13.6.07



Poema poco conocido de José María Arguedas en Casa de las Américas 75


Ya que estamos en plan de descubrimientos, aquí les va este -más humilde que el anterior, cierto- que extraje de una antigua revista cubana que sigue saliendo, si no me han dateado mal. Este texto, titulado "A Cuba" lo escribió Arguedas en el avión que lo llevaba a la isla, para la premiación del Premio Casa de las Américas-Narrativa, de 1968. Más allá de sus entusiasmos con el país de Lezama -entendibles en aquellos años-, interesa sentir el estro poético de un artista en todo el sentido.

Casi había que dar la vuelta al mundo

para llegar al luminoso pueblo de Cuba


pues los malditos corazón de dinero,


los endemoniados odiadores del hombre


así lo ordenan.


¡Aún pueden disponer esas cositas!


Pero el propio camino, la senda por donde el hombre va, no podrán obstruirlo.


Aquí estás, oh, resplandeciente pueblo, que amas al hombre,


ya estoy llegando a ti,


volando por el aire en el interior del incansable avión-águila.


He pasado por todos los nevados,


y en el destello de esas nieves reverberantes


he reconocido a todos los pueblos hermosos


alimentándome con el esfuerzo mancomunado de sus verdaderos


hombres.


Pasando por medio de desolados mares sin fin,


remontándome por encima de temibles árboles, flores de la nieve,


atravesando las frondas sombrías de los árboles de la vida y de la muerte,


estoy llegando a ti,


pueblo que ama al hombre,


pueblo ilumina al hombre,


pueblo que libera al hombre


amado pueblo mío.


Dentro del avión-águila escucho ya tu palabra,


la voz, el grito de setecientos maestros y poetas,


palabras inspiradas en ti,


tan altas como el Sol.


Eres tú, ahora, pueblo de Cuba, simiente del mundo,


del cielo y de la tierra,


simiente inmortal,


fruto del hombre eterno.


Eres pequeña,


pero no existe quien te pueda doblegar.


La semilla es pequeña,


pero rompe cualquier piedra, cualquier roca


y la hace florecer.


¡Amado pueblo mío,


centro vital del mundo nuevo!


Aniquilando a nuestros enemigos con tu implacable fuego como el sol


levantas al Hombre


para conquistar el Universo y poseerlo


con su corazón resplandeciente.



(16 de enero de 1968)

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