20.3.07


Carta de Renato Sandoval sobre el affaire poético de El Huáscar

Una vez más, complicadas y desconcertantes las cosas con Chile, país al que sinceramente siempre he admirado. A una serie de despropósitos limítrofes, plagios pisqueros, secuestros al paso, censuras epopéyicas, siguen ahora una próxima lectura de poetas peruanos y chilenos en la cubierta del Huáscar, a buen recaudo en la base militar de Talcahuano, mientras por Internet circula una carta abierta (http://www.letras.s5.com/aa050307.htm) que, sin tapujos ni medias tintas, exige, por enésima vez, la devolución de nuestro patrimonio bibliográfico saqueado en la Guerra del Pacífico.

En cuanto a lo primero, con asombro leo en El Mercurio (13-2-07) que se tiene autorización y el beneplácito de la Armada chilena porque entendió que dicha lectura sobre su botín de guerra más preciado "quiere ser un aporte al diálogo y al encuentro entre dos países. Es hora de acabar con la lógica de los vencedores y vencidos (sic)". Sinceramente no me explico cómo una acción semejante puede significar eso que se dice, a menos que al final de tal acto los anfitriones decidan dar un vuelco radical a las cosas y anuncien la devolución del Huáscar al Perú, ante la incredulidad de propios y extraños. Es evidente que no se producirá este lugar común, aunque después se lleven a pasear a nuestros poetas y políticos al Morro de Arica, donde los harán bailar una cueca, naturalmente siempre en nombre de la distensión y de la amistad, sin que terminen de darse cuenta de que, así rebeldes y perspicaces, como se jactan de serlo, son utilizados por el establishment a cambio de un plato de lentejas.

Se tendría que pensar que bajo la misma cubierta del mítico monitor donde murió Arturo Pratt, se exhibe una carta de su viuda Carmela dirigida a Grau, por la que le agradece en los siguientes términos la devolución de las pertenencias de su esposo: "(…) tengo la conciencia de que el distinguido jefe que, arrostrando el furor de innobles pasiones, sobreexcitadas por la guerra, tiene hoy el valor, cuando aún palpitan los recuerdos de Iquique, de asociarse a mi duelo y de poner muy alto el nombre y la conducta de mi esposo en esa jornada, y que tiene aún el más raro valor de desprenderse de un valioso trofeo, poniendo en mis manos una espada que ha cobrado un precio extraordinario por el hecho mismo de no haber sido rendida; un jefe semejante, un corazón tan noble, se habría, estoy cierta, interpuesto, a haberlo podido, entre el matador y su víctima, y habría ahorrado un sacrificio tan estéril para su Patria como desastroso para mi corazón".

En estos tiempos globalizados en que las palabras están más que devaluadas, gestos como los de Grau, que despiertan la admiración y el reconocimiento de las partes afectadas, son los que verdaderamente restañarán las aviesas y ya absurdas heridas, así como los prejuicios y las suspicacias que, hay que decirlo, por desgracias existen entre Chile y Perú. No es un oneroso crédito de Ripley ni un poema binacional declamado con pomposidad y ardor patriótico lo que hará posible la restauración de la confianza y la reconciliación, sino la utópica restitución de siquiera una maroma del Huáscar o, en su defecto, por lo menos de un libro, de un solo libro de los tomados por asalto.

Renato Sandoval (Poeta y traductor)

1 comentario:

  1. Anónimo20.3.07

    A mí me gustaría visitar El Huascar con absoluta entrega al fervor patriota (que uno, como peruano, nunca sabe dónde está)para sufrir por todo lo que representa. No me gustaría visitarlo para escuchar las fintas de un puñado de ilusos que pretender borrar las heridas con poesía, cosa que sabemos no sirve para nada.
    Ciertamente, que nos devuelvan el monitor y todos los libros con el sello de la Biblioteca Nacional que se encuentran en Santiago.
    La poesía no mueve a hacer nada.
    Por eso mismo es poesía.

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