26.2.07


La sentencia de muerte de Blanchot (a 100 años de su nacimiento)

Uno de los escritores franceses más enigmáticos de que he tenido noticia es Maurice Blanchot (1907-2003), autor de El libro que vendrá y Thomas el oscuro, entre otros medio inclasificables. Si la ambigüedad y la extrañeza son pilares sobre los que descansa la imaginación creadora de Kafka, en Blanchot estas son potenciadas hasta el extremo, de manera que algunas veces nos ofrece relatos formulados, cuya intención de épater es tal vez demasiado evidente. En otras oportunidades -como en este cuento largo del cual traduzco, libremente, un breve fragmento- el equilibrio es casi perfecto, y las obsesiones y paranoias surgen límpidas y perturbadoras.


“En el teatro, durante el entreacto, ella estaba allí, acompañada de un muchacho desconocido. Me pareció extremadamente bella. La veía pasar ante mí, ir y venir por un lugar muy cercano y a la vez infinitamente separado y como del otro lado de un vidrio. Me arrebató una idea loca. Habría podido sin duda hablarle, pero no lo deseaba y, tal vez, de hecho me era imposible. Ella se tenía en mi presencia con la libertad de un pensamiento; ella estaba en ese mundo, pero en ese mundo yo no la encontraba sino porque ella era mi pensamiento; y aquella connivencia se establecía entonces entre ellas, aquella complicidad llena de horror. Comprendí que me miraba como a alguien a quien reconocía muy bien e incluso de manera amical. Pero era ese un reconocimiento de detrás de los ojos, sin mirada y sin signo, un reconocimiento del pensamiento, amical, frío, muerto.”

L’arret de mort. Gallimard, 1948. 112-113 pp.

(Tumba de Maurice Blanchot)

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