30.3.07


La poesía rudimentaria de W. G. Sebald

Me gustan las contras de Anagrama porque por lo general dan información adicional importante para entender los libros que publican. Pero a veces la llaneza les gana, como ahora, cuando del narrador alemán fallecido trágicamente en el 2001, dicen que en este libro “ha hecho de su amor a la Naturaleza (así, con mayúscula inicial), pero también de su temor a ella, su tema decisivo”.

Me refiero, obvio, a Del natural –poema rudimentario- (2004), un poemario del autor de Austerlitz aparecido póstumamente aun cuando fue escrito antes que sus primeras novelas. El libro está dividido en tres partes, todas ellas vinculadas en mayor o menor medida con la pintura (no especialmente con la "Naturaleza"), y ciertamente el conjunto hace honor al título del libro, pues son poemas que, como en una técnica pictórica “del natural”, toman personas y objetos con una intención mimética casi obsesiva.

La primera parte está dedicada al pintor Matthias Grünewald, y es una suerte de estudio de notable carga historiográfica, donde el yo poético no escatima fechas, topos y hasta circunstancias vitales ínfimas. En algunos tramos predomina un descripcionismo sorprendente; a veces se cae incluso en el ejercicio de una teoría mimético psicológica, como cuando se sugiere que algunos cuadros del pintor reflejan la vida concreta del pintor:

“También la desgracia de los santos
es su sexo, la terrible
separación de los sexos que Grünewald
sintió en su propia carne”


Los poemas que componen esta parte, así, terminan siendo poemas-crónicas de gran brevedad e intensidad, pero que tal vez no excedan –abusando de la imaginación- lo que podríamos alucinar como un historiografismo poético. Observación justa: la partición de los versos, de haberse respetado la original, refleja un sentido agudo del ritmo y colabora en la necesaria dosificación de la información -excesiva- entregada al lector.

En la segunda parte, los excesos descripcionistas –hay que ver cómo describe minuciosamente los cuadros del pintor con expresiones del tipo “En el ángulo izquierdo”, “A la derecha”, “Hacia el centro del cuadro”, casi como si estuviéramos con un guía en el museo- ceden ante un reto distinto: hacer conocer al lector la vida de G. W. Steller, un botánico que se une a la expedición de Bering por Alaska en el siglo dieciocho.

Aquí los rasgo son otros. Nos enteramos por boca del poeta de cómo se animó Steller a unirse a la aventura, cuando recibió la autorización para el viaje, y hasta en qué fecha exacta Steller ve tierra firme:

“Pero hasta la mañana del 15 de julio,
unas seis semanas después de zarpar
de la bahía de Avatsha,
no vio Steller, que siempre subía
a cubierta en las primeras horas,
el perfil débilmente rayado
de una cadena de montañas.”

Estamos ante una serie de poemas que conforman algo así como un libro de a bordo, un diario de viaje que acompaña la aventura del botánico alemán testificando incluso detalles anecdóticos (“Steller lleva a Bering una sopa/ hecha de esperma de ballena/ y raíces de nasturtium”), hasta el momento de su muerte, no sin antes haberse anunciado la obra cumbre de Steller, De bestiis marinis.

La tercera y última parte de Del natural es la más lograda y esto es consenso. Perseveran, es cierto, los datos biográficos (esta vez del propio Sebald), pero el afán descripcionista y mimético se difumina en muchas partes para abrazar una idea menos evidente del hecho poético:

Hay una mujer inconsolable
En la ventana, un columpio de niño
Que se oxida al viento, un espía
Solitario está sentado en su caravana
En las dunas, con los auriculares
Puestos. No, aquí no podemos escribir
Postales. Dime, niña,
¿te oprime el corazón como a mí,
un banco de grava acumulada,
año tras año,
por las olas del mar...”

Aunque, en algún pasaje, el poeta no logra evitar ciertas notas confesionales –muy dignamente logradas, es cierto- o redunda al combinar imágenes poderosas con expresiones de sentimientos concomitantes a ellas, en esta tercera parte tenemos al auténtico poeta en acción. Alguien que puede legarnos, de un solo brochazo, la imagen que resume el libro y tal vez la vida misma:

“tenemos las muerte ante nosotros, / de forma parecida a como teníamos en la pared del/ colegio/ el cuadro de la batalla de Alejandro”.

(Portada. Una reseña de una torpe severidad. Otra mucho más lograda y fina)

6 comentarios:

  1. Anónimo31.3.07

    oie compadre...porque no dices naa del ganador del cope... SELENCO VEGA ...

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  2. Anónimo1.4.07

    Si no recuerdo mal, ya un comentarista dio su pronóstico sobre el Copé en este blog y acertó.

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  3. poeta peruano1.4.07

    Quién entiende a paolito de lima. hace poco nomás justificaba la lectura en el Huáscar, cuando estaba en Chile disfrutando de la hospitalidad sureña. Y ahora despotrica contra el recital, cita a la revista somos dos veces seguidas y dice que no se puede separar poesía y política. A propo, ya te diste cuenta de la frecuencia con que ahora cita a esa revista. Qué dirá su jefe Mazzotti de todo esto.

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  4. Mira poeta peruano, te recomiendo dos cosas para tu blog.

    Primero, comenta cosas de este tipo acá cuando haga un post sobre el tema -no creo que lo haga la verdad-.

    Segundo. No te preocupes por entender a De Lima. Basta con señalar sus innumerables errores y contradicciones, allí tienes harta chamba. Saludos.

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  5. tu lector2.4.07

    comprendo que ya no quieras meterte en discusiones sino dedicarte a la literatura. Dime, podrías publicar una reseña del último libro de J. A. Mazzotti, Sacra Boccatta?

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  6. Claro, si me pasas el libro. Aunque no te aseguro celeridad; la labor de edición es absorbente. envíame tu dirección a mi correo y enviaré a alguien a recogerlo. Gracias.

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