12.5.07




El regreso del idiota comentado

El autor de Rosa de los vientos (Santo Oficio, 2006), uno de los mejores poemarios publicados el año pasado, regresa a LdL con los toperoles en alto, como verán si leen esta furibunda reseña de un libro que -esto no podemos discutirlo- debemos leer antes de comentar.


Héctor Ñaupari*

Se ha publicado El regreso del idiota, de Plinio Apuleyo Mendoza, Carlos Alberto Montaner y Álvaro Vargas Llosa (Random House/Mondadori, México, 2007, 343 páginas) tercera entrega de estos destacados defensores de la libertad, el progreso y bienestar, valores tan esquivos como urgentes en nuestros países, y que causara, como es lógico, ácidos e insultantes comentarios por parte de la divine gauche latinoamericana.

Lo novedoso es que todos estos presurosos pero desacertados “críticos” cometían el grave yerro –como hicimos notar en su oportunidad– de no haber leído el libro, que todavía no había salido a la venta, un rotundo y al mismo tiempo grave caso de deshonestidad intelectual, amparado en el siniestro silencio de sus compañeros de ruta y de otros ingenuos en la academia y la cultura, de un lado a otro del continente.

Como seguramente estos aviesos y poco serios comentarios continuarán, nos apresuramos a recomendar este magnífico libro e insistir en su inmediata lectura. En sus inquietantes páginas, nuestros autores pasan revista a la actualidad de América Latina y, en su análisis, sorteando las zigzagueantes coyunturas de nuestros países, rastrean, en primer término, la genealogía intelectual y política de los “nuevos” izquierdistas de esta parte del continente.

En el libro queda claro que el neosocialismo o “socialismo del siglo XXI” latinoamericano está viviendo un autoengaño: se considera a sí mismo pleno de vitalidad, cuando en realidad se ha fosilizado, exponiendo su oscura decrepitud a la realidad solar e inmisericorde de nuestros tiempos, y dilapidando inexorablemente el poco capital espiritual que todavía le queda. “Nietas de Marx, hijas de Lenin y sobrinas de Freud”, como sostienen los escritores, el último héroe de las izquierdas, Ernesto Che Guevara, lleva muerto más de cuarenta años, y casi nadie conoce su verdadero pensamiento –resumido en esa terrible frase suya: “ser... una fría máquina de matar”– ni sus crueldades y asesinatos a sangre fría, teniéndosele más como un fenómeno chic antes que como un verdugo a mansalva de adolescentes, lo que fue en realidad.

Sin correr la suerte de Guevara, –como puntualiza brillantemente el libro comentado– fuera de las costas de Cuba, el viejo y enfermo Comandante que la tiraniza no inspira los enfebrecidos entusiasmos de hace cuatro décadas, repetidos hasta el hartazgo en proclamas, poemas, odas y canciones de nueva trova. Más bien, queda patente que es, para todas las democracias en el mundo, una gran incomodidad, por sus sostenidas violaciones a todos los derechos humanos, su saudita riqueza, su olímpico desprecio a la libertad de pensamiento, prensa y expresión, y, sobre todo, por llevar el triste título de ser el dictador más antiguo de América Latina.

Del mismo modo, convienen los autores en que muy poco sensato ha de ser tener como adalides a líderes indigenistas, nacionalistas y tropicales bolivarianos –los “izquierdistas carnívoros”– que repiten los mismos clichés de hace cuando menos un siglo y medio; y, peor aún, cuando se sabe que comparten también los mismos apetitos de poder desaforado y supremo. En realidad –como comprueba el libro– en sus discursos y metodologías, nuestra izquierda se ha detenido en el tiempo.

Un clarísimo ejemplo de ello es Silvio Rodríguez. Como señala con indudable acierto el destacado crítico literario peruano Gustavo Faverón –a quien nadie puede acusar, por cierto, de neoliberal– “Silvio Rodríguez canta la revolución y es un ejemplo estrepitoso de conservadurismo. Su música es la eterna repetición edulcorada y entristecida de las mismas tres notas; sus letras son tan nuevas como pueda ser nuevo a estas alturas alguien que parece no haber leído en su vida nada más que a Bécquer y al Che Guevara. Ni siquiera su guitarra parece haber sido afinada en los últimos treinta años. Uno tiene la impresión de que afinarla sería un acto demasiado experimental para Rodríguez: es imposible detectar ningún tipo de evolución en sus discos: su primera época y la última son lo mismo” (1).

Es por eso que, acorde con los nuevos tiempos, como destacan Mendoza, Montaner y Vargas Llosa, hay una izquierda renovada en América Latina, la cual ha abordado el tren de la historia, porque ha comprendido la realidad del mercado sin anteojeras ni corsés ideológicos, lo mismo que el respeto a los derechos esenciales de las personas y la democracia, sin perder por ello sus preocupaciones sociales.

Si algo podemos concluir de esta “izquierda vegetariana” –como se la denomina en el libro– es que resulta mejor y más práctico convencerles de la naturaleza bienhechora del mercado, que lograr que algunos liberales tengan en cuenta las evidentes desigualdades que padece nuestra región. No obstante, ése no es el caso de los autores de El regreso del idiota, pues, si una evidencia resalta en el libro, es el reconocimiento de la pobreza y las divergencias sociales de Latinoamérica, y su solución a través de la libertad y el emprendimiento empresarial sin cortapisas, propuestas que, a fuerza de insistir, y reforzadas por el peso de la realidad, vienen siendo acogidas en diversos países.

Asimismo, en el libro se explica al gran público el complejo de Fourier, mal psicológico descrito por un venerable economista austriaco, Ludwig von Mises, el cual aqueja a las izquierdas latinoamericanas y europeas por igual –configurando un rarísimo caso de igualitarismo psiquiátrico, donde el denominador común está representado por un “sueño [que] es... un escape a anhelos reprimidos...”– y que consiste en descargar en el otro –la burguesía, el imperialismo, el neoliberalismo hambreador y genocida– sus amargas frustraciones, bajo la coartada de “reivindicaciones sociales”, en una “providencial transferencia de la culpa”, como destacan los autores. Resolver este mal latinoamericano es una tarea pendiente si se quiere alcanzar realmente el desarrollo para la región, y que las reformas no queden simplemente en modernizaciones cosméticas, tragedia que ha ocurrido en el pasado, también analizada escrupulosamente en El regreso del idiota.

Finalmente, en su último capítulo, este libro quiebra uno de los mitos que más ha vendido la izquierda en ambos lados del Atlántico: el monopolio de la autoridad moral de sus intelectuales. Cuando leemos la conspiración del silencio urdida contra Hayek, y su posterior vindicación; la odisea de Popper, huyendo del totalitarismo nazi, lo mismo que Ayn Rand y su dramático escape del comunismo emergente en su Rusia natal; o, los insultos proferidos contra Carlos Rangel, tenemos la certeza que hay una historia paralela, de heroísmo y compromiso, de sacrificio y virtud, en los intelectuales liberales, que debe ser escrita. Estimo que el homenaje rendido a estos paladines en este libro sea el punto de partida para contarla. Ése es mi deseo y mi esperanza.

* Ensayista, poeta y abogado peruano. Autor de En los sótanos del crepúsculo (1999), Poemas sin límites de velocidad (2002), Páginas libertarias (2004) y Rosa de los vientos (2006).
[1] Faverón, Gustavo. Dean Reed y los héroes quietos. Revolución conservadora (invitado especial: Silvio Rodríguez). Blog Puente Aéreo, del autor. Mayo, 2007.
(El Che en polo ultraliberal: "verdugo a mansalva de adolescentes", según Ñaupari. Al lado, el poeta liberal)

3 comentarios:

  1. Anónimo18.5.07

    Sobre el libro: “El Regreso del Idiota” de Plinio Apuleyo Mendoza, Carlos Alberto Montaner y Álvaro Vargas Llosa.

    Lo que enseguida llama la atención de este libro es que tres autores que para el grueso de los lectores mexicanos, son unos perfectos desconocidos, haciendo uso de una arbitrariedad infantil, le llamen idiotas (en términos políticos) a gente como Noam Chomsky, quien es el autor vivo más citado del mundo (como lo reconocen aun sus críticos) y según el New York Times: “aunque controvertido, el intelectual vivo más importante” o como Harold Pinter, Premio Novel de Literatura.

    Bien, de la misma manera en que los marxistas niegan su fanatismo por el ídolo, estos tres autores niegan su patente fundamentalismo de mercado, usando una frase, que los tres geniecillos usan en el Cáp. 15, del filósofo Revel: “Todo ideólogo, en efecto, cree y consigue hacer creer que tiene un sistema explicativo global fundado sobre pruebas objetivas” y les llama idiotas a los que no comulgan con su sistema (agregaría yo).

    Otra de las afirmaciones de Revel usada por el trío de geniecillos que se puede argüir en su contra es: “las ideologías, cualquiera que sea su signo, son construcciones teóricas a priori que buscan, ante todo, retener solo los hechos favorables a las tesis que sostienen y omiten las que los contradicen.” Esto es perfectamente evidente en este librillo, por ejemplo en el Cáp. 11 y en otros, analizan el “antiamericanismo” europeo con mucho cuidado de no abordar el tema de la Guerra en Irak (que es clave para explicar las criticas de Europa a EU), y es que la ridícula apología que en todo el libro hacen de Norteamérica se vendría abajo si tuvieran que afrontar los hechos de la abyecta guerra estadounidense por el petróleo ajeno. Solo mencionan dicha guerra someramente para criticar a Zapatero. Otra prueba de que los tres geniecillos solo retienen los hechos favorables a sus tesis es que, cuando critican la pobreza en Cuba no mencionan el bloqueo económico estadounidense impuesto a la isla, como lo haría cualquier estudio socioeconómico serio sobre la economía cubana. Tampoco analizan a fondo el papel de la súper subvencionada agricultura estadounidense (la que solo mencionan tímidamente en el Cáp. 14) para explicar la renuencia de Latinoamérica a integrarse con EU. O bien, cuando pretenden atenuar el papel de EU como interventor bélico en América Latina, critican al sandinismo, a la teología de la liberación y al resentimiento latino contra los norteamericanos pero no mencionan, por ejemplo, que en 1986 el Tribunal Mundial (Corte Internacional de Justicia, órgano judicial de la ONU), fallo una resolución explicita contra EU en la que le ordenaba a esté pusiera fin al “uso ilegal” de la fuerza y a la guerra económica ilegal contra Nicaragua.

    En el Cáp. 13 el trío de geniecillos alaban las maravillas que el libre mercado a hecho en varias economías emergentes, y critican la intervención estatal (esto en todo el libro). En el Cáp. 15 citan de nuevo a Revel: “El neoliberalismo no procede de una batalla ideológica ni de un complot preconcebido, sino de una banal e involuntaria comprobación de los hechos: el fracaso de las economías de mandato, la nocividad latente del exceso de dirigismo y los callejones sin salida reconocidos del Estado-providencia.” A este filósofo, igual que a los geniecillos que escribieron el libro en cuestión, les hubiese convenido mucho leer a economistas como el Premio Novel Joseph Stiglitz, que en su obra “Como Hacer que Funcione la Globalización” es muy claro al respecto: “El Este asiático demostró el éxito de una trayectoria significativamente distinta a la del Consenso de Washington, con un papel para el estado mucho mas amplio que el papel minimalista que permitía el fundamentalismo de mercado. Mientras Latinoamérica adoptaba las políticas del Consenso de Washington con más entusiasmo que cualquier otra región. Si unimos los fracasos de Latinoamérica y los éxitos del Este asiático, éstos proporcionaran las mejores razones para rechazar el Consenso de Washington.” Me parece obvió que tampoco conocen las conclusiones de Paul Bairoch, en su tratado: “Economía e Historia Mundial: Mitos y Paradojas” de la Universidad de Chicago, 1993, p. 32, afirma que EU es “El País Madre y el Bastión de Proteccionismo Moderno” (Es uno de los subtítulos del libro). Más generalmente, el autor concluye (pp. 53-54): “Es difícil de encontrar otro caso donde los hechos sean tan contrarios a una teoría dominante que el del impacto negativo del proteccionismo; al menos respecto a lo que a la historia económica mundial le concierne, a partir del siglo diecinueve. En todo caso el proteccionismo condujo a, o al menos era el fenómeno concomitante con, la industrialización y el desarrollo económico.... No hay duda que el liberalismo obligatorio económico del Tercero Mundo en el siglo diecinueve es un elemento principal en la explicación del retraso de su industrialización.”

    Para que los lectores no se dejen engañar por este trío de propagandistas, trascribiré un párrafo del último libro de un investigador que realmente conoce la globalización financiera: Alfredo Jalife-Rahme, dice: “no existe la tal entelequia llamada mercado en la desregulada globalización financiera feudal, John Embry Presidente de Sport Asset Management, una importante consultora financiera con sede en Toronto, público un reporte demoledor, “Muévete, Adam Smith: La Mano Visible del Tío Sam” (Business Wire 6 de septiembre del 2005) en la que concluye que el “gobierno de EU ha intervenido para apoyar al mercado bursátil tantas veces” que se ha convertido en una “situación muy seria de daño moral con la manipulación del mercado como una característica endémica de la Bolsa de EU.” Como era de esperarse el Reporte Sport ha sido sepultado por los multimedia de EU, por haber revelado “frecuentes intervenciones subrepticias, conducidas a través de las casas financieras de New York favoritas del gobierno, y cuya intervención les concede enormes ventajas sobre los inversionistas ordinarios”. ¿Dónde se encuentra entonces el libre mercado?”

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  2. le agradecerìa al autor de esta respuesta al libro, enviarme su nombre completo para poder postearlo como una reseña aparte. Muchas gracias.

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  3. Anónimo19.5.07

    Saludos.

    Mi nombre es Omar Ayala Solis, olvide firmar el comentario sobre el libro

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