31.3.06

La peruana que habita el universo Ballard

Peru Blogs El escritor inglés J.G. Ballard (1930), nacido en Indochina y criado en campos de concentración, es la figura más prominente de lo que se denominó la "nueva ola" de la ciencia ficción europea, con libros necesarios no solo para el género, como Las voces del tiempo, El mundo sumergido y Bilenio.
Precisamente a este último volumen de cuentos, publicado hace muchos años en editorial Minotauro, pertenece uno de sus relatos más hermosos: "Prima Belladonna", opera regia de la llamada ciencia ficción interior que el escritor propugnara en cierto momento de su carrera, rechazando el rollo ultraespecializado de los viajes interestelares, los robots y las tecnologías alucinantes del futuro.
Bien calibrado, la obra de Ballard se asienta en los intersticios de la novela futurista y la sci-fi sensu stricto. Su apuesta es por un mundo apunto de desaparecer, pero aún deudor de la racionalidad humanista. En su universo predominan la belleza y la humanidad recargada (ver su credo más abajo) antes que la frialdad brutal del aluminio, los chips y las armas inteligentes.
En el cuento citado –que acabo de releer después de más de una década– Jane Ciraclydes es una bella y misteriosa cantante de extraños ojos, que llega en gira a Vermilion Sands, un pueblito apacible donde Steve, su futuro y pasajero amante, regenta una tienda de plantas cantoras especializadas.
Jane, hija de un "ingeniero de minas en Perú y su madre una bailarina de taberna en Lima", alborota a los amigos del tendero y causa una terrible distorsión en la performance de las plantas cantoras, para finalmente calar en la vida emocional de Steve.
La escena final implica a la Arachnid (una costosa planta cantora y agresiva), inusitadamente agigantada, con la bella peruana "arqueada sobre ella, con la cabeza echada hacia atrás". Poco después, Jane desaparece sin dejar rastro. Y la planta muere al día siguiente.
Esto es característico de la narrativa de Ballard: la desaparición desolada pintada con colores definidos e inolvidables. Un canto futurista a los últimos resabios de belleza en este planeta. Pero siempre con un touch de retorcimiento: Jane tenía insectos vivos en lugar de ojos.

.............................

En qué creo

J. G. Ballard

Creo en el poder de la imaginación para rehacer el mundo, liberar la verdad que hay en nosotros, alejar la noche, trascender la muerte, encantar las autopistas, congraciarnos con los pájaros y asegurarnos los secretos de los locos.
Creo en mis propias obsesiones, en la belleza de un choque de autos, en la paz del bosque sumergido, en la excitación de una playa de vacaciones desierta, en la elegancia de los cementerios de automóviles, en el misterio de los estacionamientos de varios pisos, en la poesía de los hoteles abandonados.
Creo en las pistas de aterrizaje olvidadas de Wake Island, señalando a los Pacíficos de nuestras imaginaciones.
Creo en la belleza misteriosa de Margaret Thatcher, en el arco de sus fosas nasales y el borde de su labio inferior; en la melancolía de los conscriptos argentinos heridos; en las sonrisas perturbadas de los empleados de estaciones de servicio; en mi sueño sobre Margaret Thatcher acariciada por ese joven soldado argentino en un motel olvidado, observados por un empleado de estación de servicio tuberculoso.
Creo en la belleza de todas las mujeres, en la perfidia de sus fantasías, tan cerca de mi corazón; en la unión de sus cuerpos desencantados con los rieles de cromo de las góndolas de supermercado; en su cálida tolerancia de mis propias perversiones.
Creo en la muerte del mañana, en el acabamiento del tiempo, en la búsqueda de un tiempo nuevo en las sonrisas de las mozas de los bares de las rutas y en los ojos cansados de los controladores de tráfico aéreo en aeropuertos fuera de temporada.
Creo en los órganos genitales de los grandes hombres y mujeres, en las posturas corporales de Ronald Reagan, Margaret Thatcher y la Princesa Diana, en el suave olor que emana de sus labios cuando miran a las cámaras del mundo entero.
Creo en la locura, en la verdad de lo inexplicable, en el sentido común de las piedras, en la demencia de las flores, en la enfermedad reservada para la raza humana por los astronautas del Apolo.
No creo en nada.
Creo en Max Ernst, Delvaux, Dalí, Tiziano, Goya, Leonardo, Vermeer, de Chirico, Magritte, Redon, Durero, Tanguy, el Facteur Cheval, las torres Watts, Bocklin, Francis Bacon, y en todos los artistas invisibles dentro de las instituciones psiquiátricas del mundo.
Creo en la imposibilidad de la existencia, en el humor de las montañas, en lo absurdo del electromagnetismo, en la farsa de la geometría, en la crueldad de la aritmética, en las intenciones asesinas de la lógica.
Creo en las adolescentes, en la corrupción que hay en ellas sólo por la postura de sus piernas, en la pureza de sus cuerpos desaliñados, en los rastros que sus partes pudendas dejan en los baños de moteles miserables.
Creo en el vuelo, en la belleza del ala, y en la belleza de todo lo que alguna vez haya volado, en la piedra arrojada por un niño pequeño que lleva en sí misma la sabiduría de los estadistas y de las parteras.
Creo en la amabilidad del bisturí, en la geometría sin límites de la pantalla de cine, en el universo oculto dentro de los supermercados, en la soledad del sol, en la locuacidad de los planetas, en la redundancia de nosotros mismos, en la inexistencia del universo y el aburrimiento del átomo.
Creo en la luz que arrojan las videograbadoras en las vidrieras de las grandes tiendas, en la agudeza de las parrillas de los radiadores en los salones de venta de automóviles, en la elegancia de las manchas de aceite sobre las barquillas de los motores de los 747 estacionados en las pistas de los aeropuertos.
Creo en la no existencia del pasado, en la muerte del futuro, y en las infinitas posibilidades del presente.
Creo en el desarreglo de los sentidos: en Rimbaud, William Burroughs, Huysmans, Genet, Celine, Swift, Defoe, Carroll, Coleridge, Kafka.
Creo en los diseñadores de las Pirámides, el Empire State, el bunker del Fuhrer en Berlín, las pistas de aterrizaje de Wake Island.
Creo en la fragancia del cuerpo de la Princesa Diana.
Creo en los próximos cinco minutos.
Creo en la historia de mis pies.
Creo en las migrañas, el aburrimiento de las tardes, el temor a los calendarios, la traición de los relojes.
Creo en la ansiedad, la psicosis y la desesperanza.
Creo en las perversiones, en el amor obsesivo por los árboles, las princesas, los primeros ministros, las estaciones de servicio abandonadas (más bellas que el Taj Mahal), las nubes y los pájaros.
Creo en la muerte de la emociones y el triunfo de la imaginación.
Creo en Tokio, Benidorm, La Grande Motte, Wake Island, Eniwetok, Dealey Plaza.
Creo en el alcoholismo, las enfermedades venéreas, la fiebre y el agotamiento.
Creo en el dolor.
Creo en la desesperanza.
Creo en todos los niños.
Creo en mapas, diagramas, códigos, juegos de ajedrez, rompecabezas, tableros de horarios de vuelos, carteles indicadores de los aeropuertos.
Creo en todas las excusas.
Creo en todas las razones.
Creo en todas las alucinaciones.
Creo en toda la rabia.
Creo en todas las mitologías, recuerdos, mentiras, fantasías y evasiones.
Creo en el misterio y la melancolía de una mano, en la amabilidad de los árboles, en la sabiduría de la luz.

[Imágenes: el autor de Crash y portada de la edición inglesa]

30.3.06


Peru Blogs

Mujeres difíciles, hombres benditos: Manual para cazar plumíferos sin talento.

Aquellos que por un librito de cuentos celebrado por sus amigos creen haber llegado a algo, deberían dar un vistazo desprejuiciado a la cuentística de Ampuero, como lo sugiere este narrador a partir de la última entrega del autor de Caramelo verde.

Gabriel Ruiz-Ortega

El tiempo siempre permite dar una mirada fría y desprejuiciada de las obras. En esta ocasión abordaremos un libro de relatos que nos reconcilia con el placer del lector agradecido por una buena dosis de experiencia vivida plasmada en la página en blanco.
Puede decirse a estas alturas que lo mejor de la narrativa de Ampuero yace en el dominio del difícil género del cuento. Este requiere del dominio de leyes que cada historia exige, y lo más importante, el autor que se adentra en esta vertiente tiene que ser conciente de que el lector no tiene por qué aburrise ante tanto devaneo que parece ser la marca registrada de algunos narradores jóvenes y sus experimentos verbales.
Una de las virtudes que tenemos que reconocerle a Ampuero es el hecho de que siempre podemos esperar de él una buena historia. A lo largo de su trayectoria nos ha ofrecido libros que más de uno ha devorado en cuestión de noches, u horas para los que no solemos hacer otra cosa que leer y escribir.
Luego de casi una década de aparente silencio en el género breve, este escritor nos entregó su último volumen de relatos. Vale recordar que a fines de los noventa Alfaguara publicó un volumen de cuentos reunidos.
Mujeres difíciles, hombres benditos nos da claras señas de estar frente a un autor que se ha tomado su tiempo para abordar sus historias. Sin embargo, el estilo está emparentado a la labor de periodista que Ampuero lleva en paralelo al oficio literario, y no es exagerado decir que su economía del lenguaje se ha enriquecido con dicha labor. Lo alucinante de Ampuero es que esta frescura de estilo se convierte en un hechizo que se mete como una esquirla en la memoria del lector.
Los personajes que desfilan por estas historias hacen gala de una vida acomodada, de una rutina sin ninguna clase de sobresaltos; sin embargo, todos sucumben ante los designios del azar. Siempre en los relatos de este escritor un hecho fortuito marca la vida de sus protagonistas.
El libro está compuesto por ocho relatos. El corte testimonial está presente en cada uno de ellos, y como buen contador de historias, Ampuero es conciente de que las primeras frases son claves para tener enganchado al lector hasta llegar al final revelador. En este punto vemos el legado que muy bien nos dejó Cortázar al decirnos que los cuentos se ganan por knock out.
Una de las virtudes de Ampuero apunta a ofrecernos frescos de personajes femeninos muy bien calibrados, y como todo narrador conciente de las leyes de este género difícil, podemos entender la razón por la que él nos muestra una imagen aparentemente superficial de sus mujeres. Algunos críticos torcidos han hecho hincapié en esta supuesta falta de ahondamiento en los personajes femeninos, señalándolo como defecto.
Pues bien, toda opinión se respeta, pero llama la atención la falta de acuciosidad de estos apurados; no se dan cuenta de que esta aparente superficialidad marca el hilo narrativo en el que la historia está escrita, puesto que es el argumento el verdadero protagonista de este libro, y no la disección psicológica en la que siempre es interesante reparar.
Son las conductas de las mujeres representadas lo que llama la atención, todas escapan a un encasillamiento común, en ellas podemos ver esas ansias de colmar sus anhelos con actos que se resuelven en acciones marcadas por el desenfreno y la falta total de coherencia, como bien lo podemos ver en la ya recordada Azucena de Gracias por la fantasía.
Es muy difícil combinar ternura y acción cuando nos topamos con un estilo que linda con lo oral, y es menester señalar el mérito que podemos ver en El padre de Sebastián en este sentido. Dentro de esta historia marcada por la aventura, yace una ternura que viaja entre líneas y que, para variar, no se ha señalado. Los ajetreos del quehacer periodístico en busca de una enigmática admiradora que tiene a tres lúbricos redactores en vilo, en Una vaga Astrología, es la muestra patente de que el humor también juega un papel sugerente. Pero es a mi entender el relato Voces el que cumple para mí con ese efecto de revelación que tanto se le exige a un cuentista:

“Juan Ramón la observó en silencio, presa de un ligero temblor, como si una ventana se hubiera abierto de pronto dejando entrar un viento helado.

–Pero yo hablo con ellos todos los días, doctor – prosiguió ella –. A la hora del desayuno, antes de salir a trabajar, y también en las noches, antes de irnos a dormir. En casa todos vemos juntos la televisión, y charlamos animadamente largo rato. Mis padres son muy conversadores. ¡Pero este chico ni caso les hace!”

En este relato no sabemos quién es la persona afectada por un trastorno mental, hasta las últimas líneas. Hay que dejar en claro que el cuento ha sufrido las más absurdas mezquindades de la crítica local.
También se ha señalado el Arte Poética del autor en Historia de la Sábana y el Vaso de Agua, y si bien esto es cierto, también debemos señalar que este relato expresa al Ampuero poeta, al narrador que deja sentir su poesía camuflada con una prosa que ante todo se deja llevar por el tono en toda su obra literaria. Tono por el que siempre nos mantiene enganchados, y que permite experimentar el agradecido viaje que nos lleva a sus posibles influencias, como vendrían a ser Salinger y Fitzgerald. Forma y contenido que han sido asimilados y enriquecidos por una voz que ya es inconfundible dentro de la narrativa peruana.


(Foto: Fernando Ampuero en la plenitud de su arte)







Peru Blogs Primer vistazo a Abril Rojo

Apenas unos veinte minutos leyendo la nueva novela de Santiago Roncagliolo, y ya me atrapó la trama. A pesar del abuso con los puntos seguidos (excesivo para mi gusto; aunque entiendo que un thriller policial "clásico" no pueda evitarlo), y algunas expresiones bárbaras peruanas mal trasladadas al texto ("Mayormente desconozco" por la originaria "desconozco mayormente"). En fin, me adelanto mucho; es apenas la página 31, que reproduzco en parte aquí:

"La chica entró en la cocina. No usaba prendas de índole llamativa. Parecía sencilla con su jean y sus zapatillas Lobo. Llevaba el pelo recogido en una trenza. El fiscal pensó que, quizá, después de todo, el occiso era un caso para el fuero militar. Él no quería interferir en la lucha antiterrorista. Los militares la habían organizado. La conocían mejor. Miró su reloj. No debía tardar mucho. Su madre lo esperaba. La chica se demoró quince minutos y salió con una trucha frita y dos medias papas en un plato. En la otra mano llevaba la taza de mate. Sirvió todo con amabilidad, casi con primor. El fiscal miró la trucha. Parecía observarlo desde el plato, toda chamuscada. La separó por la mitad. Uno de los lados le pareció un ala abriéndose, un brazo. La soltó. Trató de beber un poco de mate. Apartó las hojas de coca de la superficie con la cuchara y se llevó la taza humeante a los labios. Se quemó. Dejó la taza rápidamente sobre la mesa. De repente, tenía mucho calor. Detrás de él, sonó una risa dulce.
–Tiene que tener paciencia –le dijo la chica del mostrador.
Paciencia.
–Aquí todo es más lento, no es como Lima –continuó ella."

[Fotografía: Afiche senderista reproducido en una revista "cultural" de los años ochenta]

29.3.06


Peru Blogs Blogs y blogs: cuando lo inmoral en el universo virtual llega al cansancio

Debo confesarlo: una que otra vez incluso me he reído de buena gana con las tonterías que se dicen sobre mí en los blogs basura. Pero cuando las cosas pasan de cierto punto, ya cansan. La reciente aparición de un blog-parásito, que se alimenta de la carroña de otros blogs basura, ha dado materia de reflexión a un narrador (y abogado, para los que lo ignoran). Veamos.

Max Palacios


1. La blogósfera como nuevo espacio de información:

Hace algunos años surgieron los blogs literarios como formas de comunicación, a manera de bitácoras, que algunos escritores utilizaron para difundir información literaria y crear espacios abiertos a la discusión y el debate. En este sentido, blogs como Notas Moleskine, de Iván Thays, y Puente Aéreo, de Gustavo Faverón, incursionaron en la blogósfera para ofrecer al lector del ciberespacio las últimas noticias del acontecer literario y además plantear algunos puntos de discusión que pudieran aclarar el alicaído panorama cultural.
Ambos blogs, con el correr del tiempo se han convertido en un referente necesario para todos aquellos que quieran estar al tanto de las novedades literarias del momento. En el camino, surgieron, como deformaciones cibernéticas, nuevos blogs “literarios”, como el desaparecido Conventilador, del famoso Aquiles Cacho, que mediante el insulto y la calumnia (disfrazados de un tono bromista y cachoso) terminó convirtiéndose en el vertedero de resentimientos y envidias mezquinas.

2. Los blogs basura y la calumnia generalizada:

La etapa inaugurada por Conventilador trajo como consecuencia la aparición de nuevos blogs controversiales como el del recordado Leonardo Aguirre, que en su primera etapa intentó convertirse en un punto de discusión literaria, abierto a diferentes opiniones a través de los comments, pero que al final resultó acogiendo los insultos y mentiras que en su momento albergó su fenecido antecesor, al punto que su propio creador terminó por cerrar dicho espacio al no poder controlar al monstruo que había engendrado.
A partir de ese momento la suerte estaba echada: la idea germinada por Conventilador y continuada por Leonardo Aguirre se convirtió en una verdadera bestia de siete cabezas, como reza el Apocalipsis, y empezó la guerra sucia en la blogósfera a través de los blogs basura. En este punto cabe hacer una pequeña acotación: en realidad no interesa la aparición de estos blogs utilizados para la difamación y la calumnia porque la basura se cosecha en todas partes del mundo y da buenos resultados; lo alarmante es cuando ciertos jóvenes escritores ganados por la ingenuidad y la desinformación apoyan la existencia de estas letrinas literarias.
Y me llama la atención la intervención de dos jóvenes narradores en el Segundo Conversatorio organizado por el poeta Miguel Ildefonso para Ciberayllu (del cual, dicho sea de paso, me abstuve de participar por cuestiones personales). Me llama la atención que estos dos narradores defiendan la sinrazón de la existencia de estos blogs amparándose en el Derecho a la Información y de Opinión del cual goza todo ciudadano. Con respecto a ello cabe hacer algunas precisiones.

3. ¿Derecho a la Información y de Opinión Vs. Derecho a la Difamación?

En primer lugar había que recordarles a estos jóvenes narradores, con todo el respeto que se merecen, que el Derecho de Opinión tiene como contrapartida la identificación del opinante; es decir, si yo digo el escritor X es un “argollero” y su obra me parece un “mamarracho” debo firmar con mi nombre y apellido lo que estoy afirmando (como lo hacemos en el presente artículo, asumiendo todas las consecuencias que de él se produzcan).
No puedo calumniar ni difamar alegremente a la gente y escudarme en un anónimo o en un seudónimo. MIS QUERIDOS COLEGAS: NO EXISTE DERECHO A LA DIFAMACIÓN NI A LA CALUMNIA. TODO DERECHO DE OPINIÓN, AMPARADO POR NUESTRA CONSTITUCIÓN Y POR CUALQUIER ORDENAMIENTO JURÍDICO LLEVA COMO CONTRAPARTIDA LA IDENTIFICACIÓN DE LA PERSONA QUE EJERCE TAL DERECHO.
En este sentido, qué pretenden justificar aquellos que se ocultan en el anonimato, ¿la cobardía?, ¿la falta de valor para ganarse enemigos? Pues señores, si tenemos el coraje de calumniar a la gente, asumamos también con valentía a nuestros futuros enemigos. Como decía el viejo filósofo de Basilea, más se aprende de los enemigos que de los amigos. Tengamos, pues, las agallas para ganarnos la enemistad franca, cara a cara, de la “supuesta mafia” que controla los medios culturales y asumamos con responsabilidad nuestras opiniones.
Otro punto que mortifica es el siguiente: presumo que las personas que ingresan a los blogs basura son escritorzuelos inéditos o frustrados, estudiantes de literatura que no han podido culminar sus estudios y fungen de vendedores de libros en las grandes librerías limeñas, gacetilleros y reseñadores de diarios de a medio sol o genios incomprendidos por un ambiente literario que castra sus aspiraciones creativas.
Presumo estas y otras variables, pero en todos los casos me planteó la misma pregunta: ¿Qué hacen perdiendo el tiempo estos deslumbrantes Kafka, Joyce y Faulkner del mañana, en lugar de dedicarse al noble oficio de la escritura? ¿O es que acaso de la calumnia y la mentira pueden brotar ideas como para escribir la gran-obra-literaria? Esta pregunta no me ha dejado más respuesta que la perplejidad y la risa ante tanta estupidez y cobardía.
Un poco antes de cerrar el presente articulo, me he enterado del nacimiento de un nuevo engendro, el BLOG de los BLOG BASURA: "Zona de Notas". Solo nos queda preguntarnos dos cosas: en primer lugar, ¿hasta dónde puede llegar la cobardìa, la bajeza y la mezquindad de algunos fariseos de la literatura?, ¿qué es lo que buscan esas pobres almas infestadas de mediocridad y envidia?
La unica respuesta a esas preguntas es que solo una mente torcida y enfermiza puedo albergar en su interior tanta calumnia y maledicencia; y hayque ser bastante ocioso para perder el tiempo recortando los comments de los otros blogs basuras para después disponerlos de manera tal que solo provoquen asco y repudio total.
Nos imaginamos al "nerd" del colegio, sonriedo con una risa de fronterizo, recortando los comments y pegandolos a su antojo y arbitrariedad. ¡Qué tal palomillada de ventana!

(Foto: poeta Rocío Silva Santisteban y blogger Paolo de Lima, afectado como otros por reciente blog basura)

Peru Blogs Lem y el Congreso de Futurología

A la muerte de Stanislaw Lem (1921-2006) tanto El Comercio como Iván Thays han destacado los libros más conocidos del escritor polaco: Solaris, llevado a la pantalla magistralmente por Tarkoski, y Hombre de marte.
A mi jucio el más atractivo y delirante de todos es El congreso de futurología (Seix Barral, 1975), un desopilante relato a medio camino entre la Sci-Fi y la novela de anticipación futurista, donde el protagonista, Ijon Tichy, se ve perseguido por el gobierno de Costarricania -sede del Congreso- para ser manipulado psíquicamente con drogas como la "credibilina", la "dantina" y el "altruismol". Wajda iba a hacer una versión fílmica de esta desternillante novela; pero le faltó presupuesto.

[El humo de Lem siempre vivo]


Peru BlogsNOMEOLVIDES.Zoología prestada (1987)

Tulio Mora (1948) es uno de los más conspicuos representantes de la generación de los setenta en el Perú. Inteligente y beligerante a nivel ideológico, Mora ha tratado de mantener un nivel poético irreprochable y lo ha logrado con libros como Oración frente a un plato de col y otros poemas (1985) y sobre todo Cementerio General (1989).
El presente libro, del cual extractamos un breve poema, es el más singular de su producción y está ilustrado por Ricardo Wiesse nada menos.

Sapo

Ríe empinado sobre mi mesa
con una carcajada ronca.
Desde el vientre su música monótona
me recuerda que la ternura está verde.
Sapo como decir el bruto corazón
que he vomitado de mi pecho
para depositarlo bajo una lámpara ciega.
Le daré cuerda mientras siga su burla,
me asediará con su fealdad mientras dure la noche
y el horizonte se haga añicos
y la tristeza se desbaste.


28.3.06


Peru Blogs El mejor saludo de cumpleaños

Estaba pensando qué podía escribir sobre los setenta años que cumple Mario Vargas Llosa hoy, cuando me topé con un post de www.puenteareo1.blogspot.com, titulado "Los sabios idiotas no existen". Es sencillamente lo mejor que un peruano haya escrito sobre el tema, y quiero reproducir sus dos últimos párrafos:
"Sin el mito del escritor talentoso pero políticamente idiota, los lectores derechistas de García Márquez tendrían que reconocer que mucho de razón hay en los discursos de la izquierda latinoamericana que retratan las enajenaciones del progreso en el "tercer mundo"; y sin ese mismo mito, los lectores izquierdistas de Vargas Llosa tendrían que aceptar que pocas ideologías se entregan al rescate de la dignidad individual de modo tan poderoso como el viejo discurso liberal, y que esa imaginación liberal es la base simultánea para las propuestas políticas de Vargas Llosa el articulista odiado y Vargas Llosa el novelista querido.
Peor todavía: si nos desprendemos del mito del narrador divino / político estólido, todos tendríamos que reconocer, demasiadas veces quizá, que pensamos o sentimos como nuestros rivales, y que alguna inteligencia hay, o mucha, en ser distintos de nosotros mismos."

[MVLL, feliz cumpleaños]



Peru Blogs
Un Peruano Universal

…así se titula la reseña de Miguel García-Posada –publicada en el último número de la revista española ABCD– sobre una antología de la poesía de Jorge Eduardo Eielson que ha editado Pre-Textos en España.
El volumen se titula Del absoluto amor y otros poemas sin título, y la redacción no deja ver si se trata del poemario Sin Título más otros poemas, o es una antología de poemas sin título del autor de Habitación en Roma.
"Con la muerte de Jorge Eduardo Eielson desaparece una figura capital de la lírica latinoamericana de la segunda mitad del siglo XX. Pero, como ocurre siempre con los poetas verdaderos, su memoria, su palabra, nos deja harto consuelo", acota el reseñista al final de su nota.

[El poeta sigue convocando atención]

27.3.06


Peru Blogs Crítico y profesor sanmarquino gana concurso de Ensayo


El profesor sanmarquino Camilo Fernández Cozman (Lima, 1965) acaba de ganar el Concurso Nacional de Ensayo Federico Villarreal 2005, con un libro titulado Razones metafóricas: mito, cuerpo y modernidad en la poesía de José Watanabe.
El jurado, conformado por Jorge Díaz Herrera, Ricardo González Vigil y Dorian Espezúa, destacó "el manejo del lenguaje" y la "sistematización de los juicios vertidos" en la obra de CFC.

Recibieron menciones honrosas un ensayo sobre el movimiento intelectual en Lambayeque, otro sobre el servicio diplomático y su institucionalización, y uno sobre el poder político de Montesinos durante el gobierno de Fujimori.
Felicitaciones al ganador. Lo único alarmante es que apenas diez obras se hayan presentado al concurso.

(Imagen: Universidad Federico Villarreal, alentando el pensamiento crítico pese al desinterés)


Iwasaki elogia La hora azul en El Mercurio de Chile

Las lecturas elogiosas de la novela de Alonso Cueto no se detienen. Esta vez el escritor Fernando Iwasaki publicó ayer una reseña en El Mercurio de Chile, donde afirma:

"En América Latina en general y en el Perú en particular, llevamos muy mal escribir sobre los sentimientos y las emociones, primero por prejuicios machistas y, segundo, porque el empeño exige un talento especial para no degenerar en melodrama. No obstante, "La hora azul" de Alonso Cueto camina con maestría por aquel alambre y uno concluye la novela transfigurado, tal como termina Adrián Ormache, protagonista de una trama donde el terrorismo, la guerra sucia y la violencia política no constituyen lo sustantivo sino lo adjetivo".
"Adrián Ormache es un "yuppie" casado con una mujer estupenda, padre de unas chicas guapísimas y socio de un exclusivo estudio de abogados, que de pronto descubre la sórdida vida de su padre, los secretos de su madre, la vulgaridad de su hermano, el deseo de una amante-madrastra y la desolación de un hijo-hermanastro. Tales son los fragmentos con los cuales Adrián Ormache intuye la existencia de la ternura, un inefable descubrimiento que lo arrasa y lo anega de estupor."
"La hora azul es una novela sobre los sentimientos que no es sentimental, es una novela moral que no es moralista y es una novela política que no es políticamente correcta."

[Foto: escritor Fernando Iwasaki hace una lectura madura de la novela de Cueto]

26.3.06


Peru Blogs Reflexiones en la tierra del crepúsculo (fragmentos)

Reproducimos en parte el excelente artículo de Harold Bloom sobre su patria, publicado originalmente en The guardian y traducido en la revista Confabulario de El Universal de México. Ver aquí la versión completa: (http://www.eluniversal.com.mx/graficos/confabulario/25-marzo-06.htm).

Por Harold Bloom

Huey Long, conocido como “el Kingfish”, dominó el estado de Louisiana desde 1928 hasta su asesinato en 1935, a la edad de 42 años. Gobernador de su estado al mismo tiempo que senador de Estados Unidos, el astuto Kingfish acuñó una profecía que me persigue desde las postrimerías del verano de 2005, setenta años después de su violento final: “Claro que tendremos fascismo en Estados Unidos, ¡pero lo llamaremos democracia!”.Pensé en Huey Long (siempre a través de su retrato como Willie Stark en la novela de Robert Penn Warren All the King’s Men) hace poco, mientras oía al presidente Bush dirigirse a los veteranos de las guerras en el extranjero en Salt Lake City, Utah, y gracias por lo tanto al canal de televisión Fox de Rupert Murdoch, voz de la cruzada por la democracia de Bush, muy al estilo del Kingfish. Con todo y que Bush exaltó su aventura iraquí, su gobierno mezcla día con día, y de manera cada vez más apretada, elementos oligárquicos, plutocráticos y teocráticos.
A la edad de 75 años me pregunto si en lo que me resta de vida, el Partido Demócrata podrá asumir de nuevo la Presidencia o el control del Congreso. No soy optimista, pues nuestros gobernantes han demostrado sus hazañas en el acondicionamiento de los trámites electorales tanto en Florida (en dos ocasiones) como en Ohio, y controlan la Suprema Corte. El economista-periodista Paul Krugman recién ha observado que los republicanos no se pueden permitir el lujo de perder el Congreso ni la Casa Blanca, ya que existe la posibilidad seria de que investigaciones subsecuentes pongan a la luz negocios sucios —Krugman no especifica, pero entre los beneficiarios de nuestra cruzada en Irak están las petroleras (tanto la Casa de Bush como la Casa de Saud), Halliburton (el vicepresidente Cheney), Bechtel (un nido de republicanos poderosos) y algunos otros.Todo esto es más que palmario, y no obstante el pueblo estadounidense parece tan embotado, incapaz de leer, pensar o recordar, que resultan los súbditos perfectos para un Presidente que comparte sus limitaciones.
En tanto que viejo demócrata gruñón, les hacía ver a mis amigos que nuestro emperador es en sí mismo el mejor argumento a favor del diseño inteligente, el actual substituto teocrático para lo que se llamaba creacionismo. Sigmund Freud se deprimiría al enterarse que ha caído en el olvido, y que el Satanás de Estados Unidos es ahora Charles Darwin. El presidente Bush, quien dice que Jesús es su “filósofo favorito”, recién decretó con respecto al diseño inteligente y la evolución: “Ambas posiciones deben ser enseñadas de forma apropiada”.
Yo soy maestro de profesión, a punto de comenzar mi quincuagésimo primer año en Yale, donde con frecuencia doy clases de literatura estadounidense. Sin ninguna capacidad especial para la política, reconozco no tener tampoco ninguna visión particular del malestar estadounidense. Pero soy un estudioso de lo que he aprendido a llamar la Religión Estadounidense, que tiene poco en común con la cristiandad europea. Ahora tenemos una parodia de Jesús estadounidense, ese director general republicano que rechaza los impuestos y ha hecho muchísimo más amplio el ojo de la aguja para que los camellos y los ricos entren rápida y cómodamente en el reino de los cielos; contamos asimismo con un Espíritu Santo estadounidense, el consuelo de nuestros multiplicados pobres que no se molestan en votar, y la Trinidad estadounidense se completa de forma pragmática con un Dios guerrero imperial que aplasta, con horror y asombro, cuanto se le pone enfrente.
En estos días he releído a los escritores que mejor definen a Estados Unidos: Emerson, Hawthorne, Whitman, Melville, Mark Twain, Faulkner, entre otros. Al examinarlos, intento hallar lo necesario para explicar lo que parece nuestra autodestructividad nacional. D.H. Lawrence, en sus Studies in Classic American Literature (1923), escribió lo que aún me parece la crítica más iluminadora de Walt Whitman y Herman Melville. De los dos, Melville no provoca ninguna ambivalencia en Lawrence, pero Whitman transformó la poesía de Lawrence y al propio Lawrence a partir de 1917 por lo menos. Al reemplazar a Thomas Hardy como precursor original, Whitman habló directamente al vitalismo e inmediatez de Lawrence y apenas si eludió el homoerotismo.
En una escala mucho menor, Whitman había tenido antes un impacto similar sobre Gerard Manley Hopkins. Lawrence, las más de las veces furioso con Whitman —como uno lo estaría con un padre abrumador, un rey Lear de la poesía—, insiste con precisión en que los estadounidenses no merecen a su Whitman. Desde que la democracia jacksoniana, que tanto Whitman como Melville celebraron, yace moribunda en nuestra tierra del crepúsculo, lo merecen menos que nunca.¿Qué es lo que define a Estados Unidos? “Democracia” es una palabra en ruinas debido a su mal empleo en la retórica política estadounidense de nuestro tiempo. Si Hamlet y El Quijote definen entre sí el yo europeo, entonces el Capitán Ahab y “Walt Whitman” (el personaje, no el hombre) sugieren un yo muy distinto de aquél. Ahab es deudor de Shakespeare, de Milton, incluso de Byron y Shelley, pero su búsqueda monomaniaca es sólo de él y una reacción al yo emersoniano, reacción que comparte con el Melville adorado por Hawthorne.

(...)

Nuestros intelectuales, lo mismo de derecha que de izquierda, reivindican a Emerson como su ancestro.En el año 2005, ¿qué es autosuficiencia? Puedo distinguir tres estigmas originales en la religión estadounidense: la libertad espiritual es soledad, el encuentro del alma con lo divino (Jesús, el Paracleto, el Padre) es directo y personal y, mucho más decisivo, lo mejor y más antiguo del mocho estadounidense se remonta a un tiempo situado más allá del tiempo, por lo cual forma parte o constituye una partícula de Dios.
Cada dos años Gallup hace encuestas sobre la religión en Estados Unidos e informa que 93% de nosotros cree en Dios, mientras 89% está seguro de que Dios los ama (a hombres y mujeres) por motivos individuales. 45% de nosotros insiste en que la Tierra fue creada tal y como lo describe el Génesis y sólo tiene, poco más o menos, nueve mil años de edad —la cifra verdadera es de 4 mil 500 millones de años, algunos fósiles de dinosaurios datan de hace 190 millones de años.
Tal vez los diseñadores inteligentes, comandados por George W. Bush, aún nos regalen un Evangelio dinosáurico, aunque tengo mis dudas, pues tanto ellos como el Presidente viven encerrados en una burbuja adonde la educación no puede acceder.Hoy en día Estados Unidos resulta demasiado peligroso para burlarse de él, así que vuelvo a sus escritores más grandes para ver si seguimos siendo lo suficientemente coherentes para una comprensión imaginativa. Lawrence acertó: en sus mejores momentos Whitman resiste la comparación momentánea con Dante y Shakespeare. La mayor parte de lo que sigue se basará en Whitman, el más estadounidense de los escritores...

(...)

Whitman, aun subvaluado como poeta en relación con su sorprendente poder estético, continúa siendo el profeta de nuestro partido de la esperanza. Lo cual parece irónico de muchos modos, desde el momento en que el hecho crucial en la vida de Whitman fue nuestra guerra civil, en la que un total de 625 mil hombres de ambos bandos perdieron la vida. En Gran Bretaña la “Gran Guerra” es la Primera Guerra mundial, porque casi una generación entera de jóvenes murió en ella. Estados Unidos está obsesionado con la guerra civil, el hecho principal en la vida de la nación desde la declaración de independencia.
David S. Reynolds, el más informado de los biógrafos de Whitman, demuestra de manera convincente que la poesía de Whitman, entre 1855 y 1860, fue pensada para ayudar a mantener con vida a la Unión. Luego de la gloria crepuscular de “When Lilacs Last in the Dooryard Bloom’d”, la elegía de 1865 dedicada públicamente a Abraham Lincoln e íntimamente a la identidad poética del propio Whitman, algo se extinguió en el bardo de Hojas de hierba. Día tras día, durante varios años, se extenuó en los hospitales militares de Washington, D.C., vistiendo a los heridos, leyéndoles, escribiendo cartas para los enfermos y los lisiados, y confortando a los moribundos. El vitalismo y la inmediatez extraordinarios salieron de su poesía.
Es como si hubiera sacrificado su propia imaginación en el altar de esos mártires que, al igual que Lincoln, murieron por la causa doble de la Unión y la emancipación.Whitman murió en 1892, una época en la que la política estadounidense era tan corrupta como ahora, si acaso un poco menos vulgar que en estos días de la teocracia bushiana. Pero hubo una curiosa fractura en el poeta de Hojas de hierba, entre lo que llamó el alma y su “yo real” o “yo mismo”, una entidad diferente de su personaje “Walt Whitman, uno de los rudos, un americano”:
Creo en ti, mi alma, el otro que soy no se rebajará ante ti,Y tú no te rebajarás ante él.[Trad. Jorge Luis Borges.]
Aquí el rudo Walt es el “yo”, creado para mediar entre su carácter o alma y su verdadero yo o personalidad. Me temo que este abismo entre carácter y personalidad es perennemente estadounidense. Sin duda, éste puede ser un fenómeno universal: piénsese en Nietzsche o W.B. Yeats. Y sin embargo, la humillación mutua entre el alma y el yo destruye la coherencia de cualquier individuo.
Mis conciudadanos que decidieron votar por “valores” en contra de sus propias necesidades, manifiestan algo del mismo dilema. Mientras el personaje “Walt Whitman” desaparece derretido en la caldera de la desdicha nacional durante la guerra civil, es reemplazado por un personaje menos apto, “el Buen Poeta Gris”. Ningún renacimiento moral impulsó a Estados Unidos en la postguerra; en cambio, Whitman atestiguó la corrupción inaudita del gobierno del presidente U.S. Grant, paradigma imitado por innumerables presidencias republicanas, incluida la que padecemos en este momento.

(...)

Lo que Whitman quiso decir (como lo sabía Lawrence) era que en sí mismo Estados Unidos estaba destinado a ser el más grande de los poemas. Pero esta afirmación desmesurada me abruma tanto con una incómoda sensación de ironía, que detengo estas reflexiones. Shelley usaba un anillo que tenía grabada la frase siguiente: “El buen tiempo llegará”. He leído que en septiembre, la secretaria de Estado estadounidense, Condoleeza Rice, pronunció la frase siguiente en la iglesia Zion de Whistler, Alabama: “Nuestro Señor Jesucristo llegará a tiempo,
con que sólo esperemos”.
-Traducción de Alberto Román-.
(Bloom se revelala demócrata y carente de esperanza: razones no le faltan)

25.3.06


Peru Blogs Cristina Peri Rossi da recital en España

Algunos diarios españoles dan cuenta hoy de la lectura de poesía que diera ayer en Jerez (España), la poeta y escritora uruguaya Cristina Peri Rossi (Montevideo, 1941), quien vive en España desde 1972, cuando tuvo que exiliarse debido a la persecución de que fue objeto durante la dictadura militar en su país.
Entre sus libros más importantes están Descricpción de una naufragio (1974), Babel bárbara (1991) y Estado de exilio (2003). A fines del año pasado publico su Poesía reunida.

LAS PALABRAS SON ESPECTROS
Las palabras son espectros
piedras abracadabras
que saltan los sellos
de la memoria antigua
Y los poetas celebran la fiesta
del lenguaje
bajo el peso de la invocación
Los poetas inflaman las hogueras
que iluminan los rostros eternos
de los viejos ídolos
Cuando los sellos saltan
el hombre descubre
la huella de sus antepasados
El futuro es la sombra del pasado
en los rojos rescoldos de un fuego
venido de lejos,
no se sabe de dónde.

de Babel bárbara (1991)

(foto: la poeta y novelista)

Tom Wolfe entrevistado en Francia


El autor de La hoguera de las vanidades y Todo un hombre, ha sido convenientemente asediado en el último número de la revista Le Point (http://www.lepoint.fr/litterature/document.html?did=175974), por el periodista Marc Lambron.
Wolfe, quien acaba de publicar Yo, Charlotte Simmons en francés, se burla de los "marxistas rococó", ningunea a Easton Ellis y se declara seguidor de las tesis sociológicas de Max Weber, entre otras interesantes declaraciones. Dejamos una pregunta:

"Luego de la aparición de tu novela Todo un hombre, tres eminentes escritores americanos te atacaron: Norman Mailer, John Updike y John Irving. Te reprochan, en concreto, ser un periodista hiperbólico más que un escritor.
En tanto que escribo novelas, sigo pensando que la cosa más interesante en los EE UU son las técnicas literarias de no ficción. Creo que la literatura de inicios del siglo XXI no busca una revolución de la forma, sino del contenido. (...) Un escritor no está allí para decir qué está bien o qué está mal. El está allí para decir lo que es."

(Wolfe se ríe de las críticas y no se calla nada en la entrevista)

23.3.06


Ventura García Calderón: un olvido aplicado
Peru Blogs
El 23 de febrero pasado se cumplió en el más completo silencio cultural un aniversario del nacimiento de este narrador, poeta y crítico literario peruano nacido en París en 1886.
Sobre su obra, en su mayor parte escrita en francés, se pronunciaron con frases muy elogiosas escritores como Gabriela Mistral, Ramón Gómez de la Serna y Henri de Montherlant y Paul Valéry.
En el Perú, sin embargo (y esto suena muy familiar) fue acusado de "afrancesado" "extranjerizante", y fue descalificado para hablar del mundo andino por haber nacido accidentalmente en Francia.
Felizmente hoy se comienza a revalorar su extensa obra (tengo en mi mesa sus Páginas escogidas, que suman 1172 páginas), y su figura crece hasta hacernos entender cómo Valéry le confió la corrección de uno de sus más celebrados libros: Amphion (1931).

[Imagenes: García Calderón y portada de la edición francesa de La venganza del cóndor]
Peruanos participan en especial sobre crítica literaria en diario españolPeru Blogs

Los críticos peruanos Iván Thays, Gabriel Ruiz-Ortega y Víctor Coral coincidieron en varios puntos en cuanto a la evaluación de la crítica literaria en medios hecha en el diario español SigloXXI. Aquí la encuesta completa. Entrar a (http://www.diariosigloxxi.com/noticia.php?id=12862) si quieren ver la nota original.

¿Qué es un crítico literario?

Luis Valera (cuentista, novelista, profesor de Historia Contemporánea y Director de Brosquil Edicions, Valencia): “Esta pregunta no es tan simple como parece. Un crítico literario es un experto en literatura, preferiblemente un experto especializado en algún género, porque la literatura es un universo demasiado extenso en sí mismo, que tiene la suficiente formación intelectual como para conocer las novedades y tendencias de su campo literario y poder valorar la calidad, aportaciones e interés de cualquier libro que aparezca en un momento determinado.
En rigor, un crítico es un creador de opinión y su trabajo pertenece al campo periodístico, no al académico.Los críticos a mi juicio cumplen un papel cultural importante: me orientan como lector interesado, me ahorran lecturas estúpidas y me acercan a trabajos que merecen la pena, teniendo en cuenta que no actúan en esa primera línea de lo que se hace, sino en la cómoda retaguardia de lo que ha penetrados las líneas defensivas de la indiferencia cultural ciclópea, que deben romper los escritores, sobre todo los primerizos”.

Juan Eslava Galán (articulista, ensayista y novelista; Premio Planeta, 1987; Premio Ateneo de Sevilla, 1991; Premio Fernando Lara, 1998): “Supongo que un crítico literario es un señor que tiene por oficio leer y comentar las bondades o deficiencias de una obra escrita por otro. Es, o solía ser un noble oficio, cuando lo ejercían personas rigurosas y entendidas, pero me temo que hoy hay muchos advenedizos que se arrogan ese título sin estudios suficientes”.

Víctor Coral (poeta, novelista, periodista y crítico de la revista “Somos” y del suplemento cultural “El Dominical” del diario “El Comercio” de Lima): “En términos generales un crítico literario es aquella persona que ayuda a comprender o aprehender (así, con H intermedia) un texto al lector. Un crítico literario académico lo hace dando una lectura completa, estructurada y de acuerdo con postulados teóricos determinados; un crítico periodístico, desde una perspectiva de incitar al lector a leer (o disuadirlo de hacerlo) un determinado libro. Con frecuencia se ven estas perspectivas como antagónicas, pero creo que más bien deberían ser complementarias. Yo estoy inclinado a considerarlas vías paralelas que a veces suelen tener puntos de contacto”.

Francisco González Ledesma (escritor y novelista, Premio Internacional de novela 1948; Premio Planeta, 1984; Prix Mistère, 1986; Premio Hammet, 2003; Premio Pepe Carvalho, 2006): “Un crítico literario es un condenado a leer toda la vida a quien le gusta su condena”.

Gabriel Ruiz-Ortega (novelista peruano y crítico literario de las revistas “La caja nocturna”, “Pelícano”, “Rolling Stone” y “Siglo XXI”): “Un crítico literario es alguien que debe ofrecer las sendas necesarias para la comprensión de una obra. Existe un divorcio tajante entre la crítica académica y la periodística, pero una no es mejor que la otra, los soportes en los que ambas se mueven son distintos. El crítico literario debe ser una persona, a mi entender, con una inquebrantable solvencia moral. Son muchos los intereses que se mueven a la hora de escribir sobre las virtudes y los defectos de un texto. Lo peor que le puede pasar a la crítica literaria radica cuando el crítico quiere hacerse de un nombre a punta de machetazos a la obra de un autor sin argumentar bien, ofreciendo una lectura torcida; esto ocurre cuando el crítico tiene la consigna de ser la estrella de la columna asignada”.

Iván Thays (Novelista peruano, director del programa televisivo “Vano Oficio”, dedicado a la Literatura, crítico del semanario “Caretas” y administrador del blog literario “Notas Moleskine”): “Hay que separar al crítico literario del reseñista. Un crítico literario es un profesional que tiene la labor de investigar a un autor, una obra, una época literaria, y dar alcances académicos sobre la importancia y el valor de su objeto de estudio. Los ángulos desde los que enfoca esos estudios son diversos y muchas veces multidisciplinarios. El crítico literario –a diferencia del reseñista- no tiene un plazo fijo de entrega. Puede dedicarse a su objeto por el resto de su vida si así lo necesita”.

¿Qué papel juega un crítico en el mundo de la Literatura?

Luis Varela: “En el mundillo literario español un crítico es un mercenario al servicio de un estado mayor editorial y mediático, cuya tarea consiste en enaltecer a los escritores enrolados en su ejército y a patear los higadillos a los escritores enemigos (a unos pocos, a los que destacan, al resto con ignorarlos sistemáticamente basta). Cuando alguno de estos mercenarios decide decir lo que piensa y olvida el contrato oculto -jamás escrito- que lo une a su estado mayor, le pasa lo que le pasó a ese crítico de Babelia que se atrevió a menoscabar la última obra del inefable Bernardo Atxaga. Crítica suya que a mí me fue útil puesto que me ahorró comprar el libro y leérmelo.
Ahora el único crítico del que me fío es del que ejerce espontáneamente y boca a boca. No leo los suplementos y las revistas de literatura ni por el forro, me limito a las reseñas que me dan cuenta de qué va un libro, en los periódicos, en internet o en las contras de los mismos libros. Me limito a eso y a ese olfato que me dice qué libro o autor me puede interesar... No voy a caer en esos tópicos de que el crítico es un escritor frustrado que se venga de los escritores de verdad... No es cierto, un crítico es con respecto a un escritor como un gourmet respecto a un cocinero... De él esperamos su opinión como persona de experiencia en la lectura y de muchas lecturas... Un crítico es un conaisseur, como dirían los franceses... Por lo demás no debemos olvidar que la crítica literaria es un género literario en sí mismo. Stanislav Lem lo ha demostrado con dos obras maestras: Vacío Perfecto y Provocación. Dos libros de crítica literaria sobre libros que nunca existieron”.

Juan Eslava Galán: “Afortunadamente la importancia de la crítica literaria se ha relativizado. El lector sospecha que en su mayoría están al servicio de sellos editoriales o de grupos mediáticos o que se dejan arrastrar por simpatías o antipatías personales. El lector hace tiempo que se dejó influir por ellos”.

Víctor Coral: “Sospecho que muy grande en medios donde la industria cultural está muy desarrollada, como en España. Pero en países como el Perú, no creo que su influencia sea tan grande como ciertos pequeños grupos quieren hacer creer. Hay mucha gente en el Perú que compra libros sin tomar en cuenta las opiniones de los críticos literarios; y creo que en muchos casos hacen bien”.

Francisco González Ledesma: “Son el sello de garantía de calidad del producto, salvando las manías de algunos”.

Gabriel Ruiz-Ortega: “En algunos casos la crítica literaria ejerce una influencia capital en los lectores. En el Perú la crítica literaria a nivel de periodismo arrastra una tara intelectual y literaria que se dejan notar ni bien se empieza a leer las reseñas. Ha habido un par de casos en el que los encargados de reseñar una obra se han dejado llevar por inclinaciones ideológicas para desvalorizar un texto. Sin embargo, lo que se tiene que dejar por sentado es que la opinión del crítico es una opinión más entre muchas. Cuando un texto es realmente bueno goza del favor del los lectores, y muchas veces son los lectores los que terminan haciendo valer una obra”.

Iván Thays: “La crítica literaria es un género en sí misma. Es decir, es parte de la literatura y hay textos de crítica que son mucho más perturbadores y profundos que las obras mismas. Cuando, además, el crítico tiene estilo y es un gran divulgador esos textos académicos suelen estar a la altura de cualquier obra literaria. Con respecto a las obras que juzgan, los críticos literarios suelen echar muchas luces en zonas oscuras y ayudan a los lectores a leer con pistas, datos, con ideas nuevas, esos libros. Las calificaciones y descalificaciones que hacen los críticos de algunas obras deben, siempre, colocarse en la perspectiva de quién es el crítico y qué es lo que pretende en sus argumentos”.

¿Tiene un crítico literario suficiente fuerza para encumbrar una obra mediana y hundir en la miseria una obra maestra?

Luis Varela: “La respuesta a esta pregunta está implícita en la anterior. Para los tontos y los letraheridos sí. Esencialmente ambos son dos conjuntos secantes. El subconjunto A es el de los tontos que no son letraheridos, aquí los críticos dominan con fuerza lábil, floja, fuerza uno diría un metereólogo. El subconjunto C está formado por los letraheridos que no son tontos. Aquí tienen fuerza dos, una fuerza que se acusa pero que no llega a ser definitiva ni determinante. Leen las críticas, leen los suplementos e intentan aprender, discernir, criticar a los críticos y sus chorradas sobre las tendencias y el estilo... Se lo creen, pobres criaturas inocentes. El subconjunto B está formado por los letraheridos que son idiotas, fruto del corte entre los dos conjuntos matrices... Pobrecillos, aquí el imperium del crítico es de fuerza 4 ó 5, es fatal, absoluto, dominante...
Si estudiáramos a los que compran las revistas de literatura y leen los suplementos, encontraríamos una mina de esta colección de desgraciados sin criterio... Y es que el letraherido no disfruta con la literatura, sino que se esfuerza para leer lo que debe leer... lo que merece la pena leer. Yo sé mucho de eso porque fui un imbécil de esos y tengo por tanto la experiencia necesaria en el cuerpo de letraheridos para hablar con competencia de ellos... Gracias a Dios un día mandé a paseo a James Joyce y su Ulises, me liberé de tamaña estupidez y ahora soy un cronopio feliz”.

Juan Eslava Galán: “La pena es que la función de la crítica debería ser importante si se hiciera con seriedad y con honradez”.

Víctor Coral: “La pregunta anterior responde en parte esta. Me gustaría agregar que sí hecho de menos en la crítica periodística de literatura de ambos lados del Atlántico, el hecho de que casi no exista una crítica que se tome su tiempo, que no responda instantáneamente a las exigencias de los lanzamientos editoriales. Habría que hacer algo así como una crítica literaria inactual, donde se publicara la reseña de un libro, por ejemplo, unos cuatro o seis meses luego de haber sido publicado. Esto para que la lectura salga limpia de la inmediatez de las primeras reseñas, y con la distancia se enriquezca y se tempere. Sería por lo menos interesante”.

Francisco González Ledesma: “Ni la fuerza ni el sueldo de un crítico llegan a tanto”.

Gabriel Ruiz-Ortega: “Hoy en día es imperdonable que ello ocurra. Los medios de información están a la mano. Considero que ya no se pueden cometer los errores que se cometieron con Kafka, John Kennedy Toole y Roberto Arlt. Si bien es cierto que puede ocurrir, la labor del crítico tiene que estar siempre actualizada. Y como dije en la respuesta primera, el crítico debe ostentar una gran solvencia moral ante la presión que hacen las grandes editoriales. Y si se hunde una obra maestra ante la miopía del momento, siempre tendremos al tiempo como verdadero juez que pone las cosas en su sitio”.

Iván Thays: “No, de ninguna manera. A lo más tiene poder para hacerle pasar un mal rato a algunos. Lo que puede ocurrir es que algunas obras maestras superan a su tiempo y a sus contemporáneos, y por tanto a sus críticos. Y del mismo modo, algunos autores tienen una gran conexión con lo inmediato, pero envejecen mal. Por ello se suele decir que el tiempo, como el más implacable crítico, termina por colocar las cosas en su sitio”.

[Fotografía: escritor y crítico literario Iván Thays]

Álbum del Universo Bakterial estrena blogPeru Blogs

Un correo electrónico de Elvis Mendoza nos avisa de la aparición -estimamos que en los próximos días porque por ahora no han colgado nada todavía- del blog de la editorial independiente Álbum del Universo Bakterial, de Arturo Higa. Reproducimos el mensaje:
"AMIGOS: acabamos de abrir el blog de Album del Universo Bacterial. La dirección es universobakterial.blogspot.com, y pensamos colgar información sobre nuestras producciones editoriales del año, y también las anteriores. Espero que nos acompañen en esta nueva etapa. Saludos a todos.

AUB".

[Foto de Pablo Hare que ilustró el libro de AUB San Felipe Blues, del poeta Bruno Mendizábal]

Herrera y Reissig, otro olvido

En estos días de lamentaciones y recuerdos poéticos, todos ellos muy necesarios, nos habíamos olvidado de un poeta uruguayo -como Laforgue, Supervielle y Lautreamont- fundamental dentro de la historia del Modernismo hispanoamericano: Julio Herrera y Reissig (1875-1910), quien murió un 18 de marzo.
De él, el joven Borges escribió en la revista Inicial (Argentina, 1924):
"Hizo poemas en que todas las líneas sobresalen, como las de un alto relieve. Por los manejos de una sagaz alquimia y de una lenta transustación de su genio, pasó del adjetivo inordenado al iluminador, de la asombrosa imagen a la imagen puntual".
(...)
"Entendió Herrera que la lírica no es pertinaz repetición ni desapacible extrañeza; que en su ordenanza como en la de cualquier otro rito, es impertinente el asombro y que la más difícil maestría consiste en hermanar lo privado y lo público, lo que mi corazón quiere confiar y la evidencia que la plaza ignora".
Una rara sorpresa releer en tiempos de verso largo y descuidado a la más segura influencia del Vallejo de Los heraldos negros.

22.3.06


Entrevista a Adonis, candidato al Premio Nobel de Literatura

Nuestro colaborador, el crítico David Abanto, se apunta con un enlace a una entrevista que le hicieron en el diario La Vanguardia (España) a este poeta árabe de calidad indiscutible. Aguzar el oído, alejar turbulencias.

"El mundo árabe ya no es Oriente, ni uno solo de los elementos de Occidente le es ajeno"

Oviedo es, estos días, la capital mundial de la poesía. Por sus calles, claustros y plazas se oyen versos de los cinco continentes, dentro del amplio programa de actos del día mundial de la Poesía. Una de las estrellas del encuentro es Adonis (Kassabin, 1930), el poeta en lengua árabe que, en los últimos años, suena con fuerza como candidato al premio Nobel de Literatura. Es autor de Canciones de Mihyar el de Damasco o del Libro de las huidas y mudanzas por los climas del día y de la noche.-
Usted nació en Siria, emigró al Líbano y despúes a Francia. ¿Cuál es su relación con cada uno de estos tres páises?
Considero que he nacido tres veces. La primera, en la aldea de Kassabin. La segunda, en Beirut, adonde llegué en 1956, huyendo de mi país por razones políticas. Y mi tercer nacimiento fue en París, donde vivo desde los años 80 y me he abierto al mundo de la cultura internacional.
Acaba de escribir un libro de conversaciones con su hija sobre su visión actual del mundo musulmán...
Cambiar ese mundo es una lucha lenta y difícil, porque para ello es necesario separar religión y Estado, y la lectura actual del islam identifica ambas cosas. Espero que, un día, llegue una nueva lectura del texto sagrado que convierta la religión en una experiencia espiritual del individuo y que entienda que el Estado debe ser civil, es decir, para todos los ciudadanos, incluyendo a los que no creen en la religión, un derecho tan natural como pueda ser el de creer. Si no, la religión se convierte en una prisión. En algunos aspectos, incluso hay una regresión terrible.
¿Es verdad que los mayores genios árabes del islam estuvieron contra la religión?
Absolutamente. Desde Abu Nauas hasta Al Maari, todos los grandes poetas y filósofos se han opuesto a la religión. Y ningún gran pensamiento ha surgido directamente de ella. Los pensadores, matemáticos y poetas han creado nuevas flores con otros perfumes. Ése es el motivo por el que el islam carece de una literatura religiosa. Ni siquiera cuenta con una filosofía, únicamente encontramos una teología y una ley (la charia).
Su obra se caracteriza por el movimiento. "Camino hacia mí y hacia todo lo que viene". ¿Qué tipo de movimiento es el suyo?
Es siempre ir hacia delante, hacia el otro. Crear nuevos espacios y horizontes, plantearse nuevas preguntas sobre el mundo y la existencia. Es moverse para ir más allá y para ponerse en cuestión perpetuamente. Es saber que procedemos de la vida, no del pasado.
En sus versos, sopla mucho el viento.
Es un desencadenante del movimiento. Transforma lo que es pasajero, los secretos, todo lo que puede convertirse en algo nuevo.
Su mitología personal se completaría con la noche y el mar...
Yo escribo y después espero que los lectores me indiquen lo que he hecho.
¿Critica las caricaturas de Mahoma?
El tema no es si suponen una blasfemia hacia el Profeta, sino que resultan hirientes hacia el sentimiento de los creyentes. Es un tipo de violencia contra el otro. La libertad es una responsabilidad, y no creo que podamos ser libres ejerciendo la violencia contra los demás. Tampoco estoy de acuerdo con la reacción que han tenido los musulmanes, igualmente violenta y liberticida. Me opongo a las dos conductas.
¿Oriente y Occidente se alejan?
No creo que los árabes sean ya Oriente. Una sociedad pertenece a aquello que genera su cultura, su técnica, su economía y sus valores. Y la sociedad árabe, actualmente, utiliza todos los medios de la civilización occidental. Ni uno solo de los instrumentos occidentales le es ajeno. Si priváramos a esa sociedad de tales medios, ya no sería ella misma, habría desaparecido. Técnicamente y culturalmente, la sociedad árabe es Occidente, aunque no participe en la creación de tales medios. Los recursos procedentes del petróleo, una fuente energética bajo dominio occidental, son los que mueven toda la economía árabe. Y los modos de vida están occidentalizados.
¿Cuál es la función esencial de la poesía?
Transformando el lenguaje, cada poeta debe dar una nueva visión del mundo y, por tanto, metamorfosearlo. Por eso su voz no puede ser la de todos los días. La poesía no puede fotocopiar la realidad, debe transformarla. La poesía denominada realista copia la realidad, o sea, no dice nada.
[Foto: el poeta en su barrio]
Romy Sordómez
Peru Blogs 21 de marzo, Día Mundial de la Poesía


If I should lose you

No quisiera solo
ser arena sobre tu estrecha pierna torcida
ni escorpión
bajo la guedeja de tu vientre pulposo
ni gemelo taciturno
de tu insaciable boca húmeda.

Debe haber algo más
que la posesión estratégica de los cuerpos;
algo así como
mi madre y mi padre
bailando If I should lose you
detrás de la cortina de la bañera,
hace veintitrés años. (R.S.)


Entre tiros y pistolas

A propósito de la novela Manual de pistola automática, de Juan Carlos Mústiga.

Max Palacios

La novela policial es un género poco abordado en nuestra narrativa, a pesar de que abundan las páginas policiales en los periódicos formales y los diarios sensacionalistas. Uno de sus primeros cultores es Alonso Cueto, quien en Deseo de noche (Apoyo, 1993) aborda este género a través de la historia de un profesor de literatura que una noche conoce a una enigmática mujer, la cual resulta siendo una asesina y terminará convirtiendo la vida del protagonista en una pesadilla.
Rasgos de este tipo de novela los encontramos también en sus novelas posteriores, Grandes miradas; y la recientemente galardonada, La hora azul. Otro de los cultores de este género, dentro de la narrativa peruana última, es el joven escritor Gabriel Ruiz-Ortega, quien en La cacería (Q Ediciones, 2005) nos presenta la historia de un arriesgado periodista que intenta desentrañar los oscuros manejos de la dictadura fujimorista.

En esta ocasión, nos toca reseñar una novela de reciente aparición, Manual de pistola automática (Fondo Editorial de la PUCP, 2005), de Juan Carlos Mústiga (Lima, 1958). En la novela, el autor nos relata la historia de Carlos Basile, conocido por sus amigos como Papeluchero, un personaje atormentado por los recuerdos de la mujer amada y los fantasmas de los amigos muertos.
La obra se inicia con un epígrafe de Raymond Chandler que permite ubicar al lector en el universo policiaco del texto. Narrada en primera persona, el autor nos va presentando el mundo interior del protagonista y las obsesiones que lo angustian. A través de la evocación el lector va conociendo el pasado de este personaje y las circunstancias que lo llevaron al estado de ansiedad y zozobra en que se encuentra.
Así, llegamos a descubrir un primer amor: Elsie, una meretriz de la cual se enamora el protagonista cuando era muy joven y que intenta sacarlo de la adicción a las drogas. Por otro lado está la historia de Tancredi Lo Grasso, un prestamista que atormenta a Papeluchero por el pago de una deuda atrasada.
Un acierto de la novela es el manejo de la oralidad; el lenguaje utilizado permite configurar la caracterización de los personajes y la psicología de cada uno de ellos. En cuanto a la resolución de la novela. podría haberse logrado un mayor efecto sorpresivo;pero la novela no pierde todo con el final que le otorga el autor, invita más bien a esperar otras entregas del escritor dentro del género policial.

Mención aparte para el diseño de la carátula, que contempla una pistola automática, a semejanza de la carátula de La cacería de Gabriel Ruiz-Ortega, y que nos permite hablar de un resurgimiento de la novela policial en la nueva narrativa peruana de los últimos años.

[Imagen: Graphic novel sobre un cuento de Chandler]

21.3.06

Hora Zero se pronuncia

En carta enviada el 28 de febrero y recién publicada ayer en el último número de Identidades (www.elperuano.com.pe/Identidades/), el grupo poético Hora Zero hace una grave acusación (le dice "mentiroso") al blogger Paolo de Lima, por un artículo suyo publicado en dicha revista hace un mes.
Aquí la carta, resumida por motivos de espacio.


Respuesta de Hora Zero

Lima, 28 de febrero de 2006
Señor Giancarlo Stagnaro
Editor del suplemento Identidades
Diario El Peruano
Presente.-

El Movimiento Hora Zero se dirige a usted, saludándolo previamente, para hacer algunas precisiones a un par de artículos aparecidos en el suplemento Identidades (número 101, lunes 6 de febrero), firmados por Martín Rodríguez-Gaona (“Democratización y/o decadencia a partir de 1960”) y “Palabras urgentes (2) de Juan Ramírez Ruiz”, de Paolo de Lima.
(...)
En cuanto a Paolo de Lima, que vive cómodamente en Canadá, debemos recordarle que su más viejo antecesor en oponernos a Juan Ramírez Ruiz, como la corriente “pura” de HZ, ha sido Mirko Lauer (año 77), de modo que mal haríamos en sorprendernos. Pero también comete un grosero error. Nos referimos a esa mentira de que alguna vez HZ-Segunda Fase estuviera en una actividad literaria en el Salón de Grados de San Marcos.
Jamás HZ ha hecho una en ese recinto. La única vez que ha sido invitado a esa universidad, como integrante de la generación del 70 (porque también participaron José Watanabe, Rosina Valcárcel y el extrañado Chacho Martínez), fue a mediados de los 90 cuando llenamos el Salón de Grados de la Facultad de Derecho de la Ciudad Universitaria con más de 600 estudiantes que nos escucharon fervorosamente durante cuatro horas.
La segunda invitación fue en agosto del año pasado, pero nos negamos a contribuir a una farsa. ¿Qué extraño trauma sufren ciertos escritores y escritorcitos que no pueden sacarse a HZ del alma? Desde los padres ofendidos hasta los hijos putativos que buscan todas las formas del rencor gratuito; desde los empeñosos que quieren borrarnos de la memoria literaria peruana (en antologías, ferias, mesas redondas, estudios críticos, etcétera), sin conseguirlo, hasta los que se presentan en sociedad, como ahora Rodríguez-Gaona y Paolo de Lima, adscribiéndose al canon y abjurando de HZ, ya han transcurrido 36 años. Una bonita edad de vigencia. Los personajes cambian pero las fobias quedan. Curiosa manera de vengar una incapacidad creadora.

Atentamente,

Movimiento HORA ZERO


NOMEOLVIDES. Poemas no recogidos en libro (1980)

En 1980 el primer premio de los Juegos Florales de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos fue otorgado por Marco Martos, Mario Florián y Washington Delgado, a José Antonio Mazzotti (Lima, 1958), hoy conocido crítico especialista en la obra de Garcilaso de la Vega.
Delgado dice en el prólogo de Poemas no recogidos en libro: "Estos versos nos confirman la limpidez y soltura del estilo poético de Jose Antonio Mazzotti, su profundidad imaginativa y su rigor intelectual, su gracia y su frescura juveniles".

Apachurrándonos

Apachurrándonos
puedo saber que los caminos de tu cuerpo son extensos
como esos dibujos que aparecen en TV
llenos de nubes y montañas encantadas
que nos invitan a soñar

Después de todo
siempre es mejor acariciarse al otro lado
de la pantalla, y casi
sin darnos cuenta trazar mapas
fundar imperios derrocar presidentes
y descubrir que el mundo es más pequeño
que cualquier habitación del mundo
casi sin darnos cuenta
apagar el aparato
y dedicarnos a soñar

[Imagen: al centro, poetas y críticos J. A. Mazzotti y Alonso Rabi Do Carmo]

20.3.06


Mixturas

*En su columna habitual de los domingos en La República, "De esto y de aquello", El prominente crítico y pensador Marco Aurelio Denegri cita largamente al narrador Iván Thays, al desarrollar un tema nabokoviano por excelencia: las nínfulas. "La cirugía plástica puede ofrecer cualquier estafa para aquella mujer que decide estirar su juventud (...) pero jamás podrá devolver el olor de la pubertad", dice Iván en el artículo citado, publicado en la siempre interesante revista Quehacer, cuyo último número acaba de salir.

*Conversa intrascendente. Acabo de leer la segunda conversa de jóvenes narradores limeños organizada por Cyberayllu. Al margen de uno que otro comentario de Luis Hernán Castañeda, Alexis Iparraguirre o Ezio Neyra, la cosa estuvo para el olvido. Los lugares comunes predominan y la edición de la misma -pues me cuentan que se dijo mucho más de lo publicado- es deficiente. Para otra vez será.

*Ya en Lima, luego de tres días de conversa y revelaciones con Alfredo Bryce Echenique, gracias a la gentileza de la Universidad Nacional de la Amazonia y la gente del diario Pro&Contra, preparamos un extenso informe gráfico sobre el encuentro de la prensa limense con el narrador. Espero tenerlo para mañana. Paciencia.

[Foto: Marco García Falcón, un narrador con excelente formación que está para mejores cosas]

19.3.06


Con Bryce en Iquitos (I)

Llegamos con Jorge Coaguila a la ciudad de Iquitos el viernes por la noche. De inmediato nos unimos a Giancarlo Stagnaro, Manuel Eráusquin, Javier Zapata y Juan Carlos Méndez y enrumbamos a la Universidad Nacional de la Amazonía, donde se le de dio el doctorado Honoris Causa a Bryce frente a más de 600 personas.
Luego cenamos en el famoso restaurante Fitzcarraldo, gracias a Jaime Vázquez y toda la gente de prensa maravillosa de Iquitos.
Al día siguiente partimos temprano al alberge Heliconia, un refugio maravilloso a dos horas Amazonas adentro, en medio de la selva y con cómodas instalaciones. La comida fue excelente y mejor la conversa durante tarde y noche con el autor de Un mundo para Julius. Hubo relatos, anécdotas y revelaciones fascinantes que otros se encargarán de dar a conocer.
Una de las cosas más impresionantes de ese lugar fue el internamiento a dos horas de caminata en la selva virgen, y el sentir en carne viva la poderosa vitalidad, casi incomprensible, de la vida selvícola.
Hoy sábado regresamos temprano a Iquitos, luego de haber pasado la noche en una alturada discusión literaria con Stagnaro y Eráusquin. En este momento nos preparamos para salir a bailar al Noa noa y luego al al Alfil a matar la noche.
Una maravilla los amigos, la comida, los lugares y sobre todo la gente amorosa de esta ciudad que invita a volver.

17.3.06


La hora azul y su respuesta crítica en medios locales

La revista Quehacer acaba de publicar su número 158, y entre varios artículos de interés ha incluido uno donde se comenta la extraña respuesta crítica que ha tenido en ciertos medios la novela La hora azul, de Alonso Cueto. Esto es más contradictorio aún cuando la novela no ha hecho más que cosechar elogios en México, España, Uruguay, Argentina (donde acaban de lanzar una nueva edición, en Anagrama-Argentina). Aquí el texto para los que no pueden acceder a Quehacer.

Víctor Coral

Hace unos meses, mientras tomaba un café con un ex compañero de colegio residente en México, en plena Feria de Guadalajara, este me hizo una amarga confesión que muchos habrán escuchado de otras bocas: “No hay peor enemigo para un peruano que otro peruano. Así es, acá y en los EE UU los peruanos se sacan los ojos entre ellos, sobre todo en el ambiente literario y académico”.
Por supuesto que este tipo de afirmaciones generalizadores tienen matices en la realidad. Pero he querido empezar con ella este acercamiento a la respuesta crítica en medios de la reciente novela de Alonso Cueto, La hora azul (Anagrama, 2005), porque de alguna forma ilustra algunas actitudes de críticos jóvenes en el momento de enfrentar la obra de este exitoso narrador turbiamente relacionado por algunos de sus colegas con cierta “posición de clase” enteramente discutible.
Un amigo crítico me sugirió que pusiera de epígrafe a este artículo la famosa frase cínica de Gore Vidal (“Cada vez que un amigo triunfa, algo se muere en mi corazón”). Me pareció sugerente, pero excesivo. No será esta una razia contra los pésimos asedios a la novela citada, por parte de Javier Ágreda, Giancarlo Stagnaro y Luis Aguirre. Pero no daré tregua al dato tergiversado o interesadamente soslayado, a la mala leche travestida en “rigurosidad” y a la simple estulticia.
En un excelente blog literario, sinplumas.blogspot.com, encontré una reseña del escritor Iván Thays sobre La hora azul. Cito el fragmento que me interesa: “De lo que somos testigos es de un personaje trágico en plena revelación o anagnórisis (…) Hay elementos mágicos y de purificación en esa visita (la del protagonista y narrador, Adrián Ormache, a una reunión de danzantes de tijeras), pero también de pesadilla, de descenso al infierno”.
En efecto, la novela de Cueto no puede verse como un simple relato policial o policial político, pese a que las marcas narrativas más evidentes y visibles pertenecen a dichos géneros. Una lectura atenta, perspicaz, nos revela un drama psicológico y existencial de proporciones relevantes.
La travesía interna de Ormache, su viaje interior –para tomar el título a un recordado libro del propio Thays– es una apertura daséinica (me excusarán el neologismo heideggeriano) al ser en el mundo, a la confrontación con el otro subordinado, y en ese camino cuestiona las diferencias sociales y desnuda la visión subordinante y prejuiciosa que cierta clase alta tiene de la gente del Ande.
Uno de los peligros de esta novela radica en la compleja relación entre tres instancias narrativas: el narrador intradiegético (que está dentro de la historia); esa suerte de prenarrador que asume la voz de Ormache en el primer capítulo de la novela, y el autor, de quien los jóvenes críticos han pensado tal vez que inmiscuye en la narración sus ideas y sentimientos particulares.
Entiendo que Ormache avanza en el descubrimiento de la verdad sobre su padre, que es la verdad sobre sí mismo, con tropezones y carencias de apertura hacia el otro por su misma extracción social, por las limitaciones propias de su vida acomodada y por haber vivido hasta su madurez de espaldas a la realidad del resto del país. Las deficiencias y fisuras de su discurso, así visto, constituyen en muchas partes lo más consistente de la novela, en la medida en que esas limitaciones delimitan un perfil auténtico y ambiguo de un individuo de su origen social.
Fácil hubiera sido construir un narrador que hubiera comprendido de golpe todo y se hubiera iluminado radicalmente con la verdad de la vileza del padre y sus atrocidades. De seguro hubiera sido celebrado por los que buscan una novela denuncia con aires saramaguenses; pero, estimamos, esto es precisamente lo que ha querido evitar Cueto en La hora azul.
Su apuesta es por mostrar los hechos desnudos, dejar abiertas las contradicciones, para que el lector construya su propia lectura, ejerza su mirada, muchas veces prejuiciosa y noise, como la del mismo narrador Ormache.

Pequeñas miradas

En un artículo titulado “La hora azul: un abogado rico en problemas” (Correo, 9-01-06), Luis Aguirre, luego de comparar caprichosamente la novela de Cueto con la más reciente de Jaime Bayly, habla de “revisionismos” en el discurso de Ormache, y detecta, para él, que “el autor y su narrador se deciden por lo edificante, o por aquello que cierto sector de la sociedad peruana ha venido llamando reconciliación”.
Hasta donde sé la institución que introdujo el concepto de reconciliación en la agenda cultural es la Comisión de la Verdad y Reconciliación, aun cuando hay organismos privados que han venido trabajando este concepto desde años anteriores. Como se sabe, la reconciliación es una etapa crucial en el proceso posterior a un conflicto armado interno, y por supuesto su importancia no depende de la aceptación o conciencia que tengan de la misma los intelectuales o gacetilleros de periódicos.
Ella es un imperativo categórico que permite a una sociedad superar el periodo de violencia experimentado, para sentar las bases de una auténtica mirada al futuro. Qué tan lejos estemos de ese momento de reconciliación (que no es tanto un momento como un mood de cambio que se gana luego precisamente de la anagnórisis o enfrentamiento con la verdad), poco importa.
Nadie puede poner en discusión su necesidad sin evidenciar, o su ignorancia con respecto al concepto que está utilizando –parece que este es el caso del joven Aguirre–, o en su defecto la puesta en tela de juicio del “sistema” democrático y del orden social, por inviable e “intrínsecamente injusto”. Sendero y el Humalismo, cada cual a su manera, saben canalizar esta posición, llamada “antisistema”, lamentablemente difundida en ciertos sectores olvidados de nuestro país.
Con respecto a la injusta identificación del autor con el personaje narrador (Ormache), diré solamente que es el débil sustrato sobre el cual construye el columnista Aguirre su lectura de La hora azul.
La pregunta final de Aguirre –sagazmente identificada como retórica por Gustavo Faverón en un post de su recomendable blog literario Puente Aéreo–, sobre si es posible conectarse con los padecimientos personales de Ormache, nos lleva al meollo de la cuestión literaria en la novela: no es posible identificarse con Ormache precisamente porque la percepción del otro por parte de un abogado exitoso miembro de la clase privilegiada de un país profundamente escindido como el nuestro, será –salvo excepciones– siempre limitada, subordinante y en el mejor de los casos paternalista.
Porque ni el amor (aunque Ormache nunca llegue a decir que está enamorado) puede conjurar totalmente ese abismo; pero sí puede hacer una apuesta por el futuro reconciliado, representado por el hermano de padre del protagonista, quien agradece, “agradece nada más” la ayuda de Ormache en la escena final de la novela.
Cueto es perfectamente consciente de esto, por ello ha dejado abierta al lector la incomodidad de asistir a la narración problemática y sesgada de un proceso de apropiación de una verdad que implica transformaciones radicales en la visión del mundo de su protagonista; pero que en ningún momento apunta a constituirse en la demagógica transmutación integral de un hombre en otro ser, solidario, íntegro, “progresista”.
Esta es la historia de un hombre que se enfrenta a la verdad y cambia, no la de un elegido que se ilumina, se purifica ideológicamente y abraza conmovido la causa de todos los seres vivos.
Si hemos de buscar reparos a la novela de Cueto, estos no estarán precisamente en el aparato ideológico, absolutamente coherente, como pienso haberlo demostrado. Mucho menos en la concepción narrativa de la novela, que corre como un torrente vigoroso en la mayor parte de sus capítulos, dejando constancia de la pericia para manejar tramas policiales de un autor que ha demostrado logros en este campo desde hace décadas.
Tal vez haya que señalar la parcialidad y eventual derrota lingüística del narrador en el momento de capturar en su discurso el habla diglósica del habitante del interior del país o del migrante en la capital. Pese a grandes esfuerzos, los discursos de Miriam, Vilma Agurto, y de los personajes ayacuchanos con quien en su periplo se topa el narrador, no terminan de convencer al conocedor del castellano peruano actual.
Así también habría que señalar algunas incongruencias topográficas, como la confusión en la sucesión de calles en uno de los súbitos traslados de Ormache de un lugar a otro de Lima, o la imprecisión en la ubicación del hospital Almenara.
Pero de ninguna manera podemos acoger el reclamo del crítico Javier Ágreda en su reseña de La hora azul (La República, 07-01-06), cuando afirma que un supuesto “desborde costumbrista” del narrador posterga “los testimonios sobre los aspectos más terribles de la violencia”, hasta el punto que “el relato de las torturas realizadas en el cuartel ayacuchano ocupa menos de una página”.
¿Cuántas páginas de descripción de torturas –fíjese el lector que Ágreda acusa de “costumbrista” a Cueto precisamente por “el exceso de descripciones”– considera el crítico que serán suficientes para satisfacer su morbo social? ¿Diez? ¿Cien? ¿Mil? Es ridículo.
El valor de una novela política –asumiendo la mezquina lectura de la novela como un mero policial político– no está nunca dado por la cantidad de páginas dedicadas a la descripción de atrocidades, sean estas del Estado o de un grupo armado. Sino por la eficacia con que la historia narrada se instala en el imaginario del lector.
En todo caso, dejamos consignadas aquí no una sino varias páginas donde se describen persecuciones y torturas, para solaz del crítico: 73, 85, 159-161, 190, pero hay más.
Más grave aún es la afirmación de Ágreda de que “el móvil del protagonista parece ser simplemente el temor al escándalo”. Ormache se sumerge en la búsqueda obsesiva de la verdad con nombre de mujer, Miriam, la mujer violada por su padre, entre otras cosas por aprehender la verdad sobre su propia familia y sobre sí mismo, pero además por un dato irrebatible: la posibilidad al final confirmada de que su padre dejó un hijo en Miriam, de que Ormache tiene un hermano desconocido.
¿Necesita más desajustes existenciales una persona acostumbrada a una vida apacible y acomodada? Creo que no. Ormache tiene un problema existencial enfrente, una fisura moral y biográfica en su vida, y la crítica de Ágreda lo reduce todo al temor al escándalo.
Pero si Ágreda es cuadriculado en sus reparos a La hora azul, tiene al final la amplitud de criterio para reconocer que Cueto viene logrando con su narrativa un registro serio y riguroso de nuestra historia última.
Por más esfuerzos que hago, no puedo decir lo mismo de Giancarlo Stagnaro, quien en su reseña “Estragos (y encargos) de la violencia política” (El Peruano, suplemento Identidades N° 100, 23-01-06), más allá de utilizar categorías de dudoso origen político e ideológico, como “guerra sucia” e “idealismo artificial”, tergiversa tendenciosamente el sentido de un evento clave de la novela.
Vale la pena citar con amplitud para evitar confusiones: “La cursilería ronda la relación de ambos. Por ejemplo, una canción del cantante Ricardo Arjona activa la libido de Ormache, quien deja a su cliente sentado en su estudio y sale en busca de Miriam”.
Esto es en la novela exactamente al revés. Ormache no se siente “inspirado” por la tonada infeliz del lamentable escribidor centroamericano. Más bien al escuchar en la boca del abogado Fernando Pozuelo –de quien ya se ha burlado al describirlo y luego al decir “que todo el mundo venga a ver al gran Fernando Pozuelo subiendo la escalera”– una estrofa de una de esas estúpidas canciones que simulan la poesía, llega a su límite y se va asqueado de su oficina para poco después encontrarse frente a Miriam, que simboliza la verdad frente a la artificialidad de su cliente y de su clase.
Por si faltara pruebas, en la página 152 el lector encontrará una muy clara de que el narrador Ormache gusta de un tipo de música diametralmente opuesto (el jazz) a los efluvios romanticoides del gritante citado.
Podríamos pensar que Stagnaro ha leído mal el texto, pero las líneas finales de su “crítica” nos llevan a un derrotero distinto. Cito: “La hora azul pierde el pulso narrativo al centrarse en una historia de amor que pretende erigirse como imagen de la reconciliación” (cursivas mías).
¿Pura coincidencia con Aguirre? Lo concedo, aunque podría seguir ahondando por esta parte.
En lo que sí confieso la derrota de toda mi buena voluntad de lector, es en la mala entraña que evidencia Stagnaro cuando hace esa retorcida lectura de un pasaje clave dentro de la historia de Ormache. Reducir a una burda cursilería el interés del abogado de éxito en la provinciana que ha sido amante de su padre y es madre de su hermano, exige unas miras tan estrechas que a duras penas califican para salvar a Stagnaro de la incompetencia literaria. Lo de la pérdida del pulso narrativo al final de la novela, no pasa de ser un relleno retórico con apariencia de rigurosidad crítica.
Quise empezar este acercamiento a la lectura que ha tenido en Lima La hora azul, con una anécdota que cualquiera que haya salido del país puede corroborar. La injusta mezquindad que ejercemos contra nuestros propios compatriotas que triunfan se hace más patente y descorazonadora aún, si la vemos a la luz del recibimiento auspicioso que ha tenido esta gran novela en narradores extranjeros como Pedro Zarraluki, Rosa Montero y Javier Cercas.
No hay duda, la novela de Cueto exige al crítico una madurez de vida y de lecturas que algunos jóvenes críticos –no todos– están lejos de alcanzar todavía.

(Cueto. En Quehacer han titulado el artículo "La hora azul, la verde envidia")
Se produjo un error en este gadget.