25.6.07


Mistral, el bueno, y un libro maravilloso: Mireille

La imprenta de Alphonse Lemerre, entre fines del diecinueve y principios del veinte publicó las principales obras literarias, en especial poéticas, de la literatura francesa. En estas preciosas ediciones de formato pequeño y tipo hermoso conseguí hace algunos meses Mireille, una suerte de Romeo y Julieta de acariciador tono épico escrito por un poeta –según cuenta Juan Pedro Quiñonero en su blog- descaradamente olvidado hasta por sus compatriotas provenzales:

“Por su ambición, la obra de Mistral solo es comparable con la de los patriarcas de la Renaixença catalana. Sin embargo, el poeta provenzal es víctima, hoy, de un olvido abismal (en París y Madrid) y de un olvido no sé si interesado, traidor o ignorante (en Barcelona). En París y Madrid, Mistral es un regionalista peligroso. En Barcelona quizá no se olvide que él obtuvo un premio Nobel que nunca distinguió a Verdaguer, Maragall, Ors, Carner, o Pla, sin sucesores conocidos de la misma estatura. Las derechas reprochaban a Mistral sus “manías” occitanas. Las izquierdas nunca han soportado sus ilusiones épico-aristocráticas.”

Fréderic Mistral no solo escribía en provenzal en un tiempo y un lugar donde la lengua francesa era reina y señora, sino que dedicó grandes tramos de su vida a revalorar la lengua de Guido Cavalcanti. Publico un erudito diccionario provenzal-francés titulado Lu trésor dou Félibrige, que pueden bajarse acá si cumplen con algunos requisitos.

Mireille es el título con grafía francesa de una historia de amor y heroísmo escrita en verso provenzal con un sentido del ritmo y una sonoridad inigualables en su tiempo y hacia atrás. No en vano los biógrafos que hoy apenas empiezan a revalorar su obra y su talla intelectual, definen al autor como uno de los más logrados poetas europeos del siglo diecinueve, en la misma línea que un Baudelaire, un Verlaine o un Lamartine (con este poeta romántico fundo el movimiento Félibrige, para promover la lengua occitana en Europa).

Y solo puede sorprender a los que no lo han leído, el hecho que Mistral sea considerado renovador y figura de la admirable poesía de la lengua de Oc, junto con los grandes nombres antiguos que ya conocemos: Guilhem de Peiteus o Guillermo de Aquitania, Arnaut Daniel, Bernat de Ventadorn). El olvido sistemático de este poeta exquisito tal vez se empezó a fraguar en 1904, cuando le fue otorgado el premio Nóbel –en su caso con justicia- junto con el olvidable José Echegaray. Cosas que pasan.

(Estatua en honor del poeta)

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