexo, sus ortodoxias, abducido por el islam, por Genet y por otros modelos que rechaza, en busca de otros "antimodelos", de los que él mismo resulta ser un "contraejemplo" verdaderamente "ejemplar".

(Goytisolo)

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