21.2.07













Borges, Hamlet, Kafka, la hormiga

The magazine of fantasy and Science Ficition ha sido durante décadas una de las publicaciones especializadas en SF más importantes del mundo. Por eso no sorprende que el número 20 de la serie Ciencia Ficción de Bruguera –que reproduce en castellano los relatos aparecidos en una edición de colección de dicha revista- reúna excelentes cuentos de nombres reconocibles como Isaac Asimov, Brian W. Aldiss, Theodore Sturgeon y el asombroso Philip K. Dick.

El cuento titulado La Hormiga Eléctrica, incluido en este volumen, es una perfecta gema que refleja todos los particulares brillos del escritor norteamericano. Hablo de la paranoia hecha método literario, la referencia a escritores y tópicos de la literatura contemporánea, el manejo pericial de diálogos y la construcción de personajes contradictorios, paradójicos como la realidad misma.

Garson Poole es director de una importante empresa y ha sufrido un terrible accidente de tránsito con su cohete personal. En el proceso de curarse de sus heridas y someterse a un implante de una mano cibernética, Poole llega a enterarse de que en realidad no es un humano sino una hormiga eléctrica, una suerte de androide fabricado por grandes empresarios para cumplir papeles específicos de producción y manejo de empresas.

Eso no es todo. La ignorancia de su destino y del objetivo de su existencia había proporcionado a Poole una autopercepción humana. No había nada físico ni psicológico que lo diferenciara del resto. Cuando se entera de su verdadera naturaleza, recién comienzan la duda y las preguntas sobre su existencia y su libertad:

“Creo que me mataré –pensó-. Aunque probablemente me programaron para que no me matara; resultaría demasiado costoso para mi dueño. Y él no lo querría. Programado. En algún rincón de mi cuerpo, hay una matriz fijada a un lugar, una pantalla o filtro que me impide tener ciertos pensamientos, realizar ciertas acciones. Y que me obliga a otras. No soy libre. Nunca lo fui, aunque ahora lo sé, y en esto estriba la diferencia.”

Si a los humanos a veces la conciencia de que van a morir les otorga un nuevo tipo de percepción de las cosas, en este caso la revelación de un destino distinto al humano trae consigo una secuela de dudas existenciales muy cercanas al personaje shakesperiano citado en el título. Poole debe decidir si vale la pena seguir existiendo bajo su revelada naturaleza no humana. La decisión, luego de una serie de idas y venidas del pensamiento -paranoicas y típicas en el discurso narrativo de PKD- es por intervenir la cinta de vida que guarda en su cuerpo y que configura su realidad y su relación con el mundo. Con esto Poole no busca matarse; por el contrario, quiere aislarse de la existencia contingente y obtener poder sobre la realidad.

“¿Qué trato de hacer? ¿Desviar mi programa? (…) ¿Debo intervenir en la cinta de la realidad? Y en tal caso, ¿por qué? Porque si la controlo –se contestó-, controlaré la realidad.

(…)

Con esto no solo conseguiría el control de mí mismo sino el control de todo.
Y esto me separa de cualquier ser humano que haya vivido y muerto”.

Estamos pues frente a un relato de liberación. Un individuo de estirpe kafkiana que de un momento a otro amanece convertido en lo que siempre ha sido pero que ignoraba: un robot con perfecta forma humana y “vida emocional”. La búsqueda de una emancipación que antes ni siquiera le pasaba por la mente a Poole, le expide una factura demasiado grande: luego de estropear su sistema interno, su “ser”, se desvanece dejando la verdadera realidad intacta.

La imaginación paranoide de Dick quiere que los poderosos dueños de Poole lo hayan tramado todo, y que la especie de novia que lo acompaña en su tormento existencial, y que siempre da síntomas de normal humanidad, sea también víctima de la difuminación existencial de la hormiga eléctrica. Si bien el final del cuento abre la perspectiva de que toda la realidad se desvanezca en el aire junto con la “vida” de Poole, me parece más interesante el rapto aléfico que tiene el protagonista poco antes de expirar:

“Vio manzanas, piedras y cebras. Sintió calor, la sedosa finura de la tela; sintió un océano que saltaba hacia él, y un gran vendaval del Norte (…) la mantequilla se hizo líquida en su lengua, y al mismo tiempo, fétidos olores y sabores le asaltaron; la amarga presencia de venenos, limones y hojas de hierbas de verano (…) yacía en brazos de una mujer en un enorme lecho que al mismo tiempo canturreaba en su oído…”

Se trata de un aleph no solo visual sino sensorial, donde el tacto, el olfato y el oído participan plenamente. Aunque como siempre ocurrió con este escritor, todo pueda ser reducido a un reflejo de sus dilatadas experiencias con el LSD.

La vida y pasión por la escritura de Philip K. Dick dan para mucho y no las tocaré ahora. A la derecha pueden visitar la página oficial del escritor, de donde he extraído la primera página de las 8000 que conforman Exegesis, su monumental e intraducido (completo) libro póstumo. Una interesante bibliografía con acceso a textos la tienen en www.golwen.com.ar.
(Primera página de Exegesis: "There is a direct casual relationship between karma and the Black Iron Prison"// Philip K. Dick, alucinado, en apunte cómic)

4 comentarios:

  1. Anónimo22.2.07

    Te olvidaste de hablar de los relatos que de K. Dick que han sido llevados a la pantalla en películas como Blade Runner y Minoritary Report.

    Hall 2007

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  2. La buena noticia: la obra de PKD traducida al castellano está disponible en el sello Minotauro, recientemente adquirido por el grupo Planeta.
    La mala noticia es que los libros de Minotauro han dejado de venderse en el Perú. De repente alguien con llegada entre la gente de Planeta pueda hacer algo al respecto.

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  3. Claro, el texto es fundamentalmente sobre el relato de PKD, ya escribiré otro sobre los temas que dices.

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  4. Anónimo22.2.07

    el cuento deja entrever de que todos podemos ser hormigas atómicas y de que nuestras vidas pueden estar ordenadas o dirigidas por otros.

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