10.3.07


Aballay, de Antonio Di Benedetto

Aunque la ligera Wikipedia dice en su breve semblanza sobre este escritor argentino que "comienza escribiendo y publicando historias en su adolescencia, inspirado por otros autores como Fyodor Dostoevsky y Luigi Pirandello", luego de leer sus cuentos uno de se da cuenta de que en esa lista -seguro que elaborada a partir de sus novelas- falta Franz Kafka*.

Digo esto sobre todo por los cuentos que componen el libro que cayó ayer en mis manos y que devoré durante la noche: Caballo en el salitral (Bruguera, 1981). Sabemos que Di Benedetto escribió cuatro novelas a parte de Zama (1956), que lo hizo famoso en todo Hispanoamérica. Hace poco nos enteramos que una editorial chilena acaba de publicar sus cuentos completos.

El relato que me impactó más del breve conjunto que he citado, es "Aballay". La historia se hace más sencilla si sabes algo de religión y mística. Un gaucho homicida escucha en un sermón la hstoria de unos raros anacoretas de la antigüedad, los estilitas, que buscaban la comunicación con la divinidad aislándose durante años en lo alto de columnas de templos abandonados.

El gaucho inquiere sobre el tema al cura. Le interesa por algo. En cierto momento el religioso le revela que todos pueden pedir a Dios, y que los estilitas hacían semejante penitencia "por sus faltas, o porque asumían los yerros de sus semejantes". Es ahí que le viene a Aballay la idea de emular a los anacoretas para expiar su culpa. Poco después, Aballay decide no volver a pisar la tierra, vivir montado en su caballo, para así curar su horrible falta, el asesinato.

"el fraile dijo que montaban a la columna. El, Aballay, es hombre de a caballo. Tempranito, a los primeros colores del día, Aballay monta en su alazán".

Lo que sigue es una serie de oscuras peripecias que le suceden a su protagonista luego de tal decisión. Incluso llega tomar mujer, siempre a caballo, pero esta desaparece tras un tiempo. Además, sus caballos se mueren y son reemplazados por otros menos dotados físicamente, y sus involuntarias esporádicas incursiones en poblados y lugares concurridos le conforman a la larga una imagen de "santón". Algunas personas llegan a regalarle con ofrendas.

Pasa el tiempo. Un día el protagonista se encuentra con el hijo de aquel hombre a quien había asesinado. El hijo quiere venganza. Se entablan en una lucha donde el vengador cae malherido. Aballay desmonta para ayudarlo. Pero "lo bloquea su ley: no bajar al suelo, y lo ha hecho". Aballay decide, desmontado, acompañar al herido por un momento. Suficiente para que "el vengador, de abajo, alce de punta el cuchillo y le abra el vientre". Aballay queda en trance de muerte sobre la tierra, "con una dolorosa sonrisa en los labios".

Se puede pensar que el narrador sugiere que la devolución del gaucho a su medio natural, la tierra, complace a este, y por ello muere con satisfacción aunque fastidiado por el dolor físico. También se estima esta posible lectura: Aballay quebró su compromiso con Dios, desmontó de su caballo y con eso echó a perder su vida; la muerte no es más que la consecuencia de ello.

Un detalle importante. Dice el narrador que el gaucho "angustiado, levanta la mirada, para consultar, y por su cuenta resuelve" quedarse sobre la tierra lo que sea necesario. Esto puede dar razones para pensar que Aballay tenía ya alguna comunicación con la divinidad, pero al quebrar su penitencia, la ha perdido. Por ello debe tomar la decisión por su cuenta y riesgo. Una decisión que lo devolverá la tierra. Y a la muerte.

Por supuesto, hay otras lecturas de este magnífico cuento, celebrado por Borges, Cortázar y Mujica Láinez en su momento. Los interesados en Di Benedetto pueden chequear esta entrevista publicada hace poco en Página 12 . Esta reseña de Juan José Saer sobre Zama es también necesaria.

Finalmente, aquí uno de los cuentos más famosos de ADB, “Caballo en el salitral”. Y el texto completo de Aballay. Buen fin de semana.
*Principalmente por "Volamos", un cuento donde las semejanzas con "Una cruza" de Kafka son insoslayables. También el ratón monstruoso que se come los libros del protagonista de "Amigo enemigo", y a quien este clava en el lomo un lapicero, me recuerda a la archiconocida cucaracha en que se convierte Samsa en "La metamorfosis". Pero hay más.

(Antonio Di Benedetto en apunte)

1 comentario:

  1. Anónimo12.3.07

    Al parecer es interesantísimo, ya me dieron ganas de leerlo. Sobre todo, cuando nuestra realidad se presta a mil y un ficciones, envueltas por el misterio, la duda y algo de fe en que el lector encontrará las pistas de una realidad sinuosa y siniestra. La fe de saberse perdido es muy atractiva. Gracias por el alcance.
    R.Landeo.

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