27.4.07


El huso de la memoria (i)

Recuerdo que en 1999 fui a su casa de Magdalena, para que me diera una opinión sobre mi primer poemario –el que da título a este blog-, publicado finalmente el 2001 y que le había enviado por correo una semana antes. Lo que esa tarde me dijo José fue en realidad una clase súbita de edición poética de la más alta calidad. Me propuso cambios de todo tipo, todos ellos sutiles y para bien. Dos poemas debían cambiar de sección, y dos secciones debían intercambiar ubicación. Como se trataba de un poemario breve, una sección debía eliminarse, y debía salir un poema -según él muy bueno- que afectaba al conjunto con una temática ajena. Además, me sugirió la eliminación de un par de epígrafes (hay una tendencia a poner demasiados epígrafes en un primer libro), y me pidió que desechara, a priori, un prólogo que venía haciendo un poeta importante cuyo nombre no revelaré nunca. “Los poemarios deben defenderse solos”, me dijo.

A diferencia de otras, lo recuerdo ahora con nitidez dolorosa, esa tarde conversamos de poesía occidental. Nada de haikus ni de zen. Estuvimos unas horas hablando de Ungaretti, de su enorme capacidad sintética, de cómo había sido el maestro del hermetismo europeo y, cruel ironía, de cómo sus discípulos (Salvatore Quasimodo, Eugenio Montale) habían obtenido el Nóbel mientras que él no. Así, intercambiando datos sobre traducciones del autor de La Alegría, fuimos a San Marcos, donde él tenía que dar un recital en la Facultad de Letras. Como siempre, el auditorio estaba lleno de estudiantes que aplaudieron sus mejores poemas (que son casi todos) y salieron satisfechos del recital. Esto siempre pasaba con José. Sabía organizar muy bien sus lecturas.

Luego del recital, me fui a mi casa abrazando mi poemario con sus valiosas indicaciones. Las cumplí todas, al pie de la letra, porque eran atinadas y porque pude reconocer en José la sapiencia de un verdadero grande. Una vez que publiqué el libro, fui a su casa para darle un ejemplar y agradecerle por haber contribuido en su edición. Elogió el libro como objeto –“frugal pero elegante”-, y luego revisó una por una las indicaciones que dos años antes me había hecho. ¡Las recordaba perfectamente! Una vez realizada la comprobación, me felicitó muy brevemente por la publicación y me hizo una pregunta que tal vez fue su mayor enseñanza:

“Bueno, ¿y ahora qué estás escribiendo?”.

Desde entonces sé que lo mejor en poesía siempre está adelante, en lo que vendrá. Los libros ya publicados son de los lectores; los que pertenecen –perentoriamente- a los poetas y escritores, son los que se están escribiendo. Por supuesto, por identificación con su proverbial prudencia, no puse en ninguna parte de Luz de limbo que José había participado en la edición. Recuerdo que algunos amigos me llamaron tonto por ello. Haber tenido ese privilegio y no señalarlo. La verdad, ni siquiera le consulté si podía consignar su nombre (no creo que se hubiera negado). Simplemente me pareció que no debía tomar el buen nombre de José para publicitar mi libro. Eso hice y me fue bien. Conservé su valiosa amistad y me gané su respeto así. Gran poeta y hombre íntegro era. En un país de muchos poetas y pocos hombres íntegros visibles.

(José. La muerte es lo único posible. Es lo inevitable. Preguntarse cómo es posible que haya pasado, es vano. Preguntémonos qué podemos hacer ahora por su obra)

7 comentarios:

  1. Anónimo28.4.07

    "Desde entonces sé que lo mejor en poesía siempre está adelante, en lo que vendrá. Los libros ya publicados son de los lectores; los que pertenecen –perentoriamente- a los poetas y escritores, son los que se están escribiendo."

    Esto es lo mejor de tu post. Y Watanabe te lo sugirió.

    Adiós Poeta

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  2. Anónimo28.4.07

    Este blog ha sido eliminado por un administrador de blog.

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  3. He suprimido el comentario de un tal "Bruno" que envía un enlace a un pestífero blog que ofende al poeta. Veo con lástima que este mismo comentario está publicado en un blog de gran lectoría. Una lástima...

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  4. poett28.4.07

    Bonita anécdota, Víctor. Qué envidia sana. Pinta de cuerpo entero a Watanabe como un ser muy generoso.

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  5. Hay, José.
    Tanto dolor y no tener cuerpo suficiente para sufrirlo.
    Una lástima universal oscurece el corazón de todos los peruanos (ahí encontremos nuestra unión).
    Adiós maestro.

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  6. Clemente28.4.07

    Coral hay que hacerle homenajes a estuardo núñez, blanca varela, al social poeta leoncio bueno y la lista es larga. sigue adelante

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