17.2.07


Violencia, blogs, los noventa

El poeta Héctor Ñaupari responde a unas preguntas sobre su generación, la relación entre literatura, violencia y mercado, y desnuda sus ideas sobre temas de urgencia. Posteo la entrevista sin mayores comentarios.



“LA LITERATURA NO LAVA MANOS MANCHADAS DE SANGRE”


*Violencia

El tema de la violencia se ha puesto en la agenda de los estudios y de la crítica literaria actual. ¿A qué crees que se debe este fenómeno?

Creo que hay dos circunstancias que han terminado coincidiendo para este fenómeno. Primero, la perspectiva de izquierdas de la mayoría de los narradores y poetas peruanos de la actualidad, quienes, pese a las atrocidades cometidas por los grupos terroristas, consideraban a esos perpetradores de la violencia, en última instancia, como compañeros de ruta ideológicos. Segundo, una agenda externa de los centros de investigación e institutos de las universidades extranjeras, norteamericanas y europeas, y que todavía mantienen una visión bucólica, “mágico–realista” de las sociedades latinoamericanas. Puede ser que haya por ahí alguien que no tenga ninguna de estas dos perspectivas, pero es sólo la excepción que confirma la regla.

Ocurrió lo mismo –e, incluso, hasta ahora– con la perspectiva de género en su momento. Hasta “La niña de la lámpara azul” era analizada según la perspectiva de género. Supongo que los poemas de Eguren o los de Adán, así como las novelas de Thays, serán analizadas hoy según la perspectiva de la violencia. Sin embargo, hubo un momento en la literatura peruana en que los temas sobre los cuales el escritor o poeta escribía los dictaba él mismo. Incluso muchos escritores del noventa –que hoy consideran a la violencia su único tema, o por el cual se inventaron como narradores o poetas– gozaron de esa libertad en sus primeros escritos.

El problema es que ahora se ha establecido una suerte de sofisticada censura: es evidente que ya no se queman libros ni se persigue a los escritores, pero los nuevos inquisidores apremian a los escritores emplazándolos de la siguiente manera: si quieres ser publicado, comentado o reconocido, si quieres ganar premios o tener el favor de los jurados, debes escribir únicamente sobre estos temas. De este modo, si quiere surgir, el propio escritor debe autoimponerse silencios sobre sus propios temas, si éstos no están en las agendas de estos centros y sus representantes en el Perú, o los de la progresía nacional. Resulta divertido que hayan sido justamente estos corifeos de la violencia los que, por un lado, más han reclamado sobre la libertad del escritor a escribir lo que le venga en gana, en el reciente debate que tuvimos sobre este tema, y por el otro, han publicado y discutido sobre el único tema merecedor de ser puesto en agenda para ellos: la violencia.

Nuestro país vivió un periodo de violencia cruento y que dejó heridas evidentes. ¿Cuál crees que debe ser el papel del intelectual y del poeta en este sentido?

Para poder responder con propiedad a esa pregunta, hay que decir antes que nada lo siguiente: es evidente que escribir sobre lo que sientes, lo que te motiva o te indigna, ése es el compromiso primero, sin el cual ningún otro tiene sentido o significado. Asimismo, la actividad creativa no es gratuita, se desarrolla en un determinado contexto social, económico, cultural, que al creador le produce efectos y le genera consecuencias, sobre él como persona y sobre su creación. Junto a ambos, esta el sentido de la pertenencia, mediante el cual formas parte de un grupo humano que tiene alegrías, horrores, satisfacciones o frustraciones y de la cual no te exoneras, como tampoco de sus éxitos o desventuras.

De esta manera, el papel del intelectual y del poeta peruano frente al tema de la violencia que padecimos es escribir sobre ella, a mi juicio, desde la perspectiva de una honesta indignación por lo acontecido o movido por una sincera compasión hacia las víctimas, si es que ésa es decisión libre y soberana, no por el dictado de otros. Desde luego, habrá quienes escriban desde el lado de los victimarios, como es el caso del carnicero de Lucanamarca, Hildebrando Pérez Huarancca, o de la criminal senderista Edith Lagos. Lo que no se puede hacer es separar al literato del político o del asesino; que Céline o Neruda hayan sido grandes escritores no los libra de señalarlos como defensores de genocidas como Hitler o Stalin, respectivamente.

Pero en estos dos ejemplos puntuales los escritores son los asesinos y terroristas, lo que le da un giro más dramático a este asunto.
¿Debemos olvidarnos de sus crímenes por ser escritores? ¿Debemos exculparlos o hacer que la sociedad peruana los vea de otra manera merced a la literatura? No estoy de acuerdo. Eso es inmoral. Eso debe ser criticado. La literatura no lava manos manchadas de sangre. Ése no es su propósito. Además, por lo general, quienes hacen esas distinciones sólo lo hacen con escritores que comulgan con sus postulados ideológicos. Por el contrario, no tienen misericordia con quienes les son adversos: allí asumen la pose del “intelectual comprometido”. Ese doble estándar es repulsivo. Si vamos a hablar de la violencia, considero que se debería generar un debate abierto sobre este tema en particular. Lo pedí una vez y lo vuelvo a hacer ahora, pero creo que los corifeos y críticos de la violencia tenderán, como otras veces, al silencio y se harán los desentendidos.

¿Por qué crees que la violencia política no ha impregnado el discurso poético de los poetas posteriores a los ochenta? Domingo de Ramos dice que porque hoy ya nadie cree en nada, hay mucho escepticismo...

Porque esa violencia era justificada por un discurso racista, vesánico, criminal y genocida. Esa violencia estaba amparada por una terrible y macabra perversión de un marxismo genuino y bienintencionado, y de una preocupación auténtica por los pobres de nuestro país y la injusticia que padecen hasta hoy. ¿Quién podría defender desde la literatura un discurso de esa naturaleza?
Si estás en contra de la agresión, no puedes justificar un discurso de violencia ni la violencia misma. Allí no hay medias tintas. Siento discrepar con Domingo, pero creo que las dos generaciones posteriores a los ochenta si tenemos mucho en qué creer: en la libertad, en la igualdad, en la justicia, en nuestras propias fuerzas. El desaliento es el mejor caldo de cultivo para que estos discursos totalitarios resurjan.

*Los blogs

¿Qué opinión tienes de la crítica hecha desde los blogs literarios?

Que toda esa crítica es bienvenida, siempre que no descienda al insulto ni se ampare en el anonimato o en la usurpación de la identidad. La insolencia no es sinónimo de inteligencia. El anonimato es el equivalente de la cobardía, para mí. Estoy a favor que todo el mundo pueda criticar una obra literaria, favorable o desfavorablemente, no importa, pero que la lea y se forme una opinión sobre ella. Lamentablemente, los insultos anónimos, racistas, sin gracia –porque hasta para insultar hay que tener unas lecturas y un criterio– y peor escritos, no van a amenguar, sino a aumentar. Esto será así porque sus perpetradores son ciegos, sordos y mudos a todo, excepto a su propia miseria. Te darán mil coartadas para esconderse, pero, en verdad, las únicas que cuentan son los tres motivos del oidor: por miedo, por miedo y por miedo. Olvida las restantes.

¿Siendo los blogs un mundo anarquista y ajerárquico por definición, es concebible algún tipo de control sin que algunos se erijan en jefes supremos o big brothers de la blogósfera?

La pretensión de controlarlo todo es una antigua pulsión de los seres humanos. Desde luego es más fuerte en los espíritus con complejos de inferioridad, o con el obsesivo deseo de ser reconocidos. De modo que esa pretensión, llevada a los blogs literarios, no es nueva ni original: sólo ha cambiado de soporte. Como en el caso de los insultos vertidos en la blogósfera, esa pretensión no disminuirá, sino que se incrementará: justamente, los primeros en salir a responder y a declarar su inocencia al respecto serán precisamente esos grandes hermanos. Olvidan por supuesto que la inocencia proclamada sin acusación de por medio es sinónimo de culpabilidad.

Algunos tienen la impresión de que los blogs basura han sido inflados y mantenidos por ciertos bloggers interesados en aumentar su lectoría a como dé lugar.

Lo que sucede es que todo puede hacerse desde los ordenadores. La belleza de la tecnología es que nos permite generar un universo espléndido o perverso, según nuestras propias personalidades, nuestros miedos y odios. También, por supuesto, de aquello que es noble, sincero y digno. En este caso, es una suerte de adicción informática, y como todas las adicciones, es perniciosa y nefasta.

En una carta dirigida al blog de Gustavo Faverón, se ensaya esta interpretación de lo afirmado por ti en tu texto "el escritor peruano está desnudo": "En el razonamiento de Ñaupari, por ejemplo, resulta claro que el mercado no es considerado medio sino fin en sí mismo (...) el mercado tiene ciertas reglas para la circulación de bienes con ciertas características (libros no muy gruesos, ágiles, de tema inspirador), y por tanto son ellos los únicos que vale la pena que existan: o sea, hay que simplificar esa diversidad –digamos, estrechar la libertad– para que el mercado prospere".

Acúsenme Faverón, Salas, Ybarra, Frisancho, entre otros, de concentrarme únicamente en las soluciones de mercado para los escritores. Lamentablemente, como todos los intelectuales con anteojeras ideológicas, sólo leen lo que quieren leer. En ese mismo artículo había propuesto como primera medida la fundación de una asociación o gremio de escritores auténticamente representativa, que luchara por nuestros derechos de autor, entre otros muchísimos aspectos. Esa propuesta no tiene nada que ver con el mercado. Por ejemplo, el gremio fundado hace poco por el notable escritor Oswaldo Reynoso está en la línea de lo señalado.

En una reciente entrevista, Reynoso –que no es precisamente un defensor del mercado ni un reaccionario– se manifestó contrario a los subsidios del Estado a los escritores y porque se reconociera los derechos de autor de los escritores en los textos escolares, medidas con las que estoy totalmente de acuerdo. No he visto a mis acusadores salir con la misma energía y ensañamiento contra Reynoso como lo hicieron conmigo. A la propuesta hecha por Reynoso sobre nuestros derechos de autor, añado que estos textos podrían ser permanentemente actualizados. Tenemos muchísimos escritores que son maestros, y que podrían luchar por esos derechos. Pero no lo hacen. Tampoco he visto a mis acusadores salir a abogar por esos derechos.

Además, en mi artículo señalaba que a los escritores y poetas se nos debería pagar por las lecturas o por los comentarios que hagamos en las presentaciones de los libros. Rodolfo Hinostroza sostiene esto último, y había mencionado que hasta Ginsberg, mientras vivió, cobraba por los recitales de poesía que daba en Estados Unidos, ¿eso los hace reaccionarios, como se me ha insultado hasta el exceso a mí? También señalaba que este gremio podría lograr la incorporación de escritores o artistas plásticos en las agregadurías culturales de las embajadas peruanas. Esto tampoco tiene que ver con el mercado. Es una lástima que esas propuestas no sean reconocidas ni valoradas debidamente por mis críticos. Ojalá que el gremio fundado por Oswaldo Reynoso pueda hacer algo al respecto. Él cuenta conmigo para ello.


*La generación de los Noventa


Luego de más de quince años de que se iniciara la década de los noventa, ¿cómo ves a nuestra generación?

Fregada. La que fuera una generación muy unida a su inicio, hoy se encuentra sumamente distanciada por cuestiones menudas, a las que se quiere dar la coartada de enfrentamientos ideológicos o de género. La nuestra fue una generación que comenzó conociéndose sin exclusiones, y al día de hoy hemos repetido los vicios del pasado, y que tanto daño le hicieron a la literatura peruana: personalismos, racismos, intrigas y frivolidades por doquier, además de una recurrencia enfermiza a la teoría de la conspiración, para identificar quiénes están de qué lado, o hacia qué sector o grupo se inclinan.
Quisiera destacar que los poetas, ensayistas y novelistas de la década del noventa no se agotan en los nombres que aparecen continuamente en los blogs y páginas literarias actuales. Esa obsesiva vocación de apuntar siempre a las mismas personas, para devorar sin cesar sus entrañas, representa para mí una suerte de canibalismo perverso del cual, mea culpa, también he sido partícipe. Eso debe terminar, por el bien de nuestros escritos, que es lo único por lo que trascenderemos, y no por estas intrigas minúsculas y viciosas.

Por otra parte, quizás el principal problema es que los del noventa no nos hemos asumido como una generación de refundación de la literatura nacional. Lo somos, a mi modo de ver, y en cierto modo ese fue el espíritu de cuerpo que tuvimos en los primeros años de los década pasada; sin embargo, lo hemos olvidado, o no nos hemos dado cuenta de ello, y nos hemos dejado arrastrar por distintas coyunturas, cada cual más patética y ruin que la otra.

No debemos olvidar que la generación de los noventa es la primera que intenta zafarse, si bien es cierto acríticamente, casi sin darse cuenta, del proceso de izquierdización de la literatura peruana, el mismo que había llegado a su cenit con la generación del ochenta. Este proceso de apertura acrítica ha continuado con la llamada generación del 2000. Sin embargo, mi generación padece de una inercia conceptual que todavía la sujeta a ciertos tópicos, temas y estereotipos de las izquierdas culturales que son, hoy por hoy, el establishment cultural de nuestro país. En esa medida se explica la culposa incidencia de poetas y escritores de los noventa en el recurrente tema de la marginalidad urbana, en la perspectiva de género, o en la literatura de la violencia política. Recuérdese que, sobre todo este último tema, estaba por completo ausente de los primeros escritos de los del noventa.

Sin embargo, como todo lo que hoy escape de los tópicos de la progresía cultural –los nuevos “letratenientes” de nuestro medio, para rescatar un concepto de Verástegui– es inmediata, brutal y temerariamente calificado “de derechas”, “conservador” o “reaccionario”, por el status quo literario peruano, muchos miembros de mi generación se han tenido que plegar de esos temas muy a su pesar, para evitar el silencio o la muerte civil hacia sus personas y sus obras, en los mejores casos, y en otros, para conseguir becas y prebendas.

Sin embargo, hay quienes, como José Pancorvo o Lorenzo Helguero, han venido escribiendo –y durante el año pasado han publicado– extraordinarios, espléndidos libros de poesía, absolutamente opuestos –y por tanto, rebeldes– a los cánones impuestos por dicho status quo, desafiando esas censuras. Hoy se da la triste paradoja que lo marginal es lo canónico en la literatura contemporánea peruana, casi lo único digno de mención en ella, mientras que temas llamados “tradicionales” como el amor, la ciencia–ficción, el erotismo, la religión, la libertad, o la reflexión sobre sí mismos son lo auténticamente marginal, y es allí donde se encuentra un lenguaje más rico, metáforas más bellas, y hay una originalidad y frescura que debería extenderse como un manto bienhechor a toda mi generación.

En ese aspecto último, soy un optimista: estoy convencido que, más temprano que tarde, la generación de los noventa se terminará sacudiendo de esos temores lastrados y asumirá su condición de refundadora de la literatura nacional, de manera definitiva. De lo contrario, pasaremos al olvido rápidamente.

El año pasado tres miembros de los noventa publicaron libros. ¿Los revisaste?, ¿qué opinas?

“Ludy D” de Roxana Crisólogo es el perfecto ejemplo de una literatura sujeta a los tópicos canónicos de la literatura contemporánea en el Perú, lo mismo que “Hotel Lima” de Miguel Ildefonso. “Estados Unidos Celestes” de José Pancorvo e “Insomnio” de Lorenzo Helguero son, como ya dije, una manifestación evidente de esa recreación o refundación de la literatura peruana de la que hablo, en la que la rigurosidad formal se une a un lenguaje coloquial, a una reflexión profunda, vital y sincera de los acontecimientos personales de sus autores, y que muestra que los escritores de los noventa no estamos encorsetados a una sola influencia, sino a varias. En esa ruta apunta también un libro poco comentado, y que considero muy valioso, que es “Alucinada Cordelia” de Rudy Pacheco. Del mismo modo, quisiera dejar explícito mi comentario fervoroso y favorable a “El inventario de las naves” de Alexis Iparraguirre, obra vilmente silenciada por esas rencillas de segunda clase en las que estamos atrapados.

Yo he señalado con claridad que tu lenguaje ha mejorado en tu último libro con respecto a tu primer libro. ¿Puedes hacer una autocrítica?

Eso siempre es difícil, Víctor, así que lo intentaré. Debes tener en cuenta que entre “En los sótanos del crepúsculo” y “Rosa de los vientos” han mediado siete años. Es evidente que entre ambos libros hay mucho más lecturas, una mayor vocación por corregir, y sobre todo muchísima menos impaciencia por publicar. Hay una estancia a Europa y Centroamérica de por medio, el inicio de mi vida matrimonial y de mi condición de padre. Me defino como un realista romántico, como Ayn Rand, así que mi propia vida está volcada en ambos textos. “En los sótanos del crepúsculo” está sujeta, como obra, mucho más a la pirotecnia verbal, lo reconozco: algunos de sus versos rechinan, más que resuenan. Ello no obstante, sigue siendo un texto que defiendo y defenderé siempre, pese a sus fuegos de artificio o, sensu contrariu, precisamente por ellos. Creo que nadie debería renegar de sus propios escritos.

Tengo la impresión que mientras Hora Zero, Kloaka y algún grupo más se andan peleando por quién es el movimiento literario más importante del siglo pasado, los poetas de los noventa y dos mil están en otra cosa. ¿Qué piensas?

Que es un debate inútil. Es el tiempo quien dirá en realidad qué grupo o colectivo fue el más importante, o si, incluso, era relevante hablar de grupos como referentes de la literatura del siglo XX. Además, la literatura contemporánea peruana no nace en los setenta, ¿y los anteriores sesenta años? ¿nos olvidamos de ellos? ¿borramos de un plumazo a Eguren, Valdelomar, Vallejo, Sologuren, Guevara, Cisneros y sus respectivos grupos? No me parece. Con todo, no veo a Verástegui o Santibáñez irrogarse semejante pretensión, siendo ambos poetas cuya literatura admiro y respeto mucho. Por cierto, tampoco observo esa pretensión a los poetas de mi generación o los más jóvenes.

Por lo pronto, a los del noventa se nos encuentra haciendo otras cosas. En el caso de Neón hay ya ciertas diferencias insalvables que nos han distanciado, y no creo, con sinceridad, que haya posibilidad de reconciliación en ese sentido. Mucho han tenido que ver las anteojeras ideológicas y las mezquindades para ese distanciamiento, de algunos, así como los silencios de otros. Ahora bien, tampoco observo que haya un énfasis o una vocación por relevar los temas o actitudes grupales en ninguno de los colectivos de los noventa. Supongo que esto cambiará con el tiempo, a medida que nos hagamos más viejos y nos veamos más solos.

He pensado mucho al respecto últimamente, y añoro con honestidad los recitales interminables que se dieron hace más de quince años, y en los que nos veíamos todos como amigos y compañeros de ruta, en el mejor sentido de los términos. Es una pena que esa confraternidad y camaradería, tan bien defendidas cuando éramos más jóvenes, hayan terminado tan abruptamente, y por algo de tan poco valor y gracia como esas mediocres rencillas. Pero, en el caso de discutir sobre qué grupo es el mejor del siglo XX, mi parecer es que de repente hay por allí quienes quieren levantar un debate inexistente con propósitos subalternos y oscuros. Eso sí me parece deleznable.

(Poeta Héctor Ñaupari)

11 comentarios:

  1. Uno podra discrepar con Hector en muchas cosas,pero lo que me agrada de su forma de ser es su sinceridad.

    En la practica Hora Zero, Kloaka no significaròn nada para la literatura peruana.En cuanto a Neòn es verdad hay diferencias que no nos va permitir ningùn tipo de conciliaciòn.Yo sigo mi trabajo poètico y literario por la libre. Aqui en Europa nadie sabe de las generaciones o autores contemporàneos peruanos o latinoamericanos, mas alla de unas cuantas excepciones.Latinoamèrica ha dejado de ser un tema de interes en este continente,la mirada literaria esta mas puesta en Estados Unidos, Europa del Este o el mundo Arabe.

    A veces me sorprendo leer el nivel tan canibalesco de los blogs en Perù y digo la gente en mi pais debe estar tan jodida que solo les queda el placer de destruirse sin cesar unos a otros.

    Mi concejo a mis compañeros de generaciòn es que viajen,se alejen del circuito viciado de Lima, se abran a otras realidades, que se concentren en su dialogo interior y solo asì saldra nuestra mejor literatura.

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  2. Yo cree Neòn y trabaje para que esa generaciòn del 90 existiera,pero he visto que otros que no creian en ella se han subido al carro y hablan de esta con mucha pasiòn...jajaja.Y lo de Neòn es lamentable que algunas personas lo usen para sus fines literarios.

    Solo me va bien y mejor que en Lima.Lo bueno de hacer tu carrera de escritor en solitario es no llevar el lastre de tu generaciòn o de el pais del que procedes.Simplemente eres un escritor.Hay que salir de la trampa de los localismos.

    Apoyo la idea de que paguen los derechos de autor a los escritores y los recitales que dan,es asi como se hace en paises civilizados como España.

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  3. Anónimo18.2.07

    que yo recuerde Faverón no acusó a Ñaupari de nada, no sé por qué lo incluye en la lista esa. Hay que ser justos.


    X

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  4. Anónimo18.2.07

    Ñaupari dice que de la generación de los noventa Ildefonso y Crisólogo son escritores medianos, y quienes escapan a la regla con brillantez son Pancorvo y Helguero. Agrego a Ybarra y Victoria Guerrero.

    Pablo de Quilca

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  5. Anónimo18.2.07

    es interesante que Ybarra se pronuncie sobre su generación, los noventa, y me hubiera gustado que Ñaupari evalúe los dos poemarios publicados por Ybarra el 2006. Ñaupari critica que siempre se hable de los mismos, y él mismo habla de los mismos ( que son otros). Saludos

    Norma

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  6. Anónimo18.2.07

    Señor Zelada Ud. fué el único creador de Neón?...
    PD: Consejo se escribe con ese...

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  7. José Barraza18.2.07

    Saludos Victor. Respecto a este post, tengo algunas preguntas que me gustaría aclares. ¿Por qué siendo la generación del 90 una de las más pobres en materia de discurso y en calidad y realce estético en toda la historia de la literatura peruana insistes con ese tema en tu blog? ¿Lo haces por tu formación literaria, en el sentido de valorar el contexto (como puede suceder cuando uno comenta un texto del siglo XIX, que más que todo lo hace por carácter académico), o porque realmente crees que la generación del 90 presenta elementos y libros valiosos? Si tu respuesta va por esto último, ¿por qué le das tanta cabida a lo que pueda o no decir Ñaupari, un escritor que definitivamente está por debajo de otros representantes de mayor calidad en esa generación? Y mi última pregunta va por otro lado, y se refiere a tu trabajo literario: ¿Tu próxima novela mantendrá el tema de la primera, es decir de la ciencia ficción? Gracias por tu atención. Saludos. José.

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  8. Anónimo18.2.07

    La opinión de Zelada pretende ser un aporte al debate que se intenta promover aquí y como tal es legítima, pero no deja de sorprender la cantidad de errores en su escritura. No me refiero solo a los acentos (frente a lo que se pueden argüir razones técnicas, como la configuración del teclado), sino a los anacolutos fuertes, algún pleonasmo y a errores ortográficos un poquito rochosos ("mundo Arabe", "concejo"). Para alguien que no conoce su obra un texto como el presentado no motivaría precisamente a buscar libros suyos.

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  9. Anónimo18.2.07

    Asu, la cantaleta de los 90s sube, sube, y es de nunca acabar, para cuándo arman un coloquio, ahí sí ya dejan los disfraces de poeta y ese asunto: yo vivo aquí y ese otro valida su lugar de residencia por esto y lo otro. Ya pues, están cerquita a los 40.

    yo, desde el sur

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  10. quitando la tosca ¿ironía? no estaría mal la idea de un coloquio sobre los noventa. Ya es tiempo.

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  11. Anónimo19.2.07

    Ñaupari busca debate sobre su generación, las relaciones entre literatura y violencia, la ideología de los poetas. Desde hace tiempo viene presionando con eso y Ildefonso, Crisólogo, Guerrero y todos los demás se hacen los locos. Prefieren publicar sus cherrys a la violencia en revistitas que nadie compra; claro, solo los profesores y académicos con poder a quienes les interesa llegar.

    Perspicaz

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