23.4.07


Respuesta de escritores jóvenes chilenos a declaraciones de Jorge Edwards

Hace un par de semanas, en entrevista cedida al diario La Tercera de Chile, el escritor Jorge Edwards (Persona Non Grata, Fantasmas de carne y hueso) dio algunas declaraciones incómodas sobre la literatura joven del país amigo. La respuesta no se ha hecho esperar. Un grupo de escritores chilenos ha publicado en blogs y en Letras S5 un comunicado donde se pone los puntos sobre las íes. Aquí lo tienen completo:


Carta a Jorge Edwards de escritores jóvenes chilenos

A raíz de su entrevista aparecida el sábado 07 de abril en el suplemento “Cultura” de La Tercera, titulada “Los escritores jóvenes sólo conocen a Bolaño”, me animo a escribir estas líneas. Y a cuestionar sus apreciaciones. Comparto eso sí en muchos sentidos su opinión sobre cierta escena nacional, pero en otras – particularmente en el titular – creo que sólo evidencia lo que describió muy bien, también en una entrevista, el cineasta Raúl Ruiz, citando a Waldo Rojas, diciendo que las dos tetas de Chile son “el ninguneo y el chaqueteo” (La Nación Domingo, 25 de febrero de 2007). Nadie discute que usted fuera y siga siendo un gran escritor. Que conformó acaso una de las generaciones literarias más promisorias de los ’50, junto a Lafourcade, Teillier, Gertner, Heiremans, Lihn, Giaconi, etc. Todos en la senda de Donoso – sobre todo en la escuela narrativa que inspiraría o abrió el boom latinoamericano, aunque manteniendo las distancias y salvedades con los poetas de ese grupo – muy llanos a la lectura de los clásicos, sobre todo de habla inglesa, a la traducción, la camaradería y el cosmopolitismo que permitía el Chile de mediados del S. XX., con sus respectivos viajes a Europa y publicaciones en el resto de Latinoamérica.
Eso sin dejar a un lado el enorme y necesario trabajo de recuperación en que se ha empeñado, con la obra de su tío abuelo, el gran cronista suicida, Joaquín Edwards Bello.
Señor Edwards, usted tiene un trabajo contundente, el que visto al lado de Donoso puede resultar menor, pero no menos importante y en sí misma es una obra reconocida mundialmente. Nadie lo discute. Y así podría ir hilando o estableciendo pares pero ese no es mi objetivo ahora. Sería una salida fácil, una perdida de tiempo, puro efectismo. Un ejercicio vacuo que removería rencillas innecesarias, aparte de revitalizar prácticas extintas en quienes de verdad escriben, que estarían abriendo la puerta (acaso la ventana) a quienes creen que pisando a otro, pueden llegar a instalarse o trascender. Nada que ver, por supuesto, con aquella saludable noción de tradición y ruptura que es tan bien descrita en Los hijos del Limo para explicar el Romanticismo y la Modernidad. No es el caso. Y por lo tanto, decir que la primera lección moral de quien escribe debe ser: leer mucho y luego dedicarse a escribir. La posta política de ubicación no es medida ni con becas ni con premios, sólo con un oficio honesto de escritor. Sobran excelentes ejemplos dentro del mismo grupo de la generación a la que usted pertenece.
Cuando dice que los jóvenes andan con la boca abierta por ahí y al toparse con un libro de Bolaño quedan deslumbrados, equivoca la jugada. Una, porque subestima la condición del lector joven (soy profesor y no suscribo lo que muchos creen: que los jóvenes no leen o que estamos ante el fin del libro); dos, descree abiertamente de la calidad de quienes escriben actualmente, y por ende cuestiona la naturaleza de ambos y pone en duda la capacidad de asombro frente a obras en verdad – no sobra el adjetivo – deslumbrantes y sin efectismos. (No puedo dejar de pensar en Raúl Ruiz con ese comentario.) Y por último, usted supone que quienes escriben hoy no han leído nada. Nada para usted sería no haber abierto un libro de Kafka, de Donoso y por supuesto de sus propios libros.
No dejo de pensar ahora en Zambra o en Bisama, ambos escritores jóvenes que sí me consta han leído, y bastante. Con quienes no sólo he compartido lecturas, sino que además trabajos y proyectos juntos. Y que sí conocen de literatura europea, americana, latinoamérica, chilena, y hasta de la trayectoria de Gonzalo Contreras, de Collyer, Franz, Fuguet y pueden hablar con soltura de los libros de la Eltit, tanto como de las obras de Lihn, Couve y Wacquez. Así como de cada uno de los libros que fueron apareciendo de Bolaño entre el 1999 y el 2001, tiempo en que saboreamos, basureamos y nos deslumbramos con sus títulos y pudimos reconocer – bajo nuestro agudo ojo crítico – la calidad de su brillante obra. Con su muerte el 2003 vendría a sellarse ese compromiso y tal vez por eso se nos llama o sindica como “los viudos de Bolaño”. A nosotros y a muchos más, obviamente, que somos los que leemos y no dudamos en propagar más que su simple lectura, también la condición y proyecto de escritura, a contrapelo de la realidad y la propia existencia. Absolutamente moderna.
Ahora cuando dice que la Nueva Narrativa no ha sido superada, tiene toda la razón. No quiere decir que los autores nuevos sean los que renuevan la escena narrativa. Nadie, creo yo, se plantea eso. Salvo uno o dos casos aislados, que están condenados por su propia impronta de insolentes a desaparecer o a ser borrados porque sus libros no tienen mayor alcance.
Aunque lo que me molesta verdaderamente de sus juicios y motivan esta carta, es que vuelve a revivir lo ocurrido entre Zambra – Contreras a consecuencia de su publicación por Anagrama. Poniendo, espero sin quererlo, en la línea de fuego otra vez, otra vez, otra vez, las trincheras de los bolañitos, las diamelitas y los donositos. Esa falsa discusión literaria que sólo ha cuajado los egos y destruido el mínimo o incipiente debate literario, imponiendo apenas la frecuencia de sus publicaciones, como mayor forma de vigencia.

No estamos en el campo de batalla de los años ’20 rioplatenses cuando los de Boedo o de Florida – entiéndase los del grupo de Arlt y de Borges – discutían sobre cómo abordar la literatura argentina. No. Estamos a orillas del Mapocho haciendo buches con bencina. Y qué más quisiera yo (y estoy seguro que muchos comparten este juicio) se dieran ese tipo de rencillas, vítores, manifiestos, guerrillas, pugilatos legítimos sobre literatura y no sobre ciertos nombres o falsas tradiciones de escuelas que, no dejan de ser tallercitos u otras camaraderías de ayuda, en muchos casos sólo para la publicación en tal o cual editorial. Dudo que ahora se diga en Argentina que a un lado están los piglianos, los sorianistas, así como los fresanistas con los airistas. De ser así no dudaríamos, se lo aseguro, en salir a la calle y gritar que somos droguettianos, lihneanos, gonzalezverianos, radriganistas, liristas, diazeterovicistas, marinistas, parrianos, bertonianos, cuevianos, millanistas o qué sé yo. Ruido de sables donde no existen los duelos y la esgrima es vista irreductiblemente como un estilístico deporte cortesano.


Sólo para terminar cuando dice “los nuevos quieren ser escritores de un paraguazo”, tiene razón y lo confirmo – cómo no – con una cita de Bolaño: Yo no sé cómo hay escritores que aún creen en la inmortalidad literaria. Entiendo que haya quienes creen en la inmortalidad del alma, incluso puedo entender a los que creen en el Paraíso y el Infierno, y en esa estación intermedia y sobrecogedora que es el Purgatorio, pero cuando escucho a un escritor hablar de la inmortalidad de determinadas obras literarias me dan ganas de abofetearlo. No estoy hablando de pegarle sino de darle una sola bofetada y después, probablemente, abrazarlo y confortarlo. En esto, yo sé que algunos no estarán de acuerdo conmigo por ser personas básicamente no violentas. Yo también lo soy. Cuando digo darle una bofetada estoy más bien pensando en el carácter lenitivo de ciertas bofetadas, como aquellas que en el cine se les da a los histéricos o a las histéricas para que reaccionen y dejen de gritar y salven su vida.Hasta aquí no más, don Jorge. Se despide de usted afectuosamente,

Roberto Contreras.
Profesor, escritor y editor de
www.lanzallamas.com"

(Edwards)

4 comentarios:

  1. Anónimo23.4.07

    Victor que esto sirva para ser concientes que los enemigos de la nueva literatura están dentro de casa y no más allá de las fronteras. Entiendo que el mismo ninguneo a los narradores jóvenes se da en Perú, Colombia y otros países. Los sectores tradicionales y conservadores de la cultura son los enemigos comunes, lo que no significa dejar de lado las reivindicaciones y deudas, como la devolución de los libros a tu país.

    Un abrazo desde el Sur

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  2. Anónimo24.4.07

    que pasa señor Coral????? la semana pasada Chile quiso adueñarse de nuestro cebiche y lo llevó A Europa como producto suyo y no hablemos de sus compras de armas, siempre tenemos que ser nosotros los cándidos que creemos en todo los floros de los chilenos y vamos a leer al Huáscar y todo y luego nos maletean!

    Cáceres

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  3. Vemos puro parloteo en Chile, no hay nada o quiere haber algo, Y eso esta bien, pero con más calma y sin apelativos como llamar a los jovenes -en mis palabras- "alumnos de Bolaño".

    Edwards como patriarca debería decir cuál de ellos tiene algo de talento y evitar las rencillas.

    Algo igual a Vargas LLosa diciendo que en España, Javier Cercas era un buen escritor. Saludos.

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  4. tienes razón Mario. Los escritores consagrados deberían ser más generosos y apoyar a los jóvenes. Desechar a todos de un plumazo es de crítico malo antes que de un escritor prestigioso como Edwards.

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