13.12.06


Toda la sangre: Coherente, perfectible

Una antología es, más allá de las reflexiones metatextuales que suele despertar y que lamentablemente predominan, una propuesta de libro. Amplío: toda antología debería tender a constituirse en un libro-referente, del tipo del Ficcionario de Rodríguez Monegal, o de Poesía en movimiento (1915-1966), de Octavio Paz. En nuestro país, la antología Los nuevos (1967), de Leonidas Cevallos, que tiene además carácter fundacional, es clave para comenzar a estudiar la poesía de los sesenta.

En ese sentido, carecen de mayor perspectiva las críticas epidérmicas recibidas por Toda la sangre (Matalamanga, 2006), compilada y editada por Gustavo Faverón, una antología de cuentos sobre la violencia política en el Perú que tiene la inmensa virtud de abrirse a discursos literarios ligados al violentismo (Pérez Huarancca, Gutiérrez) tanto como a perspectivas más “oficiales” (pero no completamente), como el extraordinario cuento de Ampuero El departamento, o la novela corta Pálido cielo de alguien que ha dejado huella dentro de este subgénero estudiado por Faverón: Alonso Cueto, con la novela La hora azul (al respecto ver la reseña de Enrique Congrains Martin en Zona de Noticias).

Cuando hablo de críticas epidérmicas –siempre es bueno evitar equívocos- quiero referirme en específico a la del anónimo reseñador de Terra, autodenominado “La vaca profana”, y a cierta declaración del buen narrador Miguel Gutiérrez (quien acaba de echar más leña a la hoguera con un largo texto publicado, dónde más, en Zona de Noticias).

En cuanto a la Vaca, allende su pleitesía por el autor de la monumental y fallida La violencia del tiempo (califica el correcto cuento incluido en Toda la sangre como “de pulso dramático sobresaliente”, y a la “talla artística” de Gutiérrez como “superlativa”), su obsesión con la perspectiva culturalista del prólogo de Faverón, y sus reproches neomarxistas al mismo, no terminan de asir pertinencia, pues dentro de la propuesta estética del crítico –que es la que ha predominado en la elaboración de la propuesta del libro- lo más importante entiendo que ha sido el despliegue de un abanico amplio de registros discursivos en torno a la violencia política. Y eso, con un par de atingencias que señalaré, se ha logrado a plenitud, sobre los ejes de la díada filiación/afiliación que funcionan tanto como pudieron funcionar otros.

Evitaré referirme a la denominación “Partido Comunista del Perú Sendero Luminoso”, propio de activistas de SL y prosenderistas, que la Vaca utiliza sin ambages y que me parece un burdo cepo en el que apenas asomará el pie de una reseña centrada en la calidad literaria de una antología.

El texto

Hasta dónde se habrá desvirtuado e ideologizado el debate sobre la crítica en el Perú que hay que llamar la atención del propio antologador, Faverón, para evitar discusiones inútiles sobre aspectos que están más allá de la propuesta específica.

Cuando uno capta la dimensión simbólica del relato La oración del la tarde, de Pérez Huarancca, o admira la verosimilitud de los diálogos de Una vida completamente ordinaria, de Miguel Gutiérrez, con ese personaje Saúl Lobato, un maoísta encallecido cuyas siglas, notablemente, refieren a S. L. –negarlo, como lo ha hecho Gutiérrez en reciente entrevista, significa restringir las posibilidades simbólicas de su propio texto, reducir el cuento a la historia de un individuo específico, lo que empobrece el relato y entristecería a un escritor normal; sin embargo, Gutiérrez parece atender más a sus paranoias políticas –expresiones posconflicto de la época de la violencia completamente comprensibles- antes que al vuelo de su arte narrativo. Algo así como si Céline repudiara que el personaje principal de Viaje al fin de la noche simbolice las fuerzas oscuras, siniestras y reaccionarias de la Europa de la Segunda Guerra Mundial (1).

Cuando uno se deleita -decía- con un cuento que es capaz de sintetizar todas las etapas del conflicto armado interno, como Cirila (2), de Carlos Thorne, meticulosamente elidido del largo y moroso examen de la Vaca, o se divierte extrañamente con la seca y negra ironía de Adiós, Ayacucho (Julio Ortega), entonces al darle un vistazo a lo dicho, no sobre la propuesta del libro sino sobre los prólogo y colofón de esta antología, uno como lector termina extrañado y distanciado de toda esa cháchara ideológica que apenas roza los presupuestos del libro y en ningún modo socava su validez y coherencia.

El lector informado (no paso de considerarme eso por ahora) ve en ello que la crítica se desvía hacia lo accesorio y se detiene en detalles, por interés mezquino y reacción (ojo con el verbo) ideológica contra la persona del antologador. El crítico, así, se socava a sí mismo, justifica los prejuicios históricos del lector común contra su trabajo, y deja incólume el texto.

Ahora bien, he dicho que Toda la sangre es una propuesta coherente y perfectible de libro. Coherente porque, a un lado los pocos tecnicismos culturalistas del prólogo, se percibe en su lectura que la dimensión estética es la que ha primado en su confección. De hecho hay un solo cuento que significa una baja de tensión en la antología, pero de ningún modo un punto ciego o débil en la misma.

Y perfectible porque apenas empezamos, con este trabajo de Faverón, a hurgar en los pliegues de nuestra tragedia colectiva. Es un excelente comienzo sin embargo, un punto de partida que es un hito, y que en adelante deberá ser alimentado –la naturaleza misma del proceso de violencia política marca ese derrotero- tal vez por el mismo antologador. Desde acá me permito colaborar haciendo notar una ausencia atendible y una carencia menor.

En 1988, en plena guerra sucia, Antonio Gálvez Ronceros publicó un librito hoy inhallable y entonces de circulación irrisoria: Historias para reunir a los hombres. El cuento que cierra este volumen, La guerra ha muerto, supera en dimensión simbólica con respecto a la guerra interna a por lo menos un par de los tomados en cuenta en la antología. Los ejércitos sin tiempo ni lugar, enfrentados por los oficiales de ambos bandos, y finalmente abandonados en su absurda guerra por sus respectivos pueblos –con el plus visionario de una imagen de los oficiales de ambos bandos encerrados en jaulas- hasta pueden prescindir de ejercicio hermenéutico en este contexto. El estilo preciso, rítmico de AGR sostiene maravillosamente ese y los otros cuentos de su libro.

Hubiera sido preferible, además, que se dieran las referencias bibliográficas de los cuentos incluidos en esta primera edición de Toda la sangre: ahora tengo que buscar más de diez libros de cuentos de circulación difícil, menudo trabajo que haré con gusto aunque parezca paradójico; alcanza para ello el envión literario de la lectura, proteica y estimulante, del libro. Una antología que además de fundacional y referente ineludible por más que duela a tantos (3), es absolutamente necesaria para comprender el que tal vez sea el problema mayor de nuestra sociedad hoy: "buscarle un sentido a nuestro pasado, pero también uno a nuestro porvenir (Prólogo a Toda la sangre, pp 38)".

Notas

1. Otros cuentos que quiero resaltar son El mural, de Oswaldo Reynoso, por ahí que sobreponderado por Félix Reátegui en su texto "Violencia y ficción: mirar a contraluz", que cierra la antología, y La casa del cerro El Pino, de Oscar Colchado, una mirada metafórica a lo que se supone substrato de la violencia política.


2. Estoy haciendo un pequeño ensayo sobre Cirila. Puedo adelantar, solo como ejemplo, este fragmento donde el brutal accionar de los "Sinchis" en Ayacucho es registrado: "...dónde estará ahora el Tarsicio, dicen que lo vieron en la feria de Acuchimay bailando huaynos, pero también dicen que lo mataron los sinchis cuando supieron que era mi hermano... (pp 161-162)".

3. La mezquindad de cierta crítica se ha manifestado también en Correo, la tibia reseña de Agreda en La República y la larga "respuesta" de M. R. Cox que publicaron en el suplemento Variedades de El Peruano. La propuesta de libro, como dije, queda intacta. En las primeras páginas del segundo volumen de Radiaciones, Ernst Jünger sugiere que ciertos libros tienen que pasar por el purgatorio de la crítica adversa hasta elevarse por encima de ella, dejando en ese proceso todo lo perecible de sí mismos. La importancia de Toda la sangre está en el futuro.

8 comentarios:

  1. Anónimo13.12.06

    Protesto. Coral, me parece que cuando comparas al maestro Miguel Gutiérrez con Céline estás haciendo una comparación encubierta. Céline fue profacho, Gutiérrez es prosenderista. por otro lado tu posición es ambigua con este escritor, resaltas su narrativa pero sugieres que es paranoico.

    Sanmarquino legal

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  2. Anónimo13.12.06

    Tengo entendido que la antología se vende bien. Esto hace más patente la división entre la flacuchenta crítica mediática y la respuesta de los lectores. He visto señoras de alta sociedad comprando Toda la sangre en Crisol de Jockey Plaza. Me pregunto cómo será la lectura de esta gente de los cuentos de Dante Castro y Perez Huarancca. Un aporte, el libro ha propiciado un acercamiento de estratos sociales que normalmente no se ven.

    Fidel K

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  3. Anónimo13.12.06

    Cuál es ese cuento que baja la tensión del libro?

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  4. Anónimo13.12.06

    Dudo mucho de que Cirila de Thorne, aunque no lo he leído, resuma todas las etapas de la guerra interna.

    MI

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  5. Anónimo13.12.06

    A este paso te conviertes en soplón más de la literatura peruana, al aprovechar cualquier vuelo de mosca para resaltar el supuesto prosenderismo de Gutiérrez, en un país donde el delito de apología de terrorismo ha encerrado a muchos inocentes en la cárcel. Una verguenza.

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  6. En ningún momento he resaltado el supuesto "prosenderismo" de nadie, salvo de la valiente Vaca anónima cuando utiliza un epíteto para referirse a SL, buscando que los otros caigan en ese juego.

    Miguel Gutiérrez como narrador merece todo mi aprecio, no especialmente por La violencia del tiempo. Como ciudadano, me deja, y no solo a mí, serias dudas su entusiasmo con SL patente en Un mundo dividido, y su obsesión con la "guerra interna" y su afán de resaltar que el país haya estado en un tercio dominado por SL en algún momento (viejo delirio de los senderistas), como lo explicita en su texto publicado por la revista de la BNP y republicado por ZONA DE NOTICIAS.

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  7. Victor,

    Esta es una opiniòn personal.Nadie niega que algun autor x compile un libro de relatos sobre el tema de la violencia. Màs lo que hace Faveron es beneficiarse de un tema delicado como la violencia para lograr reditos academicos.Hasta antes de la apariciòn este libro no habia ninguna publicaciòn de Faveròn que haya tenido tal recepciòn en el circuito literario.Mi opiniòn personal es que Faveron ha escrito ese libro para oportunistamente beneficiarse de la propaganda que le va dar tocar un tema tan espinoso y delicado como el de la violencia en las ùltimas dècadas.

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  8. La antología cumple con su presupuestos, como texto, y me parece bien lograda en términos estéticos; el nivel de los cuentos se mantiene.
    Si Faverón obtuvo o va a obtener réditos de algún tipo con esta antología es cuestión accesoria y bien por él si se da. No creo que haya que descalificar a un texto por los intereses que pueda tener su autor en hacerlo. Eso es pecar de un "purismo" absurdo, Leo. Publico tu comentario en aras de la democracia en este blog.

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