30.4.06


ELRINCÓNDELBLOG. Palincestos (http://palincestos.blogspot.com)

La escritora ayacuchana Patricia de Souza estuvo hace unas semanas en Lima, presentando su reciente novela Electra en la ciudad (Anagrama, 2006). Ella administra este blog donde podemos encontrar interesantes reflexiones sobre escritores y sobre la escritura (la propia y la ajena).
En su último post, por ejemplo, aclara algunas cosas sobre su novela, que fueron mal entendidas por cierto reseñista al parecer ensañado con los libros de Alfaguara. Atención:

"...yo no soy más que un intermediario, una suerte de Messanger. Y yo he usado esa idea para hablar de mi trabajo. Pero también se trata de decir Yo en voz alta, de unir la experiencia fragmentada en el proceso de escritura. La experiencia como mujer, si a los escritores no les inquieta su cuerpo, a mí, sí. Creo que todas mis experiencias, las más terribles, las más intensas, se unen en ese espiral del texto. No es lineal porque la experiencia no lo es, no a mi modo de ver, entonces, experiencia y escritura, cuerpo, soma y escritura, están unidos, son una sola y misma cosa.
Ahora, en torno a la escritura en primera persona, yo creo que desde el instante en que decidimos escribir, aparece el tú, el otro, aquel al que nos dirigimos. Esto, me parece obvio. Yo escribo para acercarme de los otros, no para que me quieran, más, no lo creo, sino para que desaparezca esa distancia entre ellos y yo. Guyotat dice otra cosa que me gusta: El otro, quienquiera que sea, se convierte en mi única preocupación. Y aquí me viene la frase de Levinas: El otro es la prohibición del crimen, una frase hermosa.
El tú, para mí son esos otros transformados en el proceso de escribir y que dejan de ser personas reales para ser personajes, es decir, seres de ficción. Es por eso que toda aproximación exacta en la realidad con mis personajes me parece arriesgada, arriesgada porque son producto de la imaginación (esto, a propósito de las aproximaciones entre realidad y ficción en mi última novela, Electra en la ciudad, las alusiones a Julio Ramón Ribeyro y José Tola).
Creo que el pacto autobiográfico define la verosimilitud de un texto. Si el autor asume que está haciendo una obra autobiográfica y lo declara desde el principio, pero en mi caso, solo trazo la línea vital de mi paso por el mundo sin querer describirme a mí y a mis experiencias, sino asumiendo que solo soy una cadena en ese largo proceso de creación, asumiendo mi pequeñez, aunque me esfuerce en sacarme la máscara y por eso diga Yo. No Ecce Homo sino !Ecce Femina! Cada vez que una escribe, se inventa de nuevo la vida de una misma, los otros se absorben en ese proceso, se trasnforman...".

(Fotografía: De Souza. Su propuesta de autoficción no fue captada por reseñista de diario local)


Paolo y Ágreda sobre Abril rojo

Entro al siempre actualizado blog de Paolo de Lima y me encuentro con una nota pequeña sobre la reseña que publica hoy Javier Ágreda de Abril Rojo, de Santiago Roncagliolo.
En su nota De Lima inserta la última frase con la que el crítico termina su artículo, sugiriendo que es la conclusión general de la reseña, y luego incluye una alusión a lo bien planteado que está el descenso a los infiernos del fiscal Chacaltana (protagonista).
Un poco extrañado por lo súbito de la nota –a Roncagliolo siempre le da mucho espacio Paolo– me voy a la página de Cultura de La República y me encuentro con una extensa crítica a Abril Rojo.
Aquí algunos fragmentos que De Lima obvió:

Sobre el personaje principal Ágreda dice, hipostasiante, que es un estorbo para la narración (!): “...el protagonista, lleno de manías y rasgos que pretenden convertirlo en un personaje simpático y divertido: su obsesión por el lenguaje leguleyo y el cumplimiento de los reglamentos, sus modales y gustos anacrónicos, y especialmente el necrofílico vínculo con su madre. Chacaltana es una especie de Pantaleón Pantoja sin los aspectos trágicos del personaje vargasllosiano, y desde las primeras páginas se convierte en un verdadero estorbo para la narración.

Sobre la segunda parte de la novela, el crítico agrega, no sin acidez: “No hay lugar en esta segunda parte para la creación de atmósferas, apenas para esbozar un telón de fondo casi de postal por el “color local” propio de las celebraciones por la Semana Santa ayacuchana: alfombras de flores, procesión, fiesta popular, etc.”

Finalmente, en un exceso no sustentado, Agreda acusa de superficial y “humorístico” al texto, y lo descalifica literariamente (¿con qué argumentos?):
Esa amplia aunque superficial mirada a las costumbres y ritos andinos es afín con las explicaciones demasiado simplistas (para lectores no peruanos) que se dan en la novela sobre el mito de Inkarrí, El sueño del pongo o el Turupukllay. Es parte de la estrategia de Roncagliolo para convertir su novela en un bestseller, lo mismo que los personajes estereotipados (Chacaltana, su ‘novia’ Edith, etc) y el lenguaje trabajado casi exclusivamente para lograr efectos humorísticos; pero esas concesiones al gran público lector terminan restándole calidad literaria”.

La pregunta es: ¿dada la gratuidad de la mayor parte de las "impresiones" críticas de Ágreda, era necesario desinformar a los lectores y "hacerle el favor" a Santiago de ocultar estos débiles reproches literarios, como lo hizo De Lima?
No, I guess.

[Imagen: ¿No me defiendas compadre?]






La esencia del silencio. Sobre Cuerpo de pétalo

Rocío Fuentes (Lima, 1982) ha publicado un primer poemario delicado y a contracorriente del discurso feminista-político predominante. Aquí una breve lectura.

Por Gabriel Ruiz-Ortega

Cabe decir que la propuesta de la joven poeta Rocío Fuentes es una de las más frescas actualmente, si hablamos de temáticas y cuestiones formales.
Alejada de todo afán de aparecer en un algún estudio de género, preocupada más en la honestidad lírica que pueda ofrecer a los lectores que se acercan a su trabajo. Sus versos son limpios, en ellos vemos la claridad pulcra de la palabra poética, sugerente y solapadamente ambiciosa.
Fuentes no busca que se le dé una lectura política o social, simplemente busca ser ella misma en un quehacer poético en el que muchos(as) buscan otros fines paralelos a los poéticos.
Cuerpo de pétalo, entrega sutil del estado de contemplación, versos en los que la vate dialoga consigo misma, en un permanente discurso de reflexión, en una soterrada lucha por asir contados instantes de iluminación a través de imágenes secas:

Esta ciudad se vuelve bosque
Y bailo para ti.

Si hay un componente esencial en esta primera entrega de Fuentes, si hay un canal por el que sentimos todo ese arranque de la poeta por cargarse al mundo, no perdamos tiempo en mirar en donde no hay, no abusemos de las neuronas tratando de encontrar lo que siempre podemos encontrar a través de las leyes literarias, pues bien, es el cuerpo la vía, es el cuerpo el auténtico motor que nos lleva por este viaje interior:

Ser de barro:
A esta tentación mi piel se abre.

Ser de barro, ser moldeable, estar expuesto al libre albedrío de la creación por la experiencia, recibir todo el envidiable estado de mujer que recibe y filtra, gracias a la musicalidad casi silente que se deja salpicar, un cuestionamiento que busca encontrar una solución inmediata a ese egotismo que se refocila en sí mismo, cuando la clave a todo siempre ha estado a la vista, en una eclosión que impulsa a seguir indagando en preguntas encadenadas circularmente:

¿De qué se trata todo aquel discurso
Que nos viene como una ráfaga:
Culpa, arrepentimiento, perdón?
¿Qué mancha es aquella que impregno nuestro sexo?

Entrega poética que nos lleva a la indagación de las fuentes que esta poeta ha bebido: herencia oriental que se cristaliza en una propuesta que yace en la simbología, espíritu unitario en un texto en el que la condición de mujer se recrea: ser madre, hija, mujer, en permanente reflexión, sin caer en tendencias ideológicas de pasajeras. Experiencia y sapiencia en diálogo permanente, es lo que nos ofrecen este poemario que hay que leer bajo una lámpara de luz tenue.

[fotografía: el misterio de su poesía expresado por ella misma]

29.4.06


Recuerdan diez años de la muerte de poeta Jorge Teillier

Poeta chileno amigo del Perú (lo recuerdo lejanamente en el Queirolo, compartiendo la mesa con el poeta Juan Ramírez Ruiz), Jorge Tellier murió un 22 de abril en Viña del Mar. Reproducimos parte del texto que su hija residente en el Perú, Carolina Teillier, nos hace llegar.

Jorge Teillier, acaso el poeta más entrañable de la literatura chilena, era un pésimo promotor de su obra. Reacio a publicar, terminaba haciéndolo por la presión de sus amigos. "Tal vez no me gusta que mis libros sean vistos por mucha gente", decía. "Lo único bueno es aparecer en un libro de lectura para niños. Hace poco me encontré con un niño que me dijo que había un poema mío en su libro de lectura. Eso me gustó mucho", le contaba en 1991 al periodista Carlos Olivarez.
Fueron muchas las charlas que ambos sostuvieron y que darían origen a Conversaciones con Jorge Teillier, publicado en 1993 y que será reeditado por el sello Tajamar, a 10 años de la muerte del poeta.
Nacido en Lautaro el 24 de junio de 1935, Teillier murió el 22 de abril de 1996 en Viña del Mar. Su obra dejó una huella profunda en la poesía chilena y desde hace un par de años Ediciones Tajamar está reeditando sus libros. El sello ha publicado en un tomo Poemas del País de Nunca Jamás y Crónica del Forastero y en otro, El Cielo Cae con las Hojas, Arbol de la Memoria y Los Trenes de la Noche.
Pero junto con las reediciones hay otros proyectos que rescatan la vida y obra del vate de la memoria y la magia cotidiana. Mientras la Sociedad de Escritores prepara un homenaje, Patricia García trabaja en en el libro Retratos de Jorge Teiller, Fotografías y Testimonios. El volumen corresponde a un proyecto financiado por el Fondo del Libro y reúne fotografías tomadas por ella, por amigos, familiares y fotógrafos. Entre ellos, los poetas Elicura Chihuailaf, Jaime Valdivieso y Leonora Vicuña, y los fotógrafos Paz Errázuriz y Alvaro Hoppe.
La intención de la autora es presentar el libro el 24 de junio, cumpleaños de Teillier, el mismo día que Francisco Véjar pretende realizar una mesa redonda con Enrique Lafourcade y Antonio Avaria. "Fue un ser de una sensibilidad excepcional frente al lenguaje y la memoria", dice Lafourcade.
"Eligió la exploración del más allá de la vida cotidiana. Era el poeta de la tristeza tranquila y la melancolía inocente y se refugió en los amigos y el vino para soportar la vida. Y abrió un camino en la poesía", añade. Eso lo saben bien en Lautaro, su ciudad natal, donde planean hacer un gran homenaje en agosto. "Jorge decía 'algún día seremos leyenda' y creo que eso se está cumpliendo con él", agrega Patricia García.

(Fotografía: "Que respiramos, y dejamos de respirar" -cita de memoria-)

Peru BlogsEn México aprueban precio único para el libro

En el país de los compinches "Tintán" y "Cantinflas", se discuten cosas serias.

El Universal informa que ayer se aprobó, tras un debate intenso y oposiciones fundamentadas, la Ley de Fomento para la Lectura y el Libro, que algunos piensan que será el principio del fin de las librerías y editoriales pequeñas.
La ley tuvo un antecedente durante el gobierno de Ernesto Zedillo Ponce de León, se aprobó entonces, pero nunca cobró vigencia porque no se llegó a conformar el equipo técnico encargado de redactar el reglamento respectivo.
La Cámara de Diputados del Congreso mexicano dio luz verde ayer a esta controvertida ley que, dicen, beneficia a las grandes editoras y distribuidoras, quienes ganarán más por la cantidad de libros producidos o vendidos, que sus pares más pequeños.
En cuanto al público lector, la supresión de la "guerra de los descuentos" supuestamente los favorecerá; pero hay serias dudas sobre los efectos de la ley entre los pequeños libreros -a quienes las editoriales grandes los obligan a comprar cantidades ídem de libros y al contado- y para las librerías de provincias que tendrán que cargar con los fletes.
Coincidentemente, el diario argentino Página/12 ofrece una entrevista a la editora de Derechos de Gallimard, quien afirma que en Francia el precio único para los libros favoreció a los libreros y editoriales pequeños.
Mientras se vean las consecuencias concretas de esta medida radical, alucinemos la posibilidad de implantar esta medida en nuestro país.

[Imagen: lector, ¿cuántas tropelías se cometen en tu nombre?]

28.4.06


Presentación de libro de Alberto Casari

Hace unos días me llamaron del Museo de Arte de San Marcos para presentar, junto al crítico de arte Jorge Villacorta, un libro de poesía visual del artista plástico y arquitecto Alberto Casari, de quien todavía se puede ver una inquietante muestra en la Casona de San Marcos.
Allí estuve, y esto es lo que preparé.

Decía en un brevísimo comentario publicado en la revista Somos la semana pasada, que la poesía visual tenía un punto de partida muy concreto en la historia: 1898, fecha de aparición de Un coup de dées, libro póstumo del extraordinario poeta francés Stéphane Mallarmé.
En este libro, con palabras del mismo poeta, se intentó rodear de silencio la palabra, romper con la tradicional y –bien visto- inexplicable costumbre de alinear los versos unos detrás de otros, arrebañados, creando así una diseminación del discurso sobre la página en blanco, que se transforma en algo así como una partitura poética donde se imprimen las ideas e imágenes del poeta y donde, cito: “la ventaja literaria, si tuviera derecho a decirlo, de esta distancia copiada que mentalmente separa los grupos de palabras, o las palabras entre sí, parece ya acelerar, ya amortiguar el movimiento, escandiéndolo, intimándolo, además, según la visión simultánea de la Página: tomando esta como unidad tal, como por otra parte es el verso o la línea perfecta.” (Observación relativa al poema).


Así también la heteronimia en literatura tiene su cenit, por utilizar una figura a la mano, en la obra del poeta portugués Fernando Pessoa, quien desarrolló una gran variedad de heterónimos, entre los más conocidos están Haroldo de Campos, Alberto Caeiro, Ricardo Reis y él mismo, a quien el autor se trataba como un heterónimo más.
Con Pessoa se prefiguran, se insinúan lejanamente nociones hoy fundamentales sobre poesía no autoral, hipertexto, disolución del texto fijo tradicional, y otras más aparecidas a la luz de las nuevas tecnologías, en especial el Internet.

Otro aspecto clave para obtener una lectura, entre muchas, del libro de Alfredo Covarrubias –no otra cosa estoy haciendo en este momento que fijar algunas bases para ello- es el de la intertextualidad, que en una definición clásica de Kristeva es un texto que se constituye en “un mosaico de citas; todo texto es absorción y transformación de otro texto”. Todo texto, incluso aquellos que son considerados como no literarios (pero quién dice lo que es literario y lo que no lo es?), o tal vez estos mucho más que los otros, se asienta, voluntaria o inconscientemente, sobre la base de otro u otros textos; la intertextualidad es, así, la forma de ser de la literatura, y por antonomasia de la poesía.

Finalmente quiero referirme a una afirmación del artesano Casari en la entrevista del 2004. Dice el artista que en la “época de la posmodernidad” el robo abierto se justifica. Más adelante afirma que “todos somos ladrones. Yo también soy un ladrón”. Ignoro qué tan cierta y cuales sean las implicancias de tal afirmación en el mundo metamorfósico y ciertamente incierto (utilizo aquí una contradictio al propósito) del arte contemporáneo; pero deberá ser alentador para todos recordar que la apropiación, sea bajo la forma del pastiche, de la parodia o del travestimiento literario –como lo explica con pasmante erudición Gerard Genette en su monumental Palimpsestos-, son recursos literarios de rancio historial, que podríamos remontar, para tomar un solitario y contundente ejemplo, a Aristófanes, quien en Las ranas, se apropia de la dicción poética de sus rivales en los concursos de dramaturgia en la Grecia auroreal, Esquilo y Eurípides, para hacerlos competir paródicamente dentro de su obra.

Despercudido de toda culpa entonces, pues la forma de ser de la literatura por lo menos, es el robo -no sé si lo será también de la plástica- erigiré mi derecho al ludus literario, y me apropiaré de uno de los heterónimos de Casari para hacerle una entrevista sobre su obra poética. En ese camino, pienso, develaré algunas ideas y sensaciones que me dejó la lectura del libro.


Entrevista a Alfredo Covarrubias

Utilizaste el fondo negro como soporte de las frases y palabras que dispusiste en la página en negro en este caso. ¿Cuál fue tu intención?

Pues esa, darle la vuelta a la idea de la página en blanco, creo que está claro, no? Me molesta mucho las convenciones de todo tipo, y en especial las literarias.

¿Cuánto del Un golpe de dados de Mallarmé estás dispuesto a reconocer como influencia de tu libro?

Lo que te dé la gana. El robo está instituido en las artes y sobre todo en la poesía. Creo que alguien dijo por ahí que en estos tiempos era imposible ser original, mucho menos en poesía, así que si quieres incordiarme con esa pregunta mejor intenta por otro lado. Estás perdiendo tu tiempo. Ahora, Haroldo de Campos, publicado hace poco por la gente de Sarita Cartonera y Mario Montalbetti no me han sido indiferentes tampoco. No todo es Mallarmé, hijo.

Está es tal vez una pregunta incómoda. ¿Leíste Cielo estrellado de Víctor Coral?

Cielo estrellado? Qué es eso, el poemario de una abuelita del Club de Leones?
No conozco a ese señor y no creo que tenga nada que ver con mi obra.

¿Por qué el poemario termina con una página en negro?

Es todo. Es el cuadro sin la firma, es la desaparición inevitable de la que se habla páginas atrás, cuando se dice “puedes contar solo contigo”, es el arte que ha terminado, es la muerte, pero que impulsa a seguir.

En una entrevista anterior, con Van Host, tú criticabas el funcionamiento de la democracia en el Perú a partir del inminente triunfo de Humala, y afirmabas la creatividad como una salida. ¿Puedes ampliar esto?

Qué cosa!!! En ningún momento me referí a ese señor. No intentes tergiversar mis declaraciones. Además, la entrevista es del 2001, por lo tanto era imposible la alusión a la actual coyuntura electoral.
Ahora bien, para mí es necesario distinguir entre imaginación creadora y fantasía. Lo fantasioso domina los medios de comunicación, en especial la TV, el cine comercial, la fácil imaginería del arte hecho para galerías, para venderse y adornar muros de bancos y salones. La gente fantasea y a la gente la hacen fantasear porque es mucho más fácil que hacer que despierte en ellas la imaginación creadora, que implica un elemento de libertad y a la vez genera espacios de libertad auténticos. Creatividad, imaginación creadora, ideas contra lo aceptado y lo establecido aplicadas en nuestra vida diaria, esa será para mí la “salida” de la que hablas, si tuviera que haberla.

Una última pregunta: el adjetivo “traumatizado” se repite dos recesen tu poema.

Sí,soy un pintor traumatizado, pero todos estamos traumatizados. Esa es una condición de la vida posmoderna. La cuestión es qué hacemos a partir de esto. “Ya todo está dicho”, decía Cage. Pero no todo está hecho. El horizonte de lo real es nuestro horizonte. E n realidas siempre lo fue, solo que lo olvidamos por algunos siglos.

[Imagen: "Con título", de Alberto Casari, 1996]





Nueva novela de Mario Vargas Llosa en venta en Lima

La reciente novela de Mario Vargas Llosa, Travesuras de la niña mala, se encuentra en librerías desde anteayer. Así me lo hizo saber la editora de Alfaguara Perú, Mercedes González, en comunicación telefónica.
El libro ha sido lanzado primero en el Perú y saldrá a la venta en España recién en mayo, como fue anunciado hace unas semanas.
Se trata de un proyecto literario en el que MVLL ha trabajado durante dos años, aprovechando sus experiencias en varias ciudades, pues los escenarios de la novela -una historia de amor que ocurre a lo largo de cuarenta años - son diversos.
El autor de la La casa verde, además, ha aclarado que la historia es "más sobria, más austera" que Elogio de la madrastra. ¿Significará eso que es más amorosa que erótica? Solo leyéndola lo sabremos.


27.4.06


Peru BlogsEl zoo de Marie Darrieussecq

La han llamado la barón Frankestein de la literatura francesa, por mezclar en sus novelas el horror fantástico de la novela gótica con una trama que muy bien podría encuadrarse dentro del Nouveau Roman o de lo Beatnik.
Es Marie Darrieussecq, que removiera el cotarro bien duro en 1996 al publicar sus Marranadas, y quien acaba de sacar un libro nuevo, titulado Zoo.
Es un conjunto de quince nouvelles dedicadas a sendos animales, escritos entre 1988 y el 2005. El libro se asemeja a una reunión de digresiones en clave "realista", en la que Darrieussecq, según la respetada revista Lire, "muestra lo mejor de su singularidad".
Luego de la historia de la mujer que se metamorfosea en cerdo, y algunas novelas intermedias que no dieron el mismo éxito inicial, era de esperarse un retorno a sus obsesiones zoofílicas; ojalá que recupere el nivel (aunque sea el de ventas).

La muerte de un novelista amigo

Encuentro en el Le monde de hoy una nota de Christine Rousseau (http://www.lemonde.fr/web/article/0,1-0@2-3382,36-765662,0.html) sobre mi amigo virtual Vincent de Swart, una gran promesa de la narrativa francesa que murió anteayer apenas a los 42 años de edad.
La periodista hace un repaso cariñoso por toda su obra, que incluye libros de cuentos, novelas y diarios, todos ellos puestos en juego con una escritura flamboyante, sensual, atravesada por fulguraciones poéticas -el autor cultivaba también la poesía.
Algunas de sus novelas más celebradas por la crítica francesa: Parricidio (1998), Linx (2002) y la última en vida, Ella y yo (2005), suerte de "autoficción fantástica y cuento filosófico".
Cada publicación de de Swart implicaba una aventura literaria transgenérica, la exploración de lo maravilloso, lo "onírico" y, paradojalmente, la puesta en escena de una visión del mundo "realista y desencantada".
Tal vez sea algún tipo de consuelo o solución -como en el famoso poema de Kavafis- la llegada de esos libros bárbaros a Lima; y sus correspondientes traducciones.

(fotografía: el novelista fallecido con su hijo)

¿”Amor” la palabra más bella de la lengua castellana?

Hace unas semana avisamos de un concurso mundial que alentaba la búsqueda del vocablo más bello de la lengua de Cervantes. El resultado de la pesquisa lo da a conocer hoy El Universal de México: la palabra “amor” fue elegida ente miles de alternativas.
Como era previsible, mi propuesta, “Trilce”, no prosperó por no formar parte de la lengua según la RAE (qué ridículo). Pero hay quienes hicieron otras propuestas también menos evidentes y cursis que “amor”, como esta chica:
"Yo participé y escogí "escarlata". Cuando participé solicitaban que fuera una palabra que tuviera sonoridad, pero conforme se proponían palabras el objetivo se perdía pues se ampliaron las condiciones que no eran las iniciales y al final eligieron una palabra que no a todos nos convence. Yo elegí esa porque a mi parecer es fuerte fonéticamente y además el color es estimulante a los sentidos. De cualquier forma, estoy contenta porque participé y expuse mi palabra más bella." (Rocío Martínez).

Con esta curiosa elección llegamos, una vez más, al punto axial de la democracia moderna: ¿la mayoría siempre tiene la razón? ¿Todos estamos calificados de la misma manera para elegir?

(Fotografía: tal vez el amor hace parecer bello todo lo que toca, incluso la palabra que lo designa)

26.4.06

Peru BlogsÚltimos comentarios sobre Nicotina

Dado que empiezan a repetirse tanto los elogios como las críticas al fragmento de novela de Ruiz-Ortega, doy por terminada la publicación de comentarios con uno mío, colocado al final.

Gabriel solo tengo que felicitarte por tu próxima novela la verdad es que tu novela anterior te envolvía aunque habían algunos errores ortográficos, eso no importó, importó la obra en sí y se hizo a un lado este problema. Te deseo todos los éxitos y esperamos tu pronta novela y esperamos otra más. Saludos y felicidades

Vanessa Martini



El fragmento es bueno, pica el diente y tiene punche. Realmente es agradable encontrar narrativa con fuerza vital y no sólo alardes de erudición. Mis felicitaciones para el autor.
El título me gusta mucho, es breve y poderoso.
Ahora, esperemos que ese ritmo se sostenga a lo largo de toda la novela.

José Antonio Galloso



Coincido en parte con un comentario anterior que señala que este tipo de literatura no es común en el país. Un país con más del cincuenta por ciento de desempleados y doce por ciento de analfabetos no sé cómo podría permitirse escrituras del tipo que hace el señor Ortega. Debe mirar un poco más a lo nuestro, al Perú de adentro, ese que está cambiando nuestra historia electoral y democrática.

Atentamente

Gustavo Fernández Aguirre



Comentario final

De todos los comentarios a la novela de Ruiz-Ortega que posteé, se pudo sacar algo positivo. Por supuesto, me cuidé de no publicar cuatro o cinco correos estúpidos que agraviaban a otros bloggers amigos y sobre todo a mí.
Uno de todos los publicados me llamó un poco más la atención. El firmado por "José Jiménez R." Que intenta una comparación, ahora reparo, completamente impertinente, entre el fragmento de novela de GR-O y el de Ezio Neyra publicado en Quipu (
www.quipu1.blogspot.com).
No estoy seguro tampoco de que Nicotina sea una novela "vital" en oposición a las novelas supuestamente "metaliterarias" del buen narrador Luis Hernán Castañeda.
Estas dicotomías comienzan a ser tan estúpidas como la de "andinos" y "criollos", y a una mente disciplinada y no casquivana, ni le daría para una broma light.

Gracias a todos, absolutamente a todos, por enviar sus comentarios.

Víctor Coral
Peru BlogsNicotina: tres comentarios más

Siguen las críticas y los elogios "amistosos" a la novela.

Mi nombre es Vanessa Martini V. y soy de Chorrillos. Desde "La Cacería" hasta ahora este escritor denota el gran progreso que esta obteniendo y cabe resaltar que su producción nos envuelve de una manera acuciosa y nos enlaza a su lectura. Sobre todo el fragmento de la próxima novela Nicotina nos lleva a un mundo en el que predomina el erotismo, las relaciones, las ilusiones y su infaltable cajetilla de Marlboro rojo, ...
Solo cabe felicitar a esta joven promesa de la literatura peruana.


Hi, saluditos a Gabriel, acabo de leer su adelanto de la novela. manya que sí me gusta. Toda ese rollo de la música y los grupos muy rebuscados. Además su forma de narrar atrapa. No he leído aún la anterior novela.
Besitos.

Angela Solórzano


Me parece que lo que se puede apreciar en el fragmento plantea algunos problemas para los que conocemos el medio literario joven. En primer lugar, es notable la diferencia de fuerza y aliento narrativo de Ruiz-Ortega con respecto al adelanto de novela de Ezio Neyra. Lo de Neyra es un tono laxo, monótono, en cambio acá más bien se apabulla al lector, pero dejando una sensación de riqueza que no existe en el otro relato. No sé pero tengo la idea que mientras que los escritores metaliterarios necesitan apelar a retorcimientos de la historia y ambiguedades para lograr un efecto efectista, Ruiz-Ortega simplemente narra su vida diaria de marginal posmoderno y "cul", pero misio, que aunque puede tener rechazo de cierta gente es siempre interesante.

José Jiménez R.

Peru Blogs Homenaje a novela póstuma de Roberto Bolaño en nuevo blog

Nace un nuevo blog dedicado exclusivamente a la lectura y comentario de 2666 (Anagrama), la novela que dejara casi lista Bolaño a su partida.
El blog se titula 2666 y puede visitarse en la siguiente dirección: www.planeta2666.blogspot.com. Admite comentarios de bloggers.
Una buena oportunidad de intercambiar impresiones e información para los que ya han leído, o leen, la novela, y de enterarse de qué se trata para los que todavía no han accedido a ella. Buena suerte.

[fotografía: Roberto Bolaño]

25.4.06


Bradbury reconocido en España

Ray Bradbury, uno de los mitos vivos de la sci-fi o Ci Fi, como algunos melindrosos propugnan designar a la ciencia ficción, acaba de obtener un galardón más en su dilatada carrera dedicada a la imaginación creadora y no a egoístas viajes interiores y vanidades.
El premio se denomina El Reino de Ronda, y en su sexta versión le ha sido otorgado considerando "sus extraordinarias narraciones fantásticas, en las que confluyen una inventiva tan original como poética, un profundo talante humanista y un desacostumbrado romanticismo, que le permiten crear verdaderos mitos modernos y lanzar acertadas visiones de un futuro a menudo amenazado por el riesgo totalitario que trae consigo la idolatría de la técnica deshumanizada".
Más allá de la poca precisión de estas razones, el premio es importante porque casi nunca se otorgan distinciones de este tipo (que no sean el Hugo, el UPC o el Ignotus) a escritores de sci-fi o futuristas.
El cable señala El vino del estío y Crónicas marcianas como libros claves; pero los que conocemos bien a Bradbury sabemos que El hombre ilustrado es el libro. Celebremos.

[Foto: Bradbury, humanista y erudito de gran vuelo imaginativo]

Peru Blogs

Roland Barthes, el gurú de la rive gauche

Uno de los alumnos preferidos del autor de El grado cero de la escritura, Eric Marty, veinticinco años después de la muerte de su maestro, revela bajo la forma de fragmentos de textos, al Barthes que él frecuentó a fines de los setenta.
Aquí tenemos a un profesor lacónico, evasivo, vulnerable, que va y viene del College de France a los bares de jóvenes de la calle Santa Ana.

El autor de la nota en el último Le point, Francois Dufay, nos cuenta que el autor revela las iluminaciones, sentencias y depresiones de ese gurú de la ribera izquierda del Sena que fue Roland Barthes, como si se tratara de un monje budista comentado por uno de sus discípulos.
El libro se titula Roland Barthes, le métier d'écrire, y acaba de ser publicado por Seuil en Francia.

[fotografía: Roland Barthes en postura en su caso justificada]

..................................................................................................................................


Tres comentarios más sobre Nicotina

El fragmento de novela de Ruiz-Ortega sigue acumulando comentarios.


Me parece interesante la manera conceptual en que se mueve esta historia, desde el detalle de aquella madrugada con Natalia, desde los detalles de las hilachas de agua que recorrían su cuerpo, y los avatares de los designios hormonales, la pulsión de más que desearla, y el hecho ya casi mágico de la narrativa en salvaguarda de su primer encuentro en la playa, a la altura del crepúsculo solar. Así también la lógica de un ambiente en donde se reflejan silencios y ausencias que son lazos de una trama que se desarrolla por querer firmar el libro a un amigo de una manera protocolar e insulsa; y esta monumental fémina que se atora con el enunciado "es puta". Pero su nombre y su momento es una manera sinérgica de contar las vivencias del personaje, además de atractiva y existencial, buena diría yo.

Máximo Acha Lurita

En el fragmento de la próxima novela de Ruiz-Ortega nos encontramos con toda la frescura que vimos en La Cacería, y por lo que vamos leyendo parece que esta nueva novela es más biográfica que la primera. La acción mostrada ofrece baches de argumento, pero supongo que es porque se trata de un fragmento.

Mis saludos a Ruiz-Ortega también.

Santiago Cárdenas Zambrano


Acabo de terminar de leer los fragmentos de Nicotina y me deja la sensación de ganas de seguir leyéndola, de misterio sobre cómo los personajes se entrelazan y dan pie a lo que ocurre. Tiene mucho de situaciones cotidianas juveniles, como tragos, música ycigarros, sobre todo los espacios que se frecuentan como las discos. Sin embargo, la sensación de un erotismo detallado y la sicología del personaje me llaman profundamente la atención en un estilo de vida poco habitual para la mayoría. Me parece que se viene lo mejor.

José Runo



24.4.06

Carta vetada por Abelardo Oquendo

En su columna del viernes pasado el doctor Abelardo Oquendo se ocupó largamente de un artículo mío publicado en el reciente número de Quehacer (http://www.desco.org.pe/publicaciones/QH/qh158/qh158.asp).
Como corresponde a mi derecho, y es costumbre en su columna, envié a Oquendo una réplica breve. Pero he aquí que el señor se niega a publicarla aduciendo falta de espacio, cuando ha publicado antes cartas mucho más largas que contenían incluso agravios a terceras personas. Aquí la carta, respetuosa, vetada misteriosamente por el doctor Oquendo.


Sábado 22 de abril de 2006
Doctor Abelardo Oquendo
Muy estimado señor:

Leer su columna del sábado 22 de abril titulada "Una fallida crítica de la crítica", en torno a mi artículo publicado en el último número de Quehacer, ha sido para mí muy útil, pues ha hecho que repare en algunos excesos en las adjetivaciones cometidos en la redacción de dicho texto.
Pero me satisface que en lo central usted coincida conmigo, cuando afirma:"como Coral, bien puede decirse que hay objeciones (a la novela de Cueto) formuladas por los tres periodistas nombrados que carecen de fundamento".
En cuanto al título del artículo, es cortesía de la revista Quehacer; yoenvié el texto con el siguiente título: "La hora azul y su respuesta críticaen los medios", que no tiene nada de excesivo.
Demás está decir que me siento profundamente halagado de que un intelectual de su fuste considere que el abajo firmante "sustenta válidamente sus puntosde vista", más allá de los excesos cometidos con mis ocasionales compañeros de oficio, los cuales deploro ahora, por supuesto, sin ceder un mínimo en mi idea principal: las aproximaciones a La hora azul por parte de Stagnaro, Aguirre y Ágreda -en ese orden- son por lo menos equivocadas, y cuando más, injustas.

Muy atentamente,


Víctor Coral
DNI 06623187

23.4.06

Segundo comentario a Nicotina de Gabriel Ruiz Ortega

Lo posteo directamente del correo.

Me parece realmente lamentable que un chico que sabe escribir tan bien y que está tan informado revele de esa manera su alienación cultural. Si la novela es toda así con citas de canciones extranjeras y autores de lenguas que no son las nuestras no sé a dónde nos va a llevar su lectura. Debemos hacer cosas más de nosotros, más peruanas. Tenemos un riquísimo acervo histórico y cultural que no aprovechamos culturalmente. Lo peor de todo es que Ruiz Ortega escribe bien, su prosa es fluida y tiene fuerza narrativa. Debe mejorar sus contenidos para aportar a la literatura nacional que no solo es la literatura limeña.

Regina López de García
LaVictoria

LOSPINITOS. Alonso Cueto Caballero (Lima, 1954)

En la edición de hoy del diario argentino Página/12 han reseñado la novela ganadora del Herralde 2005, La hora azul, con términos de encomio y aprobación. Así, las respuestas positivas en el extranjero de esta novela se acumulan en un grueso legajo en el tribunal imaginario de la crítica literaria nacional. Veamos las respuestas del autor al cuestionario de Los Pinitos.

Entrevista: Max Palacios

¿Cuál es el primer libro que recuerdas entre tus manos y qué sensación te causó?

El primer libro que recuerdo entre mis manos es una historia resumida de la Ilíada, con grandes ilustraciones que me dio mi padre. Me impresionó mucho el personaje de Aquiles y, después de la muerte de Patroclo, cuando se acerca el duelo entre Aquiles y Héctor, recuerdo haber vivido esos momentos con una gran sensación de expectativa y de temor.

¿Qué autores determinaron tu forma de escribir y tu visión del mundo en tus inicios literarios?

Creo que muchos pero tendría que mencionar a Henry James por su minuciosidad en describir una épica de la conciencia. En su época intermedia además, cuando escribe El Retrato de una dama, alcanzó una complejidad y una intensidad en su estilo que recuerdo que afianzaron mucho mi vocación de escritor. Otros autores a los que siempre vuelvo son Flaubert, Maupassant, Chéjov y Dickens. Un autor de autores es Hawthorne, cuyo relato "Roger Malvin´s Burial" recuerdo haber leído muy joven.

¿Tienes hábitos, manías, costumbres al momento de escribir? Cuáles son tus horarios de escritura?

Escribo siempre en las mañanas, y casi nunca en las noches. Una época prefería estar solo pero luego he descubierto que los ruidos del mundo también tienen un lugar en lo que escribo. La primera versión siempre la hago a mano y luego en computadora.

¿Qué recomendaciones o consejos le darías a aquellas personas que se están iniciando en la narrativa?

Que lo sigan haciendo solo si no les importa nada más.

Fresán o la causalidad literaria

“Los escritores somos especialistas cuando se trata de crear y criar casualidades, eso que Chesterton definía como “juegos de palabras del espíritu”. Nuestra vida y las vidas de nuestros personajes dependen de ellas. Y me atrevo a asegurar que la firmeza de una vocación literaria –las ganas o el mandato de ser escritor– están firmemente fundados en el número de casualidades que hemos sabido detectar y reconocer durante nuestros primeros años de vida”.
Esta cita, algo extensa, es de la edición corregida y aumentada de Jardines de Kensington (Mondadori) que publicara el año pasado el escritor y periodista argentino Rodrigo Fresán.

Es este un libro atractivo por varias razones: es una biografía de sir James Matthew Barrie, creador de Peter Pan; un relato autobiográfico sobre los padres de Fresán en plena era psicodélica; un tratado sobre rock clásico y The Beatles y los 60.
Pero sobre todo me interesa porque es un depósito de reflexiones y cómputos sobre la literatura y la escritura que vale la pena conocer. Lezama Lima decía que eso que llamamos casualidad no es más que una causalidad cuyos propósitos desconocemos, o algo muy parecido. Esto debe ser más cierto aún en el universo literario, donde hasta los errores y tiros al vacío parecen tener una causa y un efecto a descubrir.
Volviendo al libro de Fresán, sus virtudes no se agotan con lo señalado. Es además una apuesta por la vida, pero por la vida de la niñez, cuando y donde todo, como en Alwaysland –locus amenus creado por Fresán–, “es enorme y aún más colosal que en nuestras percepciones más antiguas y exageradas”. Un mundo “donde las madres pasean sus mejores vestidos y sus más barrocos cochecitos; donde los hombres juegan al cricket; donde los niños juegan a perderse y encontrarse entre las ramas de árboles poblados de ardillas...”.
Alguien dijo alguna vez que el gran acierto de Proust está en haber escrito Le temps retrouvée. Yo diría que el gran acierto de Fresán en este libro es haber sumado Alwaysland a su imaginario, a nuestra imaginación.

[Imágenes: Portada de la edición del 2005 del libro, y el autor]

!Ha, los korrektores de eztilo¡

Hace unos días, en el Dominical de un importante diario apareció un artículo de un conocido corrector de Lima. Hoy en su siempre limpio blog (http://notasmoleskine.blogspot.com), Iván Thays se refiere a estos a veces pretenciosos personajes, tan necesarios para cuestiones editoriales como desatinados cuando ejercen la crítica literaria.
Thays concluye su post así: "En conclusión: correctores de estilo, a fijarse a lo suyo, que lo hacen muy bien seguro, y dejen la crítica literaria a los que saben de eso. Y autores jóvenes o no tan jóvenes: a prestar un poco más de atención a las normas porque un par de errores lo comete cualquiera...".
Más espacio, señores correctores, que se viene una andanada de libros que merecen comentarios más autorizados.

(Fotografía: El profe Iván manda al colegio de nuevo a cuestionado blogger y dizque narrador)


22.4.06


Vila-Matas nos manda a leer

Consulté en comunicación personal a Enrique Vila-Matas su opinión sobre un grupo de escritores argentinos, entre ellos Roberto Arlt. Esto por su participación en la Feria del Libro de Buenos Aires.
Me permití decirle, además, que el autor de El juguete rabioso me había provocado siempre sentimientos ambiguos, de trabajo hirsuto, inacabado, pero tremendamente neurálgico, vivo.
El narrador catalán me sorprende con la siguiente respuesta: “El título de uno de mis libros de ensayos literarios, Desde la ciudad nerviosa (Alfaguara), proviene de un texto de Arlt en torno a un viaje a España, donde advierte que en el norte de este país hay –como, por ejemplo, Barcelona– ciudades nerviosas.”
La verdad no sabía de la existencia de dicho libro, y desde ya es preocupación número uno en este mes conseguirlo (¿alguien lo ha leído?). Es terriblemente bueno mantener amistades como la de este gran narrador, que pese a los premios recibidos –o más bien por ellos– se da tiempo para colaborar con escritores más jóvenes. ¡Gracias Enrique!

(Fotografía: Enrique Vila-Matas)




Primer comentario a Nicotina

A menos de 24 horas de posteado, desde Los Olivos el comentario de un lector.

Quiero decir en primer lugar que me pareció un gran avance con respecto a su novela anterior La Cacería. Narrando cuestiones personales el narrador se siente más seguro, más afirmado en su tono y en su presentación de los hechos. Quiero resaltar el aspecto erótico que predomina en el fragmento. Está tratado con habilidad. También los errores ortográficos y gramaticales de la primera novela se han reducido a lo mínimo. Felicitaciones.

José Carlos Ortega M.
Adelanto de novela de Gabriel Ruiz-Ortega: Nicotina

El narrador Gabriel Ruiz-Ortega, que publicara el año pasado la novela La Cacería, vuelve a la carga narrativa con Nicotina, que saldrá en un mes bajo la editorial Zignos, de Lima. Erotismo. Transgresión. No es precisamente la historia de su "apacible" niñez, pero tiene nervio y potencia narrativos. Juzguen. Se publicarán comentarios enviados a vicoral@gmail.com. Vanidosos y poseros con gorro y chalina no son bienvenidos.

Y pensaba que todo lo que me iba pasando,
cualquier huevada que fuera, era un modo de ir haciendo
ese fondo de experiencias sobre el cual los grandes escritores,
suponía yo, construían sus grandes obras.

Ricardo Piglia, Respiración artificial

I

Las paredes son blancas

en las casas de los veraneantes

cavan huecos donde entierran

el humo y la espuma del mar


Tengo una pila de cd´s sobre el escritorio, tres cajetillas de Marlboro rojo desperdigadas, un encendedor barato y un energizante heladito acabado de sacar de la refrigeradora. Las gotas de lluvia dejan deslizar hilachas de agua por la ventana; desde hace mucho que no llueve. Me gusta esta canción de The Clash, I´m lost in the supermarket, buen ritmo cómplice entre el bajo y la batería, la voz de Joe Strummer se pasea en estos compases, la guitarra está de relleno; vuelvo a clickear en la canción, la quiero escuchar una vez más. Estos parlantes están buenos, un poco cagados con esos zumbidos que salen de no sé dónde, pero el sonido es claro, a no ser por esas manifestaciones de sonoridad inesperada. Necesito todo el movimiento musical posible para pasar el rato y esperar la llamada de Natalia, como nunca antes he estado tan desesperado por recibir una llamada, y, de paso, ya tengo el argumento que le daré para cuando tenga que explicarle aquella rotura en la bolsa que me dejó hace cinco madrugadas. Yo te llamo, me dijo, te llamo al toque, mientras se despedía con un jugoso beso en mis labios, los mismos que me dejaron el sabor a su sexo en la punta de mi nariz; pues bien, entre muchas cosas que puedo saber de ella, puedo jactarme de poder percibir el olor de su sexo en cualquier manifestación de humor producto de la transpiración.

Aquella madrugada me encontraba redactando la crítica al último cd de New Order para Rolling Stone. Siempre voy a tener problemas con esta clase de críticas, pues cuán difícil se me hace meter palo a grupos que, por alguna oscura razón, forman parte de mi banda sonora personal; pero a uno le pagan por estas cosas, y digamos que aplicar la objetividad me cuesta mucho, pero tampoco quiero ser zalamero, pero qué decepción, carajo, qué decepción la nueva entrega de estos gurus de skinheads, le falta el duende al bajo de Peter Hook. Desde el Low – Life se siente con fuerza la lucha de Hook por el bajo. Esta producción es de por sí alucinante, puesto que marca el alejamiento total de la banda del peso musicalmente tétrico heredado de Ian Curtis. Si siempre me ha gustado este cuarteto se debe única y exclusivamente a lo que hace Hook con los acordes del bajo; las letras de Summer están bien, pero todo grupo no sería nada sin esa cuota de talento, sin esa cuota de pequeño desborde que se deja sentir en los inalterables estados de gracia ausentes en Waiting for the siren call. Esas críticas elogiosas que han aparecido en otros medios, realizadas por chupamedias que no quieren quedar mal con las disqueras, apelando a un juego de lenguaje en el que se habla más de la presencia de Franz Ferdinand en la producción que de las pocas bondades de este fiasco del cuarteto. Pues bien, me encontraba ordenando las notas que había tomado luego de escuchar este disco más de un millón de veces, sentado en mi sillón oyendo esta vez una antología de Marvin Gaye, y extinguiendo los Marlboros de la cajetilla. Volví a darle una revisada al artículo; no sabía qué título colocarle. La madrugada iba avanzando y no quería quedar atrapado en la pesadez del sueño. Necesito recibir la llamada de Natalia, necesito que me explique las cosas paso a paso, que no deje nada oculto esta vez. La coca de la bolsa estaba buena, y si no hubiese sido por el temor a tener problemas en un futuro no muy lejano me la hubiese acabado en innumerables viajes intergalácticos; mis neuronas me pedían un viaje más, y no me es difícil aceptar que soy un puto cocainómano.

Había dejado más de tres meses de meterme polvo por la nariz, las heridas internas de mis fosas nasales habían cicatrizado pero las ansias habían permanecido como un fuego latente que se resiste a apagarse, y si decidí a guardar aquel recado se debía a que en lo profundo de mí seguía manteniendo un sentimiento inquebrantable por Natalia, no sabía por qué, pero solo a mí se me ocurre enamorarme de putas, y así, con todas estas cavilaciones, en una ridícula situación por colocarle el título a la crítica del último cd de New Order fue que recibí la llamada que me hizo pensar que se trataría de Natalia, y al coger el auricular mis ansias no tardaron en estrellarse al toparme con una voz masculina que no dudó en espetarme sendos insultos, preguntándome si era yo quien tenía la coca, que si guardaba cierto instinto de conservación tenía que desconfiar de la perra a la que yo le estaba sirviendo de cómplice. Eran muchas sensaciones para muy pocos días. Aquella voz masculina y ronca me pedía que fuera a entregarles lo que les pertenecía, que me lo estaban pidiendo por las buenas, que no les iba a costar absolutamente nada con entrar a la fuerza a mi casa y recuperar lo suyo sin antes obsequiarme una pequeña perforación en la cabeza, como si fuera fácil tomar una decisión como esta. Simplemente colgué, y no tardé en desconectar el teléfono.

Pienso mucho en ella, en todo lo que ha cambiado en nuestras vidas desde aquella vez que nos vimos en El Palacio de La Luna, y lo que vengo contando hasta ahora no es más que la muestra de que las cosas siguen igual de cagadas que la última vez, que por más que intentemos cambiar seguimos siendo los mismos, puesto que no hay lugar a enmienda alguna cuando en el fondo de ti te resistes a renunciar a tus vicios, pero cómo le gustaba la adrenalina entre las piernas a esta mujer, la creía lejos, pelándose de frío en Bruselas, la creía feliz de la vida paseándose por Europa, y aún trato de recordar la expresión rosada de mi rostro cuando la vi parada, con su carita de porcelana, sudando en frío, con el sonido de su voz tan tenue que me mostraba toda la desesperación del momento, con una mochilita marrón en la espalda, mochilita de la que terminaría sacando el encarguito que me tiene en el problema en el que en estos momentos estoy. No pude negarme a brindarle mi ayuda. Me había jurado enterrarla por completo, en no pocos líos me había metido por causa suya, pero aquella madrugada sí que me dio lástima. La lluvia la había bañado por completo y le alcancé una toalla para que se secara; no había parado de llover en horas. Le ofrecí luego mis sandalias y medias. Las prendas pegaditas a su piel, y, como no es de extrañar, la libido ya me empezaba a embargar, aunque solo nos habíamos dirigido unas cuantas palabras que en estos momentos las tengo olvidadas. Ni bien se quitó las zapatillas empapadísimas experimenté una solapada erección cuando me fijé en sus contundentes tobillos. Fui a mi ropero en busca de un buzo que le pudiera servir de pijama; si seguía con aquel atuendo podía pescar una pulmonía.

Mientras preparaba café en la cocina miraba cómo se desprendía de su ropa húmeda, y no puedo negar que me haya sentido mal, puesto que le pude proponer que se cambiara en mi habitación, pero quien mandaba era yo, y como no quería cometer el descaro de verla desvestirse ante mí, me fui a la cocina sabiendo ella que la estaría viendo desde allí. Tenía los senos más blancos que nunca, sus pezones en un rosado ya casi carnal que reclamaban una salvaje chupadita que les dejaran unas marcas en esas puntas que se asemejaban a pasas frescas; no lo puedo negar, soy un esclavo de las tetas. Me gustaría escribir un pequeño manifiesto a favor de las bondades de los senos. Ramón Gómez de la Serna hizo algo parecido en su momento, pero no me quiero quedar atrás, continuó con su desprendimiento del jean azul que dejaba ver un bikini negro, unos muslos blancos que dejaban notar el lunar marroncito en el muslo interior, a unos cuantos dedos de los labios vaginales. Cómo solía besar ese lunar, cómo me gustaba dejarlo rodeado de morado luego de una intensa lamida en el que me quedaba también con el olor de su sudor púbico impregnado en los labios, olor que me perseguía durante días, que hacía su aparición en cualquier momento y lugar, como si con su olor ella me hiciera recordar que era un enajenado por ella, pero vale decir también, que entre todos los labios vaginales que he probado en mi vida, los de Natalia eran los más aromáticos; una mezcla entre el jugo del sexo y la emanación soterrada de las bondades del jabón. Para la actividad que Natalia ejercía con su sexo hay que reconocer la higiene que este ostentaba.
No hacía otra cosa que contemplarla, demorándome en programar el microondas para calentar el par de tasas de café. Ella se demoraba en vestirse, quería que la viera, cuando nuestras miradas no tardaron en cruzarse unos segundos que reflejaron lo sempiternos que pueden ser los deseos acicateados por los designios hormonales. No tardó mucho en colocarse la parte inferior de buzo, y no tardó en calentarse el café. Me senté frente a ella, y ya más tranquila, sorbiendo su cafecito con un sonidito vulgar para enfriar el hervor, le ofrecí un Marlboro.

Y con toda la conchudez de la tierra extendió sus piernotas sobre la mesita que nos separaba en mi pequeña sala. Sus tobillos estaban sobre unas revistas literarias que me habían hecho llegar hacía unos días, la humedad de los mismos cubría las portadas de las revistas Pelícano y La mujer de mi vida, y cuando ella vio la portada de Pelícano me preguntó si uno de los chicos que aparecen en la portada era yo, y cómo me fastidia hasta el día de hoy haber salido en esa portada; de haber sabido que me iban a empequeñecer en el fotomontaje no hubiese aceptado jamás la propuesta de simular el camino de los Beatles en tributo a la portada de Abbey Road. Miraba su sonrisa mientras hojeaba la revista, y no tardé en prender el equipo de sonido. Cogí un cd al azar, y sabía bien que con Stereolab no hay pierde. Le dije que se trataba del Refreid Octoplasm, no hay nada mejor que fumarse un Marlboro escuchando cualquier track de esta producción junto con el piqueteo de las gotitas de lluvia que se dejan sentir desde las ramas del árbol del jardín trasero de mi casa. En menos de lo que pensé ella empezó a contarme su agitado trajín en estos años que no la veía.

En parte no deseaba saber más de ella, pero algo en mí me impelía a escucharla, como si el morbo se hubiera despertado desde las zonas oscuras de mi corazón. Con relación a ella tenía muchas cosas que no deseaba que salieran a flote, y esto se debe a que prefieres mantener ocultos muchos sucesos, y estos no dudan en aprovechar la primera oportunidad para que te tomen indefenso y te lleven a ese vértigo que es la lucha con uno mismo. La miraba, sus labios cobijando la humedad negra del café, sus ojos marrones que se empequeñecían al contarme que no se había ido donde su madre, tal y como me lo dijo aquella última noche de juerga en el Palacio de la luna. Solo recuerdo que la vi perderse con un grupo de patas a quienes no manyaba bien, habíamos dejado en claro un par de detalles que fue menester aclarar, y decidí desentenderme del asunto, digamos que, de algún modo, me había olvidado de ella, y para esa noche en la que tuve que ayudarla puedo aseverar que ya ningún sentimiento me unía a ella, pero cuán difícil se me hacía no imaginarla desnuda, cuán cerca estaba la posibilidad de renovar nuestros votos de sexo desaforado.

Ella se levantó, cogió la cajetilla, me preguntó cuántos cigarros me fumo al día, y antes de que le contestara trocó de cigarrillos a cajetillas. Le respondí con la verdad, dos cajetillas y media diaria. Se me quedó mirando, y no me dijo nada con relación a ese vicio que mataba mis pulmones, pero que a la vez había cimentado una placentera complicidad con mi organismo. Hasta el día de hoy se me hace imposible dejar de fumar. No funciono si no tengo un cigarro colgado de mi boca. Natalia se dirigió hacia el equipo de sonido, miraba los cd´s, tenía la intención de cambiar a Stereolab por algo más digerible, y su mirada no tardó en centrarse en una fotografía de Julio Ramón Ribeyro colgada en la pared. Julio Ramón tenía la mirada fija y a la vez perdida en dirección al lente de la cámara, un cigarrillo colgado en los labios, el rostro demacrado, una máquina de escribir a su costado y muchos libros en los anaqueles de la biblioteca que recibía el tenue resplandor solar que se colaba por la ventana. Ella lo miró bien, me dijo que solo había leído la antología que todos nosotros habremos leído alguna vez en nuestras vidas. Me puse de pie, y ambos nos quedamos mirando la carita de Julio Ramón. Mientras lo miraba pensaba en línea por línea en el mejor cuento que he leído en mi vida; arrollador y honesto: Sólo para fumadores. Cada vez que veo aquella fotografía me es difícil no recordar la primera vez que lo leí a los trece años, y lo que empezó como curiosidad de adolescente se convirtió en mi vicio más arduo de superar; hay días en los que me es difícil levantarme, unas punzadas en los pulmones me dan la bienvenida, como esquirlas en mi espalda. Le dije a Natalia que tenía una botella de vino en la refrigeradora, ella asintió mientras pensaba qué cd colocar. Me dirigí a la cocina, mi cabeza bullía, incontables imágenes me hacían presa del único sentimiento que hasta el día de hoy me sigue uniendo a ella, me la quería tirar a toda costa y que luego, ya más tranquila y relajada, me contara sus problemas porque no era para nada raro que para eso ella me hubiera visitado aquella madrugada, ella quería algo de mí, y por más estúpido que pueda sonar, yo era capaz de entrar en los más variados líos con tal de un polvazo que me tuviera cerca de la ausencia de respiro, de su humedad de la entrepierna, tan pero tan caliente, lista para recibir la tranquila penetración.

Entre todas las ocasiones que me había sentido dentro de alguien no puedo cometer el desliz de negar cuánto me gustaba sentirla tan unida a mí. Estos deseos crecieron al momento de escuchar el nuevo cd que acababa de colocar, The idiot, de Iggy Pop, Sister Midnight en el primer track. La miraba y se encontraba quieta, esta vez con los ojos perdidos en algún agujero que ella solo podía ubicar en la pared blanca. Yo tenía un par de copitas ante mí, y un pequeño problema vinícola, acababa de sacar una botella de la refrigeradora y me preguntaba en qué momento pude ser tan bestia de colocar dicha botella allí. Cuántas veces en mi vida he puteado a los barmans por tener a bajas temperaturas las botellas de vino. Una mueca de fastidio dibujada en mi rostro me hizo desistir de mi intención de complacer a Natalia con trago, así es que no tuve otra que sacar una botella de Tampico, zumo de naranja que funcionaría bien con un poco de Secarest molido, y fácil, así me ahorraría todo el floro; pero en qué momento de bestialidad se me ocurrió colocar esa botella en la refri, Natalia seguía impávida, notaba que sus caderas se movían un tanto al ritmo de la voz de Iggy, y yo, con la nueva preocupación que me embargaba la ausencia del Secarest, no encontraba la bendita tableta, juraba que la había colocado detrás del microondas, pero nada, y, sin querer, ya era presa de una erección descomunal. Había pasado mucho tiempo, la gente cambia, siempre hay nuevos rasgos de conducta que salen a flote, y sí, tenía un pequeño miedo de que ella me saliera con alguna frase que me dejara en jaque ni bien le propusiera a boca de jarro de que vayamos a mi cuarto, en fin, le explicaría lo del vino, imaginaba lo que podía decirme, y me acerqué con la botella de Tampico más un vaso, y ella, sintiendo mis pasos por detrás me espetó, con una mirada fulminante a mis ojitos, la pregunta que daría inicio al que es el suceso más devastador de mi vida, a mi único y último viaje a los infiernos, a mi descenso a lo que jamás pensé vivir, a conocer hasta qué lugar podía llegar, a conocer lo que podía hacer producto de una enajenación que se me ha vuelto incontrolable desde la primera vez que tiramos en Santa María recibiendo los crepusculares rayos solares, sintiendo la sequedad de la arena pegada en nuestros cuerpos, recibiendo la sal que nos traían las olas del mar que bañaban nuestras extremidades, sus muslos tan pegados a mis costillas, su pelvis moviéndose con fuerza a cada embestida que le daba con un falo de lo más enhiesto que nunca, duro y meloso. Dichas reacciones venían desde su rebelde vientre, mientras mis testículos chocaban con fuerza en sus ya saladazos labios vaginales, y su pubis que cobijaba todos los olores del mar, exquisita mata de gotitas de mar y sudor en sus puntas; sus brazos cruzados sobre mi nuca, protegiéndome de los slides del sol; mi lengua refocilándose en su oreja, humedeciéndola en chorros; me pedía que le babeara la carita, que la babeara todita; la punta de mi nariz absorbiendo esa mezcla de perfume y sal fusionada con el favor de la alta temperatura, y mis pechos, mis pechos sintiendo lo caliente que estaban sus dos pezones ya casi tostados, aquellas masas compactas de grasa en su punto máximo de hervor, mi lengua también se los lamía; nuestra ropa tirada a unos metros de nosotros, y mi falo sintiendo la expulsión que le producía aquel flujo de leche que empezaba a salir de ella, simplemente me repelía. Ni todas las fuerzas que le ponía a mis embestidas podían hacer algo para continuar dentro de ella, ya no podía, deseaba con todas mis ansias venirme dentro de ella, ella también me lo pedía, corrijo, me lo exigía, vente, vente Gabriel, y yo que tardaba en sentir el chorreo de mi semen, y su deslecho me botaba de ella, hubiese dado lo que fuera por ver aquel deslecho, pero quería seguir dentro hasta venirme, y sus uñas empezaban a dejarme surcos rojos en la espalda, sentí el comienzo de su grito arrechístico en mi oreja, como el inicio de una sinfonía que me llevaría a abrazarla y besarle en el cuello luego de su canto final de cisne recibiendo esta vez los rayos de sol que se estrellarían en su rostro de porcelana, pero simplemente no pude venirme dentro de ella; mi falo no llegó a resistir todo el desborde de aquella masa húmeda blanquecina. Al desprenderme de ella veía sus muslos interiores untados de aquel color níveo, color níveo que había dejado aún más empalagoso a mi compadrito juguetón, y no pensé que su grito de placer fuera a acompañarme durante mucho tiempo, por no decir siempre.

Nunca había escuchado un gemir como tal, tan empozado en mi inconsciente. Ella, con su mano me pidió que me acercara, que no me quedara mirando su vagina untada de blanco. Me acerqué y la abracé. La besé y ella se quedó dormida apoyando su cabeza en mi hombro. Yo no pude dormir, me sentía agotado, sí, pero miraba por toda la playa y esta seguía tan vacía desde cuando llegamos. El sol empezaba a retirarse; su aparición y su luz solo se habían hecho presentes para nosotros dos, solo para ser testigos de nuestro placer. Es que no hay nada tan estimulante como el tirar en la playa, y no sabía por qué, pero la quería a mi lado todos los días de mi vida. Mi ya creciente enajenación me llevaba a aceptarla tal y como era. No llevábamos más de un día de conocernos.
Nos habíamos conocido en El palacio de la Luna. En principio, no pensaba en poner mis pies en ese lugar aquella noche, pero la llamada de un amigo, Gustavo, me pidió que fuera, que por favor le hiciera el service de firmarle mi novela a su enamorada, que tienes que venir, brother, mañana regresamos a Montevideo, y es así que me encaminé a aquel antro en el que se estaba pasando un video especial de Pulp. Así es que fui con la idea de que todo sea rápido: llegas, saludas, pides un traguito, hablas las huevadas de siempre y te vas. Así de sencillo. Pero al llegar no encontré a mi pata, y la bestia esta mediante una llamada al celular me comunicaba que tardaría por lo menos una hora. Por favor, causa, espérame un rato, mi enamorada se ha puesto un tanto especial, lleva buen rato en la ducha, acuática es mi mujer, ya la conocerás, que de nada me sirvió irme a Montevideo a buscar hembritas cuando el amor de tu vida siempre ha estado en Lima, ah, sabes, ella leyó Las llamadas vacías, le gustó, y ni bien le dije que éramos patas desde la universidad me pidió conocerte, espérame, Gabriel. Y así fue que esperé a mi pata, pedí un Two long island tea, me apoyé en la barra, veía a las naves llegar. Si de algo puede jactarse esta disco es el de cobijar a muy buenas hembritas. Ya estaba catando a algunas mirándolas, y al unísono todas las voces en el local entonaron parte de Bad cover versión:

Aah, sing your song about all the sad imitations that got it so wrongIt's like a later "Tom & Jerry" when the two of them could talkLike the Stones since the Eighties, like the last days of Southfork. Like "Planet of the Apes" on TV, the second side of "'Til the Band Comes in"Like an own-brand box of cornflakes: he's going to let you down my friend.


Qué ironía, carajo. Total, mi presencia no había sido en vano, cómo me gustaba esa canción. Y no tardé en pedir otro trago, pero esta vez un Pisco Sour. Mientras miraba las caderas de la flaca de la barra que alistaba los adminículos de mi traguito, sentí una mano que se quedó fija en mi hombro, ni bien volteé me topé con el rostro de Moisés, un viejo amigo de juergas a quien no veía hacía ya milenios. Nos saludamos con un apretón de manos, y cuando esperaba que me preguntara sobre qué había sido de mi vida me dijo que tenía un poco de coca acabada de comprar, que vayamos a otra estancia a desaparecer la mercancía; le dije que ya. Prácticamente no había ni un alma en las mesas ubicadas al lado de la cabina del DJ. Me extendió la mercancía ni bien él se encontraba de viaje. En esos años, por decirlo de alguna manera que no sea chocante, era un cocainómano social, y con la punta de mi llave me llevé el polvito mágico a la nariz. Qué rico. Y luego, ya repuestos, regresé a la barra por mi Pisco Sour. Le invité una Cusqueña a Moisés. Las agujas doradas de mi reloj me indicaban que Gustavo se estaba demorando demasiado. Mientras se servía su primer vaso de cerveza, Moisés no tardó en hablarme de una flaca a la que venía tasando desde hacía unas semanas. Mira, causa, justo está entrando. ¿Cuál es?, pregunté. Su raquítica mano me señalaba conchudamente a la más alta del grupo de hembritas que hacían su ingreso a la disco. No tardó casi nada en decirme su nombre: Natalia. Y podía entender las lúbricas razones de Moisés, Natalia era de lejos la más llamativa de todas. La recorrí bien con la mirada, y sí, tenía un porte, cierta elegancia, digamos que señorial. Y con un poco de espumita en la comisura de los labios Moisés me clavó lo siguiente: Es puta, brother; yo sé lo que te digo. La volví a mirar, pero esta vez haciendo un acercamiento en su rostro. Bueno, no parecía puta, como tampoco veía las razones por las que Moisés tenía que mentirme en ello.
Cuando se terminaron de proyectar los videos de Pulp la pantalla gigante dio paso a una serie de videos musicales ochenteros, y las naves empezaron a salir a bailar una legendaria pieza de Field Mice.


21.4.06


Peru Blogs Breve lectura de "Cansancio"

Estaba navegando morosamente, lleno de una abulia espiritual que debe provenir de la niebla que hoy desde temprano copó la zona de Lima donde vivo, y por otra parte de la falta de cosas interesantes en la blogósfera esta mañana-en general bastante viva en los últimos meses-, cuando me topé con un post de Fernando Velázquez (me parece haberlo conocido en algún momento) en su blog www.blogdelperro.blogspot.com, titulado "Cansancio".
Allí Velázquez habla de en "lo que se ha convertido el medio literario peruano: un carnaval de egos, odios y mezquindades. Me alucina ver cómo tanta gente puede andar desesperada por figurar sin tener ni siquiera la serenidad como para evaluar la propia obra con cierta distancia y perspectiva.
La facilidad con la que se juzga y se condena el trabajo de otros, sin importar cuándo ni dónde. Y la ignorancia y autosuficiencia con la que todo esto se hace. Como si lo que importara finalmente no fuera la escritura sino uno mismo. Todo eso me cansa mucho, y me recuerda por qué elegí apartarme de mi medio literario (creo que correspondo a lo que llaman "generación del 90").
No es que no sepa que las cosas son así en todo el mundo, pero a veces parece que --con las estúpidas rencillas, con los justamente llamados blogs basura y toda su basura anónima, y con la mezquindad y el odio gratuitos-- eso fuera lo único que tenemos que ofrecer".
Nada que agregar. Ahummm.

[fotografía: mi amiga Sandra cansada de "curiosear" por los estúpidos blogs basura]
Vargas Llosa sobre las utopías

La pagina de Cultura de La República reproduce hoy un cable de EFE donde se consigna que Mario Vargas Llosa habló en España sobre la utopía, definiéndola como el género literario por excelencia. Como contrapartida , el autor de La ciudad y los perros (1962) deploró cualquier utopismo político que pretenda forjar una sociedad perfecta, pues con ello solo se conseguiría "crear un infierno en la tierra".
Vargas Llosa agregó que el nazismo, el comunismo y el maoísmo son claros ejemplos de que "los proyectos para materializar utopías han generado algunos de los sistemas más crueles que ha conocido la humanidad".
No obstante, culminó afirmando la importancia de la imaginación creadora: "lo más representativo del ser humano es que en los brazos de la imaginación puede salir a vivir otras vidas más ricas e interesantes que la suya".

[Foto: MVLL, siempre inteligente en sus declaraciones.]

20.4.06


Peru Blogs La piedra y variaciones del yo en La mano desasida

Hace ya algunos años participé en un coloquio sobre la obra de Martín Adán en la Universidad Católica del Perú. Esta es la ponencia que preparé para ese encuentro, cuyas actas debieron haber sido publicadas el mismo año.

Si de estas piedras una
Proclamara
Lo que la silencia:
Aquí, muy cerca,
Junto al bastón del cojear de este viejo,
Eso se abriría como una herida
En la que tendrías que sumergirte,
En soledad,
Lejos de mi grito, ya co-
Cincelado, blanco.
Paul Celan

Antes de iniciar esta humilde travesía por los mares, a veces procelosos, otras quedos, pero siempre profundos de la poesía adaniana, quiero dejar fijados algunos elementos que voy a utilizar durante esta exposición.
En un artículo publicado en el último Hueso Húmero, en torno a ciertas raíces románticas de la obra de Moro, he ensayado una definición de símbolo que, estimo, puede servirnos ahora; cito: "símbolo es un texto que, proyectándose desde el pasado hacia el futuro en la cultura, mantiene cierta ‘independencia de sentido y estructural’ con respecto al entorno semiótico, y cuyas ‘potencias de sentido’ siempre son mayores que su fijación concreta en un contexto dado". En el caso de la poesía de Adán, sin embargo, por la misma naturaleza ideológica de la misma, tendré que poner algún énfasis en la comprensión del símbolo como "expresión sígnica de una esencia no sígnica suprema y absoluta", tal como caracteriza Lotman en La semiosfera al símbolo en sentido tradicional.
Otro elemento importante a precisar es el de "identidad del yo", desarrollado por Anthonny Giddens en su Modernidad e identidad del yo; a saber, el yo entendido en forma refleja por el individuo en función a lo que llamaré una crónica biográfica coherente. Veremos cómo este presupuesto se encuentra distorsionado en el yo poético de La mano desasida; del yo concreto del autor, no expresaré nada más que incertidumbre.
Por último, fijaré la idea de angustia que utilizaré en esta ponencia, como –siguiendo a Kieerkegaard– la lucha del ser contra el no ser entendida como una tarea interminable para el individuo, pues implica la generación de puntos de seguridad ontológica como aspectos integrales del diario interactuar de los seres humanos en el mundo.
A medida que iré desplegando esta breve lectura del libro de Adán, voy a precisar algunos conceptos relacionados con estos elementos, de manera que la imagen que permanezca de aquella pierda en algo la bruma inicial inherente a un acercamiento a un texto tan difícil e inasible como este, cuyo carácter fragmentario no he podido evitar reproducir en esta ponencia.

La piedra excedida

La piedra ha sido y es por antonomasia uno de los símbolos más importantes para el ser humano. Diversas culturales han planteado diversidad de interpretaciones de este símbolo, las cuales no impiden esbozar tres o cuatro líneas significativas esenciales, que resumen con gran eficacia el simbolismo pétreo. Veamos estos significados extraídos de los aportes de los más importantes estudiosos de la materia (Chevalier, Cirlot, Hans Biedermann, Marius Scheneider):
La piedra simboliza lo perdurable, lo imperedecedero, en oposición a la finitud y contingencia de lo humano. Esto Adán lo intuye con maravilloso don poético:

"¡Soy lo mío de humano/ ante lo tuyo de inmutable!"; ""Créeme tú, Machu Picchu,/ haz que yo crea... horrorosa flora./nada es real sino lo que pones/por debajo de lo que tocas. /Nada es real sino tu ceño/ y una roca"; "¡Tú, manera de ser ante lo eterno,/ Fotograbado y melancolía, / y enteramente de aquello que dudo/ Y seguir adelante con el guía! .../ ¿Cuándo, Machu Picchu, cuándo/ Montaña, llegaré a la orilla?".

La piedra es una manera de ser ante lo eterno ciertamente distinta a la del hombre; más participativa, por decir algo, puesto que el hombre está como ciego a lo absoluto (de ahí la duda), y la piedra es, por lo menos, símbolo de lo eterno. La piedra simboliza la integración y la fuerza. La unidad contraria a la disgregación y la fragmentación. Adán nos dice:

"Cuando todo sea verdaderamente,/ Machu Picchu, tú ven a buscarme,/ ¡Ser, solo ser, y siempre ser,/ ¡Uno solo ante el Universo!.../ Lejos del Otro!.../ Lejos del Tiempo!.../ Ser como yo nací/ Ser como yo lo siento/ Serme sin rosa alguna/ Serme eterno...""

Para el poeta la consumación es llegar a ser en sentido pleno, lejos de la tiranía de lo contingente (el tiempo), y de la terrible y caótica diversidad de lo existente (los otros). En este deseo de coherencia y unidad trascendental, la belleza misma (la rosa) es repudiada, pues su sentido, a vistas de la plenitud del ser, sería un sinsentido.
La piedra es la música petrificada de la creación. Esta sorprendente significación está como intuida en La mano desasida. Las diversas alusiones a la creación de la imponente ruina, el constante asedio del yo poético a una presencia sobrecogedora, inabarcable, son prueba de ello:

"La Eternidad es una cosa/tan lenta y dulce y ciegamente miserable!/la eternidad nunca fue, ella misma, nunca/ la eternidad nunca fue antes./ Nunca será después. Viene contigo,/Poeta, vaga, desde tu hueso y tu carne/viene sin que la sientas/ Por ningún sentido. Pisa sin estarse.".

Por cierto no es nada extraño que el yo poético se sienta tan turbado frente a la piedra: según Jean Chevalier, ambos, la piedra y el hombre realizan un doble movimiento, contradictorio, de subida y bajada. El hombre es creado por Dios en la tierra y retorna a la divinidad elevándose. La piedra en su estado bruto desciende del cielo, luego, transfigurada, se eleva hacia este nuevamente. El encuentro, pues, de la piedra y el hombre es en realidad un desencuentro, una angustiosa desazón que el poeta hace reverberar en su texto, como testimonio límbico de un fracaso existencial.

La moderna existencia de la duda

Probablemente Martín Adán haya escrito los textos que componen La mano desasida entre mediados de los años cincuenta y principios del sesenta. Esta es una época muy particular en nuestra historia. Entonces los intentos modernización de nuestra sociedad apenas intentaban instaurarse, permanecían mucho más que ahora rasgos premodernos dentro de la sociedad, tanto limeña como provinciana, pero es innegable que algunos elementos de la modernidad habían ingresado y se habían consolidado en Lima.
Utilizo aquí el concepto de modernidad siguiendo a Giddens en su Consecuencias de la modernidad, donde el término se define en relación a las instituciones y formas de comportamiento impuestos en forma más o menos globalizada a partir de ejes fácticos como la industrialización, en su sentido más amplio; el capitalismo, y la organización entendida como control reglado de las relaciones sociales.
En un plano más abstracto, se puede entender a la modernidad como un orden postradicional en que la antigua seguridad otorgada por principios y costumbres entendidos como "inamovibles" no ha dado paso a certezas nuevas, que supuestamente iban a ser producidas por el conocimiento racional y la ciencia.. Frente a esto, el individuo consciente experimenta la duda, "un rasgo que impregna la razón crítica moderna, penetra en la vida de cada día y en la conciencia filosófica, y constituye un aspecto existencial del mundo contemporáneo".
Si sumamos a esto las diversas formas en que este orden de cosas afectan la vida de los individuos que no alcanzan a sintonizar con las nuevas y cambiantes exigencias de un entorno desbocado, agresivo y que se pone a sí mismo en riesgo como resultado de prácticas deshumanizantes, como la guerra, el absolutismo del mercado y el avasallamiento de opciones culturales no occidentales, podemos decir, con Giddens, que la modernidad quiebra el marco protector de la pequeña comunidad y de la tradición, sustituyéndolas por organizaciones más amplias e impersonales.El individuo se siente despojado y solo en un mundo donde carece de los apoyos psicológicos y del sentimiento de seguridad que le procuraban otros ambientes más tradicionales."
En el caso del individuo Rafael de la Fuente Benavides, tal vez este quiebre se haya dado. La pérdida de la situación social y económica que tuvo durante su años de infancia y adolescencia pudo generar en él sentimientos de inseguridad, falta de certezas y sensación de desarraigo en un mundo cada vez más secular e insensible a prácticas per se tradicionales, como la poesía.
Esta inseguridad y pérdida ontológica de confianza puede haberse plasmado en los textos de Adán sobre todo por la abundancia de interrogaciones y exclamaciones que evidencian una percepción problemática del mundo externo, y de su realidad, lo cual es para Giddens el origen de la identidad del yo, y por lo tanto la llave para llevar una vida acoplada a las exigencias de la vida moderna. Una cita, más bien larga, del poema nos darán tal vez algunas pistas:

"Mi deidad es como yo,/ Perecedera, miserable.../ Va preguntando y va errando/ Por entre el hueso y la sangre,/ por entre el deslumbramiento y el desengaño/ por entre el volumen y la imagen/ Por entre el llanto y el espejo,/ Por entre lo que agarra y lo que sabe;/ Por entre el tiempo y la memoria (...) ¡Qué es la presencia, Machu Picchu?/ ¿Eres la roca o el aluvión?/ ¿Eres el tejado o el gato?/ ¿Eres mi cuerpo o mi amor?/ Cuando yo baje por tu madre sabida, /¿Quién seré yo? (...) ¿Ay, no sé qué eres, Machu Picchu/ Si yo mismo, o tu piedra o la nube!/ Todo es cierto/ menos la vida. / Toda apariencia está resucitando, dudando y recreando./ Solo es realidad la Poesía".

Frente al terrible sentimiento de irrealidad de los existente, empujado por la incapacidad de paliar la angustia existencial que produce esa incertidumbre metafísica, el yo poético parece a punto de disociarse, pues la angustia socava inmisericorde el centro del yo, la posibilidad de una identidad del mismo. La poesía con mayúscula surge entonces como última trinchera de un yo a punto de ser anneantisée, reducido a la nada.
Esta deficiente comprensión del propio yo, que trae sentimientos de muerte, ausencia y vulnerabilidad frente a lo externo (tal vez la percepción de este como irreal no sea más que un escape a esta coyuntura existencial), genera además una incapacidad para hacer frente a los embates de la realidad, y una falta de confianza en la existencia propia y corporizada.
De ahí las recurrentes alusiones a una conciencia y un saber abstractos, descorporizados (ignoro si la palabra es válida) no solo en La mano desasida, sino en todos los otros libros del maestro. Examinemos unos versos del texto que nos ocupa:

"¿No, nada somos sino la conciencia,/ Este mirar lo futuro/ Entrañable, que nos mata/ Y nos da gusto!..." (...) Sí, primero fue el tacto,/ La Sabiduría era después./ ¿Pero qué es eso,/ El palpar y el saber?/ ¿Dónde me sé, Machu Picchu?/ ¿Cuándo?... ¿Por qué?".

Incluso cuando la incertidumbre lo asalta, cuando sujeto y objeto no se abuelen –como en la conquista de la sabiduría– sino que se confunden en una penumbra cognitiva, incluso ahí la preeminencia de la conciencia del yo poético permanece, como avisándonos que se ha establecido, al menos, una jerarquía inexpugnable: la conciencia (pero cómo, dado que la identidad del yo está irresuelta!) señorea in abstracto por sobre lo material, el cuerpo no es más que una manifestación de la materia, que puede ser desgajada del alma como se separa la cáscara de un fruto apreciado.

Fragmentaciones

–La piedra remita a lo conforme consigo mismo, lo coherente y perdurable. El yo poético adaniano se concibe finito, irrisorio, disociado y débil frente a lo majestuoso de la piedra. Sin embargo, la Poesía lo redime: solo por ella existen la piedra, la ruina y el mundo.

–En la sociedad moderna las cuestiones existenciales, como las llama Giddens, no son necesariamente patológicas, es más, tienen asideros concretos aunque no plenamente justificantes. En la poesía moderna la angustia existencial es un topos, el producto del roce de una consciencia anclada en la fijeza en medio de un vendaval desbocado, de una velocidad no antes vista ni prevista. Adán es en extremo sensible a ello.

–José Miguel Oviedo ha dicho que La mano desasida nos habla más del poeta que de la imponente ciudadela incaica. Nosotros decimos: Machu Picchu o cualquier otra ruina, o cualquier otra piedra solo podrían decirle al poeta auténtico su silencio auténtico, de ahí que únicamente le quede el monólogo descorazonador al poeta.

–No solo la renuente interrogación metafísica y existencial es signo de desarraigo y conflicto de identidad del yo en Adán. También la ex clamación, que es un clamar en desierto simbólico de lo real evanescente, de una conciencia en permanente zozobra ontológica.

–Alguien sugirió aquí ayer que Adán tal vez nunca pisó Machu Picchu. Creemos que puede ser cierto para Rafael de la Fuente Benavides; a todas luces falso para el poeta. Proponemos que nadie pisó (el caso de Neruda es elocuente) tanto las ruinas como él: las holló con los pies del genio poético, lo demás permanece en la esfera de lo turístico.

–Variaciones del yo: yo escindido, yo naufragante, yo herido, yo evanescido, yo sciente. Identidad del yo precaria como el último rayón del crepúsculo antes de que venga la noche.

–Parafraseando a otro gran poeta del siglo veinte, citado al inicio, Adán intentó sumergirse, en soledad, en la herida abierta de la piedra: solo logró palpar fugazmente algunos contornos eternos, y esquirlar su conciencia. Pero esos fragmentos son luciérnagas de ser que iluminan a todo individuo inscrito en este incierto vendaval llamado modernidad.
Se produjo un error en este gadget.