16.2.07


Curiosa traducción

Como todos sabemos, el poeta francés Paul Valéry publicó en 1920 Cementerio marino, poema largo alguna vez fustigado –con poca justicia- por Borges en una entrevista. Tuvo suceso la publicación del poema, tanto que en 1933 en la revista Leffort clartéiste, un coronel del ejército francés, apellidado Fodchot, con el fin de aclarar la hermética escritura valeryana, publicó un Ensayo de traducción en verso francés del Cementerio marino de Paul Valéry.

Cuenta Gerard Genette en su notable Palimpsestos (Taurus, 1989), que el coronel envío una copia de su poema traducido (del francés al francés, ¡imagínense!) al poeta de La joven parca, y recibió como respuesta las siguiente irónicas pero elegantes palabras (todo un ejemplo):

“Su trabajo me ha interesado mucho por la escrupulosidad con la que parece que se trata de conservar lo más posible del original. Si usted lo ha logrado es que mi obra no es tan oscura como dicen”.

¿Qué hizo nuestro atrevido coronel con el poema de Valéry? Transfiguró el estilo metafórico y simbólico del original en un discurso llano, aclarado, unívoco. Imposible mostrar acá con ejemplos cómo operó el poeta-militar. Pero el examen del primer verso y su “traducción” nos dan una idea bastante clara. Escribe Valéry en 1920:

“Este techo tranquilo donde caminan las palomas”

El coronel Fodchot, en un arrebato de inspiración casi místico, propone 13 años después:

“Esta agua tranquila por donde se deslizan las palomas”

En el original francés, la medida métrica del verso de Valéry se conserva (algo degradada). La “traducción” del sustantivo “techo” por “agua” y del verbo “caminar” por “deslizarse”, no obstante, ha desfigurado al verso hasta convertirlo en una vulgar descripción. El juego metafórico entre palomas que caminan por el techo y barcos que se deslizan por el agua ha sido suprimido.

Y lo peor es que todo por un afán positivo: aclarar las cosas, hacerlas más comprensibles, propósito saludable en todo orden de cosas pero no siempre en poesía. Casi nunca. Examinar por qué este alucinante coronel cambió el célebre verso de Valéry “la mer, la mer, toujours recommencée”, por simplemente “la mer, la mer, toujours”, puede ser materia de todo un libro.

(Valéry)

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